Capítulo 9: “Jehová Fundió La Tierra Con Sabiduría…”

(Proverbios 3:19)

Capítulo 9:

“Jehová Fundió La Tierra Con Sabiduría…”

Proverbios 3:19

Se sugiere que la creencia en la preexistencia de Cristo con Dios antes de su vida en la Tierra puede ser probada por las referencias a la literatura de la ´palabra´ y la ´sabiduría en el Antiguo Testamento. También se han hecho apelaciones extensas a las referencias de la Sabiduría en la literatura del periodo Inter-testamentario.  ´

En este capítulo, examinamos este argumento. Consultamos el Libro de los Proverbios del Antiguo Testamento y también los dos libros apócrifos – La Sabiduría de Salomón y Eclesiástico . Durante nuestro estudio identificamos la conexión íntima entre el uso de los términos: la Palabra, la Sabiduría y el Logos. Se apoyará el punto de vista que la Sabiduría no fue considerada como un ser divino independiente de Dios tampoco la Segunda persona de la Trinidad, pero una personificación de la función del Señor que revela su actividad con el Mundo.

Continuamos examinando el uso de la figura de la Sabiduría en otros pasajes del Nuevo Testamento. En lugar de afirmar que Cristo tenía una existencia personal antes de su nacimiento, proponemos que Cristo personifica la actividad creativa de la salvación enseñada en la literatura de la Sabiduría. Cristo estaba en el plan de Dios y es la encarnación de Su Sabiduría divina.

Los judíos tenían un género literario que se llama la literatura sapiencial, o de la sabiduría, que contenía los escritos de los sabios de Israel. Son de sabiduría práctica para la vida y los hechos cotidianos. La versión de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera (Revisión 1995) se ha sujetado a la norma de ordenar los libros de acuerdo con su carácter y contenido. Por eso encontramos los siguientes libros organizados en la forma de la literatura poética y sapiencial: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares. La literatura representada por los libros apócrifos es de carácter variado y la literatura de Sabiduría está representada por dos libros: La Sabiduría de Salomón y La Sabiduría de Ben Sirac también conocido con el nombre de Eclesiástico.

Aunque el período entre el Antiguo y el Nuevo Testamentos está representado en la mayoría de las Biblias por una simple hoja en blanco que separa a Malaquías de Mateo, en realidad abarca muchos años. Durante este período Inter-testamentario (Los años 200 a.C. a 100 d.C.) apareció, principalmente en Palestina, aunque también en la dispersión, una copiosa literatura judía muy significativa no sólo para el judaísmo sino aún más para la cristiandad.

[Se conoce con el nombre de la ´dispersión´ (o diáspora) de judíos que fueron esparcidos desde Palestina a otras partes del mundo a través de varios siglos.  Hubo dos eventos importantes que contribuyeron en gran manera la diáspora: en el 722 a.C. los asirios capturaron al reino del norte (Israel) e hicieron que gran cantidad de israelitas se establecieron en Asiria. Por otra parte, tuvo lugar el exilio babilónico del reino del sur (Judá) en el 586 a.C. Más adelante, guerras con los griegos y los romanos en Palestina contribuyeron a que el pueblo judío se esparciera aún más.]

Generalmente entre los protestantes se usa la palabra ´apócrifa´ para describir los libros que se encuentran en las Biblias cristianas griegas y latinas (por ejemplo, la Versión de los Setenta – LXX y la Vulgata) y no en la Biblia hebrea.

[15 libros escritos entre el 200 a.C. y el 100 d.C. forman parte de la Vulgata.  Los 15 libros apócrifos, con la excepción de 2 Esdras, aparecen en la traducción griega del Antiguo Testamento. La Iglesia Católica Romana considera que todos, con excepción de 1 y 2 Esdras y la Oración de Manasés, son canónicos y tienen autoridad. Desde la época de la Reforma, los libros apócrifos se han omitido del canon de las iglesias protestantes.]

La palabra ´apócrifo´ trae consigo el sentido de ´falso´ o ´espurio´ pero en su origen y uso eclesiástico el significado es completamente diferente. En este sentido significa igual que la expresión hebrea ´libros ajenos´ y se refiere a los libros no incluidos en el canon (Russell, 1999, p.71).

[En la práctica católico-romana, la palabra deuterocanónico es aplicada a aquellos libros descritos por los protestantes como apócrifos, y la palabra apócrifo a los conocidos como pseudoepigráficos. Por eso los pseudoepigráficos se usa frecuentemente para referirse al resto de los ´libros ajenos´ de número indeterminado, que permanecen fuera de las Escrituras canónicas y de la apócrifa.]

 La Sabiduría en los Proverbios

El gran ejemplo de la literatura sapiencial en el Antiguo Testamento es el Libro de los Proverbios, en el cual hay ciertos pasajes que le atribuyen un poder vivificador a la Sabiduría. En esos pasajes, la Sabiduría aparece como personificada, y se concibe como el agente eterno y colaborador de Dios. Usamos la palabra ´personificación´ que es una figura retórica consistente en atribuir a un ser irracional o a una cosa inanimada o abstracta cualidades o acciones propias de los seres humanos. La sabiduría popular se basa en la experiencia acumulada y transmitida de padres a hijos, frecuentemente en forma de máximas sencillas que, por lo general, son como lecciones morales y fáciles de retener en la memoria. Sin embargo, la afirmación que abre el Libro de los Proverbios es: El principio de la sabiduría es el temor de Jehová (Proverbios 1:7). Lo cual significa que la única y verdadera sabiduría es la que entraña una forma de vida basada en la obediencia a Dios.  Hay tres pasajes principales que vamos a identificar:

 Proverbios 3:13-26:

«Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría y obtiene la inteligencia…

«Es árbol de vida para los que de ella echan mano y bienaventurados son los que la retienen»

«Jehová fundió la tierra con sabiduría, afirmó los cielos con inteligencia.»

«Con su ciencia, los mares fueron divididos y destilan rocío los cielos.»

 Proverbios 4:5-13:

«Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia…»

«Sabiduría ante todo…»

«Escucha, hijo mío, recibe mis razones…»

«Por el camino de la sabiduría te he caminado…»

«Aférrate a la instrucción, no la dejes; guárdala, porque ella es tu vida.»

.Proverbios 8:1-9:2

«Yo, la Sabiduría, habito con la cordura y tengo la ciencia de los consejos…»

«Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras.»

«Cuando formaba los cielos, allí estaba yo…»

«con él estaba yo ordenándolo todo…»

«La Sabiduría edificó su casa, labró sus siete columnas.»

En el poema de estos versículos aprendemos también que la Sabiduría está presente a la vez a Dios y a la creación entera. Es, a la vez trascendente en Dios e inmanente al mundo creado al que da sentido; se convierte en mediadora, vinculando a Dios y al mundo (Léon-Dufour, 1997, p. 48). Estos versículos, y en verdad el resto del contenido de los capítulos donde aparecen, muestran a la sabiduría personificada como una mujer; pero, a pesar de esto nadie tiene la idea de que la sabiduría realmente es una hermosa mujer literal que deambula por la tierra; todos reconocen que es simplemente una característica muy deseable que toda la gente debería tratar de adquirir.

La Sabiduría en la literatura apócrifa

El desarrollo de la idea de la Sabiduría no se detuvo en el Libro de los Proverbios.  La encontramos en la clase de literatura sapiencial producida entre el Antiguo y el Nuevo Testamentos. Contenía tanta sabiduría extraída de la experiencia de los sabios que era una guía para la vida.  Son dos libros notables.  El primero se llama La Sabiduría de Ben Sirac o Eclesiástico y el segundo, La Sabiduría de Salomón.

[Eclesiástico hace énfasis en la importancia de la ley y la obediencia a ella. Fue escrito en hebreo aproximadamente en el 180 a.C. y traducido al griego poco después del 132 a.C.  La Sabiduría de Salomón es una colección sapiencial escrita en Egipto aproximadamente en el 100 a.C. (Diccionario Bíblico Conciso Holman)]

Sirac era un judío piadoso, un escriba, un sabio. Conocía perfectamente la literatura religiosa de su pueblo.  El libro que escribió es una iniciación a la sabiduría.  Se enseña todo: el valor, la paciencia, la confianza, la piedad y la misericordia.  A pesar de todo, debemos destacar las explicaciones de Sirac a propósito de la sabiduría. Aprendemos que la sabiduría nació de Dios y permanece con él para siempre; es eterna y anterior al tiempo, pone de manifiesto la obra divina y se extiende por toda la creación.

El Libro de la Sabiduría llamado también Sabiduría de Salomón no tiene nada que ver con el famoso hijo de David, rey de Israel.  Según lo que dice de la sabiduría, es el mejor de todos sus bienes porque es la que los proporciona. Es un tesoro inagotable para los hombres y los que consiguen alcanzan la amistad de Dios. Salomón invoca a Dios que, por su sabiduría, creó al hombre, gobernó el mundo con santidad y ejerció la justicia. A veces los cristianos han encontrado en este elogio a la sabiduría personificada, una descripción de la segunda persona de la Trinidad. Verdaderamente, encontramos mucho acerca de la gran concepción de la Sabiduría creativa y eterna de Dios en estos dos libros. Seguimos con unas referencias:

Eclesiástico 1:1-10:

«Toda sabiduría viene del Señor

Antes de todo estaba creada la Sabiduría,

la inteligencia prudencia desde la eternidad…»

 Eclesiástico 24:1-9

«La sabiduría hace su propio elogio…

Yo salí de la boca del Altísimo…

Yo levanté mi tienda en las alturas…

Antes de los siglos, desde el principio,

me creó y por los siglos subsistiré.»

 De estos versículos aprendemos también que La Sabiduría recibió la orden de ´pon tu tienda en Jacob´ (24:8); está a la vez en ´las alturas´ (24:4); ha encontrado su lugar elegido en Sión (24:10).

Observamos también unas enseñanzas similares en La Sabiduría de Salomón. La Sabiduría es:

´un espíritu que ama al hombre´(1:6);

´Radiante es la Sabiduría´(6:12).

La Sabiduría es:

´para los hombres un tesoro inagotable´ (7:14);

´una emanación pura de la gloria del Omnipotente´ (7:25);

´una novia´ (8:2).

La Sabiduría ´todo lo renueva´ (7:27);

´interpreta las máximas y descifra los enigmas´ (8:8)

 

De la Sabiduría a la Palabra

¿Por qué tenemos interés en las referencias de la Sabiduría en estos libros sapienciales? Para encontrar una respuesta a esta pregunta, leemos otras tres referencias:

La Sabiduría de Salomón 8:4-6

«Está iniciada en la ciencia de Dios y le guía en la elección de sus obras.

Si en la vida la riqueza es un bien deseable, ¿qué cosa más rica que la Sabiduría que todo lo hace? Si la inteligencia es creadora…»

 La Sabiduría de Salomón 9:1-2:

«Dios de los Padres, Señor de la misericordia,

que con la palabra hiciste el universo,

y con la Sabiduría formaste al hombre…»

 La Sabiduría de Salomón 18:14-16:

«Cuando un sosegado silencio todo lo envolvía

y la noche se encontraba en la mitad de su carrera,

tu Palabra omnipotente, cual implacable guerrero,

saltó del cielo, desde el trono real…

…y tocaba el cielo mientras pisaba la tierra.»

Para el autor del Libro de Salomón, la Sabiduría era el poder eterno, creador e iluminador de Dios. Podemos decir, por tanto, que Palabra y Sabiduría son una y la misma cosa. Fueron la Sabiduría y la Palabra los instrumentos y agentes de Dios en la creación, y las que traen siempre la voluntad de Dios a la mente y al corazón de las personas. Con referencia a La Sabiduría 9:17 añadimos otra expresión – el Espíritu –:

 «Y ¿Quién hubiera conocido tu voluntad,

si tú no le hubieses dado la Sabiduría

¿Y no le hubieses enviado de lo alto tu Espíritu santo?»

Según esta evidencia, proponemos que las tres expresiones – Sabiduría, Palabra y Espíritu – son maneras alternativas de hablar del poder de Dios en su relación activa con su mundo y sus habitantes. Estas tres palabras proveen expresiones de la eminencia de Dios en su creación, revelación y redención.  La Sabiduría, tal como aparece descrita en La Sabiduría de Salomón 7:22 es Dios mismo obrando en el mundo. En la Sabiduría divina queda revelada la omnisciencia infinita de Dios. Se afirma de ella que ha procedido de Dios y que participa de su naturaleza divina (Proverbios 8:25). Se le atribuyen perfecciones divinas, como la inmutabilidad y la omnipotencia (Proverbios 8:23,27).

Después de leer estos versículos naturalmente regresamos al tema principal de este ensayo – el desarrollo de la doctrina ortodoxa de la Santísima Trinidad. Sospechamos que los ortodoxos encuentran en las declaraciones acerca de la Sabiduría una evidencia de la revelación en el Antiguo Testamento de la Segunda Persona de la Trinidad. Y esto es lo que encontramos. Escuchamos una explicación de Vergés (1969, pág. 51):

“Es difícil concretar hasta que punto la revelación viejo-testamentario vislumbró en la Sabiduría la Persona divina del Logos, por estar la revelación del Antigua Testamento totalmente orientada hacia la proclamación del monoteísmo…”

Buscando la evidencia en estas referencias de la pre-existencia personal de Jesucristo encontramos lo que dice Léon-Dufour (1997, pág. 20):

“…La Sabiduría hipostasiada viene a los hombres para comunicarle la salvación…La Palabra de Dios, en el Antiguo Testamento, presenta una ´historia´ que corresponde a la de la Sabiduría, excepto en un punto: no ha sido hipostasiada; es la palabra divina la creó y la que gobierna el mundo; es ella la que, sin cesar, interviene en la historia del pueblo. Aunque sus orígenes sean diferentes, podría decirse que la Sabiduría y la Palabra tienen las mismas funciones…Podemos decir, por tanto, que Palabra y Sabiduría son una sola cosa.”

Desde estas dos citas tenemos que apuntar los siguientes comentarios:

Observamos, primeramente, lo concerniente a la religión judaica en el monoteísmo – la doctrina religiosa que admite un solo Dios. Con este punto de vista estamos completamente de acuerdo. Lo que encontramos en las referencias a la Sabiduría y la Palabra son las descripciones de los atributos divinos por medio del lenguaje figurado de la personificación. Sin embargo, no son satisfechos con esta clara declaración que viene del Antiguo Testamento de la unicidad de Dios, imponen un concepto teológico que nos lleva al segundo punto – la hipóstasis.

Para la formulación del dogma de la Trinidad, la iglesia católica-romana debió crear una terminología propia con ayuda de nociones de origen filosófico. Por ejemplo, escogieron los términos substancia, persona o hipóstasis y relación.  Utilizaron el término persona o hipóstasis para designar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

[Los escritos de Orígenes (185-254 d.C), influenciado por las enseñanzas neoplatonistas dan constancia de una fe claramente trinitaria. Utiliza dos palabras griegas ousía significa esencia e hipóstasis la manera en que se expresa la esencia divina. Tertuliano  (145-220 d.C.) es llamado el Padre del Cristianismo Latino. Introdujo dos palabras latinas substancia (ousía) y persona (hipóstasis).  Después de muchas discusiones y no pocas intrigas, el Concilio de Nicea adoptó la fórmula que expresaba la fe de sus miembros.]

La iglesia católica romana enseña en el núcleo de su dogma cristológico que en Jesucristo hay una sola Persona (la divina, el Verbo, Segunda persona de la Santísima Trinidad) y dos naturalezas, por las que obra la persona (la humana y la divina).  Por darse la unión de las naturalezas en la Persona (hipóstasis), a esta unión se llama hipostática. Entendemos por qué Léon-Dufour escoja este término. Identifica la Sabiduría como la revelación de la Segunda Persona de la Trinidad, Cristo preexistente. Pero estas ideas de las revelaciones de la Sabiduría imponen un sentido desarrollado durante la formulación del Credo de Nicea que no era necesariamente presente ni intencionado en los pensamientos de los judíos siglos antes de Cristo. Repetimos otra vez que la Sabiduría es una personificación de la función de Jehová, una manera de hablar de si mismo, una expresión de su participación en su mundo y su pueblo sin comprometer su trascendencia.

Finalmente observamos la referencia al Logos del prólogo de Juan no como una ´prueba´ de la preexistencia de Jesucristo sino como la culminación de todo lo que Dios había revelado en el Antiguo Testamento. Por la Palabra de Dios tenemos la acción de Dios tal como está declarada por medio de la Sabiduría de la literatura sapiencial. En Jesucristo, la Palabra de Dios vino entre nosotros.

La Sabiduría en el Nuevo Testamento

Hay unos pasajes en las Escrituras que parecen claramente expresar una doctrina de la pre-existencia de Cristo. Éstos son Juan 1:1-18; 1 Corintios 8:5-6; Colosenses 1:15-17 y Hebreos 1:1-3. También incluimos Mateo 11:27-30. Sin embargo, se ha sugerido (Dunn, 1989, pág. 164) que todos estos pasajes fueron influenciados en un grado significativo por la terminología de la Sabiduría. Es decir que el lenguaje de estos pasajes es de la figura de la Sabiduría en la literatura del Antiguo Testamento tal como la literatura del periodo inter-testamentario. En aquella época del judaísmo, antes del cristianismo del primer siglo, la figura de la sabiduría divina recibe prominencia considerable. Es la descripción de esa sabiduría que determina las figuras de estos pasajes arriba seleccionados del Nuevo Testamento.

En la siguiente tabla comparamos las referencias anteriormente citadas con algunas referencias de la literatura de la Sabiduría (En esta tabla, las referencias son de la Biblia de Jerusalén)

Mateo 11:28-30

…Venid aí todo los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

Eclesiástico 51:23-27

Acercaos a mi, ignorantes…

someted al yugo vuestro cuello,

que vuestra alma reciba la instrucción…

Ved con vuestros ojos lo poco que he penado y el mucho descanso que he encontrado para mi…

Juan 1:1

En el principio la Palabra existía y la Palabra estaba con Dios…

 

Sabiduría 9:9

Contigo está la Sabiduría que conoce tus obras, que estaba presente cuando hacías el mundo

Juan 1:14

Y la palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros…

Eclesiástico 24:8

El que me creó dio reposo a mi tienda,

 y me dijo:´Pon tu tienda en Jacob´.

Hebreos 1:3

El cual, siendo resplandor de su gloria…

Sabiduría 7:26

Es un reflejo de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen de su bondad.

Estas comparaciones parecen indicar que la tradición de la literatura de la preexistencia de la Sabiduría ha sido influyente en los escritos del Nuevo Testamento que enseñan acerca de Cristo.  Es decir que aquellos que estaban familiarizados con estas escrituras anteriores identificaron a Jesús como la Sabiduría.  De hecho, Pablo parece hacer esta identificación cuando él escribió en 1 Corintios 1:24, 30:

“Cristo es poder y sabiduría de Dios…  Pero por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por la sabiduría de Dios…”

¿Qué significó entonces la figura de la Sabiduría para los cristianos del primer siglo? ¿Cuándo Pablo y otros atribuyen el papel de la Sabiduría en la creación a Cristo, significa que Jesús estaba presente literalmente en la creación del mundo?

Para buscar una contestación a estas preguntas debemos considerar el hecho de que esa Sabiduría es una entre varias palabras que se usan en el Antiguo Testamento y la literatura intertestamentaria como si ellas denotaran entidades divinas independientes de Dios. Por ejemplo:

 Salmo 45:4:

«Tu diestra te enseñará cosas que asombran

Salmo 57:3:

«Dios enviará su misericordia y su verdad

Salmo 85:10-11:

«…la justicia y la paz se besaron…

La verdad brotará de la tierra y la justicia mirará desde los cielos.»

Salmo 96:6:

«¡Alabanza y magnificencia delante de él!

¡Poder y hermosura en su santuario!»

No podemos mantener que los escritores de estos pasajes pensaron en esta terminología abstracta como entidades independientes. Una vez más hay que aceptar que éstos son ejemplos extensos de la figura hebrea de discurso, la personificación.

La Sabiduría y las enseñanzas de Pablo

Ahora examinamos algunas de las escrituras de Pablo donde él se refiere también a la sabiduría.  Los pasajes que consideraremos son de sus cartas a los Corintios, Romanos y Colosenses.

En los capítulos 1 y 2 de la carta a los Corintios tenemos un eslabón entre Cristo y la Sabiduría en las siguientes palabras:

“…Cristo es el poder y la sabiduría de Dios… el cual nos ha sido hecho por la sabiduría de Dios.” (1 Corintios 1:22-24, 30).

De todo lo que hemos estudiado de la Sabiduría en el Antiguo Testamento se entiende por qué algunos están inclinados a aceptar que en estos versículos está la evidencia clara de la existencia de Cristo como una persona antes de su nacimiento. No es necesariamente el caso y primeramente debemos entender el contexto en que encontramos estas palabras.

Pablo presenta el mensaje de la cruz y en 1 Corintios 1:18 dice que: la palabra de la cruz es locura… Es posible que los Corintios tengan sus propias ideas del mensaje de la salvación de Dios y vieron ésta expresada en su propio concepto de la sabiduría divina.  Hay también la posibilidad de que estos Corintios proponían el punto de vista de que ellos mismos tenían una visión superior y acceden a esta sabiduría divina (1 Corintios 2:10-3: 4-8). Además que esta sabiduría, tiene algo que ver con el significado de la frase: los poderosos de este mundo (1 Corintios 2:6, 8). Algunos han visto una conexión con lo que se encuentra en Baruc 3:9 – 4:4 ¿Dónde están los príncipes de las naciones…´? (Baruc 3:16).  Por falta de más evidencia, no debemos pasar mucho tiempo en conjeturar acerca de las creencias de aquellos Corintios. Lo que entendemos es que Pablo enseña que la sabiduría de Dios es Cristo crucificado. Por eso, la sabiduría divina está manifestada en la cruz y su proclamación. En otras palabras, la cruz es el hecho de la sabiduría divina.

En 1 Corintios 2:7, Pablo explica un misterio:

“la sabiduría oculta que Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria…”

Y según estas palabras se puede concluir que la sabiduría tenía una preexistencia. Pero es la sabiduría en el sentido del plan de la salvación de Dios que era predeterminado. Con este punto de vista, Cristo es esa sabiduría de Dios y no como un ser que preexistía.

El mensaje de los primeros dos capítulos de la primera carta a los Corintios es que Cristo es la encarnación determinada de Dios para llevarnos a la gloria. Nuestra postura entonces es la siguiente: Pablo nos enseña que la sabiduría es el plan de Dios para efectuar la salvación por medio de la crucifixión de Jesús y la proclamación del Cristo crucificado (1 Corintios 1:20-25). Cristo siempre hizo la voluntad de Su Padre en todos los aspectos de su vida. En él tenemos el ejemplo de amor perfecto hacia el Todopoderoso. El llevó a la luz la sabiduría de Dios. Es precisamente porque él fue hecho sabiduría, justificación, santificación y redención para nosotros. Pablo proclama que Cristo es la sabiduría de Dios.

Seguimos adelante en la carta y llegamos a 1 Corintios 8:6-7 que dice:

“Para nosotros, sin embargo, solo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para quien nosotros existimos, y un Señor, Jesucristo, por medio del cual han sido creadas todas las cosas y por quien nosotros también existimos. Pero no  en todos hay este conocimiento…”

Hay dos frases en estos versículos con las cuales podemos empezar nuestro comentario. Estas son: …solo hay un Dios… y … un Señor… Están incluidos en la respuesta a los Corintios quienes probablemente habían expresado su sabiduría para justificar su libertad de comer carne ofrecida a los ídolos. Su sabiduría también les permitía admitir lo que habían dicho en el versículo 4 “… sabemos que un ídolo nada es en el mundo…” Pablo empieza, por consiguiente, dando énfasis al monoteísmo judío (…solo hay un Dios… ). El es el Señor de quien todas las cosas vienen. Y también se dan cuenta que es el mismo Señor a través de quien viene la salvación. – del cual proceden todas las cosas – De esta afirmación los corintios deben estar de acuerdo. Pablo reconoce su sabiduría. Pero añade otra frase – un Señor, Jesucristo junto con – para quien nosotros existimos.

Observamos tres detalles impresionantes en este versículo:

  • Pablo enseña que Jesucristo también es uno.
  • Dice que es por medio de Jesucristo que han sido creadas todas las cosas.
  • Finalmente explica la dependencia de todos los creyentes en Jesucristo con las palabras – y por quien nosotros también existimos.

Pablo no está haciendo una declaración sobre el hecho de la creación en el principio. Habla del presente. Es el Cristo crucificado que cumple el propósito de Dios. La sabiduría de Dios se puede ver en su plan de salvación y la glorificación de Su nombre. Jesucristo es ahora el Señor y comparte con Dios en Su señoría. En estos versículos, Cristo no está presentado como una persona preexistente antes de su nacimiento en el mundo sino está identificado con el poder activo y creativo del Dios Todopoderoso.

En el capítulo 10 de la primera carta a los Corintios, Pablo cita el ejemplo de los israelitas del tiempo del Éxodo, quienes, a pesar de haber sido los beneficiarios de las grandes acciones de Dios, no le correspondieron con una conducta que le fuera agradable. En el versículo 4, dice: Esa roca era Cristo de la cual bebieron el agua.  Es aceptado por muchos que este versículo indica la preexistencia de Jesucristo. Se dice que aquel que estuvo allí al comienzo y que fue el agente de la creación (Juan 1:2–4), y que sustenta todas las cosas (Colosenses 1:17), estuvo participando activamente en la vida del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento, de la misma forma que está actuando en las vidas de los creyentes en Cristo en la actualidad. Se afirma entonces que la segunda persona de la Trinidad no apareció repentinamente por primera vez en la encarnación. Pero no es así.

La roca representa a Cristo en una manera. Confesamos esto porque en los versículos 6 y 11, Pablo nos enseña que las experiencias de los israelitas en el desierto eran como ejemplos o, mejor dicho, tipos. El tipo es una clase de metáfora que no consiste meramente en palabras, sino en hechos, personas u objetos que designan semejantes hechos, personas u objetos por venir. En Pablo la tipología se amplía para abarcar la identificación de Cristo con la roca cuyas aguas salutíferas acompañan a los israelitas en el desierto. Pero no indica que Cristo estuvo presente en persona con los israelitas.

Todo cumplido en Cristo

 En Romanos 10:6-10 encontramos la pregunta: “…No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para bajar a Cristo)…” Pablo quiere destacar, con sus citas selectivas de Deuteronomio 30:12–14, lo fácilmente disponible que está “la justificación que es por la fe”, en contraste con la imposibilidad de lograr la justicia que es por la ley. El pasaje de Deuteronomio motiva a la obediencia a la ley de Dios, recordándoles a los israelitas que la palabra de Dios está cerca, y que no hay necesidad de ascender al cielo o bajar al abismo para encontrarla.

Pablo puede aplicar el texto a la muerte y resurrección de Cristo (v. 6, 7) y a la palabra de fe, el evangelio (v. 8), porque ve en Cristo la culminación de la ley (v. 4). Lo que el Antiguo Testamento atribuía a la ley, Pablo entiende ahora que se “cumple” en Cristo y en el mensaje del evangelio: poner al alcance de las personas los medios para lograr la justicia. Continuar luchando por cumplir la ley mosaica como medio de justicia — como estaban haciendo los judíos — es perder de vista el hecho de que Dios ha acercado su palabra a las personas en el mensaje del evangelio de la muerte y resurrección de Cristo.

Encontramos otro pasaje en las cartas de Pablo, que supuestamente enseñan que Jesús existió antes de su nacimiento.

“El primogénito de toda creación. Porque en él [Jesús] fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos.(Colosenses 1:15-18).

Esto es típico de aquellos pasajes que pueden dar la impresión de que Jesús efectivamente creó la tierra. El relato en Génesis claramente enseña que Dios fue el creador. Jesús fue el primogénito, lo que implica un comienzo. No hay prueba de que Jesús fuera el “primogénito” de Dios antes de la creación de la tierra literal. Pasajes como 2 Samuel 7:14 y Salmos 89:27 predijeron que un descendiente literal de David llegaría a ser el primogénito de Dios. Ciertamente él no existía en la época en que se escribieron esos pasajes y menos aún en el tiempo de la creación.

Jesús llegó a ser el “Hijo de Dios con poder” por medio de su resurrección de entre los muertos (Romanos 1:4). Dios engendró “a Jesús” como está escrito también en el salmo segundo: “Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy” (Hechos 13; 32, 33). De modo que Jesús llegó a ser el primogénito de Dios por medio de su resurrección. Nótese también que un hijo que se halle a la diestra de su padre se refiere a que es el primogénito (Génesis 48:13-16), y Cristo fue exaltado a la diestra de Dios después de su resurrección (Hechos 2:32; Hebreos 1:3). Es en este sentido que a Jesús se le describe como el primogénito de entre los muertos (Colosenses 1:18), una frase que es paralela a “el primogénito de toda creación” (Colosenses 1:15). Por lo tanto él habla de sí mismo como “el primogénito de los muertos… el principio de la creación de Dios” (Apocalipsis 1:5; 3:14).

Jesús fue el primero de una nueva creación de hombres y mujeres que por el hecho de convertirse en verdaderos hijos de Dios, luego de su muerte lograrán la resurrección, que ha sido hecha posible por la muerte y resurrección de Jesús (Efesios 2:10; 4:23,24; 2 Corintios 5:17). “En Cristo todos [los verdaderos creyentes] serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida” (1 Corintios 15:22, 23). Esta es precisamente la misma idea que se halla en Colosenses 1. Jesús fue la primera persona que resucitó de entre los muertos y se le dio inmortalidad, él fue el primero de la nueva creación, y los verdaderos creyentes seguirán su modelo cuando él regrese.

La creación que se menciona en Colosenses 1 se refiere, por lo tanto, a la nueva creación y no a la de Génesis. Por medio de la obra de Jesús “todas las cosas fueron creadas… tronos… dominios” etc. Pablo no dice que Jesús creó todas las cosas ni da ejemplos de ríos, montañas, aves. etc. Los elementos de esta nueva creación se refieren a aquellos galardones que tendremos en el reino de Dios. “Tronos… dominios” etc. se refieren a cómo los creyentes resucitados serán “reyes y sacerdotes y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 5:10). Estas cosas se hicieron posibles por medio de la obra de Jesús. “Porque en él fueron creadas todas las cosas… en los cielos” (Colosenses 1:16).

En Efesios 2:6 leemos acerca de los creyentes que están en Cristo sentados en “lugares celestiales”. Si un hombre está en Cristo por medio del bautismo, él es una nueva creación (2 Corintios 5:17). Estando en Cristo somos salvados por su muerte (Colosenses 1:22). El planeta literal no podría ser creado por estar en Cristo. De modo que estos versículos están enseñando que la posición espiritual exaltada que podemos tener ahora, así como la que experimentaremos en el futuro, todo ha sido hecho posible por Cristo. Los cielos y la tierra contienen todas las cosas que necesitaban reconciliación “mediante la sangre de su cruz [de Cristo]” (Colosenses 1:16, 20), mostrando que la frase “todas las cosas… en el cielo” se refiere a los creyentes que ahora se sientan en “lugares celestiales… en Cristo Jesús”, y no a todas las cosas físicas que nos rodean.

Finalmente, si Jesús fue el creador, es extraño lo que él diría:

“… al principio de la creación… los hizo Dios” (Marcos 10:6).

Esto seguramente parece como si él entendía que Dios era el creador, no él mismo. Si él literalmente creó todo en el cielo esto incluiría a Dios.

Un resumen

La sabiduría en su sentido más amplio pertenece sólo a Dios. Su sabiduría no es solamente la perfección del conocimiento que abarca todos los aspectos de la vida sin excepción (Proverbios 5:21; 15:3), sino que también consiste en el irresistible cumplimiento de lo que tiene pensado. El universo (Proverbios 3:19; 8:22–31; Jeremías 10:12) y el hombre (Salmo 104:24; Proverbios 14:31; 22:2) son productos de su sabiduría creadora. Incluso la sabiduría derivada de las habilidades naturales o destiladas de la experiencia es un don de gracia, por cuanto es la actividad creadora de Dios la que hace posible dicha sabiduría.

La sabiduría bíblica es tanto religiosa como práctica. Partiendo del temor del Señor (Salmo 111:10; Proverbios 1:7; 9:10), se extiende hacia todos los aspectos de la vida, como lo indican los extensos comentarios sobre la sabiduría en Proverbios.

Un problema especial es la personificación de la sabiduría en Proverbios 8:22. En Proverbios 1:20–33 la sabiduría se asemeja a una mujer que clama en las calles pidiendo a los hombres que se vuelvan de sus necios caminos y busquen en ella instrucción y seguridad. La personificación continúa en Proverbios 8 y alcanza su culminación en los vs. 22-31, donde la sabiduría sostiene que es la primera creación de Dios y, quizá, colaboradora en la obra de creación. (Esta parte del himno se refiere al origen de la sabiduría y al papel desempeñado por ella en la creación (vs.27-31). En las notas textuales de la Edición de Estudio (pág. 780, R-V, 1995) está “Es manifiesta la influencia de estos v. en el prólogo del Evangelio de Juan.)

El propósito de la sabiduría al recitar sus credenciales es atraer a los hombres a fin de que le presten la atención debida, como lo indica Proverbios 8.32–36. Por lo tanto se debe tener precaución al interpretar este pasaje como un caso de hipostatización, de que la sabiduría está representada como si tuviese existencia independiente. La característica resistencia de los hebreos a la especulación y la abstracción con frecuencia llevaba a sus poetas a tratar los ideales u objetos inanimados como si tuviesen personalidad.

La sabiduría de Dios se demuestra claramente con su provisión de la redención (Romanos 11.33), que se manifiesta en la iglesia (Efesios 3.10). Se revela en forma suprema en la acción de Dios en Cristo en la cruz.

Jesús fue aumentando en sabiduría (Lucas 2.40, 52) siendo niño, y maravilló a sus oyentes por su sabiduría cuando fue hombre (Mateo 13.54). Dos veces personifica a la sabiduría de un modo que recuerda a Proverbios: Mateo 11.19 y Lucas 11.49. En ambos pasajes es posible que Cristo esté aludiendo a sí mismo como la “Sabiduría”, aunque no hay seguridad en cuanto a esto, especialmente en el segundo caso.

Es probable que la cristología de la sabiduría de Pablo (1 Corintios 1.24, 30) fuese influida tanto por las afirmaciones de Cristo como por el conocimiento apostólico (anclado en las enseñanzas de Cristo en Mateo) de que Cristo era la revelación completa de la voluntad de Dios, que reemplazaba a la ley antigua. Por cuanto los mandamientos y la sabiduría están ligados en Deuteronomio 4.6, y especialmente en el pensamiento judío.

Sobre la base de Colosenses 1.15- parece evidente que Pablo veía en Cristo el cumplimiento de Proverbios 8.22, por cuanto el citado pasaje refleja claramente la descripción de la sabiduría. La cristología paulina de la sabiduría es un concepto dinámico, como lo demuestra el acento que se pone en la actividad de Cristo en la creación en Colosenses 1.15 y en la redención en 1 Corintios 1.24, 30. Estos últimos versículos afirman que en la crucifixión Dios hizo a Jesús nuestra sabiduría, sabiduría que, más todavía, y según se la define, abarca la justicia, la santificación, y la redención.

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