Capítulo 16 “Entonces Tomás Respondió Y Le Dijo: ¡Señor Mío Y Dios Mío!”

Juan 20:28

Tratamos de imaginar las circunstancias del encuentro de Jesucristo con sus discípulos después de Su resurrección. La luz brillante de la resurrección todavía no ha disipado las nieblas de duda que les embargaba. Después de la crucifixión de Jesús, es muy probable que los discípulos siguieran juntos en el aposento alto donde habían celebrado la Pascua con Jesús. Las puertas están cerradas

“por miedo de los judíos” (v.19).

Esta referencia de Juan parece informarnos que lo que los mantenía unidos como un grupo era el miedo.

Cuando estaban allí, Jesucristo apareció en medio de ellos (Juan 20:19). Las primeras palabras que dirige a sus discípulos son: “Paz a vosotros.”. Jesucristo no utiliza el saludo ordinario, el “shalom” acostumbrado de los judíos.

En esta sección hay un rápido vuelco de la emoción temerosa (v.19) al gozo (v.20). La razón fue la declaración de paz del Señor resucitado. En los labios de Jesús, esto implicaba el otorgamiento de su propia paz a los discípulos como había prometido previamente (Juan 14:27; 16:33). Es significativo que haya mostrado las manos y el costado a los discípulos porque así ellos no podrían tener dudas sobre la identidad de Jesús. Aun su cuerpo levantado llevaba tales pruebas. La repetición del don de la paz aumenta el énfasis de su importancia, especialmente como ella se ligaba con una comisión específica (v.21). La implicación de estas palabras es que el enviar tenía el propósito de cumplir nada menos que la comisión que Jesús había recibido del Padre.

Juan nos informa en v.24

“Pero Tomás no estaba con ellos.”

¿Por qué? Pasó una semana y Jesucristo volvió; y esta vez Tomás estaba allí.

 Una conversación anterior entre Tomás y Jesús

Antes de considerar el significado de lo que dice Tomás en Juan 20:28, hay que recordar la conversación que tuvo con Jesús en Juan 11 y 14. Tomás es un personaje notable en el evangelio de Juan. No es justo que haya perdurado en la memoria de los tiempos como “el que duda” o el “escéptico convencido”. Podríamos decir más bien que es el discípulo que, al no admitir el testimonio de la comunidad, se aferraba a su convicción.

Tomás fue quien convenció a los demás apóstoles para que acompañaran a Jesús a resucitar a Lázaro, porque tenían miedo. De este amor y lealtad de Tomás hacia Cristo tenemos un fiel testimonio en su primera intervención que recuerda el Evangelio (Juan 11:1-16). Crecía la animadversión del judaísmo oficial contra Jesús y se buscaba una ocasión propicia para quitarle silenciosamente de en medio. Jesús conocía todas estas maquinaciones y por ello, con el fin de ponerse al abrigo de toda asechanza, se retiró a la región de Perea.

Las hermanas de Lázaro le mandaron a Jesús un recado con la noticia de que Lázaro, su hermano, estaba enfermo. A pesar de esta alarmante noticia permaneció Jesús dos días más en el lugar en que se hallaba, luego de lo cual dijo a sus discípulos: Vamos otra vez a Judea. La propuesta desconcertó a los apóstoles. Sin embargo, sabían cuánta era la amistad que mediaba entre Jesús y la familia de Lázaro. Sólo Tomás rompió el silencio para increpar a sus compañeros de apostolado, reprochándoles implícitamente su cobardía y falta de fidelidad a su Maestro. Tomás intervino después de que Jesús anunciara a los discípulos que iría a Judea para despertar a Lázaro (Juan 11:16).

“Vamos también nosotros a morir con Él”, dijo Tomás.

En otra ocasión, Juan 14:5-6, Tomás le reprocha a Jesús que no indica el camino para llegar al sitio adonde se dirigía. Observamos cuidadosamente la conversación:

 v.5 “Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?”

v.6 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.”

v.7 “Si me conocierais, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.”

Tomás había confesado su ignorancia de la meta, y por consiguiente, del camino a seguir. Si Tomás es aquí el portavoz del grupo, ¿es porque se había declarado dispuesto a acompañar a Jesús cuando se dirigía arriesgando su vida para despertar a Lázaro?

La respuesta de Jesús es una declaración soberana en dos sentencias que van estrechamente unidas. Jesús es el camino, la verdad y la vida. Hay que imaginar el impacto de estas palabras en la mente de Tomás desde aquel día en adelante. Tendrán mucha importancia para ayudar a nuestra comprensión de lo que Tomás anuncia en Juan 20:28.

Alusiones a la creación

Vamos a regresar al primer encuentro de Jesús con sus discípulos en el aposento alto. ¿Cuál es la relación entre Juan 20:22 y el descenso del Espíritu en Pentecostés? ¿Es una declaración como un anticipo de Pentecostés? o ¿Es una indicación que había una entrega preliminar? Hay que recordar también que los discípulos habían recibido el Espíritu durante la misión de los setenta en Lucas 10.

El gesto de Jesús en Juan 20:22 reproduce el gesto primordial de la creación del hombre en Génesis 2:7. Por eso en este versículo tenemos una alusión al acto del soplo de aliento de vida del Creador. La alusión al acto creador es más clara aún por el hecho de que el verbo “soplar” (griego: emphysao) utilizado sólo aquí en todo el Nuevo Testamento, es el mismo en los dos textos que acabamos de citar (Génesis 2:7 LXX y Juan 20:22). Se trata ahora de la nueva creación: Jesús glorificado comunica el Espíritu que hace nacer al hombre (Juan 3:3-8). El Hijo que “tiene vida en sí mismo” dispone de ella en favor de los suyos (Juan 5:21, 26).

Tal alusión dirige al lector al tema de la creación y a los discípulos quienes son presentados como “tipos” de Adán. Existen también otras alusiones a la creación: “el primer día de la semana” (Juan 20:1,19)…pero en la noche de aquel día (Juan 20:19 – Génesis 1:5). No solamente recordamos la creación de Génesis. Se encuentran también referencias al diluvio. Los discípulos estaban en “el lugar” con “las puertas cerradas” (Juan 20:19, 26; Génesis 7:16). Todo en el arca tenía el aliento de vida (Génesis 7:15, 2:7). Los discípulos también recibieron el soplo de vida en “el lugar donde los discípulos estaban” (Juan 20:19).

[“Tipos” son representaciones o sea ilustraciones divinamente ordenadas para prefigurar, aclarar y enseñar alguna verdad de las Escrituras. Recordamos que el evangelio de Juan contiene “señales” por ejemplo, Juan 2:11].

Por el acto de “soplar”, el Espíritu Santo va a hacer posible el ejercicio de la misión confiada. Jesús transmitió a sus discípulos la comisión que la Iglesia no debe olvidar: el anuncio del Reino de Dios. La venida del Espíritu aquí se vinculaba con el perdón de pecados (v.23). La promesa fue dada a todo el grupo de los discípulos. Aunque perdonar pecados no es parte del poder humano, la predicación del evangelio proclama tal perdón. Los verbos están en voz pasiva lo que sugiere que Dios es el que actúa. Quienes no respondan a la predicación del evangelio son dejados en sus pecados. Sobre esta promesa, los apóstoles recibieron «las llaves» prometidas en Mateo 16:18-19 y 18:18, 19. ¡Les dijo que como Dios le había enviado a El, así ahora El los enviaba a ellos!

Jesús aparece otra vez a sus discípulos reunidos

Cuando se presentó Jesús a los discípulos por primera vez, Tomás no se encontraba entre ellos; estaba ausente cuando Jesús sopló sobre los discípulos (v.22). Sin embargo, los discípulos le informaron lo que había pasado en su ausencia. La réplica de Tomás se formula con la construcción donde las condiciones que se imponen determinan una consecuencia inapelable. Habría que verificar la resurrección tocando las señales de las llagas de Jesús. ¿Es verdad que la forma del discurso indica lo fuerte en su falta de fe? “No es: Si veo, creeré, sino, Si no veo, no creeré; ¿ni espera ver, aunque los demás le dicen que ellos habían visto”? No lo creo. Al otro lado está un paralelismo de la reacción de Tomás con lo que dice Jesús al oficial del rey (Juan 4:48):

“Si no veis señales y prodigios, no creeréis.”.

Ocho días más tarde, el domingo siguiente, Jesús volvió y Tomás hizo su confesión.

Juan 20:25

“Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré

Juan 20:27

“…y no seas incrédulo, sino creyente

Juan 20:28

“Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío!”

Durante este intercambio de ideas en el relato de Juan vemos algo sorprendente. En efecto, a los ocho días estaban reunidos de nuevo los apóstoles en el aposento alto y con ellos Tomás. Las puertas, como la primera vez, estaban cerradas. Cristo se apareció y saludó a los presentes, diciéndoles: La paz sea con vosotros.

Luego dijo a Tomás:

“Pon aquí tu dedo y mira mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente” (Juan 20:26-27).

¡Cristo conocía las condiciones puestas por su discípulo para creer en Él! Son las palabras de Tomás a sus compañeros en la ausencia de Jesús. La repetición exacta de las palabras de Tomás debe haber causado una profunda impresión en aquel hombre.

No es de suponer que Tomás hiciera uso de la autorización que le hacia el Maestro.

La invocación ¡Dios mío y Señor mío!

El fiel creyente, Tomás, está persuadido. “Conoce” a su Señor. Está convencido y, por eso, declara con convicción:

«Señor mío y Dios mío.» (Juan 20:28).

Jesús había dicho: “Nadie viene al Padre sino por mí.”  Tomás comprendía que Jesús es el camino, la verdad y la vida.

¿Qué Tomás simplemente hizo una exclamación delante de Jesús? No lo creo. Tampoco creo que fuera una mera invocación a Dios en un arrebato de asombro. Aún más, tampoco creo lo que explica Carballosa (Pág.112-113).. En el contexto de una referencia de Juan 20:28 dice:

“En realidad, son muchos los pasajes del Nuevo Testamento donde Jesús es específicamente designado como “Dios”. Ciertamente hubiese sido una flagrante blasfemia si los escritores bíblicos, escribiendo bajo la dirección del Espíritu Santo, hubiesen atribuido a Cristo el título de Dios si en realidad no lo fuese. Sería absolutamente inexplicable que hombres como los apóstoles y con una reverencia tan profunda hacia el Antiguo Testamento hubiesen deificado a un mero hombre.”

La respuesta que ofrecemos es:

  • Jesús es específicamente designado como “Dios”.
  • Los escritores bíblicos escribieron bajo la dirección del Espíritu Santo.
  • No hubiesen atribuido a Cristo el título de Dios si en realidad no lo fuese.
  • Los apóstoles, con una reverencia tan profunda hacia el Antiguo Testamento, no hubiesen deificado a un mero hombre.

La verdad es que la invocación ¡Dios mío y Señor mío! no conviene atribuir a Tomás un pensamiento como el que expresó el Concilio de Nicea (325 d.C.) sobre la naturaleza trinitaria de Jesucristo como Dios-Hijo. Los Apóstoles habían pedido a Jesús que les enseñara al Padre y él había contestado: El que me ha visto a mí, ha visto al Padre (Juan 14:8). Ellos veían al Padre en Jesús, porque, como más tarde lo dijera, él lo había manifestado a sus apóstoles (Juan 17:6, 26). El problema con lo que dice Carballosa es que interpreta las Escrituras por las ideas desarrolladas por los teólogos unos 400 años después de la vida de Jesús.

Léon-Dufour (pág.204) comenta:

“Es verdad que no conviene atribuir a Tomás un pensamiento riguroso como el que expresó el concilio de Nicea sobre la naturaleza divina de Cristo, consustancial a la del Padre. Pero el evangelista quiso seguramente establecer al final de su obra una correspondencia con la afirmación del prólogo: “El Logos era Dios” (Juan 1:1)”

El Mesías tiene el derecho de ser llamado “Dios” porque él encarna a la “Palabra” la cual es theos (Juan 1:1)

“…con una reverencia hacia el Antiguo Testamento”

Según todo lo que hemos considerado, la enseñanza bíblica es que Cristo es el mediador de la nueva creación. Es porque Cristo tiene este rol que Tomás le llama: «Señor mío y Dios mío.» El hecho de Jesús representa la obra de la nueva creación de hombres y mujeres creyentes.   Tomás había llegado al entendimiento de la autoridad suprema de Jesús como representante de Dios.

Tomás es la única persona en los evangelios en llamar a Jesús “Dios”. ¿Por qué? ¿Por qué llamó a Cristo «Dios» y «Señor»? ¿Por qué son dos títulos y no uno solo? Estas son preguntas que sólo podemos contestar por una investigación de la conversación y por medio de una comprensión de las alusiones en ese contexto. Como hemos dicho, estas alusiones nos llevan a la historia de la creación en Génesis.

Jesús ya había negado ser Dios (Juan 10:34-36). También en el mismo evangelio Juan distingue a Jesús del único y solo Dios, su Padre (Juan 17:3).

Ahora la gloriosa verdad de que él que los apóstoles habían seguido fielmente era la revelación de Dios, iluminó a Tomás haciéndolo proferir las palabras: ¡Señor (griego:kurios) mío y Dios (griego:theos) mío! Tal lenguaje como el que Tomás usó es frecuentemente aplicado en toda la Escritura a los que ejercen la autoridad de Dios, refiriéndose a su posición como representantes de Dios. Jesús citó Salmo 82:6 en Juan 10:34 para explicar esto a los judíos. Allí, Dios se dirige a los sacerdotes diciendo:

Yo dije: “Vosotros sois dioses (elohim), y todos vosotros hijo del Altísimo; pero como hombres moriréis.”

[kurios (Número de Strong: G2962) propiamente adjetivo, que significa la posesión de poder (kuros) o autoridad. Se utiliza como nombre, y se traduce en la Escritura bien como «amo» o «señor», siendo un título de amplio significado que aparece en cada uno de los libros del NT, excepto en Tito y las Epístolas de Juan.

theos (Número de Strong:G2316) . (A) En el politeísmo de los griegos, denotaba a un dios o deidad (p.ej., Act_14:11; 19.26; 28.6; 1Co_8:5; Gl 4.8). (B) (1) De ahí, la palabra fue tomada por los judíos y retenida por los cristianos para denotar al Dios único y verdadero. En la LXX theos traduce, con pocas excepciones, a las palabras hebreas Elohim y Jehová, indicando la primera su poder y preeminencia, y la segunda su existencia inoriginada, inmutable, eterna y autosustentante. En el NT se afirman estos y todos los otros atributos divinos]…

Estos mortales eran dioses porque eran representantes de Dios a la nación. Incluso los ángeles y algunos humanos son llamados “Dios” en la Biblia. Este Salmo demuestra que el título de «Dios» (elohim) puede aplicarse incluso a los mortales cuando les es dada autoridad divina. Ángeles son llamados como “dios” en los siguientes pasajes: Génesis 16:13; 22:11,12-15. Moisés se menciona como Dios al Faraón (Éxodo 7:1). La palabra elohim también se traduce como jueces en Éxodo 21:6; 22:8-9. Por eso Jesucristo tiene el pleno derecho de ser llamado “Dios” en este sentido especial.

Jesucristo había usado la expresión «mi Dios» en Juan 20:17 mientras habló con María. Dice que su Dios también es el Dios de María. Cristo también dice que su Dios es «mi Padre». ¿Tiene Tomás un Dios diferente del Dios de Cristo y María?

Lo que dice Jesús no tiene razón si Jesús es “Dios mismo” o (Dios-Hijo según los trinitarios) porque sube a Su Dios y Su Padre. El Dios de Jesús (resucitado) es el Dios de los discípulos.

Comparamos estos dos testimonios encontrados en Juan 20:

Jesús dice a María Magdalena:

 

Juan 20:17 “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.”
Tomás dice a Jesús:

 

Juan 20: 28 “Señor mío y Dios mío.”
Permanece un hecho que Juan escribió su libro entero para probar que Jesús era el Cristo:

“Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, El hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.” (Juan 20:31)

 

Otras alusiones a Génesis

El entusiasmo para aquellas personas indoctrinadas por el dogma de la Trinidad pierde mucho del valor de un estudio bíblico de versículos como estudiamos en este capítulo. Apuntan sus conclusiones como estas (Harris, Pág .86):

“A veces se ha interpretado esta declaración de Tomás como una exclamación que expresa su adoración a Dios por el milagro de la resurrección de Jesús…Reconoció que Jesús, que había resucitado de entre los muertos, estaba por encima de toda vida física y espiritual (“Señor”) y era de naturaleza divina (“Dios”)…”

Continúa con una pregunta al lector:

“… ¿Fue una exclamación extravagante, fruto de la emoción del momento, que nada tiene que ver con el sentido teológico de lo que ocurrió?…

Y su respuesta es así:

“…En absoluto. Juan no recoge que Jesús amonestara a Tomás por la adoración que le rindió. El silencio de Jesús es significativo, y sabemos que si un hombre aceptaba la adoración de otro, los judíos lo acusaban de blasfemia. Las palabras de Jesús “has creído” (v.29) indican que aceptó la confesión de fe de Tomás, y por si eso fuera poco, le recomienda a todos (v.29b)…”

Aquí está un ejemplo de una adhesión a una forma de pensar sin ser dispuesto dejara una insistencia dogmática de las doctrinas de los primeros concilios ecuménicos. Semejante inflexibilidad bloquea una investigación sincera del texto.

La pregunta que proferimos es ¿Qué lección aprendimos en el relato de Juan que Jesús “sopló”? Para buscar una respuesta, tenemos que comparar lo que dice Juan de aquel encuentro con lo que leemos en Génesis 1 y 2. Encontramos que:

  • Tomás tuvo razón cuando dijo: “Señor mío y Dios mío.”
  • No fue una exclamación extravagante.
  • Fue una declaración razonada de su comprensión del propósito de Dios en las Escrituras.
  • Las palabras de Jesús “has creído” (v.29) endosan la comprensión bíblica de su discípulo, no de su confirmación que Jesús es Dios en el sentido absoluto.

Adán fue hecho un “ser viviente” por el soplo de Jehová Dios (Génesis 2:7) pero no debemos olvidar  los detalles de la creación del hombre por “Dios” (elohim) en Génesis 1:26. Tomás no estuvo presente cuando Jesús sopló sobre los discípulos. Ocho días más tarde Tomás, es invitado por Jesús a que compruebe sus heridas y comprenda completamente su naturaleza y su ministerio. Dio a Jesús su confesión que tuvo el poder de crear:  “En él estaba la vida” (Juan 1:3-4). Es una comparación con Génesis 1:26 donde leemos de la creación del primer hombre Adán es por elohim.

Antes de soplar sobre los discípulos, Jesús

“les mostró las manos y el costado” (Juan 20:20).

Otra vez, una referencia al relato de la creación aprendemos que Eva fue formada del costado de Adán. El significado del hecho de Jesús puede ser que les mostró a los discípulos que también son una mujer (la novia, la iglesia) tomada de su costado. Admitieron este hecho por llamarle “Señor” (v.25) bajo la tradición histórica de los judíos.

Tomás había indicado alguna duda con respecto de la obra del Señor cuando Jesús le enseñó del camino, la verdad y la vida.  Cuando estaba seguro no se quedaba a mitad de camino. Hizo la confesión. Ahora lectores de Juan 20 somos testigos de la fe de Tomás en su reconocimiento de la creación del hombre y la mujer cuando le llama a Jesús “Mi Señor” y “Mi Dios”.

Recordamos que: ‘Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:9). Por eso, unidos con Tomás podemos proclamar a Jesucristo resucitado “Nuestro Señor, nuestro Dios”.

En resumen

Las palabras de Tomás dirigidas a Jesucristo en Juan 20:28 son interpretadas por muchos que Jesús es “Dios” en el sentido de el ser eternamente preexistente, la segunda persona de la Trinidad. Pero hemos preguntado si Jesús es “Dios” en el sentido absoluto, ¿por qué se dirigió al Padre como “mi Dios” en Juan 20:17?

La alusión del soplo a Génesis 2.7 es inconfundible. Ahora en la nueva creación Jesús infundía vida a los suyos. La antigua creación comenzó con el soplo de Dios; la nueva creación empieza ahora con el soplo del Hijo de Dios. Los discípulos deben predicar tanto sobre el camino de salvación como sobre el camino de perdición. Deben explicar cómo los pecadores pueden alcanzar el perdón y presentar los peligros de rechazar el evangelio. Deben predicar la verdad y la vida.

Cuando Tomás exclamó al resucitado Jesús: “Mi Señor y mi Dios” no tuvo la idea de ”Dios verdadero de Dios verdadero” de la formula Calcedonia. Esta doctrina trinitaria no formó parte de la declaración de fe de los primeros discípulos de Jesucristo.

La vida y el testimonio de Tomás nos presenta algunas notas interesantes. La más importante y que engloba las demás es la descripción del camino de la fe: el paso de “no creer” a “creer”. Tomás creyó por haber visto a Cristo; pero dichosos los que sin ver creyeron.

“Pero cada uno en su debido orden:

Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el Reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y todo poder…Pero, luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1 Corintios 15:23-24, 28)

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