Capítulo 15:

“En El Principio Era El Verbo…”

Al iniciar el estudio de la persona y obra de Cristo, el problema más crucial es la cuestión de su supuesta existencia, desde la eternidad, como la segunda persona de la Trinidad.  Por lo general, la introducción del evangelio de Juan se considera la afirmación más segura de la preexistencia personal del Hijo de Dios.

La idea transmitida por este pasaje es que un ser misteriosamente llamado el Verbo, que vivía con Dios, que era perfecto como El y que a su debido tiempo se hizo carne, fue conocido como Jesús de Nazaret.

En este capítulo investigamos el significado de Juan 1:1 para comprender el plan que Dios tenía formulado desde el principio mismo de la creación. Por lo tanto, Su deseo de tener un Hijo estaba en su plan. Él amaba ese Hijo antes de que naciera tal como los padres pueden amar a un hijo aún en el vientre materno.

Dentro de los que se denominan cristianos existen varios puntos de vista que divergen en cuanto a lo referente a la naturaleza de Dios y la persona de Jesús. Nosotros sostenemos que existe un solo Dios, único e indivisible, Jesús es el Hijo de Dios nacido por el poder de Dios en la virgen María.

En el Evangelio de Juan, la identidad de Jesús es un tema fundamental. Debería ser examinado con una mente con principios positivos verdaderos. Juan escribió, como nos dice él, con un propósito principal: convencer a sus lectores que Jesús es “el Mesías”, “el Hijo de Dios” (Juan 20:31). De acuerdo con Juan, Jesús distinguió cuidadosamente su persona de la del Padre quien es “el único Dios verdadero” (Juan: 5:44; 6:27; 17:3). Si estamos por buscar en el registro de Juan una prueba de que Jesús es Dios “co-igual”, en el sentido trinitario, estaremos descubriendo algo que Juan no se propuso, y en vista de su herencia judía, no lo hubiera comprendido.

El enfoque judío

El estudio de quién es Jesús, tiene que ver con una declaración razonada acerca de la relación de Jesús con el único Dios de Israel. Algunos estudiosos sostienen que Juan presenta a Jesús en términos que atraerían a la gente del mundo griego, quienes pensaron en términos de ideas abstractas familiares al pensamiento helenístico. La “ortodoxia” reclama a Juan como su puente hacia el mundo de las ideas griegas que ayudaron a moldear a Jesús en los concilios de la iglesia.

Sugerimos que deberíamos primero ver si Juan puede fácilmente ser entendido en términos de su muy distinto enfoque judío. ¿Por qué debería ser reclamado como un sostenedor de las conclusiones dogmáticas de los credos dogmáticos que se formaron en los posteriores concilios de la iglesia? ¿No deberíamos entenderlo a partir del mundo de las ideas del Antiguo Testamento? “Lo que si sabemos,” dice el perceptible erudito bíblico C. J. Wright, “es que Juan estuvo entrenado en las Escrituras del Antiguo Testamento. Si queremos entender la ascendencia histórica del concepto del Logos [Palabra] de Juan como él lo entendió, tenemos que regresar a esas Escrituras.” (C.J. Wright, 677).

El evangelista Juan toma el bien conocido término logos (palabra), no lo define, pero desdobla lo que él mismo quiere decir por ese término. La idea perteneció al Antiguo Testamento y está envuelta en toda la creencia y experiencia religiosa de las Escrituras Hebreas. Es el término más apropiado para expresar su mensaje.

Porque la “palabra” de un hombre es la expresión de su “mente”; y su mente es su personalidad esencial. Cada mente debe expresarse a si misma, porque la actividad es la verdadera naturaleza de la mente.  Así Juan habla de la “Palabra” que estaba con Dios, y era Divino, para expresar su convicción de que Dios siempre ha sido una Mente Activa y Reveladora. Dios, por Su verdadera naturaleza, no puede sentarse en el cielo y no hacer nada. Cuando después en el Evangelio, Jesús dice: “Mi Padre hasta ahora trabaja” él está diciendo lo que el evangelista dice en el primer verso de su prólogo. El lenguaje de Juan no es el lenguaje de la definición filosófica. Juan tiene una mente “concreta” y “pictórica”.

Puesto que el lenguaje o las palabras de Dios revelan sus íntimos propósitos es natural identificar las palabras con la mente y la voluntad de Dios. Más aún, el significado de verbo o palabra está asociado con actividad. “¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?” (Jeremías 23:29). La palabra es pues proclamada como el agente especial de Dios para llevar a cabo Su voluntad.

Por medio de él (logos, palabra)

“todas las cosas por medio de él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho” (Juan 1:3).

En Juan 1:14 la palabra se actualiza en un ser humano real teniendo un origen divino en su concepción sobrenatural. Desde este momento, en “el cumplimiento del tiempo” (Gálatas 4:4), el único Dios se expresa a sí mismo en una nueva creación, la imagen de la creación original en Adán. La concepción y el nacimiento de Jesús marcan una nueva fase sin precedentes del propósito de Dios en la historia. Como el segundo Adán, Jesús arma la escena para el programa completo de la salvación. El abre el camino a la inmortalidad. En Jesús, el propósito de Dios es finalmente revelado en un ser humano (Hebreos 1:1) (Buzzard, pág. 183).

Jesús vino en sarki, “como una persona humana,” no “dentro de un cuerpo humano” que es un asunto muy diferente. Juan parece estar corrigiendo en su primera epístola un emergente malentendido de su doctrina del “logos” en el Evangelio (Juan 1:1-3). Fue la impersonal “vida eterna” que estaba “con el Padre” (1 Juan 1:2) antes del nacimiento de Jesús, no el Hijo mismo preexistiendo. En otras palabras, Juan tuvo la intención de que entendiéramos que cuando la palabra se hizo carne (Juan 1:14), la transición no fue aquella de una persona divina viniendo a ser una persona humana, sino de una personificación impersonal (La sabiduría en Proverbios 8:22,30) – La palabra de Dios – llegando a ser encarnada como un ser humano (Buzzard, pág. 126).

El Logos como el Verbo

Cuando dialogamos con alguna persona que cree en el dogma de la Trinidad, generalmente nos dice: “Pero ¡Juan 1:1 dice que Jesús es Dios!” Y cita el pasaje de la versión Reina-Valera. Es imperativo que el estudiante serio de la Biblia llegue a un acuerdo básico de lo que es el logos, que es traducido como el “Verbo” en Juan 1:1. La mayoría de los Trinitarios creen que la palabra logos se refiere directamente a Jesús, por eso en la mayoría de las versiones de Juan el logos es capitalizado y traducido como “el Verbo” (algunas versiones hasta como “Jesús Cristo”).

Olcese (www.apologista.wordpress.com) nos explica:

“Un estudio de esta palabra griega logos muestra que ocurre más de 300 veces en el Nuevo Testamento, y en tanto como en la Nueva Versión Internacional es puesto en mayúsculas solamente 7 veces. Cuando una palabra que ocurre más de 300 veces es puesta en mayúsculas menos de 10 veces, es obvio que cuándo se pone en mayúsculas y cuándo no se pone en mayúsculas es una decisión de el traductor basado en su entendimiento de las Escrituras.”

Así como aparece a través de las Escrituras, logos tiene muchos significados en término de dos formas de pensar. Uno es la mente y los productos de la mente que es la “Razón”, (por lo tanto, la “Lógica” está también relacionada con logos) y lo demás es la expresión de esta “Razón” como un “Verbo”, “Refrán”, el “Mando” etc. La Biblia en si refleja su uso variado:

Texto Cita
Mateo 12: 36 “De ella darán cuenta (logos)…”
Mateo 21: 24 “Yo también os hará una pregunta (logos)…”
Lucas 20:20 “A fin de sorprenderlo en alguna palabra (logos)…”
Juan 2:22 “…en la palabra (logos) que Jesús había dicho.”
Juan 4:37 “En esto es verdadero el dicho (logos)…”
Juan 6:60 “Dura es esta palabra (logos)…” (Aseveración)
Hechos 10:29 “¿Por qué causa (logos)…?
Otros significados: Relato, causa, comunicación, doctrina, intención,

predicación, razón, dicho, nuevas…

Las referencias anteriores muestran el uso muy amplio del significado del logos ¿Con todas las definiciones y las maneras en que logos puede ser traducido, ¿cómo podemos conocer el concepto real que se quiere presentar? ¿Conscientes de la gran diversidad del uso del vocablo logos en el evangelio de Juan, en qué forma comprendemos logos en Juan 1:1?

Con razón automáticamente se piensa en Génesis 1:1, en la creación de los cielos y la tierra, después de leer las tres primeras palabras – ‘En el principio’. Es seguro que seguimos con esta conexión con el primer libro de la Biblia cuando encontramos la referencia a ‘luz’ y ‘tinieblas’ que se encuentra en Juan 1:4 y 5. Estas palabras también están en Génesis 1:2-4.  Otra vez hay referencia a ‘luz’ en Juan 1:7 y 8.  Nos parece un resumen admisible de todo el relato de la creación de la cual encontramos en Juan 1: 3 donde dice “Todas las cosas por él fueron hechas…”.  Y además, el tema de la creación aparece otra vez en Juan 1:10 “En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho…”

Según Danyans (Proceso a la «biblia» de los Testigos de Jehová. Edición Clie), este versículo enseña lo siguiente:

“Este texto es un verda­dero tesoro para los creyentes cristianos por su profundo contenido doctrinal. Con tan pocas palabras y con esta expresión tan breve como sencilla, que constituye el pró­logo de su Evangelio, el apóstol Juan se remonta hasta la misma eternidad y afirma la existencia del Verbo en el mismo tiempo a que se hace referencia en Génesis 1:1, cuando Dios creó los cielos y la tierra.»

Él, el Verbo, ya existía cuando lo que no existía antes comenzó a existir. Su existencia es, pues, sin principio: eterna. El Verbo no fue creado. Esta es una deducción lógica de la declaración de Juan, y también es sugerida por el verbo gramatical que se emplea, como veremos después.

Este texto de Juan 1:1 nos revela grandes verdades teológicas. Veámoslo:

  1. a) La eternidad del Verbo. Es decir, su preexistencia: “En el principio era el Verbo.”
  2. b) La personalidad distinta del Verbo. O sea, su co­existencia. Y también su relación única con Dios el Padre: “y el Verbo era con Dios”.
  3. c) La naturaleza y la esencia de la deidad del Verbo. Es decir, su consustancialidad, la cual lleva inherente su propia divinidad: «y el Verbo era Dios»

Para muchos resulta incomprensible que todavía preguntemos: ¿a qué principio se está refiriendo el texto de Juan 1:1? Ante esta inquietud, muchos argumentan:

“Para saber la respuesta, simplemente hemos de leer el contexto. El versículo 3 dice: ‘Todas las cosas por él (el Verbo) fueron hechas, y sin él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho.’  Por lo tanto es obvio que el contexto se está refiriendo a la creación, al principio de la creación, mencionada en Génesis 1:1. Por lo tanto, Juan 1:1 enseña claramente que en el principio de la creación ya existía el Verbo, ¡jamás fue creado!, ya que, si el Verbo hubiera sido la primera criatura creada por Dios, el texto diría: ‘En el principio creó el Verbo.’  Por consiguiente, Juan 1:1 es uno de los textos bíblicos que hablan de la pre-existencia de Yahshua. Lógicamente, antes de nacer, el Mesías no se llamaba ‘Yahshua’, sino el Verbo, es decir el Señor Yahúh.”

Mi observación hace referencia al ‘contexto’ de Juan 1. Bien, examinamos el contexto. ¿Qué encontramos? En el mismo contexto leemos de Juan el Bautista en los versículos 6-8 y también en el versículo 15. Del mismo contexto surge un problema. ¡No se encuentra una referencia a Juan el Bautista en la creación de Génesis 1! Nos parece significante, entonces, seguir con la pregunta acerca del significado de ‘principio’ en este primer capítulo del evangelio de Juan.

La palabra logos en Juan 1:1 se refiere a la identidad creativa de Dios – la expresión – su razón, los propósitos y los planes, especialmente cuando son traídos en acción. Hace referencia a la identidad de Dios – la expresión, o la comunicación, de sí mismo. Ha resultado de la palabra oral de los profetas y a través de la escritura, la palabra escrita. Más notablemente y definitivamente, ha venido a nosotros a través de su Hijo (Hebreos 1:1-2).

 Logos, es decir el plan, el propósito y sabiduría de Dios, se “Hizo carne” (vino en concreción o existencia física) en Jesús Cristo. Jesús es la “Imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15) como su emisario principal, representante y agente. Porque Jesús obedeció al Padre perfectamente, representa todo lo que Dios podía comunicar sobre sí en una persona humana. Como mas, Jesús podía decir,

“Si usted me ha visto, usted ha visto al Padre” (Juan 14:9).

“En el principio.”

Cuando hacemos una referencia al contexto, no solamente entendemos el contexto inmediato. Debe ser un contexto más amplio como hemos considerado con anticipación del uso de la palabra arche. Aquí están unas versiones de Juan 1:1.

“En arche en ho Lógos, kai ho Lógos en pros ton Theon, kai Theos en ho Lógos.” (Diaglott 1942)

“En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.” (La Biblia de las Américas)

“En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.” (Nueva Versión Internacional)

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” (R-V 1960)

“En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.” (R-V 1995)

“En el principio la Palabra existía y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios.” (La Biblia de Jerusalén)

“Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios.” (Nacar-Colunga)

“En (el)  principio la Palabra era, y la palabra estaba con Dios, y la Palabra era un dios.” (La traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras – Testigos de Jehováh)

“Antes de que todo comenzara ya existía aquel que es la Palabra. La Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. (Traducción en lengua actual)

Según Hendriksen (Pag.76) el prólogo del evangelio de Juan se entiende así:

“Este Evangelio empieza maravillosamente. Comienza describiendo la vida de Cristo en la eternidad, antes de que el mundo existiera. Aquella vida era rica y gloriosa, llena de infinita delicia y serena bienaventuranza en la presencia del Padre. Si se comprende esta verdad, se apreciará con más intensidad el amor condescendiente de Cristo al hacerse carne.”

Se nota aquí una clara declaración de la pre-existencia de Cristo. Sin embargo confesamos que nuestro punto de vista es que Cristo no tiene existencia personal y consciente antes de su nacimiento en Belén.

 La forma en que Jesús se relaciona con la vida de Dios está explicada al comienzo del evangelio de Juan. El plan, o mensaje, acerca de Cristo estuvo con Dios en el principio, pero fue claramente revelado en la persona de Cristo, y en la predicación del evangelio acerca de él en el primer siglo. De modo que Dios nos declaró su palabra por medio de Cristo (Hebreos 1:1-2). Una y otra vez se recalca que Cristo expresó las palabras de Dios y realizó milagros por la palabra o mandato de Dios a fin de revelarnos a Dios (Juan 2:22; 3:34; 7:16; 10:32,38; 14:10, 24).

Hemos visto cómo se habla de los profetas de Dios como si siempre hubiesen existido (Lucas 1:70) en el sentido de que “la palabra” que ellos hablaban existió con Dios desde el principio. Las parábolas de Jesús revelaron muchas de estas cosas; de ese modo él cumplió la profecía referente a sí mismo: “Abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo” (Mateo 13:35). Fue en este sentido que “en el principio… el Verbo era con Dios”, pero “fue hecho carne” en el nacimiento de Cristo.

La frase “En (el) principio” es poco común en ambos testamentos: El hebreo “bereshith” (“b” = en y “reshith” = principio) en el Antiguo Testamento y el griego “en arche” en el Nuevo Testamento. Las dos referencias de Juan (Juan 1:1; 1:2; Filipenses 4:15; Hebreos 1:10) son las únicas que se relacionan con el tiempo muy temprano de la creación de Génesis 1. Más bien se nota la repetición de la frase “en el principio” en los primeros dos versículos de Juan 1.

“En el principio era el Verbo…” (v.1)

“Este estaba en el principio con Dios.” (v.2)

Aquí está la evidencia de la contribución del pensamiento judío para la comprensión del Evangelio de Juan. Es que Juan aplica una característica de la poesía hebrea – el paralelismo sinónimo. En el paralelismo sinónimo la estructura de las dos partes es la misma usando lenguaje ligeramente cambiado. Es un ejemplo del carácter hebraico de Juan.

Génesis 1 comienza con el origen divino del universo y Juan 1 delinea la relación de Dios con Su Palabra aún antes de que había un universo. Génesis 1 contiene referencias a la creación como el resultado de lo que Dios dijo (“Dijo Dios…y fue así.’) y tiene que ver con los resultados materiales y no la causa.

El evangelio de Juan forma parte de los otros evangelios de Mateo, Marco y Lucas. Con respecto de una referencia a un principio encontramos lo siguiente:

Mateo 1:1 ‘Libro de la genealogía (griego: génesis)  de Jesucristo …’

Mateo 1:18 ‘El nacimiento (griego: génesis) de Jesucristo…’

El texto griego de la versión de los Setenta (LXX) contiene la palabra génesis para “orígenes”. Por ejemplo, Génesis 2:4 “Estos son los orígenes de los cielos y la tierra…” Mateo hace una alusión a la narrativa de la creación aunque está hablando del nacimiento de Cristo. El uso de la palabra “génesis” en Mateo es una referencia paralela a la creación en el primer libro del Antiguo Testamento, pero no debe ser considerado como una ecuación exacta con la creación del mundo.

Seguimos con el evangelio de Marcos. En 1:1 leemos

“Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.”

La palabra en el griego para ‘principio’ es archë. No encontramos una referencia a la creación original aquí. Seguimos con la lectura de este primer capítulo y en el segundo versículo encontramos una referencia a Juan el Bautista.  Marcos escoge una cita del profeta Isaías:

‘Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envió mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti.’

Según lo que dice Marcos, el ‘principio’ está señalado por la venida de Juan el Bautista.

Lucas también usa arche en el segundo versículo de su primer capítulo: ‘tal como nos lo enseñaron los que desde el principio (griego: arche) lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra.’ En la introducción de su evangelio, Lucas se refiere al principio del evangelio de Cristo. Lucas nos da más información de este principio. Desde el versículo 5 en adelante tenemos la historia del nacimiento de Juan el Bautista.

Muchos años más tarde, el apóstol Pedro habla de un principio cuando enseña de los méritos de un sucesor de Judas en Hechos 1:21-22.  El dice:

“Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando (griego: archomai) desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección.”

Notamos también que Lucas, el autor de los Hechos, utiliza la misma palabra en Hechos 1:1

“En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó (griego: archomai) a hacer y a enseñar.” Estas dos últimas citas refieren otra vez al principio del evangelio.

La conclusión que formamos de lo que leemos en Marcos y Lucas indica que el principio del evangelio está marcado por la aparición de Juan el Bautista. Según Mateo la venida de Jesús y el evangelio es una nueva ‘génesis’.

Finalmente leemos en 1 Juan 1:1-3 la experiencia del apóstol Juan, testigo ocular de Jesucristo, el hombre, desde la primera parte de su ministerio hasta el momento en que fue recibido arriba en el cielo:

“Lo que era desde el principio (arche), lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palparon nuestras manos tocante al Verbo (logos) de vida – pues la vida fue manifestada y la hemos visto, y testificamos y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos manifestó – lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.”

Ahora examinamos el ‘contexto’ del mismo evangelio de Juan y sus tres cartas en el Nuevo Testamento. Del número total de los acontecimientos de la palabra arche en el Nuevo Testamento se encuentra más de la mitad en las escrituras de Juan. Vamos a ver lo que dice en unas de estas referencias:

“Entonces le dijeron: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho.” Juan 8:25

“Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.” Juan 15:27

“Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre.” 1 Juan 2:24

Otras referencias son: Juan 2:11; 6:64; 16:4; 1Juan 2:7, 13, 14; 3:11; 2 Juan v.5.

De esta evidencia estamos seguro que ‘el principio’ (arche) significa el principio del evangelio y no de la creación literal de Génesis 1. El principio del evangelio es la única explicación para la referencia a Juan el Bautista en el primer capítulo de Juan.

“Era el Verbo”

La palabra logos en Juan 1:1 se refiere a la identidad creativa de Dios – la expresión – su razón, los propósitos y los planes, especialmente cuando son traídos en acción. Hace referencia a la identidad de Dios – la expresión, o la comunicación, de sí mismo. Ha resultado de la palabra oral de los profetas y a través de la escritura, la palabra escrita. Más notablemente y definitivamente, ha venido a nosotros a través de su Hijo (Hebreos 1:1-2).

Logos, es decir el plan, el propósito y sabiduría de Dios, se “Hizo carne” (vino en concreción o existencia física) en Jesús Cristo. Jesús es la “Imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15) como su emisario principal, representante y agente. Porque Jesús obedeció al Padre perfectamente, representa todo que Dios podía comunicar sobre sí en una persona humana. Como mas, Jesús podía decir,

“Si usted me ha visto, usted ha visto al Padre” (Juan 14:9).

Logos puede referirse estrictamente al pensamiento interior que se expresa exteriormente en palabras y otra forma de comunicación. En el principio Dios tenía este logos. Este propósito singular estaba centrado en Cristo. Todo lo creado llegó a existir a causa del propósito que Dios tenía en Cristo – las estrellas, planetas, etc. fueron todas de algún modo creadas en conexión con el nacimiento, existencia y victoria de Cristo (y he aquí, por lo tanto, la humildad de Dios permitiendo el nacimiento y muerte de su Hijo en la forma en que lo hizo).

Como el Espíritu de Dios desarrollaba su plan para los hombres e inspiraba desde el principio su palabra escrita, de ese modo comunicaba la idea de Cristo en su obra y palabras. Cristo era el logos de Dios y por lo tanto el Espíritu de Dios expresaba el plan de Dios acerca de Cristo en todas sus actuaciones. Esto explica por qué tantos incidentes del Antiguo Testamento son típicos de Cristo. La palabra era el plan de salvación de Dios por medio de Cristo.

El logos (palabra) se usa con mucha frecuencia en relación con el evangelio acerca de Cristo. Por ejemplo, “la palabra de Cristo” (Colosenses 3:16 compárese con Mateo 13:19; Juan 5:24; Hechos 19:10; 1 Tesalonicenses 1:8). Note que el logos es acerca de Cristo, más bien que sea personalmente él. Cuando Cristo nació, esta “palabra” se convirtió en una forma de carne y sangre –“y aquel Verbo [o Palabra] fue hecho carne” (Juan 1:14). Jesús era personalmente “el verbo hecho carne” más bien que “el Verbo” o “Palabra”. Él llegó a ser personalmente “el Verbo” o “Palabra” cuando nació de María, más bien que en cualquier tiempo anterior.

“el Verbo era Dios”

Heaster explica:

«Ahora estamos preparados para considerar en qué sentido “el Verbo era Dios”.

En esencia, nuestros planes y pensamientos somos nosotros mismos. ‘Me voy a Londres’ es una ‘palabra’ o comunicación que expresa mi propósito, porque es mi propósito. El plan de Dios en Cristo se puede entender de igual manera.

“Porque cual es su pensamiento [del hombre] en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7),

y como piensa Dios es Dios mismo. Así la palabra o pensamiento de Dios es Dios:

“el Verbo [la palabra] era Dios”.

Debido a esto, hay una asociación muy íntima entre Dios y su palabra; paralelismos como Salmos 29:8 son comunes:

“Voz de Jehová que hace temblar al desierto; hace temblar Jehová el desierto” (compárese Salmo 56:4; 130:5).

Declaraciones como

“pero no me habéis oído, dice Jehová.“ (Jeremías 25:7)

son comunes en los profetas. En verdad, Dios quiere decir:

“Ustedes no han escuchado mi palabra hablada por los profetas”.

En realidad, algunas veces “Jehová” ha de leerse como significando “la palabra de Jehová” (ejemplo, 1 Samuel 3:8). Del mismo modo, “la Escritura” se ha de entender como significando “Dios” (Romanos 9:17, compárese Éxodo 9:16; Gálatas 3:8). David tomó la palabra de Dios como su lámpara y luz (Salmo 119:105), no obstante también expresó:

“Tú eres mi lámpara, oh Jehová; mi Dios alumbrará mis tinieblas” (2 Samuel 22:29),

mostrando el paralelo entre Dios y su palabra. Por lo tanto, es comprensible que se personifique la palabra de Dios como si fuese él mismo, es decir, se habla de ella como si fuese una persona, aunque no lo es como principio de la “personificación”.

Dios es la verdad misma (Juan 3:33; 8:26; 1 Juan 5:10), y por lo tanto la verdad de Dios también es la verdad (Juan 17:17). De manera similar, Jesús se identifica a sí mismo con sus palabras tan íntimamente que él personifica su palabra:

“El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (Juan 12:48).

Jesús habla de su palabra como si fuese una persona literal, es decir, él mismo. Sus palabras fueron personificadas porque estaban tan íntimamente asociadas con Jesús.

La palabra de Dios también se personifica como una persona, es decir, Dios mismo, en Juan 1:1-3. De modo que, referente a la palabra, se nos dice:

“Todas las cosas por él fueron hechas” (Juan 1:3).

Sin embargo, “creó Dios” todas las cosas por su palabra de mandato (Génesis 1:1). Debido a esto, se habla de la palabra de Dios como si fuese Dios mismo. La enseñanza devocional que se puede sacar de esto es que por medio de la palabra de Dios que está en nuestro corazón, Dios puede llegar muy cerca de nosotros. Dios habló de cómo Israel “profanó” el mandato de guardar el sábado, y luego, de cómo lo profanaron a Él (Ezequiel 22:26). Él es Su palabra, y despreciar sus pensamientos es despreciarlo a Él. Nuestra actitud hacia Su palabra es nuestra actitud hacia Él. Así Saúl pecó

“contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó” (1 Crónicas 10:13).

Es evidente por Génesis 1 que Dios fue el creador, por medio de Su palabra, y no Cristo en persona. Fue la palabra o Verbo, que se describe como que hizo todas las cosas, y no Cristo en persona (Juan 1:1-3).

“Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos [es decir, las estrellas] por el aliento de su boca… él dijo y fue hecho” (Salmo 33:6,9).

Incluso en el presente es por su palabra que se desarrolla la creación natural:

“Él envía su palabra a la tierra; velozmente corre su palabra. Da la nieve como lana… enviará su palabra… y fluirán las aguas” (Salmo 147:15-18).

Como la palabra de Dios es Su poder creativo, él la usó en el engendramiento de Jesús en el vientre de María. La palabra, el plan de Dios puesto en acción por su Espíritu Santo (Lucas 1:35), llevó a cabo la concepción de Cristo. María reconoció esto en su respuesta a las nuevas acerca de su inminente concepción de Cristo:

“Hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38).

Hemos visto que el Espíritu o Palabra de Dios refleja su propósito, el cual ha sido declarado en todo el Antiguo Testamento. Hasta qué punto es cierto, se muestra en Hechos 13:27, donde se habla de Jesús en paralelo a las palabras de los profetas del Antiguo Testamento:

“[Los judíos] no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas”.

Cuando nació Cristo, toda la palabra o Espíritu de Dios se expresó en la persona de Jesucristo. Bajo inspiración, el apóstol Juan se regocijó por el modo en que el plan de vida eterna de Dios se había expresado en Cristo, a quien los discípulos habían podido palpar y ver físicamente. Ahora reconoció que ellos habían estado manejando la palabra de Dios, su completo plan de salvación en Cristo (1 Juan 1:1-3).

Aunque nosotros no podemos ver físicamente a Cristo, también podemos regocijarnos de que por medio de un verdadero entendimiento de él, podemos conocer tan íntimamente el propósito de Dios para con nosotros y de ese modo podemos asegurarnos la vida eterna (1 Pedro 1:8, 9). Debemos hacernos las preguntas:

“¿Conozco realmente a Cristo?”

Tan sólo aceptar que una vez existió un hombre bueno llamado Jesús no es suficiente. Por medio de un constante y cuidadoso estudio de la Biblia, es posible entenderlo prontamente como nuestro Salvador personal y nos relacionaremos con él por medio del bautismo. Él juzgará a los hombres en el día postrero, pero también la palabra será juez de ellos (Juan 12:48). El fue la expresión perfecta de la esencia de la palabra de Dios. En ese sentido, él fue aquella palabra. Él fue de manera completa la Palabra/mensaje que él mismo predicó.

“Y el Verbo se hizo carne”

¿Pero qué fue “eso” que vino a ser carne en Juan 1:1-14? ¿Fue “eso” una persona preexistente? ¿O fue la actividad auto-expresiva de Dios, el Padre, ¿Su plan eterno? En nuestro caso, el plan puede tomar una forma real y tangible y estar elaborado de una materia llamada carne. Es lo mismo que, por ejemplo, cuando el designio en la mente del arquitecto finalmente toma forma de una casa. Lo que preexistió a los ladrillos visibles y a la argamasa fue la intención en la mente del arquitecto. De este modo está completamente en orden leer Juan 1:1-3:

“En el principio estaba el propósito creativo de Dios”;

“estaba con Dios y era completamente expresivo de Dios [theos]”

(Tal como la sabiduría estaba con Dios antes de la creación, Prov. 8:30). “Todas las cosas vinieron a la existencia a través de él.” Esta traducción hace juego con el uso del Antiguo Testamento de la “palabra” admirablemente:

“Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:11).

Los pasajes que pueden ser entendidos en la forma en que los términos “palabra” o “verbo”, “sabiduría” e “imagen” son usados en el Nuevo Testamento con aplicación a Cristo se dan a continuación:

Desde el principio Dios tiene un propósito: Este propósito expresa lo que Él es.
Proverbios 8:22 Juan 1:1-2 Colosenses 1:15
Este propósito le da orden al mundo natural y a la estructura de la civilización del hombre.
Proverbios 8:29-30 Juan 1:3 Hebreos 1:2-3; Colosenses 1:16-17
El conocimiento de este propósito trae entendimiento espiritual a los hombres
Proverbios 8:35 Juan 1:4 Hebreos 1:1
El propósito de Dios, un cuadro o representación de sí mismo, fue revelado entre los hombres con el nacimiento de Jesucristo.
Juan 1:4 Hebreos 1:2-3 Juan 14:9

McHaffie explica:

“Los pasajes tomados de varios escritores del Nuevo Testamento citados anteriormente todos declaran un tema común, el propósito de Dios está centrado en el hombre Jesucristo. Aunque él era un hombre entre los hombres, él tenía una relación única con la mente eterna. El significado de su vida era por lo tanto mucho más grande que el que una corta y mortal existencia sugeriría. Habla de verdades que han sido esenciales para Dios antes de que el mundo existiera, y que continuarán por toda eternidad. Estas ideas fueron expresadas crípticamente pero sin embargo en forma espiritual cuando Jesús dijo a judíos: “Antes que Abraham fuese, yo soy.”»

Jesús es esa palabra expresada como un ser humano. Es la última palabra de Dios al mundo, el Hijo en quien Dios ha hablado al final de estos días (Hebreos 1:1-2). Es significativo que el escritor a los Hebreos coloque al Hijo

“en estos últimos días,”

como el agente divino que sigue a los profetas. El no lo coloca a él en la eternidad, sino que piensa del Hijo como el histórico Cristo.

James Dunn, en su exhaustivo examen de la doctrina tradicional de la encarnación discute que fuera del evangelio de Juan, no hay doctrina de una preexistencia literal. Dunn, sin embargo, destaca el importante punto que antes de Juan 1:14, no hay necesidad de pensar de la “palabra” como un segundo ser personal con el Padre. Sobre Juan 1.1 él dice:

“La conclusión que parece emerger del análisis [de Juan 1:1-4] hasta aquí es que es sólo con el verso 14 [“la palabra se hizo carne”] que podemos comenzar a hablar de un Logos personal. El poema usa más bien un lenguaje impersonal (se hizo carne), pero ningún Cristiano fallaría en reconocer acá una referencia a Jesús—la palabra no vino a ser carne en general sino Jesucristo.»

Antes del verso 14 estamos en el mismo ámbito como hablaron los pre-cristianos de la Sabiduría y del Logos, el mismo lenguaje e ideas que encontramos en Filo, donde como hemos visto, estamos tratando con personificaciones en lugar de personas, acciones personificadas de Dios en lugar de un ser divino individual como tal. El punto está obscurecido por el hecho que tenemos que traducir el Logos masculino como “él” a través del poema. Pero si traducimos Logos en cambio como

“la manifestación o expresión de Dios”, se hará más evidente que el poema no necesariamente tiene la intención de que se piense del Logos de los versos 1-13 como un ser divino personal. En otras palabras, el significado revolucionario del v. 14 bien puede ser que marca no sólo la transición en el pensamiento del poema de la preexistencia a la encarnación, sino también la transición de la personificación impersonal a la persona real” (Dunn, pág. 243)..

La cultura y la filosofía

Este Evangelio, a diferencia de los otros, no comienza con el Jesús histórico. Al contrario, al lector le es presentado de inmediato el ‘Verbo’ que no es identificado con Jesús hasta casi el fin del prólogo en el versículo 14. Es de gran importancia considerar el significado del ‘Verbo’ como clave para entender todo el Evangelio. El término era ampliamente usado en la literatura griega y muchos eruditos han supuesto que su significado para Juan puede ser entendido sólo de acuerdo con ese trasfondo.

Era usado entre los estoicos para describir el principio de la razón divina que hizo crecer la creación natural. Esta idea fue mucho más desarrollada en los escritos de Filón de Alejandría, que la usó como para hablar del instrumento por medio del cual fue creado el mundo. Aunque puede parecer que hay ciertos paralelos con el uso del término por parte de Juan, también hay diferencias cruciales. Filón nunca pensó en el Verbo como una persona, ni sostuvo su preexistencia con relación al mundo. Pero la diferencia más notable y significativa entre Filón y Juan es que el primero negaba la encarnación del Verbo, mientras que Juan mantenía específicamente que el Verbo se había hecho carne.

Algunos estudiosos han encontrado paralelos entre el uso de Juan y la literatura filosófica en los primeros siglos de la era cristiana pero el pensamiento esencial es totalmente distinto. El pensamiento griego puede haber suplido alguna de la terminología usada por Juan, pero las ideas básicas deben ser buscadas en otro lugar. El pensamiento judío contribuyó con una mayor proporción para la idea del Verbo. En la literatura de sabiduría encontramos un énfasis en la actividad creadora de Dios por medio de su palabra de sabiduría (Proverbios 8). Estrechamente ligado con ello está la práctica rabínica de atribuir a La Torá (la Ley) alguna acción en la creación. El descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto ha llevado a una apreciación más cercana de la contribución del pensamiento judío para la comprensión del Evangelio de Juan.

En resumen

El prólogo del evangelio de Juan no requiere la creencia en la Deidad de más de una persona. Es más probable que Juan está corrigiendo una tendencia gnóstica contemporánea para distinguir a Dios de las figuras divinas menores. La intención de Juan es ligar a la “Sabiduría” o “palabra” de Dios lo más estrechamente posible con Dios Mismo. La palabra es la propia actividad creativa de Dios.

De este modo Juan dice que desde el principio la sabiduría de Dios, que tuvo el único Dios consigo, como un arquitecto tiene su plan, era completamente expresiva de Dios. Era Dios Mismo en Su auto-manifestación. Todas las cosas fueron hechas a través de este plan. La misma “palabra” fue finalmente encarnada en un ser humano, el Mesías, cuando Jesús nació, cuando la “palabra se hizo carne” (Juan 1:14). Jesús es por tanto lo que vino a ser la palabra. El es la expresión perfecta de la mente de Dios en forma humana.

Jesús no debe ser identificado uno a uno con la palabra de Juan 1:1, como si el Hijo existió desde el principio. Jesús es el mensajero autorizado de Dios y, como la palabra, tenía el carácter de Dios. La conclusión de James Dunn acerca de la intención de Juan confirma una lectura no Trinitariana de Juan 1:1-3,14:

“La conclusión que parece emerger de nuestros análisis [de Juan 1:1-14] hasta aquí es que es sólo en el verso 14 [“la palabra se hizo carne”] que podemos hablar de un Logos personal. El poema usa más bien un lenguaje impersonal (“se hizo carne”), pero ningún Cristiano fallaría en reconocer acá una referencia a Jesús—la palabra vino a ser no carne en general sino Jesucristo. Antes del verso 14 estamos en el mismo campo del hablar pre-Cristiano de la Sabiduría y el Logos, el mismo lenguaje e ideas que encontramos en Filo, donde como hemos visto, estamos tratando con personificaciones en vez de personas, acciones personificadas de Dios en lugar de un ser individual divino como tal. El punto es obscurecido por el hecho de que tenemos que traducir el Logos masculino como “él” a través del poema. Pero si traducimos Logos como “La expresión de Dios” en cambio, se hará más claro que el poema no intenta necesariamente que el Logos de los versos 1-13 sea pensando como un ser divino personal. En otras palabras, el significado revolucionario del v.14 puede muy bien ser que éste marca no sólo la transición en el pensamiento del poema de la preexistencia a la encarnación, sino también la transición de la personificación impersonal a la persona real.”

Esta lectura de Juan tiene la enorme ventaja de armonizarlo con el testimonio de Mateo, Marcos y Lucas y permitir que la unidad indivisible del único Dios, el Padre permanezca inalterada.

Cuando aceptamos la idea de ‘discurso’, se ve en Juan 1 un recuerdo de lo que Dios dijo, por ejemplo,

“Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que reveles su secreto a sus siervos los profetas.”  (Amós 3:7)