LA PROFECÍA DE ABDÍAS - Una aplicación personal para hoy

La profecía de Abdías se refiere a la cuestión de las relaciones entre Judá y Edom. Hemos identificado varias características humanas manifestadas durante nuestra lectura de esta profecía. Por eso será útil meditar en nuestras relaciones, las relaciones que tenemos en la vida diaria – primero, entre nuestro Dios y Su Hijo; segundo, entre nuestro prójimo. Lo que sigue son pequeñas ideas personales (o mejor dicho, en lo que pensaba durante la lectura de Abdías).  Puede ser que sirvan para una ayuda mientras esperamos la llegada de Nuestro Rey.

La altivez

Nos llama a enfrentar el increíble costo del orgullo. Abdías nos aconseja arrepentirnos de nuestra soberbia, a buscar reconciliación con quienes hemos roto relaciones, y a vivir una vida de perdón y misericordia. 

Se encuentra varias raíces de las palabras hebreas que expresan la idea de orgullo, y las versiones castellanas las traducen “arrogancia”, “jactancia”, “soberbia”, “altivez” y ocasionalmente “orgullo” (Job 38:11; Daniel 5:20). Todas estas raíces significan originalmente “exaltado”, “alto”, “elevado” y encierran la idea de gloria y majestad. ¡Quien se atribuye grandeza a sí mismo es culpable de orgullo! Este es la esencia del pecado, pues asume para el hombre (o para un pueblo) la gloria que solo a Dios corresponde. 

¿Por qué tengo aspiraciones de la grandeza de mí mismo? Las respuestas pueden ser muchas.  Hoy en día las tentaciones nos confrontan de todas direcciones, de la radio, la televisión, la publicidad en las calles… Su mensaje anuncia: Tiene que aumentar las posesiones, luchar para el mejor puesto en el trabajo, probar su inteligencia, ganar más, vencer a los demás, gozar en reputación y adulación… ¡Somos tentados de todas direcciones! 

Todo lo que tenemos, todo lo que somos, viene de Dios. El consejo se encuentra en la Palabra:

“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora, pues él dijo: «No te desampararé ni te dejaré».” (Hebreos 13:5) 

El secreto de tal contentamiento es el aprender a confiar en Dios para lo que sea necesario. Somos alentados a agradar a Dios, recordando el estilo de vida de aquellos dirigentes que fueron los primeros en llevarles el evangelio. Los líderes vienen y se van, pero Jesucristo, en quien ellos confiaron y a quien siguen, es el mismo hoy como lo fue ayer. También seguirá siendo el mismo por los siglos.

En Cristo todo orgullo ha sido anulado (1 Corintios 1:24–30) pues todo lo hemos recibido de gracia. Solo podemos gloriarnos en Cristo (Gálatas 6:14; Filipenses 3:3) y por tanto gozarnos en lo que Dios realiza en nosotros (2 Corintios 6:3–10).

Lo que siembro

El estudio de Abdías nos enseña claramente el peligro de guardar la enemistad entre hermanos. Pablo define este tema principal de Abdías en Gálatas 6:7

“No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.”

Preguntamos entonces: ¿Soy culpable de sembrar la discordia o el amor entre la comunidad de los fieles? 

Con el v.6, el Apóstol cambia de tema (aunque sí quizá tenga alguna relación con el llevar las cargas mutuamente): el de la responsabilidad de cubrir las necesidades de los obreros cristianos. Aunque es posible que Pablo tenga en mente algo más que el dinero cuando dice: toda cosa buena. Ser mezquinos al dar, ya sea en lo económico o en otra área, es como burlarse de Dios. Pero en realidad, Dios no puede ser burlado (v.7), y si dedicamos nuestros recursos para sembrar para la carne, es decir, satisfacer a nuestra naturaleza pecaminosa en lugar de satisfacer al Espíritu, recibiremos lo que merecemos (v.8).

El Apóstol concluye esta sección de la carta con un resumen de cómo espera que actúen los gálatas (vv.9-10): “No nos cansemos, pues, de hacer bien…”. En cada oportunidad debemos realizar el esfuerzo de hacer lo que es bueno, y estar especialmente alertas para satisfacer las necesidades de la comunidad de los fieles. Aunque puede haber muchas cosas que nos desanimen en el camino, debemos cobrar ánimo frente a la seguridad de que Dios defenderá a su pueblo. 

En el momento apropiado, seguramente cosecharemos la plenitud de la benignidad de Dios

Guarda mi actitud

El Señor toma muy en serio las promesas que ha hecho en el pacto. En Génesis 12:1–3 prometió bendecir a aquellos que bendicen a su pueblo y maldecir a los que lo maldicen. El Señor se ha identificado tanto con Su pueblo, que:

  • maldecir a su pueblo es maldecirlo a Él, 
  • rechazar a su pueblo es rechazarlo a Él. 

El fin de Edom anticipa entonces el destino de todos los que atropellan al pueblo de Dios. El Señor está determinado a permanecer fiel a Su pueblo, aun cuando éste le sea infiel o desobediente. 

Los judíos han sufrido una larga historia de persecución en diferentes lugares y su población ha ido variando a lo largo de los siglos. Hoy en día, la mayoría de las autoridades estiman que la actual población judía mundial oscila entre los 12 y los 15 millones, la mayoría de ellos residentes en Estados Unidos e Israel.

A lo largo de la historia, numerosos conquistadores, imperios y naciones han oprimido a los judíos o han intentado eliminarlos completamente. Los métodos empleados han ido desde la mera expulsión hasta el genocidio. Los ejemplos más representativos: las persecuciones del Imperio Romano, las Cruzadas, las expulsiones de judíos en España, Portugal, Inglaterra, Francia, Alemania y otros países, las masacres de judíos en Ucrania por los cosacos de Chmielnicki, los pogromos en Rusia y, sobre todo, el Holocausto en el que murieron aproximadamente seis millones de judíos. 

Todos siguen en el camino de Edom…

Persecuciones romanas: Con base en diversos testimonios se afirma que durante la segunda mitad del siglo I y todo el siglo II, los cristianos fueron también perseguidos por autoridades del Imperio Romano, que consideraba a los cristianos, ya sea como judíos sediciosos (recordando que en el año 70 los judíos armaron una revuelta en Palestina que originó la destrucción de Jerusalén y la deportación de los judíos de su territorio a manos romanas), o como rebeldes políticos.

Expulsión de los judíos de España: El año 1391 ve desatarse las crueles e injustas matanzas que asolan las juderías de Castilla, Cataluña y Valencia, en las que perecen miles de judíos. La presión antijudía se concreta con violencia en el siglo XV y se obliga a los judíos a llevar distintivos en la ropa.

La persecución de los judíos durante la Edad Media fue un hecho corriente. Generalmente se basó en el pretexto de que los judíos merecían ser perseguidos porque eran la raza que había crucificado a Jesucristo, fundador de la religión cristiana. (A nadie se le ocurrió pensar que los primeros cristianos y, el propio Cristo, fueron judíos.) Semejante acusación sirvió para enardecer a las sociedades medievales supersticiosas en las que, además, había otros motivos que explicaban el odio a los judíos.

La Segunda Guerra Mundial agravó la situación y condiciones de vida de los judíos y otros grupos sociales como gitanos, homosexuales y enfermos o incapacitados físicos o mentales. Todos ellos fueron objeto de persecución por parte del partido nazi y fueron explotados con trabajos forzosos, torturados y asesinados. 

Como hemos visto, el escenario de la historia está poblado de fantasmas de naciones que odiaron a los judíos.  Rápida decadencia o súbitas catástrofes han sido la “hora inevitable” de todas ellas, mientras Israel continua viviendo, aunque infiel.

Jehová dice: “…y serán benditas en ti todas las familias de la tierra…”.  Estas palabras envuelven mucho más que las bendiciones materiales que Dios había propuesto traer sobre Israel por amor de Abraham su padre.  La correspondiente promesa en Génesis 22:18 se expone por Pablo (Gálatas 3:8) y por Pedro (Hechos 3:25-26) como que significa el perdón de pecados en Jesús.

Hoy día, Dios reconoce como de Abraham a aquellos que participan de la fe de Abraham.

El “Día de Jehová” (v.15)

Los profetas del Antiguo Testamento invocan el “Día de Jehová” para referirse a un momento en la historia de la humanidad cuando Dios intervendrá directamente a fin de traer salvación a su pueblo y castigo a sus enemigos. Así restaurará el orden perdido sobre la tierra. 

El día de Jehová y el reino de Jehová, proclamados por Abdías, anticipan la venida de Jesucristo al mundo. El anuncio del profeta de que “el reino será de Jehová” (v.21) es un tema que ocupó un lugar prominente en las enseñanzas de Jesucristo, quien en varias ocasiones habló del “reino de Dios” (Lucas 6:20; 9:27; 13:18–21) o el “reino de los cielos” (Mateo 5:3; 13:1–52). En realidad, el “día del Señor” y la venida de su reino son inseparables de la persona de Jesucristo. 

El cumplimiento de esta profecía debe verse, sin embargo, como un proceso en cuatro etapas: 

  • En tiempo de los profetas se puso de manifiesto en acontecimientos como la invasión de Israel por potencias vecinas (Amós), las temibles plagas de langostas (Joel), y el retorno de los israelitas de la cautividad (Esdras-Nehemías).
  • La primera venida de Cristo y los inicios de la era de la Iglesia inauguraron una nueva fase del Día del Señor. 
  • La Segunda Venida de Cristo inaugurará la tercera fase del Día del Señor, cuando su señorío universal de justicia restaurará el orden de Dios sobre la tierra (Isaías 11:6–9; Amós 9:13); 
  • Por último, el Día del Señor anuncia el arribo del mundo venidero, con su nuevo cielo y su nueva tierra (Apocalipsis 22.1–5).

¿Tenemos un deseo profundo para este día venidero?  Cuando Jesús vino, anunció el dominio de Dios con todas las bendiciones de la salvación y las demandas de la sumisión que el dominio divino implica. ¿En qué pensamos entonces cuando ofrecemos nuestras súplicas en oración? Decimos: “Venga tú reino”.  

Orar para que Su reino “venga” es orar para que se someta a Jesús ahora y que pronto sea consumado cuando Jesús regrese en gloria a tomar Su poder y Su Reino.

Queremos ser sabios

Debido a lo que parecía su fortaleza de roca invencible, los edomitas se sentían orgullosos y confiados. Sin embargo, Dios los humilló, y su nación desapareció de la faz de la tierra.

Todos aquellos que desafían a Dios se enfrentarán a la fatalidad como lo hizo Edom. Cualquiera que confíe en su propio poder, riqueza, tecnología o sabiduría más que en Dios será humillado. Todos los que son soberbios algún día serán estremecidos hasta que descubran que nadie está exento de la justicia de Dios. 

¡Pero, queremos ser sabios! ¿Por qué?  Tenemos la respuesta que encontramos en unos salmos:

“La boca del justo habla sabiduría y su lengua habla justicia.” (Salmo 37:30)

“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días que traigamos al corazón sabiduría.” (Salmo 90:12)

“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos…” (Salmo 110:10)

La vida no es siempre fácil, ni siquiera para el seguidor de Jesucristo. Hay ocasiones en que las dificultades se vuelven abrumadoras las enfermedades, los conflictos en el trabajo, las malas condiciones de la economía, las persecuciones, la injusticia y mucho mas…

La consolación que recibimos de la Palabra de Dios es que nuestro Padre Celestial tiene para nosotros la sabiduría que necesitamos en nuestra vida en la fe.  Él puede ayudarnos a crecer, a vencer las tentaciones y llevar una vida sana.

Abdías había dicho con respecto a los edomitas: “La soberbia de tu corazón te ha engañado…” (v.3) y este es el mensaje de otros profetas también:

“¡Ay de los que son sabios ante sus propios ojos, de los que son prudentes delante de sí mismos!” (Isaías 5:21)

Este versículo forma parte de una interjección ¡Ay! Que se pronuncia seis veces, con un tono fúnebre, en relación con Israel y Judá. Se especifican sus pecados: codicia y auto indulgencia (vv.8, 10); embriaguez agresiva (vv.11, 12); vanidad desafiante (vv.18, 19); perversión moral (v.20); presunción (v.21); perversión de la justicia (vv.22, 23). Como resultado de estas cosas, Dios llamará a un país vecino que invadirá, devastará y llevará al pueblo cautivo.

“Así ha dicho Jehová: «No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas…” (Jeremías 9:23)

La gente tiende a admirar cuatro cualidades en los demás: sabiduría humana, poder (valor), misericordia y riqueza. Sin embargo, Dios establece como prioridad más alta conocerlo en forma personal y vivir de manera que se refleje su justicia y rectitud. Las cualidades nombradas en el versículo siguiente (v.24) son aquellas que él mismo exhibe en el pacto. Misericordia es fundamental, ese amor leal que une a Dios con su pueblo y le encomienda el cuidado de ellos. Juicio y justicia son su celo, respectivamente, por los derechos de aquellos en pacto con él y por normas correctas entre ellos. Cuando el Señor dice que esas cosas le agradan, él quiere decir que las mismas cualidades han de ser mostradas por los socios del pacto.

La sabiduría es la disciplina de aplicar la verdad de la Biblia a la vida propia a la luz de la experiencia.  No es algo teórico y abstracto; es personal; es algo que existe solamente cuando una persona piensa y actúa según la verdad aprendida a la experiencia.  Las personas que tenían que tomar decisiones que afectaban el bienestar de otros, buscaban la sabiduría.  A los dirigentes del pueblo judío, David, Salomón, Dios les dio la sabiduría.  Cualquiera que trate de aplicar la verdad de Dios a la práctica cada día y aprenda de sus experiencias puede al fin llegar a ser sabio.

Desafortunadamente tenemos ejemplos de personas como los edomitas, según Abdías, y los de Israel en los días de Isaías. Hay un riesgo en la búsqueda de la sabiduría simplemente por ventaja propia o de modo que no honre a Dios por encima de todo.

Afortunadamente encontramos en las páginas de la Biblia el ejemplo de una persona sumamente sabia en la verdad de Dios. 

“El niño crecía y se fortalecía, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios era sobre él.” (Lucas 2:40)

“Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres.” (Lucas 2:52)

El segundo capítulo de Lucas nos muestra, en términos de desarrollo, que Jesús, tuvo una niñez y una juventud normal. Creció física y mentalmente, se relacionó con otros y Dios le amó. No sorprende que Jesús demostró más sabiduría de la acostumbrada con su edad, puesto que permaneció en contacto con su Padre celestial. 

Dios dice, en Santiago 1:5, que está dispuesto a conceder sabiduría en abundancia a los que la piden. Para aplicar a la práctica la sabiduría que aparece en la palabra de Dios, es necesario conocerla. Por eso la decisión que debemos tomar es invertir nuestro propio ser en la Palabra: oírla y cumplirla.

Dos fuerzas opuestas

Debemos mirar más profundamente en esta profecía de Abdías si queremos obtener todo el mensaje espiritual. “Esaú” y “Jacob” representan más que dos hermanos o dos naciones. Representan dos fuerzas opuestas: la carne y el Espíritu. 

Esaú era un hombre atrayente, activo, saludable, extrovertido, atlético; Jacob era un hombre de casa, lleno de engaño y planes egoístas. Si usted tuviera que escoger a uno de estos muchachos, sin duda habría seleccionado a Esaú; pero Dios escogió a Jacob. A través de toda la Biblia se conoce a Dios como “el Dios de Jacob”. Esta es la gracia de Dios. La salvación no es por mérito; es por gracia y únicamente por gracia. Dios usó a Jacob para ser el padre de las tribus de Israel. Dios le dio sus pactos y promesas a Jacob, no a Esaú. 

La historia representa la lucha entre la carne y el Espíritu (Gálatas 5:16–26). Esaú ilustra la carne: atractiva, poderosa, arrogante, conquistadora, rebelde y siempre pareciendo estar del lado de la victoria. Sin embargo, Dios ha pronunciado juicio contra la carne y un día ese juicio caerá. Edom era arrogante y rebelde; Edom se rió cuando Jerusalén cayó. Cinco años más tarde, no obstante, Edom también cayó ante Babilonia, ¿y dónde está Edom hoy? 

El conflicto entre Esaú y Jacob, la carne y el Espíritu, corre a través de toda la Biblia. Los Herodes del Nuevo Testamento eran edomitas. Uno de ellos mató a los niños judíos en su intento de destruir a Cristo (Mateo 2:16–18). Otro Herodes asesinó a Juan el Bautista; otro mató a Santiago, el hermano de Juan (Hechos 12). 

El conflicto actual entre israelíes y árabes no es sino una continuación de esta misma batalla que empezó en Génesis 25:21–26. Sin embargo hay una ley de retribución escrita en la historia: 

“Como tú hiciste se hará contigo…” dice Abdías (v.15)

Las naciones reciben en retribución lo que les han dado a otros. Las naciones gentiles en particular se llamarán a rendir cuentas por la manera en que han tratado a los judíos. El juicio caerá sobre todos los que se han negado a hacer la voluntad de Dios.

La justicia

Abdías creyó en un Dios que mantiene en su potente mano el dominio pleno sobre el universo y cada una de las fases de la creación, en particular y que todo está gobernado conforme a la ley de la justicia.

Estaba completamente seguro de la integridad inflexible de Dios.  

  1. las defensas humanas resultan inútiles cuando el poder de Dios se abate sobre los hombres
  2. Siempre es ridículamente malo que el hombre se engolfe en su orgullo vano.  Lo cual puede llegar a significar que cierra para siempre su corazón a toda necesidad humana y fraternal. 
  3. El juicio  eterno y divino al fin prevalecerá.
  4. El orgullo viene antes de la destrucción.
  5. Dios revela a su debido tiempo sus propósitos santos de justicia.
  6. Es cosa criminal regocijarse en la calamidad de otros y hallar deleite en los infortunios de los demás.
  7. Ningún profano espere hallar favor en la mano divina del Dios que nunca ha sido temido ni amado.
  8. El reino de Dios vendrá.  Esta es la más preciosa evidencia de que Dios alcanzará resonante victoria.
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EL DIA DE JEHOVÁ

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