Estudio 5: La vida transformada

Pablo, habiendo concluido en los capítulos 1 a 11 su consideración del “problema judío” se refiere especialmente, en el capítulo 12 a las consecuencias morales y éticas de la doctrina cristiana para la vida práctica de la comunidad cristiana. 

La fe cristiana es inseparable de la conducta cristiana. Para entender la relación entre fe y vida, doctrina y ética, es importante evitar un malentendido común poniendo estos dos elementos demasiado netamente bajo las nociones de «teoría» y «práctica», como si hubiera un sistema de reglas e instrucciones para la vida cristiana distintas de la teología cristiana. Pablo normalmente combina doctrina con deber, creencia con comportamiento. De hecho, Pablo quiere que entendamos que toda acción del creyente se basa en la acción previa de Dios en Cristo. 

Es precisamente por lo que Dios ha hecho en Cristo por lo que los cristianos son llamados a responder en una fe que se manifiesta en la vida y el servicio. Esto significa que las exhortaciones de Pablo a la vida cristiana son realmente otra manera de expresar el evangelio de salvación en Jesucristo. 

Por eso sabemos que los capítulos finales de la carta a los Romanos se centran en la aplicación práctica de todo lo que el apóstol ya ha dicho. El apóstol Pablo nos enseña en su carta a exaltar a Cristo como nuestra mayor ganancia. Nos anima a ver toda nuestra vida “en Cristo” como un acto de adoración. No es sólo lo que se hace el domingo dentro del edificio de una iglesia lo que “rinde honor” a Dios, sino lo que Dios y el mundo ven en los creyentes todos los días y a cada momento de la semana. 

El ruego de Pablo

A pesar de la novedad de vida en Cristo, “muertos al pecado, pero vivos para Dios” (Romanos 6:11), la santidad no es automática ni inevitable. Romanos 12:1 nos dice que debemos presentar nuestros cuerpos a Dios como:

 “un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios”. 

Ahora bien, ¿qué significa esto? 

En los tiempos bíblicos, un sacrificio solía ser un cuerpo muerto, no vivo. Por siglos, los judíos habían llevado sacrificios de animales al templo. El ruego de Pablo de que transformemos nuestras vidas no viene de la nada. Es sólo en vista de las misericordias de Dios que su ruego se vuelve relevante y que nuestra obediencia a él es posible. 

La vitalidad de un cristiano se ve en una nueva vida que se ofrece a Dios y se dedica a cumplir la voluntad de Dios en todo lo que somos y hacemos. El sacrificio más verdadero es vivir conforme a la voluntad de Dios, y la más auténtica libertad se encuentra en el servicio y el culto a Dios más dedicados. 

El evangelio cristiano requiere la limpieza de las vidas por medio del  arrepentimiento y la renovación; las vidas deben estar marcadas por la santidad que se expresa por la disciplina de las experiencias ordinarias en la vida cotidiana. Adorar a Dios en verdad y en espíritu es dedicarnos a él sin reserva, de manera que la calidad moral de nuestra vida corresponda constantemente a la voluntad de Dios. Cuando reconocemos todo lo que Dios ha hecho por nosotros en su Hijo, a lo que Pablo se ha referido en los capítulos 1–11, nos damos cuenta de que ofrecernos nosotros mismos a Dios como “sacrificio vivo” es, verdaderamente, un acto de “culto racional”. 

La palabra “vivo” nos recuerda lo que Dios nos ha hecho: 

Somos personas que ahora estamos vivas “para Dios en Cristo Jesús” (Romanos 6:11). 

Pablo presenta a los cristianos; así que Pablo usa el término “vivo” para mostrarnos que se está refiriendo literalmente a un sacrificio humano. Los sacrificios solían colocarse en el altar, los sacerdotes comían partes de él y ese era el fin del animal. Pero eso no es a lo que Pablo se refiere, porque al menos en tres ocasiones en Romanos 6:13, 16 y 19 él habla de presentar nuestros cuerpos o a Dios de esta manera, de modo que nuestros miembros o sea, brazos, piernas, ojos, oídos y órganos sexuales, se conviertan en instrumentos de justicia. Por tanto, el sacrificio no es sólo vivo, sino que se mueve a todas partes y hace cosas en el mundo.

Entonces, ¿cómo es nuestro cuerpo un sacrificio? ¿Cómo podemos presentar nuestros cuerpos a Dios como un sacrificio? Creo que la mejor respuesta la encontramos al observar la conexión que existe entre los versículos 1 y 2. Es que el versículo 2 es la explicación realista del versículo 1, que es más simbólico. El versículo 1 habla de los sacrificios y la adoración; mientras que el v.2 nos habla de renovar nuestras mentes y de hacer la voluntad de Dios. La manera explícita en que Pablo nos lo expresa es la repetición de la palabra “agradable” en los versículos 1 y 2:

V.1 dice: “que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo y santo, agradable a Dios”; y 

V.2: “…transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. 

Así que es probable que exista un vínculo muy estrecho entre el acto de ofrecer nuestros cuerpos a Dios como un sacrificio aceptable, y el hacer su voluntad, lo cual es aceptable. En tiempos del Antiguo Testamento, cuando se sacrificaban animales como Dios mandaba, el humo ascendía como “olor grato a Jehová” (Números 15:3). De igual manera, la clase de sacrificio espiritual que hemos estado tratando, agrada a Dios y es recibido por El.

Los sacrificios de animales de tiempos antiguos han sido puestos en el olvido permanentemente debido por la ofrenda de sí mismo que hizo Cristo. Sin embargo siempre hay cabida para la adoración ofrecida por “corazones obedientes”.

1 Pedro 2:5. “vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.”

Hebreos 13:15-16. “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. 16Y de hacer el bien y de la ayuda mutua no os olvidéis, porque de tales sacrificios se agrada Dios.”

Lo negativo, lo positivo

Romanos 12:2, aunque gramaticalmente es paralelo al v.1, en realidad explica con más detalle cómo debe realizarse esta entrega de nosotros mismos en sacrificio. Lo que se requiere es nada más que una transformación total de nuestra cosmovisión. Ya no debemos ver la vida en términos de este mundo, el reino del pecado y de la muerte del cual hemos sido transferidos por el poder de Dios (Romanos 5:12–21), sino en términos del nuevo reino al que pertenecemos, el reino regido por la justicia, la vida y el Espíritu. Aunque estamos viviendo en el mundo, ya no somos “del mundo” (Juan 17:15-16). 

La esencia del éxito en la vida cristiana es la renovación de nuestra mente para que podamos comprobar “cuál sea la voluntad de Dios”, es decir, reconocer y poner en práctica la voluntad de Dios para cada situación que nos enfrentemos. Dios no nos ha dado a los creyentes en Cristo un complejo conjunto de reglas para guiarnos. 

Aquí encontramos una palabra muy importante cuyo significado necesitamos esclarecer. Como pueden ver, la palabra clave es “comprobar”. La palabra griega para comprobar se usaba para la prueba de metal. Es una palabra tremendamente importante, que tiene dos implicaciones: 

  • La idea de verificar o demostrar la validez de algo; y 
  • La capacidad de medirlo y de reconocer su valor cuando lo vemos. 

Va mucho más allá del solo hecho de pensar correctamente, se trata de valorar correctamente. No sólo comprobar con corrección, sino aprobar correctamente. No sólo examinar correctamente, sino atesorar correctamente. 

Pablo no nos está instando a que leamos cierta cantidad de libros o escuchemos algunos sermones para poder reconocer una buena obra y ponerla en práctica con disciplina. Está diciéndonos: sean renovados de manera tan profunda en sus mentes, que sean capaces, no solo de reconocer y tasar el oro cuando lo vean, sino también de amarlo, darle valor, atesorarlo. Esto es lo que nos quiere decir la Escritura en este pasaje (Romanos 1:28; 14:22; 1Corintios 16:3).

Encontramos en este versículo un mandato negativo y otro positivo: 

  • en el primero se nos insta a no conformarnos a este mundo; 
  • en el segundo, a transformarnos. 

Transformados, no conformados. Dedique su vida cristiana al cambio constante. No se acomode ni permanezca en el estado de transformación que ahora tiene. La exhortación es clara: ¡transfórmense! Pablo está hablando de un crecimiento continuo en el presente, con la ordenanza negativa de no adaptarnos a este mundo.

Pero ¿cómo sucede esto? ¿Cuáles son sus implicaciones? ¿Se trata acaso de estudiar detenidamente la manera en que el mundo se viste, lo que mira, lo que escucha, lo que compra, en qué se entretiene, y entonces hacer lo opuesto? Bueno, puede que se produzcan cambios en muchos de estos aspectos, pero no es esa la esencia del texto. Se nos dice: “transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento…”. No se trata de limpiar primero lo exterior de la copa, sino el interior. En otras palabras, la no adaptación y la transformación en lo exterior deben fluir desde una mente renovada. Transfórmense en la renovación de su mente.

Al parecer, los seres humanos somos imitativos por naturaleza dice Stott. (:”El Mensaje de Romanos” Barcelona:Certeza. Pág.374.) Necesitamos un modelo que podamos copiar, y en última instancia sólo hay dos. Está el mundo actual, literalmente “esta era” que va pasando, y está “la voluntad de Dios” que es buena, agradable y perfecta. La debilidad principal del cristianismo de nuestros días es la creciente aceptación del ambiente intelectual, moral y social dominante en este tiempo. Estamos demasiado dispuestos a conformarnos con las modas y las convenciones que dicta nuestra sociedad. 

La nueva era que Dios ha inaugurado en Cristo requiere una vida nueva y elevada en la comunidad cristiana. Cuando Cristo entra en la vida de un hombre, éste viene a ser un hombre nuevo; cuando Cristo entra en la vida de una mujer, ésta es igualmente una mujer nueva; la mente de la persona es diferente, se ha transformado esencialmente porque la mente de Cristo está en esa persona. 

Transformados por dentro

Quizás digamos: “Está bien, entonces se trata sólo de aprender a pensar de manera diferente a la del mundo y eso nos transformará totalmente de adentro hacia fuera”. Bueno, eso también es verdad; pero hay una palabra en el v.2 que nos hace pensar que no es toda la verdad, y quizás pudiera no ser siquiera la verdad principal. Todo depende de la función de la mente, el entendimiento, según el v.2 ¿Cuál es el propósito de tener una mente renovada? Pensar de manera correcta es, sin dudas, esencial. Si usted piensa de manera ilógica, seguramente vivirá de manera incorrecta. Por ejemplo, pudiera pensar de la siguiente manera (Centro de estudios bíblicos para la edificación):

Premisa 1: Muchos comerciales televisivos me instan a querer y consumir cosas que no necesito.

Premisa 2: El hecho de ver más televisión hace que vea más comerciales de este tipo. 

Conclusión: Por tanto, mientras más televisión vea menor será la tentación de desear tener cosas que no necesito. 

Esto no es sino una manera ilógica de pensar y tarde o temprano lo haremos vivir de forma incorrecta si no lo pensamos mejor.

La palabra griega para “transformar” es la palabra de la cual obtenemos “metamorfosis” que se refiere a un cambio, que a menudo es dramático. Una ilustración es la metamorfosis del gusano de oruga en mariposa. Con todo lo maravillosa que es tal metamorfosis física, más lo es, la metamorfosis espiritual que podría tener lugar en una persona que viene a Cristo. 

Metamorfosis

Se traduce por “transfiguración” en Mateo 17:2 y Marcos 9:2. La apariencia de Cristo fue dramáticamente transformada, a la vez que la gloria de su santidad brilló a través de su carne.

Metamorfosis se trata de una transformación fundamental del carácter y de la conducta, alejada de las normas del mundo y asemejada a la imagen de Cristo mismo.

¿Cómo y por qué?

¿Cómo se produce la transformación?  

Según el judaísmo: “Todos los seres humanos poseemos funciones distintas. Los judíos tenemos 613 preceptos a cumplir y los no-judíos, los 7 preceptos universales. Nadie en absoluto está excluido de la misión Divina, es por eso que nadie queda exento en respetar mandatos Celestiales. 

[El Talmud es una obra que recoge principalmente las discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres, leyendas e historias. El conjunto de los primeros cinco libros (la Torá) de la Biblia se conoce como Pentateuco . Los 613 mitzvot son los mandamientos contenidos en la Torá.]

La enumeración ofrecida por Maimónides es 613 mandatos. (Maimónides nació en Córdoba, al-Ándalus, el 30 de marzo de 1135, en el seno de una distinguida familia de jueces rabínicos.)

¿Y cuáles son aquellos preceptos universales, que competen tanto a judíos como a no-judíos? 

1. No adorar a ídolos o falsas deidades
2. No blasfemar
3. No asesinar
4. No robar
5. No mantener relaciones sexuales ilícitas
6. No comer carne de animal con vida
7. Establecer cortes de justicia

Aun cuando aquí en Romanos 12, Pablo no nos dice de qué manera se renueve la mente, sabemos por otros escritos suyos que es por la regeneración de la “espada” del Espíritu – La Palabra de Dios. 

Por medio de la Palabra mantenemos nuestra mirada en Jesús y procurar parecernos.

Pablo escribió en Filipenses 4:8.

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

El ruego de Pablo está dirigido al pueblo de Dios, se afirma en las misericordias de Dios y tiene que ver con la voluntad de Dios. Luego estamos en condiciones de discernir y desear la voluntad de Dios. Entonces somos progresivamente transformados por ella.

¿Por qué es importante renovar nuestra mente? Pablo nos dio una razón en Romanos 12:2

“… para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

En Efesios 4:23 encontramos el paralelo más cercano a este versículo, aquí Pablo nos dice:  “…que seáis renovados en el espíritu de vuestra mente”. Esta es una frase muy rara, el espíritu de vuestra mente. Esto quiere decir que han sido tan profundamente renovados que pueden reconocer, y pudiéramos decir y oler, lo podrido de la tentación mucho antes que otros y huir de ella antes que ocurra la más mínima contaminación. De la misma manera, pueden saborear y oler una hermosa oportunidad para amar antes que otros.

En otras palabras, la renovación de nuestro entendimiento es el cambio espiritual profundo que permite a nuestras mentes comprobar todas las cosas y darles su justo valor. 

En Efesios 4:18 Pablo nos dice que la ignorancia (de la mente) está enraizada en la dureza del corazón. Por tanto, si la mente es capaz de ser sabia y discernir la voluntad de Dios, el corazón debe ser suave y sensible a cualquier realidad espiritual. Es por eso que la oración es tan absolutamente esencial. La oración constante del cristiano debe ser: “Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley”(Salmo 119:18); y: “ilumina los ojos de mi corazón”(Efesios 1:18); y: “Dios, que yo pueda probar y ver que eres bueno”(Salmo 34:8) 

En otras palabras, es Dios quien debe renovarnos a través de su Palabra y de su Espíritu.

“Los unos a los otros”

Aunque es obligación personal de cada cristiano descubrir y experimentar las posibilidades de la nueva vida en Cristo, no es ciertamente un logro individual – Un cristiano solo no es un cristiano. Nadie puede ser cristiano solo, como individuo aislado, sino conjuntamente con los demás hermanos y hermanas en Cristo. Desde su mismo comienzo el cristianismo existió como realidad colectiva; ser cristiano significaba que uno pertenecía a la iglesia. Pero no era una comunidad basada en la cohesión social, el afecto mutuo o cualquier otra atracción natural. Los cristianos están unidos no solo entre ellos, sino que ante todo son uno en Cristo. 

Un pensamiento favorito de Pablo es el de la iglesia como cuerpo (1Corintios 12: 12-27). Los miembros del cuerpo no disputan entre sí, ni se envidian unos a otros, ni discuten sobre su importancia relativa. Cada parte del cuerpo realiza su propia función, por humilde que ésta sea. Pablo cree que la comunidad cristiana debería ser así. Cada miembro tiene algo que hacer, y solo cuando cada uno aporta su propia contribución funciona el cuerpo de la comunidad como es debido. 

En Romanos 12: 9-13, Pablo da muchas reglas prácticas para la vida ordinaria y cotidiana de los cristianos. Encabeza la lista la virtud del amor verdadero y auténtico, que es siempre el objetivo final de nuestra vida cristiana, tanto dentro como fuera de la iglesia. 

Este amor debe dirigirse (Romanos 12):

  • a Dios (vs.1-2) y 
  • a otros creyentes (vs. 3-13,15-16), sino también 
  • a los que están fuera de la iglesia y en particular a los enemigos, dondequiera que se encuentren (vs.14,17-21). 

El amor cristiano debe ser absolutamente sincero; el afecto y la hipocresía nunca pueden coexistir con el amor genuino y auténtico. Tampoco debe ser relegado el amor a un sentimentalismo superficial vacío de toda realidad moral y espiritual que discierne y discrimina claramente entre las fuerzas básicas del bien y del mal. 

La presencia del amor verdadero tiene muchos resultados prácticos: 

  • Respetamos a los otros y los tratamos con afecto fraternal; 
  • Evitamos falsas estimaciones de nosotros mismos y, reconociendo y respetando debidamente y con prontitud la dignidad del prójimo, 
  • Nos acostumbramos no solo a compadecer a los que sufren sino también a alegrarnos con el éxito del prójimo; 
  • Contribuimos a socorrer al necesitado y ofrecemos generosa hospitalidad, vivimos en armonía con los demás. 

Un cristiano se entregará a cualquier trabajo, por humilde que sea, con celo y con la mayor dedicación, sabiendo que está motivado por el Espíritu de Dios, que nos pone radiantes, y sabiendo que por medio de ese trabajo todo individuo puede verdadera y efectivamente servir al Señor. 

Los cristianos están persuadidos de que Dios les ama, de que Jesucristo ha hecho posible una vida más abundante y rica para ellos en su iglesia. Este tipo de esperanza conduce a la alegría, porque donde hay crecimiento espiritual y verdadera vida en Dios, hay también brillo y alegría. Sabiendo Pablo que la adversidad no está ausente de la vida y que a menudo facilita el bien y el crecimiento espiritual, exhorta a todos los cristianos a ser pacientes en sus tribulaciones y constantes en su vida de oración. 

La fe cristiana no es una garantía de liberación del infortunio; es la promesa de que en medio de la tribulación y el sufrimiento seremos sostenidos y fortificados. Las actitudes indolentes y perezosas en la práctica de la presencia de Dios, particularmente en la oración y el culto, nunca bastarán para crear y mantener la vida cristiana. 

…y los de afuera

En Romanos 12:17-21, Pablo pone su atención en otra serie de reglas y principios para regir nuestra relación con nuestros prójimos, que pueden estar fuera de la iglesia o que pueden ser nuestros enemigos. 

En lugar de maldecir debemos bendecir, hablar bien de quienes nos persiguen y orar por ellos. A este fuerte contraste nos mueve el amor de Cristo. ¿Qué debemos hacer ante el mal? Al menos no debemos de pagar al trasgresor en especie, mal por mal. El amor cristiano requiere transcender el mal y manifestarse en el bien que transforma (Mateo 5: 46-47; I Corintios 13: 5-7). Sobre la cuestión de la venganza (v.19), Pablo plantea el problema del nivel de relación de Dios con todos nosotros. Debemos dejar esta cuestión al justo juicio de Dios. La superación definitiva del mal está en manos de Dios. Debemos pues resistir la tentación de tomar represalias reflexionando sobre las altas verdades de la doctrina cristiana respecto al propósito justo y benéfico de Dios en un universo en el que las leyes morales y espirituales, como las físicas y materiales, siguen el curso que se les ha trazado. 

En una auténtica vida cristiana, no basta simplemente abstenerse de juzgar y de vengarse; debemos también estar dispuestos a ofrecer ayuda activa a nuestro enemigo cuando está en extrema necesidad. Si tiene hambre, debemos alimentarlo; si tiene sed, debemos darle de beber. Esta es la ley cristiana del amor, que permite al pecador verse a sí mismo con esperanza y gracia, sin sentir el impulso de defenderse. Mediante este acto de amor un enemigo se encuentra frente a la santa voluntad de Dios, quien en tales circunstancias es como «un fuego que consume» a efectos de limpieza y purificación. 

En Romanos 12:21, la exhortación final de este pasaje: «No te dejes vencer por el mal, sino vence al mal con el bien», Pablo quiere expresar la suprema verdad cristiana de que la victoria pertenece al amor. La bondad puede ser vencida por el mal, si se permite que el mal tome el control y nos dicte las condiciones en que han de establecerse las relaciones humanas. 

La esencia del discipulado cristiano es una entrega personal a la voluntad de Dios en Jesucristo. Si los creyentes actúan realmente como dice Pablo en Romanos 12, podemos tener en verdad cristianos reconciliados y sanos, que presumiblemente podrán crear comunidades de reconciliación y sanación. Esto puede suceder ciertamente no solo porque «Dios estaba en Cristo reconciliando consigo el mundo» (2 Corintios 5:19), sino también porque nosotros por nuestra parte nos hemos reconciliado con Dios. 

El Sermón del Monte en el resto del Nuevo Testamento

Es evidente que el Sermón del Monte es la ética básica del cristianismo. También es evidente que no es una colección hecha sin pensar de reglas diversas. Es una obra maestra de principios condensados, describiendo el carácter y la disposición de los que son llamados a pertenecer al reino de Dios.

En las epístolas de Pablo hay muchos pasajes entusiastas que repiten el Sermón del Monte. Probablemente la sección más famosa es la de Romanos 12 y 13. 

Conclusión…

Varias secciones de las epístolas de Pablo acentúan como el amor, el perdón y la misericordia obran dentro del creyente, y dentro de la Iglesia y aun hacia afuera hacia los enemigos. Hay también bastante enseñanza de la no resistencia, la disconformidad al mundo, y los peligros del materialismo.

En Romanos 12:9-16 encontramos una guía condensada para aquellos creyentes que han escogido vivir esta vida de amor. 

El amor se revela por su reacción…

  • Hacia el bien y el mal (v.9) El amor sea sin fingimiento. 
  • Hacia todos los creyentes (v.10) Amor fraternal. 
  • Para el trabajo de toda clase (v.11) Sirviendo al Señor con inteligencia. 
  • Para diversas circunstancias (v.12) Gozosos en la esperanza. 
  • Hacia las posesiones (v.13) Compartiendo las necesidades. 
  • Hacia los oponentes (v.14) Bendiciendo a los que nos persiguen. 
  • Hacia las circunstancias de otros (v.15) Goza con los que se gozan y llora con los que lloran. 
  • Hacia el rango y posición (v.16) Nos recomienda que no seamos sabios en nuestra opinión. 
  • Hacia todas las personas (v.17) El amor no pagará mal por mal.
  • Hacia todas las personas (v.18) En cuanto dependa de nosotros tened paz. 

Un consejo más (v.19) No demos lugar a la ira.

Quien anda en amor cree en la justicia perfecta de Dios (vs. 20-21).

 

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“Llamados a ser de Jesucristo” (Romanos 1:6)

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Bibliografia

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