Nuestras responsabilidades

Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo,
conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.

A algunos que dudan, convencedlos.
A otros, salvadlos arrebatándolos del fuego; y de otros, tened misericordia con temor, desechando aun la ropa contaminada por su carne.

vs.20-21 Las responsabilidades hacia nosotros mismos –

Aprovechamos los recursos divinos

Las primeras palabras del v.20 “Pero vosotros…” también las hemos leído en el v.17. Se repiten para dar énfasis. Entonces debemos poner atención en lo que Judas ha preparado para los verdaderos creyentes en todos los siglos. Dios nos creó para estar activos. Ser cristiano no significa ser un espectador deportivo. En realidad eso es lo contrario de lo que deben ser las reuniones cristianas. El cristianismo es una fe que nos anima a levantarnos y actuar. En estos dos versículos hay cuatro verbos claves:

Edificar, Orar, Conservarse, Esperar.

La acción de edificar según Coder (1981, pág.115) se menciona varias veces en el Antiguo Testamento pero solamente con relación a las cosas materiales desde la edificación de la primera ciudad en Génesis 4:17 hasta el levantamiento de la última estructura derribada en Malaquías 1:4. Al llegar a una lectura del Nuevo Testamento descubrimos edificios de otra naturaleza.

Lea las siguientes referencias y describa el edificio.

Mateo 16:18

 

1 Corintios 3:10-15

 

Efesios 2:20

 

1 Pedro 2:5

 

Judas identifica una tarea continua durante toda la vida. La Nueva Versión Internacional dice: “…edificándose sobre la base de su santísima fe…” Hay que edificar sobre ‘la base’. En nuestro bautismo confesamos ‘la base’ de nuestra fe y el verdadero cristiano tiene que edificar sobre ella desde aquel día. ¿Cómo edificamos? La respuesta es que crezcamos en una apreciación espiritual de ser llamados por Cristo. Pedro nos ayuda a responder en una manera activa:

“Por esto mismo, poned toda diligencia en añadir a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.”
(2 Pedro 1:5-7)

Todos tenemos la responsabilidad de crecer y permanecer en comunión con Dios por Jesucristo. Fe es un fundamento. Judas expresa que es una fe santísima, que quiere decir diferente de otras cosas. Es diferente porque tiene poder para hacer distintos a los que creen. Según lo que señala Pablo: “Así que la fe es por el oír, y el oír por la Palabra de Dios.” (Romanos 10:17).

Una señal obvia del crecimiento en Cristo es nuestra actitud hacia la oración. La esencia de la religión es la conciencia de nuestra total dependencia de Dios. La oración es el reconocimiento de esa dependencia. Judas dice que tenemos que “orar en el Espíritu Santo”. ¿Qué significa esta frase?

Hay personas que insisten en que la oración en el Espíritu Santo debe de ser oración en lenguas. Pero no puede ser eso a lo que se refiere Judas porque no todos los cristianos en el primer siglo hablaron en lenguas (1 Corintios 12:29-30). Otras argumentan que la oración en el Espíritu es la plegaria salida de un corazón lleno, iluminado y controlado por el Espíritu Santo de Dios. El problema con esta explicación es que es inevitable que nuestras oraciones sean, por lo menos a veces, egoístas y ciegas. Para entender el significado de lo que Judas dice, hay que atender a un aspecto de la vida de la iglesia del primer siglo. Lo hacemos con una inspección de varias referencias a la oración en el Nuevo Testamento.

Hechos 20:28-31 “Por tanto, mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre… Por tanto, velad, acordándoos de que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.”
Romanos 8:26

 

“De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”
Efesios 6:18 “Orad en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velad en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.”
Filipenses 1:19 “porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación,”
Colosenses 4:2 “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias.”
1 Tesalonicenses 5:17-19 “Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. No apaguéis al Espíritu.”
Hebreos 13:17 “Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta, para que lo hagan con alegría, sin quejarse, porque esto no os es provechoso.”
1 Pedro 4:7 “El fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios y velad en oración.”

El cuadro que surge de esta selección de pasajes es uno de reuniones de los creyentes para ofrecer oraciones especiales en nombre de los miembros necesitados en las iglesias. Pero el problema es ¿para qué orar? Muchas veces la sabiduría humana no es capaz de discernir de lo que deben pedir. Pero en el primer siglo el Espíritu Santo era capaz. En el Espíritu Santo, los hermanos tenían un don divino reforzando y dirigiendo sus oraciones. La evidencia de los dones del Espíritu entre las iglesias era obvia en los días de Judas y los hermanos no tuvieron que descuidar éstos.

La frase conservaos en el amor (ágape) de Dios” complementa lo que se ha dicho en el v.1 sobre su posición en Jesucristo. Una vez que se haya captado que uno es el objeto inmerecido del amor de Dios en Jesucristo, se recibe el desafío de responder con amor. Ese amor debe mostrarse en la conducta. Juan 15:9-10 muestra que esa respuesta es el camino para permanecer conscientes del amor de Dios. Somos guardados ejerciendo la fe y gozando el amor ofrecido por Dios. En Éxodo 24:1-8, Dios se dirigió a Su pueblo prometiéndole que sería su Dios y ellos serían Su pueblo. Esa relación especial dependería de que ellos aceptaran y obedecieran la Ley que Él les dio.

Esta responsabilidad es igual bajo el Nuevo Pacto. Pero existe cierta confusión con el vocablo “ágape”. Puede ser que se refiera a

  1. la virtud del amor cristiano o
  2. la reunión para recordar al Señor en el partimiento del pan.

Observando esta distinción del significado de la palabra sugerimos que lo que Judas exhorta es la asistencia con los hermanos de la iglesia a la Cena del Señor.

Compartir pan y vino con los copartícipes del reino venidero y del cuerpo de Cristo significa participación en el cuerpo de Cristo, en el sentido en que el cuerpo somos nosotros (Él es la cabeza) y participar del pan y vino es una señal de nuestra participación en el cuerpo de Cristo con nuestros compañeros en la fe (los Israelitas formaban parte del cuerpo de Moisés, 1 Corintios 10:2; Judas 9).

Esta comunión señalada en la participación del pan y del vino forma parte de la comunión más amplia que tenemos con Dios, Su Hijo y nuestros compañeros en la fe, y que se expresa de diversas formas. La siguiente lista de versículos comenta el tema:

Partimiento de pan Hechos 2:42
ofrenda Romanos 15:26
comunión 1 Corintios 1:9; 10:16; 2 Corintios 6:14; 2 Corintios 13:14; Filipenses 1:5; 2:1; 1 Juan 1:3,6,7.
servicio 2 Corintios 8:4
contribución 2 Corintios 9:13
compañerismo Gálatas 2:9
parti­cipación Filemón 6

Merece la pena considerar el amplio significado del compañerismo o comunión que compartimos con los hermanos a la hora de recordar la muerte de Jesús que logró unir por su muerte y consecutiva resurrección el cuerpo de santos.

La próxima frase (v.21) concuerda con esta idea – “…esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.” La ceremonia nos recuerda la promesa de los pecados perdonados y al mismo tiempo ofrece el mensaje seguro del futuro regreso de Jesucristo en la gloria de Su Padre (Mateo 26:28). Los verdaderos creyentes esperan la venida de Jesucristo en misericordia, amor y poder porque saben que el propósito de Cristo es traer la vida eterna que es la vida de Dios misma.

El apóstol Pablo tiene palabras de esperanza para nosotros en 2 Corintios 4:18:

“…no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”

vs.22-23 Las responsabilidades hacia los demás –

“Tened compasión”

Este último mensaje de Judas, antes de la bendición final, es una revelación del deber de los verdaderos creyentes hacia los que no tienen la fe segura. Otra vez nos menciona con ‘un grupo de tres’:

Convencedlos,
Salvadlos y
Tened misericordia.

A algunos testificamos mediante la compasión y la amabilidad; a otros, como si estuviéramos rescatándolos del fuego eterno. Aborrecer la ropa contaminada por su carne significa que debemos odiar el pecado, pero tenemos que amar a los pecadores.

Varias son las traducciones de estos dos versículos. Los estudiosos dicen que hay muchas dudas en cuanto al verdadero texto griego. Por ejemplo:

La Biblia de Jerusalén expresa:

“A unos, a los que vacilan, tratad de convencerles; a otros, tratad de salvarles arrancándoles del fuego; y a otros mostradles misericordia con cautela, odiando incluso la túnica manchada por su carne.”

O una lectura al margen de los manuscritos:

“A unos mostradles misericordia, a los que vacilan, salvadles arrancándoles del fuego; a los otros, mostradles misericordia con cautela, odiando incluso la túnica manchada por su carne.”

La Nueva Versión Internacional manifiesta:

“Tengan compasión de los que dudan; a otros, sálvenlos arrebatándolos del fuego. Compadézcanse de los demás, pero tengan cuidado; aborrezcan hasta la ropa que haya sido contaminada por su cuerpo.”

“Hay que refutar a otros mientras disputan con vosotros.” Tenemos que estar preparados para poder demostrar la falsedad de su posición. Por eso debemos estudiar la Palabra para poder defender la fe; debemos saber lo que creemos y estar dispuestos a hablar a tiempo.

“Hay algunos a los que hay que arrebatar del fuego.” Aquí tenemos una figura de los que están más envueltos en la herejía, cuya posición es tan peligrosa que deben ser rescatados como de una hoguera. Con estas personas que han empezado a recorrer el camino del error hay que actuar con urgencia. Unos estudiosos dicen con toda seguridad que Judas se refiere al fuego eterno citado en Mateo 3:10-12. Pero preferimos regresar otra vez a Zacarías 3:2 donde encontramos esta misma figura:

“¿No es este un tizón arrebatado del incendio?”

Josué, como sumo sacerdote, estuvo de pie ante el Señor con vestiduras sucias ya que el sumo sacerdote representa a todo el pueblo. Este versículo 2 nos da a entender que Josué (y, por lo tanto, el pueblo de Judá) habían evitado un justo castigo. Nos recuerda Amós 4:11

“Os trastorné como Dios trastornó a Sodoma y a Gomorra, y fuisteis como tizón escapado del fuego; más no os volvisteis a mí, dice Jehová.”

Por eso nos da ánimo para seguir esperando la conversión de algunos casos aparentemente sin esperanza. Es la misma lección de la oveja perdida de la enseñanza de nuestro Señor Jesucristo en Mateo 18:10-14.

“Hay algunos a los que debemos compadecer y temer al mismo tiempo.” Son los que tan sólo pueden ser objeto de compasión en el espíritu de la misericordia de Dios que lleva a declarar: “Allá voy yo, si no fuera por la gracia de Dios”. La ropa indica el efecto contaminante de su pecado, como el leproso cuya ropa era contaminada por la enfermedad (Levítico 13:34; 14:8). A ellos se los debe ver como una fuente de contaminación y por lo tanto deben ser evitados. Si la ropa contaminada
no había cambiado de aspecto después de ser lavada, el objeto seguía siendo inmundo y tenía que ser quemado (Levítico 13:52-55). También, otra vez, Zacarías 3 puede arrojar luz sobre el significado de esta frase.

Sí, hemos de tener misericordia…
La determinación del origen del concepto de la misericordia en la Biblia resulta complicada por el hecho de que “misericordia”, “misericordioso” y “tener misericordia” son traducciones de varias raíces hebreas y griegas que, en otros casos, se traducen por medio de otros sinónimos, tales como “bondad”, “gracia”, “favor” (y verbos relacionados). En el Antiguo Testamento denota devoción a un pacto y por ello, en relación con Dios, su amor a lo pactado: “Para siempre le aseguraré mi misericordia y mi pacto será firme con él.” (Salmo 89.28).

Encontramos también una señal de perdón en las siguientes referencias. Es el misericordioso favor del superior al inferior, completamente inmerecido.

“Ten piedad de mí, Dios, conforme a tu misericordia…” (Salmo 51:1).
“Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia.” (Salmo 145:8).

Por una parte, identificamos la idea de compasión referida al dolor, a la miseria y a la aflicción que nos rodea; por otra parte, tiene que ver con el perdón de los pecados y la culpa misma.

Hay una frase bien conocida – misericordia y verdad – en el Antiguo Testamento. Describe el Pacto de Dios con Su pueblo:

“Bendito sea Jehová, Dios de mi amo Abraham, que no apartó de mi amo su misericordia y su verdad…” (Génesis 24:27).
“Para siempre le aseguraré mi misericordia y mi pacto será firme con él.” (Salmo 89:28).
“Mantendrás tu fidelidad a Jacob, y a Abraham tu misericordia, tal como lo juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos.”
(Miqueas 7:20).

Las promesas de Dios son “Verdad” porque son ciertas. Son “Misericordia” porque nos ofrecen el perdón celestial.

En el Nuevo Testamento, Jesús fue “movido a misericordia”, y nos dice, “Sed… misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.” (Lucas 6:36). Los cristianos deben vestirse de “entrañable misericordia” (Colosenses 3:12). Por eso, el hombre misericordioso manifiesta el carácter de su Dios en el perdón. Nada nos mueve tanto al perdón como el maravilloso conocimiento de que nosotros mismo hemos sido perdonados.

Nada prueba más claramente que hemos sido perdonados que nuestra propia disposición a perdonar. La promesa de Jesús es:

“Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia.” (Mateo 5.7).

Es un eco de los Salmos:

Salmo 111 es un himno de alabanza al poder y a la bondad de Jehová. Salmo 112 se celebra las virtudes del justo.
v.4

Clemente y misericordioso es Jehová….

 

v.4 (el hombre que teme a Jehová)

es clemente, misericordioso y justo…

Sí, hemos de tener misericordia…
…pero al mismo tiempo hemos de odiar todo cuanto tenga relación con el pecado.

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La Epístola de Judas

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