Viviendo la Verdad 1: El llamamiento a ser discípulo

Introducción

Los creyentes en Cristo son llamados a la santidad en pensamiento, palabras y obra. Expresan su fe a través de su devoción a Dios e interacción santa con otros. Como resultado deben desarrollar una relación con Dios mediante la lectura de la Biblia, el estudio y la oración. Por eso basado en la Palabra de Dios, no necesitamos una personalidad sobresaliente, ni tenemos que presentar un informe largo de grandezas en nuestra vida para poder ser testigos eficientes del evangelio.

Existe la necesidad constante para permanecer en Cristo y permanecemos en Cristo cuando Él se comunica con nosotros por medio de Su Palabra. En este breve estudio – “Viviendo la Verdad” – hemos escogido temas de los capítulos 5-7 del evangelio de Mateo, conocidos como “Sermón del Monte” o “Enseñanzas de la Montaña”.

A quienquiera que lea el “Sermón del Monte”, le resultará obvio que no es fácil seguir a Jesús (Mateo 5:10–12). Cristo, por lo tanto, comenzó con palabras de ánimo, explicando de qué maneras las personas serían bendecidas si oían Sus palabras y las ponían en práctica (Mateo 7:24–25). Hasta cierto punto, los discípulos fieles cuentan con estas bendiciones en esta vida, pero la completa realización de ellas será en la vida venidera.

El Sermón del Monte comienza con las ocho Bienaventuranzas. Esta  es, sin duda, una de las secciones más conocidas de la Biblia. Jesús se dedicó exclusivamente a enseñar principios generales, los cuales tenían siempre que ver con estados mentales.  Él sabía que, cuando se piensa con rectitud, la conducta resulta asimismo recta. Jesús no nos da instrucciones detalladas acerca de lo que debemos o no debemos hacer; no nos manda comer o beber ciertas cosas ni abstenemos de ellas; no nos ordena cumplir tales o cuales observancias rituales en determinados tiempos o estaciones. Él quiere llevamos a una actitud mental completamente nueva, y esto es lo que el “Sermón del Monte” nos muestran gráficamente.

William Rawson (2005/11)

“…lo compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca.” (Mateo 7:24)

La versión de la Biblia que utilizamos, salvo en los casos indicados, es la Reina-Valera, revisión de 1995.

Lecturas:

Mateo 8:18-22; 9:9-13; 10:1-4, 34-38; Marcos 2:13-17; Lucas 5:27-32; 

Juan 1:35-51; 15:1-17.

Objetivos:

  • Identificar algunos pasajes en los Evangelios en los que Jesús llama a la gente.
  • Reconocer lo que cuesta seguir a Jesús.
  • Repasar algunas disposiciones para el discipulado.

Antecedentes

Ser escogido

Jesús, el único hombre sin pecado, el gran médico, que vino para sanar y salvar, dijo: “…los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos… no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.” (Mateo 9:12-13.  Su llamamiento ´Sígueme´ se dirige a los que sienten la necesidad curarse de la grave enfermedad del pecado. A tales personas, Jesús les dice: “…Venid a mí…llevad mi yugo…y aprended de mí…” (Mateo 11:28-29)

De él hemos de aprender cómo puso siempre a Dios en el primer lugar de su vida.  Por eso, el ´sígueme´ quiere decir: 

Dar a Jesús el primer lugar en nuestra vida, y al igual que Jesús, tenemos que crucificar el egoísmo.

Pensando más en Jesús, nos daremos cuenta de que ´sígueme´ quiere decir: 

Predicar el mensaje de la salvación que hemos recibido libremente 

y hacerlo evidente por medio de una vida cristiana.

También nos daremos cuenta de que ´sígueme´ quiere decir: 

Esforzarnos por seguir los pasos, como aradores fieles, 

de nuestro Maestro sin desviarnos ni a la derecha ni a la izquierda.

Este es el único llamamiento que conduce a una vida feliz en el presente y, en el futuro, a la vida eterna en un mundo glorificado y bajo el control de nuestro Señor Jesucristo.

El costo de ser discípulo

Grandes multitudes acompañaban a Jesús, algunos de los que obedecieron a su llamamiento aceptaron el costo de ser discípulos.

El costo comienza cuando:

  • Comprendemos el significado de su llamamiento;
  • Damos la prioridad a Cristo anteponiéndolo a  los lazos familiares;
  • Nos separamos del mundo.

El Antiguo Testamento, en el llamamiento de Abrahán, nos ofrece un ejemplo de esta ruptura en las relaciones normales.  Éste tuvo que abandonar hogar y amigos – salió de su ciudad y renunció a los privilegios de vivir en una civilización avanzada para llegar a ser un siervo fiel de Dios. Más tarde tuvo que superar la prueba más extrema cuando Dios le pidió sacrificar a su único y amado hijo, Isaac. Aunque Abraham estuvo dispuesto a sacrificarlo, Dios, en realidad, lo detuvo en su extremo ofrecimiento. Sería el mismo hijo amado de Dios quien de buena voluntad se había de ofrecer en el futuro como sacrificio perfecto y viviente.

Al oír el llamamiento, tenemos que medir el costo. Los discípulos de Jesús lo hicieron, dejando todo – trabajo, familia – para el servicio del Maestro (Marcos 10:28). Pero Dios ya ha decretado que por muy alto que sea el costo que paguemos, recibiremos, junto con el periodo de prueba, abundantes bendiciones en esta vida.  Las bendiciones recompensan cualquier sacrificio. Además, las pruebas desarrollan nuestro carácter. Finalmente, Dios nos premiará con la vida eterna que disfrutaremos con Cristo en la era que viene (Marcos 10:29-30).

La comunidad visible

Los que reciben el llamamiento de Cristo y están preparados para medir el costo saben que los discípulos de Cristo son: 

La sal de la tierra (Mateo 5:13):

La sal es necesaria para la vida.

La sal impide la corrupción.

La luz del mundo (Mateo 5:14):

La luz es esencial para la vida.

El cristiano tiene que reflejar la luz gloriosa del evangelio.

Así los discípulos son hacedores de la Palabra de Dios poniendo sal en la tierra por medio de sus acciones; llevando luz y esperanza por sus hechos y palabras de amor.

Las normas perfectas de Cristo son contrarias a las reacciones naturales. El discípulo, pensando continuamente en las enseñanzas de Jesús en el Sermón del Monte, debe preguntarse:

¿Cuánto se acerca mi vida a la de Cristo?

Los ciudadanos del Reino

Durante su misión, Jesús llamó a doce discípulos, sin contar a otros muchos hombres y mujeres que obedecieron a su llamamiento, formando así una comunidad visible de creyentes. Prestando atención a su llamamiento se volvieron miembros de esta comunidad con la promesa de la ciudadanía en el reino futuro que Cristo establecerá en la tierra.

El objetivo de este llamamiento a ser discípulos es que nos ejercitemos en la justicia con el fin de que en el en el futuro podamos gobernar, sujetos a Cristo, con justicia el mundo.

Podemos llegar a ser ya ciudadanos verdaderos (Efesios 2:18-20) si:

  • Aceptamos el llamamiento;
  • Creemos en Jesús y lo aceptamos como Salvador y Rey (Cristo)
  • Nos bautizamos;
  • Hacemos obras de justicia;
  • Predicamos el mensaje de paz.

En el día de hoy, las puertas están todavía abiertas para los que quieren ser ciudadanos ahora del reino de Dios en el futuro.

Implicaciones del llamamiento de Jesús 

Una vez que respondemos al llamamiento de Jesús, tenemos que mantenernos en Cristo. ¿Qué quiere decir esto? 

La alegoría de la viña: (Juan 15:1-17)

Jesús expone en este pasaje ideas que expresadas metafóricamente que formaban parte de la herencia religiosa de la nación judía. En el Antiguo Testamento, Israel se representa como la viña de Dios (Isaías 5:1-7; Jeremías 2:21; Ezequiel 19:10-14; Oseas 10:1; Salmo 80:8). La vid había llegado a ser, de hecho, el símbolo de la nación de Israel. Jesús se llama la vid verdadera en el sentido de ser genuino en comparación con el pueblo judío que no había actuado en armonía con su llamamiento. Jesús era la realidad de la que Israel era sólo el tipo. El labrador, identificado con el Padre, sería responsable del cuidado de la vid. 

Como el propósito de la vid es producir fruto, la atención se concentra en las ramas y en lo que necesitan para asegurar una buena cosecha (Juan 15:22). La operación más importante para mantener fructífera una vid es la poda. Una rama completamente infructífera debe ser cortada, mientras que las ramas débiles pueden ser fortalecidas mediante la poda. Puesto que es imposible que las ramas que no están unidas a la vid lleven fruto, es imprescindible que los discípulos permanezcan en él (Juan 15:4). 

El principal propósito de la alegoría de la vid es el de subrayar la importancia de la dependencia de él.  Las ramas representan el llamamiento de Cristo. Fijémonos, entonces, en que aquí se establecen dos verdades acerca del buen discípulo. Primera, nuestra relación con Jesús nos hace fructíferos. Segunda, nuestra relación con Jesús da gloria a Dios. El Juan 15:5 subraya la impotencia de los discípulos separados de Jesús. Este párrafo termina (Juan 15:8) volviendo a  poner de relieve  la necesidad de fructificar; no es un fin en sí mismo, sino que su razón de ser es la de dar gloria al Padre. 

El segundo párrafo de esta sección desarrolla algunos de los temas del primero: 

  • Primero, el amor del Padre por el Hijo es el modelo para el amor del Hijo por sus discípulos (Juan 15:9). 
  • Segundo, la obediencia del Hijo al Padre es el modelo de la obediencia de los discípulos al Hijo (Juan 15:10). 
  • Tercero, la necesidad de permanecer en su amor se repite tres veces en los vs. 9-10. 
  • Cuarto, el gozo del Hijo es la base para el gozo de los discípulos (Juan 15:11). 

Que Jesús mismo estaba pensando en su cercana pasión lo demuestran los dichos sobre el mayor amor de los vs.13-14. Jesús estaba a punto de dar su vida por sus amigos, un acto de sacrificio que ellos no eran capaces de apreciar aún. El cambio de relación de siervos a amigos es significativo. La diferencia no está en un cambio de actitud, ambos deben obedecer (Juan 15:14), sino en la comunicación. Mientras que los siervos obedecen ciegamente, a los amigos existe una relación íntima de confianza (Juan 15:15). 

Para que los discípulos no pensaran que habían ganado un favor especial, Jesús les recordó que él los había escogido y no a la inversa (v.16). Pero el propósito de esta elección era que los discípulos llevaran fruto, lo que en este contexto posiblemente signifique llevar a otros a Cristo. Nótese que la promesa de que el Padre contestará a las oraciones es el resultado de su elección y no la consecuencia de haber llevado fruto. 

¿Qué quiere decir ´Discípulo´?

Un discípulo (del latín discipulus, ‘alumno, aprendiz’) es básicamente el alumno de un maestro.  En el mundo griego, los filósofos estaban rodeados de alumnos. La tarea del discípulo era aprender, estudiar y transmitir los dichos y enseñanzas del maestro. 

Los judíos se consideraban discípulos de Moisés (Juan 9:28), ya que sus enseñanzas formaban la base de la instrucción rabínica. Los seguidores de Juan el Bautista eran conocidos como sus discípulos (Marcos 2:18; Juan 1:35). Probablemente se aplicaba este término a sus seguidores más allegados. Practicaban la oración y el ayuno de acuerdo a sus instrucciones (Marcos 2:18; Lucas 11:1), y algunos de ellos le prestaron auxilio cuando estaba en la cárcel, y se ocuparon de su sepultura (Mateo 11:2–7; Marcos 6.29).

Los Evangelios hacen referencia a Jesús como maestro “Rabí” (Mateo 26:25,49; Marcos 9:5; 10:51; 11:21; Juan 1:38, 49; 3:2, 26; 6:25; 20:16). El discipulado se basaba en el llamamiento de Jesús (Marcos 1:16–20; 2:13; Lucas 9:59–62; incluso Lucas 9:57 presupone una invitación por parte de Jesús, en términos generales). En algunos casos, por lo menos, significaba literalmente el abandono del hogar, de compromisos comerciales, y de las posesiones (Marcos 10:21, 28), pero en todos los casos, la disposición a poner en primer lugar las demandas de Jesús, sin calcular el costo, era la condición primordial. Semejante actitud iba mucho más allá de la relación normal alumno-maestro, y dio un nuevo sentido a la palabra “discípulo”. 

Según Lucas, los miembros de la iglesia del primer siglo eran conocidos como discípulos (Hechos 6:1). Sin embargo, el vocablo no aparece fuera de los evangelios y Hechos, y otros escritores en el Nuevo Testamento utilizaron una variedad de términos (creyentes, santos, hermanos) con el fin de expresar en forma completa las características del discipulado.

¿Qué quiere decir “tomar la cruz”?

En Mateo 10:34–39, el precio del discipulado se expone con términos rígidos. El v. 34 está en claro contraste con Mateo 5:9; hay actitudes que son más importantes incluso que el mantenerse  en paz con los que nos rodean. La lealtad a Jesús algunas veces puede causar conflicto incluso dentro de la familia, y si así fuere, el derecho del Señor sobre nosotros debe tener preferencia. La expresión usada “llevar la cruz” referida a seguir a Jesús se comprenderá más claramente en Mateo 16:21–28; es el lenguaje del martirio, como está señalado en el Mateo 10:39.

Todo esto parece bastante exagerado cuando se lee al amparo  de la tranquilizadora seguridad que nos ofrece una sociedad que, cuanto menos, tolera la dedicación cristiana. Sin embargo, en algunas partes del mundo es literalmente la importancia de esta expresión no se puede exagerar. El conflicto y la división de los que Jesús advierte son suficientemente reales para sus seguidores aun cuando sus vidas no corran riesgo. Uno no puede seguir a Jesús sin tener que tomar decisiones cruciales que demuestran dónde está su lealtad final.

Tomar la cruz significa emprender el camino hacia ´la ejecución´, no el sufrir con paciencia alguna irritación. Para el discípulo, tanto como para el Maestro, esto podría conducir a una muerte literal. El negarse a sí mismo (Mateo 16:24) significa rehusar seguir las inclinaciones naturales, por más inocentes que sean. (A veces es mucho más profunda que el no comer carne en la cuaresma, como hacen algunos cristianos.). Lo que considera el mundo como una vida de éxito – riquezas, fama y poder son, en realidad, vanidades en comparación con ser un discípulo de Jesús.  Ėste es el único camino hacia una verdadera vida espiritual; cualquier otra vía significa perderse eternamente. En este sentido, la pérdida es ganancia y la ganancia es pérdida. 

En el bautismo, “nuestro viejo hombre (manera de vivir) fue crucificado” con Cristo en la cruz (Romanos 6:6). Dios “nos dio vida juntamente con Cristo en el bautismo (Efesios 2:5). Sin embargo, todavía tenemos la naturaleza humana después del bautismo, y por consiguiente, las inclinaciones de la carne seguirán vivas y reclamarán sus derechos.  La crucifixión de nuestra carne es, por consiguiente, un proceso en marcha que comienza en el bautismo; de ahí que Jesús dijera a los creyentes que tomaran su cruz cada día y lo siguieran como si fuera una procesión hacia el Calvario (Lucas 9:23).

“Si no hay cruz, no hay corona.” Es tan cierto para los cristianos como lo fue para Cristo. El tomar la cruz era una señal de aceptación de una vergonzosa muerte de esclavo ante los ojos del mundo no cristiano. Era una posibilidad muy real en el caso de los miembros de la iglesia de Roma, que sufría una gran persecución. La imagen es la de un condenado llevando el madero, caminando hacia el patíbulo en medio de la burla, tal como lo hizo Jesús al proceder hacia el Calvario. 

Cuando alguien lleva una cruz, hay tres cosas que son ciertas:

  • Que nunca volverá al lugar de donde vino.
  • Que ya no tiene planes a largo plazo.
  • Que sus posesiones ya no significan nada para esa persona.

El hombre que lo poseía todo: (Marcos 10:17–34)

En ninguna otra parte de las Escrituras se ve con mayor claridad el costo del reino de Dios que en el relato del joven rico. Él poseía todo menos la vida eterna. La quería, pero no estaba dispuesto a dejar todo lo demás para obtenerla. Sin embargo, no hay otro camino para entrar al reino. El hombre era claramente amable (v.21) y ambicioso y sin duda moral, pero no podía verse afrontar el costo. Sin embargo, Jesús prefería perder a un posible seguidor que rebajar sus normas por su culpa; en realidad no había otra norma posible. Así que el rico se fue triste de la presencia de Jesús y no sabemos nada más de él; había tomado su decisión.

Jesús dijo (v.23) que era difícil que un hombre rico pudiera entrar al reino de Dios, en realidad es imposible sin la ayuda de Dios (v.27). Todos experimentamos la tentación de confiar en nuestras “riquezas”, sean las que sean, y no en Dios. Jesús usó un proverbio para ilustrar lo difícil que es; con toda claridad un camello no puede pasar por el ojo de una aguja.

Jesús enseñó que el resultado de dar dinero a los pobres, o de cualquier sacrificio que podamos hacer para el reino de Dios, se atesorará, no en la tierra sino en el cielo; cuanto más demos tanto más atesoramos. Esto no significa que si damos dinero a la obra de Dios, hemos de recibir más, como enseñan las sectas “de la prosperidad”. Lo que significa es que las recompensas espirituales serán mucho mayores que los sacrificios que pudiéramos haber hecho por Cristo, aunque dichos sacrificios supusieran la persecución (v.30).

El pasaje concluye con otra mirada a los futuros sufrimientos de Jesús, esta vez con mayores detalles, ilustrando de nuevo la verdad acerca del sacrificio. Algo en la conducta de Jesús, como también en sus palabras, asombró a los discípulos y los que le seguían tenían miedo. De alguna manera pensaron que se acercaba una crisis.

Puntos de reflexión

¿Qué hace con su vida?

Aquí tenemos dos preguntas.  Invite a un miembro de su familia o un amigo escribir una respuesta para la primera y prepare una respuesta para la segunda:

Preguntas sobre mi llamamiento

Hay dos tipos de personas: los que dicen a Dios: Sea hecha tu voluntad y aquellas a quienes Dios les dice: Muy bien, entonces, hágase tu voluntad. ¿Dónde está usted? La vida es mucho más que vivir sólo el momento. 

Mirando las cosas

Todo lo que tenemos y somos viene de Dios. La manera de ver las cosas influirá en cómo empleamos nuestro tiempo, dinero, talentos y cómo valoramos nuestras relaciones. Somos mayordomos de todo lo que Dios nos da.

Nombrando a los Doce 

Cotejemos las referencias referidas a un grupo especial, los doce discípulos. Rellene los espacios y observe el orden:

Quedate un tiempo con nosotros y comenzarás a entender lo que Dios quiere comunicarnos en su palabra. Y si tienes preguntas o comentarios, escríbenos a preguntas@labiblia.zendesk.com