Justicia

En 1 Reyes 3:16-28 encontramos uno de los relatos más extraños de la Biblia.

La curiosa historia cuenta el conflicto entre dos prostitutas que se disputan el mismo hijo y la intervención del rey Salomón para aplicar justicia. Lo extraño es la identidad de los protagonistas y el momento en el que ocurre.

Tras salir de Egipto más de 400 años antes Israel ha pasado siglos de caos en lucha constante – y con poco éxito – por establecer fronteras seguras, alcanzar unidad política interna y adelantar su desarrollo espiritual.

Con el establecimiento del reino bajo Saúl iniciaron un nuevo capítulo, primero haciéndose respetar frente a sus enemigos, y luego poco a poco uniéndose bajo un sólo líder.

Con el reinado de David el compás espiritual de la nación fue hallando su norte.

Y llegamos así a 2 Samuel 7 donde Dios reitera su compromiso eterno con la nación, y en particular con David y su familia, prometiéndole que el hijo que le naciera sera parte de su linaje, hijo de Dios mismo, y que Dios establecería para siempre su trono y descendencia.

En el primer libro de los Reyes estas promesas comienzan a cumplirse parcialmente cuando Salomón, el principe de paz (pues este el significado de su nombre) asciende al trono y consolida su poder sobre las 12 tribus de Israel. Reconociendo la difícil tarea que le espera, Salomón demuestra también humildad al suplicarle a Dios que le de sabiduría para poder gobernar bien al pueblo.

Y en medio de todo este mega plan que muestra el desarrollo del propósito de Dios para con toda una nación, la insólita intervención del rey para resolver un pleito entre dos prostitutas por un bebé resulta al menos extraña y poco trascendente.

¡Pero qué sorprendente es el texto bíblico!

Para comprender este momento tenemos que ampliar nuestra perspectiva y Mateo 1:1-17 es la clave.

Para un lector casual de la colección de los 39 libros del Antiguo Testamento, la pregunta más importante que suscita el texto es la obvia: ¿A quién le van a interesar 4000 años de la historia de una tribu de ex-beduinos morando en un territoria insignificante del medio oriente…?

La respuesta es Cristo.

El Antiguo Testamento es la historia de Cristo – escrita acerca de él, para él, y terminada siglos antes de que naciera. En Cristo comprendemos que todas esas historias tan raras como la de la sentencia de Salomón eran parte de un tapiz oriental tremendamente bello y complejo que se venía hilando desde antes de Génesis 1.

¿Y cuando Cristo vino, cual fue *su* historia? ¿De qué habló constantemente durante los 3 años de su ministerio?

La historia que contó constantemente era la del reino de Dios. Y su historia del reino no era adelantos tecnológicos o naves espaciales y milagros de la ciencia, sino una historia de paz, salud, justicia, abundancia, mansedumbre y misericordia.

Cristo nos enseña que toda la Biblia es la historia del desarrollo del propósito de Dios de establecer su reino eterno sobre toda la tierra. Y ese es el contexto en el que podemos comprender la extraña historia de 1 Reyes 3.

En resumidas cuentas, la historia de las prostitutas y el bebé es una historia de justicia.

Cuando leemos estas historias del Antiguo Testamento, aunque describen acontecimientos reales, tenemos que leerlas casi de la misma forma en que leemos las parábolas de Cristo, analizando cada detalle, tratando de comprender el significado de cada acción, palabra y personaje. Para que la historia sea efectiva tiene que ser tanto específica como aplicable.

En este caso el texto nos dice que las dos mujeres son prostitutas. ¿Cómo comprender el papel de estas mujeres, en este momento, dentro del mensaje eterno y universal de la Biblia…?

Tendemos a pensar en la prostitución casi como que si fuera una profesión que las mujeres eligen, casi como que al ir terminando el colegio nuestras hijas hubieran estudiado diligentemente para completar examenes, se hubieran reunido con los consejeros de carreras y al final hubieran elegido la prostitución como su profesión deseada.

Si ese ha sido nuestro concepto, qué absurdo que hayamos pensando así.

En una sociedad patriarcal como la de aquel tiempo – no tan distinta de las sociedades en que la mayoría de nosotros actualmente vivimos – la prostitución es la última y trágica opción de personas vulnerables y desesperadas. Personas que han perdido la protección de padres, hermanos o esposos, mujeres, a veces hombres, explotad@s y sol@s. La prostitución es una terrible realidad que se manifiesta en sociedades corruptas que no defienden a sus ciudadanos más frágiles, sociedades que publicamente deploran la ‘corrupción del orden social’ mientras que tras el velo del anonimato explotan y destruyen las vidas de mujeres y hombres por satisfacer deseos perversos.

La prostitución es un cancer de sociedeades complices en la venta y explotación de almas humanas.

En 1 Reyes 3 la prostituta que es recibida ante el hijo ungido de David para recibir justicia representa a todas aquellas personas explotadas y carentes de derecho y justicia en sociedades corruptas que viven, sólo para proteger los intereses de los poderosos.

Esta historia tan sorprendente nos está diciendo que cuando el Rey prometido por Dios se establezca sobre su trono, lo primero y más importante que hará es utilizar su poder para recibir, escuchar y defender a las personas más vulnerables de nuestras sociedades.

1 Reyes 3 es lo que Cristo vivió como el amigo y defensor de enfermos físicos y mentales, de niños, mujeres, viudas, extranjeros, pobres y todas las personas débiles e indefensas que van cayendo a la periferia de nuestras supuestas civilizaciones.

El llamado para cada uno de nosotros es claro y preciso: ¿qué estamos haciendo, cada uno de nosotros, en nuestro lugar, y en este momento, por defender a las personas vulnerables que nos rodean? ¿Donde estamos cuando levantan la voz las viudas y los huérfanos que día a día nos rodean?

Ninguno de nosotros es rey (o reina) como Salomón, pero *todos* tenemos oportunidad de levantar la voz o las manos por la justicia en nuestro hogar, vecindario, colegio o lugar de trabajo, cuando hacemos las compras o vamos por la calle.

No pretendo decir que es sencillo. Es relevante que Salomón reconoció que liderar es complicado y le pidió a Dios sabiduría. En este día que nuestra oración sea la de Salomón: “antes que todo, Dios, dame sabiduría para poder conducirme bien en esta vida tan complicada que enfrento”.

Pero nuestra oración más ferviente debe ser la que Jesús nos mandó – Venga tu Reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

Sí, ven, Señor Jesús.

La Pregunta sobre el Racismo

Cada vez que Jesús bajaba de Galilea a Judea era oportunidad para que las élites del momento – Fariseos, Saduceos, Herodianos, sacerdotes, doctores de la ley – lo atacaran con preguntas cuyo único objetivo eran hacerlo tropezar en público. Frecuentemente lo asediaban con situaciones socialmente complicadas, como por ejemplo si debían pagar impuestos a los romanos, si era lícito divorciarse, o qué hacer con una mujer sorprendida (a solas…?) en el mismo acto de cometer adulterio.

Como en todos los lugares y todos lo tiempos, el tema de la raza siempre es delicado. Israel, situado en el nexo de tres continentes, no estaba exento y una pregunta al respecto era el pretexto ideal para intentar sembrar discordia entre los seguidores de Jesús.

Tras confirmar que una multitud de sus seguidores le rodeaban, se acercaron los fariseos a preguntar: “Maestro, ¿Será cierto que ante Dios todas las razas son iguales?”.

Su respuesta era lo que menos les importaba. Lo único que querían era sembrar conflicto entre la mezcla de razas y clases sociales que seguían a este profeta cuya forma de hablar le marcaba como originario de uno de los pueblos insignificantes de la región de Galilea de los gentiles.

Pero, como solía hacer, Cristo les responde con su propia pregunta: “¿Qué está escrito? ¿Ustedes cómo leen?”.

Pero ellos optaron por guardar silencio, sabiendo que habiendo sembrado la duda entre el populacho pendiente, Jesús se vería obligado a contestar.

Jesús los miró con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones. Respondiendo, les dijo: “¿No habéis leído que el que hizo al hombre al principio nos hizo de un sólo padre y una sola madre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando la palabra de Dios? ¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Mas vosotros os habéis apartado del camino; habéis corrompido el pacto y hacéis acepción de personas.”

Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.

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Si has leído los evangelios sabrás que esta conversación exacta nunca ocurrió. Pero posiblemente escuchaste en ella ecos de Mateo 19, Marcos 3, Lucas 10, Malaquías 2 y Génesis 1…

Nuestro objetivo como estudiantes de la Biblia es procurar conocer la mente de Cristo con el fin de poder pensar, hablar y actuar como él en el transcurso de nuestra vida diaria.

La mente de Cristo la conocemos primeramente por medio del estudio constante de los evangelios. Luego, reconociendo que seguimos a aquel que es llamado “la palabra hecha carne”, y cuyo pensar fue formado por su inmersión total en las escrituras del Antiguo Testamento, estudiamos también todos aquellos libros que eran para él la Biblia. De esta forma, aunque es cierto que a Jesús nunca le preguntaron directamente si había diferencia entre las razas o los colores, podemos saber con bastante certeza cómo habría respondido si la pregunta se le hubiera presentado.

La respuesta es sencilla. Como dice el profeta Malaquías, aunque había en Dios abundancia de espíritu – o sea, que no le faltaba poder como para haber creado mil parejas al principio, y no sólo una – era esencial que toda la humanidad naciera de un sólo hombre. Era necesario por algunas razones, pero la más importante es para que todos fueramos redimidos por un sólo hombre. Que fueramos un solo pueblo, con un solo camino a la salvación. Y por esta razón en el principio Dios creó una sola pareja, padres de toda la humanidad, y todos sin excepción somos descendientes de ellos y hermanos entre nosotros.

  • La mente de Jesús la conocemos también por la comisión que nos dió a todos sus discípulos antes de ascender a su Padre: “Id y haced discípulos a todas las naciones”.
  • La mente de Jesús la conocemos por lo que dice Pedro cuando es enviado a bautizar al centurión romano llamado Cornelio: “comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia.”.
  • La mente de Jesús la conocemos cuando sus apóstoles predican a los samaritanos, un pueblo tradicionalmente despreciado por los judíos de aquel tiempo.
  • La mente de Jesús la conocemos cuando Felipe es enviado a anunciarle el evangelio al etíope, y cuando este pregunta si hay impedimento para que se bautize, Felipe responde que el único requisito es creer.
  • La mente de Jesús la conocemos por la mensaje a su siervo Juan acerca del reino venidero, en el que ve “una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero”.

Todos los hombres y mujeres de todas las naciones y razas estamos igualmente alejados de Dios por nuestros pecados. Todos somos redimidos solamente en Cristo, en quien no hay hombre ni mujer, esclavo ni libre, judío o griego. Y en quien tampoco hay pobre ni rico, blanco ni negro, urbanita o pueblerino, universitario u obrero. Nadie tiene ventaja o desventaja por razón de su nacionalidad, raza, género, educación, condición social o económica o ningún otro factor que marcamos en nuestras sociedades corrompidas por la terrible ceguera de la carne. ¿Acaso no nos es obvio cuales han sido las consecuencias de la discriminación y el racismo en nuestras comunidades? Si no extirpamos de nuestro medio el racismo como el veneno que es, ¿no seremos condenados por Cristo tan ferozmente como respondió a aquellos que no se compadecían de los pobres, las viudas, los enfermos y los discapacitados…?

Recordemos las palabras de Santiago, el hermano de nuestro Señor: «Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores.» (Santiago 2)

-Kevin H.

La Cosecha Nuestra de Cada Día

Durante los tres años de la predicación de Jesús la Escritura nos dice que su método de enseñanza era por medio de parábolas, y si alguien quería saber más del asunto o tener más clara la enseñanza solo tenía que preguntarle a Jesús.

Sin embargo, las autoridades religiosas del momento eran muy orgullosos y no le preguntaban…

Consideremos la famosa parábola del sembrador, en Marcos 4:

«He aquí, el sembrador salió a sembrar; y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron. Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra. Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.

El que tiene oídos para oír, oiga.»

Siguiendo la lectura, Marcos no dice que cuando estuvo solo los que estaban cerca de él con los 12 le preguntaron sobre la parábola.

Nos damos cuenta que sus discípulos eran un grupo de seguidores, aparte de los 12 apóstoles, que estaban con Jesús. Estos discípulos eran personas deseosas de aprender. A ellos les explicaba lo que no entendían. A estos les dice que «a vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; más a los que están fuera, por parábolas todas las cosas».

Cuando Jesús explica la parábola del sembrador TODOS nosotros nos identificamos con la buena tierra.

Puede ser cómodo si nos restringimos a una sola cosecha, pero recordemos que las cosechas en la tierra son cíclicas y si queremos que la parábola tenga vigencia práctica en nuestras vidas debemos vernos como tierras que son sembradas diariamente con la palabra.

Esta es la explicación que da Jesús:

«El sembrador es el que siembra la palabra. Y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones. Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo; pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan. Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.» (Marcos 4:14-20).

Es muy útil para nosotros considerarnos tierras que diariamente deben ser cosechadas. Es muy probable que la semilla de algún día caiga en una tierra no preparada y haya sido infructuosa, porque los afanes de la vida o los intereses particulares la contaminaron.

La calidad de la tierra depende de nosotros. Debemos ser tierra buena, y para ello hay que trabajar duro todos los días y abundar en buenas cosechas diarias. En la vida real existen buenas y malas cosechas pero no debemos decepcionarnos, pidámosle al Padre que nos ayude a lograr buenas cosechas diarias, que demos frutos al treinta, al sesenta y al ciento por uno.

Manuel F

Consejos, Buenos y Malos

Cuando Dios creó al hombre – y lo vio solo – pensó para sí mismo «no es bueno que el hombre esté solo» y creó a la mujer.

Hubo por parte de Dios indicaciones hacia el hombre y su mujer acerca de los animales de los cuales cuidarían y sobre el huerto del Edén, lugar donde vivían. Pero también hubieron advertencias: «De todo árbol de huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque ciertamente morirás» (Génesis 2:16,17).

Estando sola Eva, la serpiente (que es descrita como muy astuta) habla con ella acerca de la advertencia que Dios les había dado y le dio su punto de vista:

«No morirás, si no que sabe Dios que el día que comáis de el serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal» (Génesis 3:4-5)

¿Y que pasó con Eva al oír esto? Escuchó la opinión de la serpiente y sus ojos vieron que el árbol era agradable y codiciable para alcanzar sabiduría y tomó y comió y le dio también a Adán quien comió así como ella, dejando a un lado la advertencia de Dios sobre las consecuencias lo que pasaría.

Fue una elección muy triste y todo el desenlace que provocó no solo fue la sentencia de muerte sino también el nacimiento del sufrimiento, los dolores y la enemistad.

Tal parece que no siempre los consejos, comentarios o puntos de vista – aunque suenen buenos – son convenientes, y mucho menos si estos están separados de las leyes que Dios nos ha dado a todos.

Debemos cuidarnos de los malos consejeros o de aquellos a quienes acudimos para recibir una guía cuando nos sentimos solos, angustiados o no sabemos qué hacer – pues siempre hay cosas que necesitamos resolver y recurrimos a alguien para pedir consejos.

Un consejo es una recomendación o exhortación, y su función es de darnos luz – una guía – en diferentes circunstancias y así ayudarnos a salir de X situación. Pero hay personas que en lugar de ayudarnos nos hunden más. Estos son los que producen malos consejos y Dios nos dice que nos alejemos de ellos, en las palabras de Pablo «si no que en efecto os escribí que no anduvierais en compañía de ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón, con el tal, ni siquiera comáis…» (1 Corintios 5:11)

Ver lo que ven nuestros ojos y no más allá, escuchar lo que suena agradable o que nos favorece en el momento, nos hace que olvidemos las leyes de Dios y que es a Él a quien debemos de orar para pedirle guía antes de tomar cualquier decisión.

Podemos tener el mejor amigo del mundo, pero nuestro verdadero refugio, consolador y consejero es Dios, quien siempre nos ofrece incondicionalmente su ayuda, y debemos de considerar el olvidar nuestros propios intereses y nuestro amor propio, ser obedientes y mansos para poder escuchar los consejos que Dios nos brinda muchísimas veces a través de otras personas. Y el amor que Dios nos tiene ha sido expresado desde el inicio de los tiempos en la creación misma que hizo todo lo que necesitamos para poder vivir tranquila y pacíficamente. Pero la más alta expresión de su amor para con nosotros se manifestó en la provisión de poder alcanzar la vida eterna a través de su amado hijo Nuestro Señor Jesucristo.

Oigamos atentamente los buenos consejos de Dios y todo el amor que nos tiene, y no olvidemos la advertencia de Santiago:

«¡Oh almas adulteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera pues que quisiera ser amigo del mundo se constituye enemigo de Dios.» (Santiago 4:4)

Consideremos estas palabras de Pablo:

«Por nada estéis afanosos si no sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego con acción de gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guarde vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesus.» (Filipenses 4:6-7)

Una de las grandes necesidades humanas es la paz interior. Esta clase de paz no es la externa, si no la interna. Podemos estar en un ambiente tranquilo, apacible, y sin embargo, no tenemos paz. Es como estar en medio de un grupo de personas y aun así nos sentimos solos.

La paz interior que Dios nos ofrece, por el contrario en medio de una gran confusión o situaciones de adversidad, puede mantenernos en calma. La paz, habla la Biblia, es espiritual, algo que nuestro mundo actual no nos puede ofrecer.

Jesús vino para ofrecernos paz total a todos los hombres. “La paz os dejo, mi paz os doy, yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tengan miedo. (Juan 14:27)

Tanta confusión corre a través de la historia hasta hoy en día, haciendo muy difícil dejar a un lado todos los rumores que escuchamos en nuestro entorno; y si hablamos con nuestro vecino o compañero de trabajo, no son distintos los rumores, y nos trae aflicción de espíritu.

Pero nosotros debemos de tener presente en todo momento que Dios es nuestra guarda, nuestro consejero, el único que puede brindarnos un futuro mejor – en su reino – el cual debemos de saber esperar pacientemente y con firme Fe porque lo ha prometido.

-Lorena

¡No temais!

El libro de Josué es en general el relato del pueblo Israelita, con Josué como su líder, en la conquista de la tierra que le había sido prometida. Una tierra de leche y miel.

Como recordamos, esta toma o conquista de la tierra había sido retrasada varias décadas debido a la rebeldía y dureza de corazón del pueblo que había salido de Egipto. Fue también Moisés culpable de rebeldía al haber golpeado la roca para proveer agua en vez de hablarle como había sido instruido por Jehová. La consecuencia fue que toda esa generación y su líder no entraron a la tierra. A pesar de las suplicas de Moisés a su Dios, éste solo le permitió ver la tierra a la distancia poco antes de morir.

Fue necesario un nuevo líder, Josué, cuyo nombre significa “El Señor Salva” o “El Señor da la Victoria” para llevar a cabo la campaña militar para doblegar y destruir a los pueblos que habitaban la tierra que Dios había prometido a su pueblo.

Después de conquistar y destruir Jericó y Hai, dando muerte a sus reyes, los Israelitas habían hecho paz con los moradores de Gabaón por medio de un engaño que estos habían perpetrado contra ellos. Así, el capítulo 10 continúa el relato de la campaña en la región central y las ciudades del sur. Cinco reyes de los amorreos: el rey de Jerusalén, de Hebrón, de Jarmut, de Laquis y de Eglon se juntaron para atacar a Gabaón. Más estos pidieron ayuda a sus nuevos aliados, los Israelitas.

Josué y su ejército se prepararon para la batalla recibiendo esta exhortación de Jehová:

v. 8 “No tengas temor de ellos…”

Y cumpliendo su palabra, Dios les dió una gran victoria. Incluso, a pedido de Josué, les dio una señal milagrosa:

Paró el sol en medio del cielo y no se apresuró a ponerse un día entero para que el ejército de Israel tuviera el tiempo de derrotar a sus enemigos.

Esta exhortación o variante de ella: “No temáis”, la hizo Jehová a Josué en varias ocasiones para darle la garantía y confianza que Dios mismo estaba con ellos y que el pelearía sus batallas:

  • Josué 1:9 “No temas ni desmayes…”
  • Josué 8:1 “No temas ni desmayes…”
  • Josué 10:25 “No temáis, ni os atemoricéis…”
  • Josué 11:6 “No tengas temor…”

Esta es una exhortación muy apta para los días en que vivimos y en los que hay mucho temor de las cosas que vienen en el mundo.

Las Escrituras, que contienen el plan que Dios tienen para el hombre y para esta tierra, están basadas en promesas incondicionales que Él hizo a los patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob. Y son éstas la roca en la cual está basada nuestra confianza de que pase lo que pase individualmente a cada uno de nosotros creyentes, en cualquier parte del mundo en que vivimos, nuestra mirada está firmemente fija en lo postrero que ha de venir.

Por medio de la fe que hemos adquirido al escuchar el llamado, conocer el propósito de Dios, ser bautizados y convertirnos en un nuevo hombre, ahora perseveramos firmes en este camino que nos llevara a recibir nuestro galardón.

Cada uno de nosotros hemos librado muchas batallas a lo largo de nuestros días, y así será hasta que Jehová nuestro Dios nos llame y reciba nuestro espíritu. Los sufrimientos y sinsabores de esta vida no se comparan con las cosas que Dios ha preparado a los que hasta el final perseveremos en el camino a seguir.

Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.” (1 Corintios 2:9)

– Manny C

¿Ya conociste a Abraham?

Hace algunos días exploramos la pregunta de que en que terminaría todo esto, y la Biblia nos da el seguro consuelo que aunque en este momento parezca que el tren se ha descarrilado, seguramente llegaremos al destino.

Cuando un viaje se alarga a veces sentimos la necesidad de confirmar que aún vamos en la ruta correcta, y nos detenemos a consultar nuevamente el mapa para verificar que este pueblo, o el río que acabamos de pasar, estaban en la ruta anticipada. Dios sabe que somos polvo y padecemos de ansiedad por causa de nuestra existencia temporal, y no nos deja sin mapa. Nos ha proveído de marcadores en el camino para poder confirmar que vamos aún en la ruta deseada.

Por esta razón a lo largo de la Biblia tenemos profetas por medio de quienes Dios nos comunica algunos detalles de la ruta que seguimos. El primero de estos profetas fue Abraham (Génesis 20:7).

Si aún no le conoces a Abraham, ponte a leer. Comienza en Génesis 11 y lee por lo menos hasta el capítulo 25. Luego léelo de nuevo. Y una tercera vez.

Al lector casual de la Biblia no le es inmediatamente obvia la importancia de Abraham dentro de las escrituras (aunque ya hemos hablado de una de las formas importantes en que es único).

Una forma de ilustrar la importancia de Abraham es comparándolo con Noé. Si como padres alguna vez hemos querido comprar historietas bíblicas ilustradas para nuestros hijos, es casi seguro que en cualquier librería hallaremos la historia del arca de Noé.

Noe fue un hombre justo y piadoso cuya historia también está en los primeros capítulos de Génesis. En estos tiempos la historia se transmitía oralmente cuando cada palabrita contaba, y sin embargo tenemos varios capítulos acerca de su vida. Pero fuera de esas páginas, ¿cuántas veces habla la Biblia de Noé? El profeta Ezequiel sí le menciona un par de veces como un hombre justo ejemplar, y aparece entre la lista de los de fe en Hebreos 11, y Pedro también nos habla de él. Pero son relativamente pocas las referencias.

De Abraham, en cambio, la Biblia habla más de 100 veces fuera del libro de Génesis, incluyendo más de 70 referencias en el Nuevo Testamento, partiendo desde el primer versículo:

«Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.» (Mateo 1:1)

Al iniciar de esta manera Mateo no está diciendo que si le queremos conocer a Jesucristo, comencemos conociéndole a Abraham.

O consideremoslo de otra forma: En Génesis 10 la Biblia describe las 70 naciones que descendieron de los hijos de Noé – este capítulo se presenta como un resumen del panorama total de toda la humanidad. Pero en Génesis 11 la Biblia utiliza la técnica literaria de la genealogía como embudo, excluyendo sistemáticamente la demás gente de cada generación hasta terminar en un solo hombre – Abraham. Y a partir de Génesis 12:1, hasta el final de la Biblia, el texto bíblico relata la historia de este hombre y su familia.

En otras palabras, más del 99% de la Biblia está dedicada a relatarnos la historia de Abraham y su descendencia.

Si la Biblia es Sur América, Abraham es el Río Amazonas. Si la Biblia es un cuerpo, Abraham es la estructura esquelética.

Terminemos con un solo versículo más:

«Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.» (Gálatas 3:29)

Puedes leer todo Gálatas 3 para comprender el desarrollo del argumento, pero la conclusión del versículo 29 nos debe poner a pensar: si pensábamos que estar en Cristo era el objetivo final, para Pablo más bien estar en Cristo es la forma en que llegamos al verdadero destino: de ser parte del linaje de Abraham y herederos de la promesa.

Y porqué querríamos estar en la promesa a Abraham? La respuesta es muy sencilla. A Abraham y a su descendencia le ha sido prometido el mundo entero, para toda la eternidad.

En otras palabras, si no estamos en Abraham, no estamos en nada.

¿Quieres saber en qué va a terminar todo esto? ¿Quieres confirmar si estás en la ruta correcta y no te has perdido? Comienza con la vida del primer profeta, con Abraham.

-Kevin H.

La Amistad

Que maravilloso es encontrar personas con quienes podemos compartir nuestras vidas, nuestra  familia, pensamientos, diversiones, problemas y angustias. Alguien con quien podemos hablar de nuestra forma de pensar y actuar sin temor a rechazo o que nos juzguen. En estos tiempos parece algo mucho más difícil ya que estamos rodeados de materialismo e intereses totalmente superficiales.

Se dice que “quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro “, y creería que estamos de acuerdo con esto, pues es algo muy difícil de hallar. Y parece que esta situación no es exclusiva de nuestro tiempo actual sino es algo que ha pasado desde siempre. Y ahora que nos encontramos en casa sin poder salir, incluso siendo que muchos están solos, es cuando más sentimos la necesidad de socializar, de tener esos amigos. Es por ello que hablar de la amistad no es solo sentimentalismo, amor romántico; el verdadero significado de la palabra va mucho más allá, pues la amistad verdadera se manifiesta con hechos. 

Dios conoce esta necesidad de compañía en cada uno. Y aún Dios, capaz de hacer todo lo que quiera sin recurrir al hombre, buscó un amigo. Y no lo buscó entre los ángeles sino que entre los hombres, y nos da un ejemplo más que excelente en llamar a un ser humano “su amigo”, enseñándonos así las cualidades que este amigo debe de tener.

Porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.» (1 Samuel 16:7)

Abraham es el amigo de Dios. 

Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia y fue llamado amigo de Dios¨ (Santiago 2:23). No ha existido ninguna otra persona que fuera elevada al nivel que Abraham ha tenido para Dios, y esto nos enseña que Dios si tiene amistades especiales.

Para que Abraham llegara a comprender y gozar de esta relación tuvo que pasar durante años muchas experiencias y pruebas. No fue de la noche a la mañana. Y por seguro muchas de estas pruebas fueron muy difíciles e inimaginables para nosotros, tan difíciles de cumplir – desde salir de su casa y dejar todo a la mayor de todas, el llamado a ofrecer a su hijo Isaac. Pero su fortaleza estaba en que creía plenamente en Dios.

Hay algunas expresiones maravillosas en la Biblia que describen a otros hombres como Moisés y Daniel, como por ejemplo varón muy amado. Pero “mi amigo” es exclusivo de Abraham; y todas estas pruebas de las cuales salió triunfante al obedecer sin dudar explican lo que significa la amistad para Dios. Y esa amistad era recíproca, pues Dios comparte con Abraham (porque es su amigo) todas las cosas que iban a acontecer – no guardó secretos para él, como lo que sucedería en Sodoma y Gomorra, donde Jehová, hablando consigo mismo, dice: «¿encubriré yo a Abraham lo que voy hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte y habiendo de ser benditas en el todas las naciones de la tierra?» (Génesis 18:16-33) Esta es una muestra muy grande de que Dios confiaba plenamente en Abraham. 

Nuestro Señor Jesucristo dice a sus discípulos en Juan 15:8-17: “ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor, pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi padre, os las he dado a conocer.

Esto es lo que distingue a un amigo: le doy a conocer todo sin temor.

 Jesús era amigo de sus apóstoles, no porque cerrara los ojos a sus defectos, sino porque prefería concentrarse en sus cualidades y ver sus buenas intenciones – veía el corazón de ellos. Por ejemplo, la noche que Jesús estaba orando en Getsemaní vino a sus discípulos y los encontró durmiendo. Le dijo a Pedro: «¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?» Pero también entendió que no lo habían hecho intencionalmente, y les dice también “El espíritu, a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mat.26:41).

También Jesús les mostró a sus amigos los discípulos su fragilidad, haciéndoles notar su dolor e incluso su miedo. No tuvo temor en que lo vieran así, triste y temeroso, necesitado de la compañía de sus amigos, confesándoles «Mi alma está muy triste hasta la muerte, quedaos aquí y velad conmigo» (Mateo 26:38).

Un amigo verdadero es alguien en quien tenemos una confianza así, que no le escondemos nada, pues estamos seguros de que no abusará de nuestra relación y guardar para si todo lo que le confiemos, y estamos seguros de que su opinión será de gran ayuda para nosotros y que nosotros también estamos bajo esa misma disposición de estar ahí cuando se nos necesite.

Nuestro Señor nos coloca en la relación de amigos con él, y es una relación amplia e íntima. 

A unos amigos les contamos una cosas y a otros, otras cosas. Pero lo que caracteriza nuestra relación con el Señor, es que nuestra amistad con él no tenga limites, así como él  dijo:  “Todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer “. Esta es la amistad que más necesitamos en estos tiempos, en los cuales muchos pueden sentir angustia, soledad, etc. Pero si tomamos en cuenta que tenemos un amigo en Dios y en nuestro Señor Jesús, podremos sentir su compañía y por lo tanto ya no estaremos solos y tendremos en quién confiar.

La amistad significa confianza mutua. Un amigo no siempre te explica porqué toma cierta determinación. Pero llegamos a confiar tanto en esa persona, que no exigimos explicación alguna; estamos listos para creerles y aún cuando el otro calle y no diga nada, estamos seguros siempre de su sinceridad.

Pero también Dios nos advierte sobre con quienes nos relacionamos y a quienes llamamos amigos.

Pablo nos aconseja: No os unáis en yugo desigual con los incrédulos, porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿o que parte tiene el creyente con el incrédulo?» (2 Corintios 6:14)

Necesitamos la sabiduría que Dios nos enseña a través de la Biblia cuando escojamos amistades en cualquier etapa de nuestras vidas. Las amistades son algo que puede ser para bien o para mal; por lo cual, debemos de estar muy atentos a todo lo que Dios nos enseña, las cualidades que debemos de buscar, pero también muy atentos a las advertencias sobre las falsas amistades.

-Lorena R.

Y Todo Esto En Qué Va a Terminar

Ayer hicimos planes. Ayer tuvimos intenciones. Hoy, ese ayer se ha desvanecido y en su lugar se ha levantado ante nosotros otro horizonte – un horizonte impredecible, bajo suspenso… Temerosos nos preguntamos – y todo esto ¿en qué va a terminar?

Cuando el telón se abre sobre nuestro mundo en Génesis 1 todo despega super bien. Dios se presenta como un Dios de orden, creando un espacio en el que todas las cosas tienen su lugar, su papel, su propósito. El único Dios Todopoderoso formó de la nada un universo de belleza, armonía y abundancia.

Pero si de Génesis saltamos directamente al final del libro, en Apocalipsis 21 leemos:

«¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir… Al que tenga sed le daré a beber gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que salga vencedor heredará todo esto, y yo seré su Dios y él será mi hijo.

¡Qué emocionante contar con un futuro en el que Dios morará entre nosotros, donde beberemos libremente agua de vida!

Pero a la vez nos preguntamos – ¿Qué pasó..? ¿Cómo es que de la armonía y belleza sembrada al principio de todo se produjo esta cosecha de lágrimas, muerte, llanto y dolor…?

La Biblia es la historia de como la humanidad transita el camino de la inocencia al conocimiento, del conocimiento al fracaso, del fracaso a la redención, y de la redención a nueva vida.

Esa es también nuestra historia personal.

La Biblia ha persistido al centro de los hogares de incontables millares durante más de 3000 años porque al leerla, universalmente reconocemos en el centro de nuestro ser que es Verdad. No sólo “verdad” en el sentido de ser históricamente verídica, de referirse a lugares y personas que realmente existieron, de resumir una serie de “doctrinas” correctas – sino Verdad en un sentido mucho más total, que abarca esas cosas y muchísimo más. La Biblia es Verdad en que trata las realidades más profundas de nuestra existencia como sólo podría hacerlo el inventor, creador y autor de la vida misma.

Y una de las verdades que con los años aprendemos a aceptar es que la experiencia, sabiduría y madurez se ganan con lágrimas y sudor. No hay otra manera. Con los años eventualmente reconocemos que las cosas que realmente tienen valor profundo – la paciencia, el amor, la tolerancia, la humildad, la mansedumbre, la generosidad – son características que se revelan y purifican solamente bajo el fuego de la prueba.

El consuelo de la Biblia es que reconoce plena y francamente las duras realidades de nuestra existencia, y nos asegura que no son permanentes. No nos sorprendamos que la vida es difícil y la injusticia nuestra compañera constante, pues el acontecimiento central del texto – ¡el centro de la historia misma! – es el homicidio cruel de la única persona perfectamente amorosa y justa que ha vivido.

Pero la justicia de Dios no permitió que aquel hombre permaneciera muerto, y se levantó de la tumba a una nueva vida sin límites. Y la gracia de Dios nos permite asirnos de él para también salvarnos.

Todo esto, ¿en qué va a terminar…? Terminará en mundo sin lágrimas, sin llanto, sin lamento, sin dolor. Un mundo en el que Dios camina diariamente entre nosotros.

Confiemos en que todo esto tiene un propósito, y que manteniéndonos firmes, al final de los tiempos todo lo comprenderemos.

Kevin H

Soledad

Desde que inició esta pandemia, la vida de todos se ha visto afectada en muchos aspectos tanto tangibles como intangibles. Un alto porcentaje de mis compañeros de estudios están solos en la ciudad y ahora se sienten atrapados, ansiosos de regresar con sus seres queridos, incluso han pensado en dejar el semestre.

En varias etapas de nuestra vida nos hemos sentido solos, ya sea porque estamos lejos de las personas que queremos o nos sentimos incomprendidos. Esto puede ocurrir en el trabajo, en la escuela o en algún grupo social, lo cual nos llena de temores, dudas e inseguridades.
Recordemos la historia de José. Siendo un muchacho, fue obligado a apartarse de su familia y de su pueblo; pero, durante ese tiempo, se aferró a su fe y confió en Dios. Trabajó con ahínco hasta ser reconocido entre aquel pueblo extranjero.

Y llegó el momento, Dios puso frente a sus ojos a su familia y a su pueblo en el tiempo perfecto, en medio de aquella hambruna que ponía en riesgo la subsistencia de todos: «Y José unció su carro y vino a recibir a Israel su padre en Gosén; y se manifestó a él, y se hechó sobre su cuello y lloró sobre su cuello largamente«. Génesis 46:29.
Así que, por más difícil que sea ¿Por qué no tratar de seguir el ejemplo de José?
Como también nos dice Dios mismo por medio del profeta Isaías:
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. Isaías 41:10.

Dios nos pide mantener la cabeza en alto, porque Él siempre estará con nosotros sin importar que tan fuerte sea la tormenta. Hay que tener presente que Él siempre nos escucha y con fuerza nos levanta para cada día hacernos sentir que no estamos solos y que pronto este distanciamiento acabará.

Hoy tal vez no estemos juntos corporalmente, pero estamos en el corazón y pensamientos de quienes nos quieren. Mantengámonos fuertes y, mediante la oración, volvámonos uno para poder resistir.

Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti” Isaías 43:2.

-Ámbar J.

Abramos Bien Los Ojos

A veces vivimos tan apresurados que no prestamos atención a nada, ni a las cosas más pequeñas que nos rodean. Vamos de acá para allá sin disfrutar el día a día. El trabajo, la universidad, los hijos, etc. nos demandan mucho tiempo y también nos demanda que nuestra mente se concentre prácticamente solo en eso.

En estos días en los que la mayoría tenemos que permanecer encerrados y en los que podemos tener más tiempo libre, me di cuenta que muchas veces no prestamos la atención suficiente a todo lo que Dios nos dio. El no poder si quiera disfrutar de cosas tan sencillas como el sol en el rostro, ver a los árboles moverse por el viento, sentarse en el césped, debería decirnos algo. La Biblia dice que cuando Dios creó todo en el mundo, “Dios miró todo lo que había hecho, y consideró que era muy bueno.” (Génesis 1:31), entonces yo pienso ¿estamos viendo la Creación y considerando que es muy buena, cada vez que salimos de la casa? ¿O solamente nos enfocamos como robots en nuestras labores?

Al poder admirar la incontable cantidad de especies de animales y plantas, es imposible no entender cuán maravilloso es este regalo que Dios nos dio. El mismo salmista declaró que “los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos.” (Salmos 19:1). Entonces, si la gloria de Dios está en cada esquina, pues donde miremos la Creación allí está, ¿lo entendemos realmente? O como Jesús dijo “¿Es que tienen ojos, pero no ven, y oídos, pero no oyen?” (Marcos 8:18).

Miremos y alabemos al Creador de todas las cosas por sus grandes maravillas tal como ensalza el salmista al decir: “Oh Señor, ¡cuán imponentes son tus obras, y cuán profundos tus pensamientos!” (Salmos 92:5) y ya no pasemos la vida como si fuera algo dado, sino como si fuera algo con sentido. Agradezcamos y alabemos a nuestro Dios, porque es un Dios asombroso y nos entregó este paraíso para habitar y cuidar, para disfrutarlo, para verlo y decir alegremente: ¡qué hermosa es la Creación!

Empecemos a darle sentido a nuestras vidas al admirar la gloria de Dios que nos rodea cada día. El cantar de las aves, el ruido del paso del agua en un río, el viento entre los árboles, son la presencia de Dios en el mundo a través de su gran labor. Quiera Dios que podamos apreciar los regalos que nos ha dado a través de su Creación, porque como dijo David, “de una cosa estoy seguro: he de ver la bondad del Señor en esta tierra de los vivientes.” (Salmos 27:13). No te enfoques en lo que pasa con la pandemia sino que “pon tu esperanza en el Señor; ten valor, cobra ánimo; ¡pon tu esperanza en el Señor!” (Salmos 27:14), mira a tu alrededor y alégrate por lo que tenemos y por lo que vamos a tener.

Lucas G.

!Nada Que Temer!

La vida de una persona que confía en Dios es un desafío increíble para el mundo. Esto debido a que no somos iguales que los demás, y lo diferente tiende a asustar.

En momentos de crisis, de enfermedad, de pobreza o de angustias, nuestro amor en Dios y en su hijo Jesús nos lleva a ver los escenarios presentes de una manera positiva, porque sabemos que no estamos solos. Pero esto ante los ojos de los demás es algo impactante y esperan algún manifiesto de incertidumbre por nuestra parte. Esto es lo maravilloso de estar gobernados por nuestro padre celestial, que nos llena de una luz que nos permite iluminar los caminos que parecen imposibles de atravesar.

Isaías 40:31 nos dice “pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”

¡Es increíble! El ser humano es un ser imperfecto que está lleno de dudas y miedos, pero la cita anterior nos recuerda que Jehová siempre está ahí para sus hijos y nos permitirá elevar nuestras alas hasta donde él lo desee.

Una vez que conocemos la vida en Cristo y entendemos cual es el plan de salvación que tiene nuestro Padre celestial para nosotros, cada decisión en nuestra vida cambia. Es maravilloso saber que tenemos un arquitecto perfecto creador de todo lo que nos rodea y que ni el tiempo ni el espacio son una limitante para El, como sucede con el hombre. Una vez que entendemos que nada depende de nosotros y que aceptar la voluntad de Dios es la mejor decisión, nuestro diario vivir se ve con otros ojos.

No obstante, día con día tenemos pruebas. El mismo Pablo nos recuerda que nuestra carne es débil y tiende a querer el pecado, o en otras palabras, los deseos del mundo. Es entonces cuando recordar las grandes bendiciones de nuestro Padre siempre es algo que nos puede fortalecer: “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.” (Jeremías 17:7-8).

Es fácil hablar de Dios y decir que lo amamos, pero demostrarlo es una tarea mayor. A través de la historia hemos visto que cualquier persona por más fuerte que se considere, puede caer si deja de consultar a Dios en sus decisiones. Por ejemplo, grandes personajes como Moisés con la roca en el desierto, Sansón con su amor hacia Dalila, o incluso el rey David con lo sucedido con Urías y su mujer, se arrepintieron grandemente por no haber consultado a Dios antes. Son muchos casos en la biblia que nos recuerdan lo débil que es nuestra carne a pesar de amar a Dios.

¡Debemos estar gozosos de tener la oportunidad de hacer las cosas mejores cada día y por haber sido escogidos por Dios para servirle!

Proverbios 3:5-6: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.”

Estamos conscientes de que estamos viviendo días difíciles y que no es sencillo ver todo con tanto optimismo. Pero recuerda, el fuego moldea metales sucios y los convierte en joyas preciosas. En ocasiones necesitamos un poco de neblina para poder mostrar nuestra luz, y para eso debemos tener buena iluminación.

Gabriel N.

Renovando Nuestra Mentalidad

Estos días, mientras el mundo se encuentra en aislamiento y cuarentena, podemos darnos cuenta que muchas de las cosas que planificábamos no se pudieron cumplir. Pasamos una gran cantidad de tiempo decidiendo sobre cosas, desde las más elementales como “¿qué vamos a comer hoy?” hasta cosas tan importantes como “¿invierto o no en tal negocio?”. Pero la Biblia tiene un mensaje muy claro para nosotros en Santiago 4:13-14 al respecto de esto: «Ahora escuchen esto, ustedes que dicen: Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad, pasaremos allí un año, haremos negocios y ganaremos dinero. ¡Y eso que ni siquiera saben qué sucederá mañana! ¿Qué es su vida? Ustedes son como la niebla, que aparece por un momento y luego se desvanece».
 
Nuestra mente puede intentar engañarnos con ideas egoístas, con llevarnos a pensar en que hagamos siempre nuestra voluntad para sentirnos completos y felices. Cuando planificamos, elegimos lo que queremos a hacer y lo que no, muchas veces basándonos en nuestra propia voluntad y no en la de Dios. Pero la Biblia nos declara en Jeremías 10:23 los siguiente: «Señor, yo sé que el hombre no es dueño de su destino, que no le es dado al caminante dirigir sus propios pasos»; por lo tanto esta forma de pensar es un error que debemos corregir para cumplir con la voluntad de Dios.
 
La Biblia nos declara que «se alista al caballo para el día de la batalla, pero la victoria depende del Señor» (Proverbios 21:31), es decir que nosotros podemos tomar decisiones, elegir, planificar, etc. pero el éxito de cada cosa va a depender de la voluntad de Dios. De la misma forma el sabio nos dice en Proverbios 19:21 que «puedes hacer todos los planes que quieras, pero el propósito del Señor prevalecerá.».
 
Por ello, debemos cambiar nuestra mentalidad de forma tal que antes de decidir algo, lo consultemos con Dios, “poniendo en mano del Señor todas tus obras” (Proverbios 16:3). Antes de emprender algo, debemos llevar nuestra consulta a Él por medio de la oración, “presentando sus peticiones a Dios” (Filipenses 4:6) y él decidirá, en su santa voluntad, si nuestro plan tendrá éxito o no.
 
Una vez que Dios responda, por medio del cumplimiento o no de la petición, si lo hace de la manera que no esperábamos no deberíamos amargarnos ni mucho menos enojarnos. Debemos mentalizarnos en entender que la voluntad de nuestro Padre es justa y perfecta, y que es lo mejor para nosotros, tal como dice Jeremías 29:11 «Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.»
 
Para llegar a este grado de mentalidad, debemos “negarnos a nosotros mismos” (Mateo 16:24) y dar lugar a que el Espíritu de Dios habite en nosotros, ya que nuestro “cuerpo es templo del Espíritu Santo” (1 Corintios 6:19). Por lo tanto, como se menciona en Romanos 12:2, si queremos comprobar la buena voluntad del Altísimo, debemos alejarnos del mundo y transformar nuestra mente para vivir por y para él, tal como lo hizo Jesús, y no por y para nosotros mismos.
 

Lucas G.

No olvides mis enseñanzas

Muchas personas dicen que no hay una forma correcta de vivir la vida.

Afirman que no hay un manual que nos pueda ayudar a entender la existencia, y que no hay un conjunto de instrucciones que nos indiquen cómo debemos vivir. Sin embargo, nosotros los hermanos en Cristo creemos que la vida SÍ viene con un instructivo, y que éste nos fue dado por Dios.

Ese instructivo es la Biblia y en ella se nos señala tanto el camino a seguir como las cosas que debemos evitar. Se nos dan promesas pero también advertencias. Y cuando una persona conoce el camino que debe seguir y anda en él con devoción y obediencia, logra tener paz y se vuelve una persona feliz o bienaventurada a pesar de las dificultades de la vida.

En pocas palabras, la Biblia es el mapa que nos guía a la paz y a la felicidad completa, y es en el futuro reino de Dios. Si hemos creído en Cristo, debemos aprender a vivir de acuerdo con las instrucciones que Dios nos ha dejado. Antes, cuando no habíamos recibido a Cristo como Señor y Salvador, vivíamos a nuestro modo, desde nuestro punto de vista y como a nosotros nos parecía mejor.

Sin embargo, ahora que le hemos recibido como nuestro Señor, debemos seguir su voz y obedecerle en todo. Recuerde lo que dice Juan 10:27: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”.

Por esta razón, debemos prestar atención a las instrucciones de Dios. Debemos atenderlas y ponerlas por obra.

En nuestra vida, cuando no sabemos cuáles son las reglas a seguir y llevamos a cabo nuestra vida sin la sabiduría de Dios, eso trae mucha vergüenza y quebranto. Por lo tanto, debemos aprender a vivir de acuerdo con las instrucciones que Dios nos dejó.

Aún así, al hacerlo, podemos estar seguros de que la paz, la felicidad y el gozo no nos acompañarán completamente debido a que la misma palabra nos enseña que debemos de pasar por pruebas difíciles para ir siendo purificados en nuestras debilidades (vea l Pedro 1:6-9).

Mira lo que dice Proverbios respecto de escuchar las enseñanzas y pautas que Dios nos da:

“Hijo mío, no te olvides de mi ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos; Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán. Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Átalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión ante  los ojos de Dios y de los hombres”. (Proverbios 3:1-4)

¡Qué tremenda bendición tienen los que guardan y obedecen la Palabra de Dios!

Al leer este pasaje, recordamos  las palabras de Moisés a los israelitas que recién comenzaban a vivir siguiendo las instrucciones de Dios. Él les dijo en Deuteronomio 5:33 lo siguiente: “Sigan por el camino que el Señor su Dios les ha trazado, para que vivan, prosperen y disfruten de larga vida en la tierra que van a poseer”.

Finalmente, el pasaje dice que al vivir de este modo: “Hallaras gracia y buena opinión delante de Dios y de los hombres”. El favor de Dios es su ayuda y socorro en todas las circunstancias, sean estas buenas o no, ya sea en todo lo que hagamos con nuestras familias, en nuestros trabajos o nuestras actividades del diario vivir, pero sobretodo en nuestro camino espiritual.

Además, la gente tendrá una buena opinión de nosotros y eso hará que podamos convivir y llevarlos a conocer la verdadera Luz del mundo. Seremos amados y estimados por las personas que lleguen a conocer esta gran verdad; cumpliendo así el mandato de nuestro Señor, no solo en guardar y obedecer sino también en llevar las buenas nuevas del reino de Dios.

Al hacerlo, podemos estar seguros, como lo dice la Palabra, que tendremos una vida abundante, llena de paz y bendiciones; no solo por unos momentos en nuestra Vida actual, sino que será mucho más glorioso y para siempre, cuando veamos nuestros nombres escritos en el libro de la vida, y vivamos plenamente en el futuro reino que se establecerá acá en la tierra cuando nuestro Señor Jesús regrese.

Así que no olvidemos sus enseñanzas y confiemos en todo momento porque su promesa es nuestra garantía.
Alex A

Esperanza

La prostituta de Jericó no tenía esperanza alguna de salvarse. Aquella mujer pecadora, de una ciudad corrupta y destinada a destrucción, abrigaba en silencio su fe en el Dios de Israel. Su fe en un Dios que rescataba a sus hijos de la esclavitud. En un Dios que los había sustentado milagrosamente al conducirlos por caminos secos y pedregosos. En un Dios que defendía a sus hijos de sus enemigos. En un Padre severo y misericordioso, justo y amoroso. Su fe en el Dios de dioses, Rey de cielo y tierra (Dt 4:39 || Josué 2:9-11). Y tan segura como su fe en el Dios de Israel era su convicción que Él les había preparado un reino a sus hijos… un reino cuyo territorio sería la tierra y ciudad donde ella vivía. Para Rahab la conquista de Canaán, comenzando con Jericó, era tan segura e implacable como la marea creciente bajo la luna llena. 

Al otro lado del río Jordán Josué luchaba con sus dudas y temores. Tanto Dios como sus hermanos le trataban de dar ánimo y valor – “sólo esfuérzate y sé valiente!”  – la frase se repite 4 veces en el primer capítulo del libro que lleva su nombre. ¿Podría realmente ocupar el lugar de Moisés? ¿Sería realmente la herramienta escogida para llevar al pueblo a la tierra que Dios les había prometido? Sumido en incertidumbre toma la decisión incomprensible de enviar espías a Jericó, aventura que anteriormente había resultado en 40 años de castigo para el pueblo…

Los mensajeros (Stg 2:25) enviados por Josué llegaron a la ciudad y casi inmediatamente fueron identificados, pero no había forma de retroceder. Escuchando los susurros de las personas que los rodeaban pero que aún no se atrevían a enfrentarlos, buscaron pronto refugio y lo hallaron tras la puerta abierta de Rahab. Ella, mujer acostumbrada a una vida difícil e impredecible, inmediatamente los reconoce y formula un plan para salvarles la vida y ayudarles a escapar. A cambio les demanda sólo una promesa: de salvarla a ella y a toda su casa. La condición que ellos le ponen? Refugiarse tras puertas cerradas en la casa marcada con el cordón rojo.

El significado del cordón lo hallamos en Génesis 38, casi 400 años atrás. Judá, cuarto hijo de Jacob, tiene hijos gemelos. El primogénito es marcado con un cordón rojo atado a la muñeca. Ese cordón rojo se convierte en un símbolo del principado de la tribu de Judá, tribu a la cual sin duda pertenecía al menos uno de los espías enviados por Josué. 

Cuántos días se refugió Rahab dentro de su casa no sabemos. Lo que sabemos es que cuando cayeron los muros de Jericó una sola casa permaneció en pie. Una sola casa fue protegida de la muerte y destrucción – la casa protegida por la señal del príncipe y heredero de la tribu de Judá.

1500 años después, cuando Santiago nos quiere dar dos grandes ejemplos de la fe en acción, cuando nos quiere demostrar que las creencias se miden y definen por las decisiones concretas que tomamos a raíz de ellas, nos menciona sólo dos personas: Abraham y Rahab.

Muchos años antes que naciera Rahab un hombre llamado Lot, de cuya fe Pedro es testigo (2 Pedro 2:7), moraba en otra ciudad destinada a destrucción. La injusticia que prevalecía en la ciudad de Sodoma había excedido todos los límites. Pero como nos dice el profeta Amós (cp. 3) Dios no castiga sin antes advertir. 

De los tres ángeles (o mensajeros) que se le aparecieron a Abraham, dos se dirigen a Sodoma mientras que el tercero se queda conversando con Abraham a revelarle lo que estaba por ocurrir. Abraham, que sabe que en aquella ciudad viven su sobrino con su familia, intercede con Dios por ellos: El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo…? suplica el amigo de Dios en Génesis 18

En la ciudad de Sodoma Lot, como Rahab, abre las puertas de su hogar a los mensajeros y los protege de sus conciudadanos. Y ellos, como los espías a Rahab, le urgen a reunir a su familia para que se salven. A diferencia de Rahab, no toda la familia de Lot acude. Lot, desesperado, vacila en salir de la ciudad. Con la destrucción a las puertas, las palabras del ángel a Lot son importantísimas para nosotros: “date prisa y huye de una vez, porque no puedo hacer nada hasta que [escapes].” 

En la crisis global que actualmente estamos presenciando, con tanto sufrimiento de tantas personas, una de las grandes preguntas que nos haremos es la misma de Abraham hace 4000 años: “El Juez de toda la tierra, no ha de hacer lo que es justo…?”. Dios responde con los dos ejemplos que aquí hemos visto: Dios conoce a los que son suyos. Abraham no se atrevía a pensar que Dios detendría sus castigos justos por menos de diez personas… este gigante de la fe aún no había asimilado que el Juez de toda la tierra no puede permitir que se pierda ni una sola persona de fe.

Tengamos paciencia y no abandonemos nuestro refugio en casa marcada con el cordón (Heb. tikvah, o “esperanza”) rojo de aquel gran primogénito de la tribu de Judá. Y tampoco dudemos que en este caos el Juez de toda la tierra hará lo que es justo. Y ¿qué sabemos si no seremos nosotros los mensajeros enviados por Dios para salvación de más de alguno?

Qué dichosos somos

Cuando leí el Salmo 33 sentí que se refería a la situación actual del mundo. Con esta pandemia, creyentes y no creyentes pudimos ver que una simple forma de vida microscópica pudo crear caos, temor, desorden. Cambió por completo la realidad. También pudimos ver que no discrimina entre ricos y pobres, entre etnias, entre adultos y jóvenes. Todos estamos abarcados.
El Salmo 33 menciona que Dios desbarata los planes de las naciones para que le teman y le honren. También dice que observa a la humanidad desde su trono y conoce todas nuestras acciones. Dios declara que ni los reyes, ni los más valientes y fuertes pueden salvarse por sí mismos sino que solamente pueden hacerlo con su ayuda.
Pero a quienes decidimos servirle, Dios nos dice: «Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que escogió por su heredad» (Salmo 33:12) y «Pero el Señor cuida de los que le temen, de los que esperan en su gran amor» (Salmo 33:18). ¡Cuán bueno es nuestro Padre, que incluso en tiempos de angustia está presente con nosotros! No temamos, confiemos en él porque es nuestro escudo y nuestro socorro para siempre.
Que este tiempo no sea un tiempo de angustia sino de regocijo, ya que tenemos una esperanza hermosa que nadie más posee en todo el mundo. Padre Eterno, bendícenos y «que tu gran amor, Señor, nos acompañe, tal como lo esperamos de ti» (Salmo 33:22).
Lucas G.

Ustedes valen más

Soy seguidor de Jesús porque vivió sin temor. Cuando sigo sus pasos por los pueblos de Israel le veo decir lo que se tiene que decir, hacer lo que se tiene que hacer, defender a los indefensos y enfrentar a los que tienen que ser resistidos. Veo a un amigo de mujeres, niños, extranjeros, pobres, enfermos físicos y mentales y todos aquellos que la sociedad “normal” menospreciaba. Veo a un hombre que se levantó de condiciones humildes para enfrentar no sólo a los poderes judíos y romanos del momento, sino también a su propia familia, su comunidad y sus amigos, sin comprometer sus valores ni por un instante. 

Cuando veo a Jesús veo a uno que aún de niño pasó varios días sólo en una ciudad extraña sin que se le ocurriera la posibilidad que Dios no estuviera a su lado. Porque Jesús sabía desde su juventud que no estaba en la casa de su Padre sólo en ese momento sino que en todos. Como posteriormente dijo a uno de sus primeros discípulos – y estoy seguro que lo dijo riéndose – “¿crees porque te dije que te vi cuando estabas debajo de la higuera? ¡Vas a ver aun cosas más grandes que estas! Y añadió [a los demás]: Ciertamente les aseguro que ustedes verán abrirse el cielo, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.”

Jesús les está trayendo a memoria el momento en que Jacob despertó de su sueño pensando que por casualidad se había acostado a dormir en un lugar mágico – cuando el “lugar mágico”, el verdadero Betel, es cualquier lugar donde está uno de los hijos o hijas de Dios. En ese lugar – en todos esos lugares – es que los ángeles de Dios suben y bajan del cielo. En todos esos lugares es que las escaleras del cielo tocan tierra.

Aún horas antes que lo asesinaran Jesús estaba consciente de la presencia constante y permanente de su Dios y Padre, y de los millares de ángeles que acudirían en un instante a su llamado. Y con el hecho de no haberlos llamado en su momento de crisis Jesús nos enseña que en esta vida, por razones que muchas veces no comprenderemos, es necesario el sufrimiento para lograr la redención no sólo de nuestras vidas sino del mundo entero. El misterio del sufrimiento es grande, pero en la muerte y resurrección de Jesús se nos abre un poco la ventana al entendimiento del poder redentor que hay en una vida entregada de corazón en sacrificio ante Dios.

Espero que el momento que ahorita atravesamos nos haya golpeado en la cara con la realidad que todo lo que pensábamos controlar era mera ilusión. Que todo aquello que realmente importa, comenzando con nuestras mismas vidas y las de todas las personas que amamos, está, y siempre ha estado, absolutamente en manos de Dios. 

Este despertar es el momento más importante de nuestras vidas. Cuando se desvanecen los espejismos de oasis inexistentes y por fin nos paramos ante Dios desnudos de todas aquellas cosas vacías e inútiles, este es el momento en que nuestra vida realmente comienza.

En Mateo 10 Jesús envió a sus discípulos a anunciar el evangelio del reino de Dios por todas las ciudades de Israel. Y les dijo que salieran sin dinero, sin comida, sin mochila – sin nada, realmente – para aprender esta misma lección: que nuestras vidas están siempre en manos de Dios. Les advirtió que el camino sería difícil, que sufrirían persecución, pues el discípulo no es más que su maestro, ni el siervo es más que su señor. 

Uno de los rayos de luz que tenemos en esta crisis es que por silencio de los motores y el sofocamiento del bullicio de las gentes estamos escuchando nuevamente el canto de los pájaros. Y están por todas partes – está ocurriendo una explosión de vida en el mundo natural. Y si tenemos oídos para oír, esto nos recuerda a diario las palabras de Jesús: “ ¿No se venden dos gorriones por una monedita? Sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin que lo permita el Padre; y él les tiene contados a ustedes aun los cabellos de la cabeza.”

Y estoy seguro que las siguientes palabras Jesús también se las dijo con una sonrisa de afecto: “Así que no tengan miedo; ustedes valen más que muchos gorriones.”

Encerrados para Vida

Ante el momento que vivimos es imposible no pensar en la pascua de Israel en Egipto.

Si no has leído Exodo 12, leelo ahorita. Y si en este momento estás encerrado en tu casa y tienes tiempo, lee Éxodo a partir del capítulo 1.

Se nos ha llamado a refugiarnos en nuestras casas de una muerte invisible que anda por las calles. Así como lo hicieron las plagas en Egipto hace 3500 años, en cuestión de pocos meses ésta ha derribado a tantos dioses de este mundo: las grandes empresas están colapsando, los mercados están en picada, el deporte se ha suspendido. ¿La belleza de qué sirve cuando ya ni nos vemos? ¿La ropa de marca, las joyas y todos los símbolos de riqueza en este momento a quién le importan? Aquellas personas que antes nos parecían tan altas y fuertes ahora son simplemente figuritas insignificantemente pequeñas en nuestras pantallas – si es que siquiera las vemos o les hacemos caso. 

Dentro de nuestras casas, con puertas cerradas, tratamos de proteger nuestras vidas y las vidas de las personas que más amamos. Somos Noé dentro del arca, Rahab en su hogar en el muro de Jericó – haciendo todo lo posible por salvarnos con nuestras familias. Somos el pueblo de Israel, reunidos tras puertas cerradas, pidiendo a Dios que la mortandad no entre tras nosotros.

En este momento de crisis recordemos que en aquella noche Dios había dicho a su pueblo que para salvarse no sólo era indispensable estar dentro de sus casas – su verdadera protección no era la puerta cerrada sino el haber pintado los postes y el dintel de sus puertas con la sangre del cordero perfecto.

En Apocalipsis Juan habla del “cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8). A lo que esta frase se refiere es que aún desde antes que Dios pronunciara las palabras “sea la luz” en Génesis 1 toda la creación, toda la historia, apuntaba al Cristo que vendría. Cristo no vino como una reacción posterior de Dios a un propósito frustrado por el pecado de Adán – Cristo siempre fue el fin y el propósito de la creación. Y a través de los milenios Dios puso muchas señales y marcadores apuntando claramente a él.

Las plagas en Egipto se dieron para conducir al pueblo de Dios a la salvación que les esperaba por delante. La plaga que ahorita vivimos nosotros en este tiempo no sabemos con certeza por qué está sucediendo o como ubicarla dentro de los planes de Dios para el mundo. Lo que sabemos es que hoy, en este momento, la plaga nos ha encerrado en nuestras casas.

Y este es el momento para reflexionar si estamos en la “casa” en la que realmente nos salvaremos…no sólo de esta muerte, sino de todas. Pues si por la gracia de Dios escapamos de este momento y volvemos a salir a la calle a retomar nuestras tareas y ocupaciones, tarde o temprano la muerte nos encontrará. 

Tarde o temprano la muerte nos encontrará… a menos que nos hayamos refugiado en la casa protegida por la sangre del sacrificio del cordero perfecto de Dios. Obviamente ya no nos referimos a una “casa” en el sentido literal y físico, sino, como dice el escritor de Hebreos, a la “casa de Dios” que es la familia de Dios, a los hijos e hijas que se han unido a Él bajo la protección de la sangre del cordero (Hebreos 3). 

En la pascua tenemos uno de los presagios más claros del verdadero cordero que vendría para salvación de todo el mundo. En este momento, en nuestro momento, la única pregunta que importa es esta: ¿Estoy dentro de la casa de Dios?