Capitulo 1: “Dios Estaba En Cristo Reconciliando Consigo Al Mundo.”

2 Corintios 5:19

Capítulo 1: “Dios Estaba En Cristo Reconciliando Consigo Al Mundo.”

(2 Corintios 5:19)

Es característica del cristianismo ser una religión histórica. ¿Qué quiere decir esto? Según esta visión, se aceptan como verdaderos y realmente ocurridos una serie de hechos que no pueden ser explicados con métodos científicos. De acuerdo con esta concepción, la vida de Jesús, su predicación, su muerte, su resurrección y ascensión son hechos que se produjeron en una época y lugares determinados.

Para nosotros el tiempo es como una línea recta. Los acontecimientos, aunque separados, son puntos distintos en esa misma recta. Pero la mente de Dios, en cambio, no está sujeta a esas limitaciones. El Creador determinó que un niño había de nacer con grandioso destino. La religión cristiana verdadera se basa en la creencia de que este Jesús, un hombre nacido de la virgen María, era también el Hijo del único Dios verdadero.

 Las narraciones del nacimiento de Jesús ponen el engendramiento del hijo de Dios firmemente dentro de la historia – la historia de la humanidad -. Esto nos enseña que Dios habla y actúa. Por eso podemos gozar de su comunicación con la humanidad cuando contemplamos el significado de las palabras del ángel del Señor a un siervo. Dijo a José:

“…no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.” (Mateo 1:20).

En la época del nacimiento de Jesús, había en el pueblo judío expectativa por el cumplimiento de la profecía de las sesenta semanas (Daniel 9:20-27).  Entendían que la venida del Mesías podría hacerse realidad en cualquier momento. Pero según sus Escrituras, se daban cuenta que la mujer sobre la cual caería el honor de ser madre del Mesías debía pertenecer al linaje de David y además ser una hija de Abraham. Así, en Belén, en los últimos años del reinado de Herodes el Grande (Herodes el Grande murió en el año 750 de la fundación de Roma, es decir, el año 4 a.C.) se cumplió la promesa de Dios hecha a David acerca de la venida de Aquel que sería su propio Hijo y también descendiente de David:

“Yo seré padre para él, y él será hijo para mí.” (2 Samuel 7:14).

Con razón, la Biblia dirige nuestra atención a esa intervención de Dios en la historia de la humanidad. Este acontecimiento único establece una relación especial entre Dios y Su Hijo, Jesucristo.  La voluntad de Dios con respecto a la salvación de la humanidad estaba incorporada en Jesús (El nombre mismo Jesús significa ‘El Señor salva’. Jesús es la forma griega del hebreo Yeshua.). Los planes de Dios y la obra llevada a cabo por Jesús están ligados íntimamente y son inseparables.  Entre ambos existe una unidad perfecta de propósito. Por ser Hijo de Dios e hijo de María, Jesús era “en la condición de hombre” (Efesios 2:8) con características de su Padre. Su autoridad y poder no eran de origen humano sino divino y en todo y para todo dependía de su Padre. Él juzga solo según  lo que escucha del Padre, quien establece el juicio justo. Jesús dijo:

“No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.” (Juan 5:30)

Fue anunciado Hijo en su bautismo (Mateo 3:17), en la transfiguración (Mateo 17:5) y luego de la resurrección (Romanos 1:4)

Simeón dijo: “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra, porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos, luz para revelación a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.”

(Lucas 2:29-32)

Primero lo natural, luego lo espiritual

El modelo de la cristología (Cristología – es la sección esencial de la teología cristiana que concentra en la identidad de Jesucristo.) bíblica es:

“Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual” (1 Corintios 15:46).

Tenemos ejemplos de este orden en los hechos siguientes:

‘Primero lo natural’ ‘luego lo espiritual’
Cristo fue crucificado en debilidad… …ahora tiene la vida por el poder de Dios 2 Corintios 13:4
Como el Hijo de Dios, él fue primero de la simiente de David según la carne… …poderosamente fue declarado Hijo de Dios por la resurrección de los muertos Romanos 1:3-4
En los días de su carne, aunque él era el Hijo de Dios, él aprendió obediencia por las cosas que él sufrió como un hombre… …y sólo entonces se hizo perfecto

 

Hebreos 5:8-9
Aunque a causa de su nacimiento, él era en la forma de Dios y simultáneamente era en la forma de hombre y, por esta razón, se hizo obediente hasta la muerte… …en la resurrección fue exaltado y dado el nombre que es sobre todo nombre para la gloria de Dios el Padre.

 

Filipenses 2:6-11

Este último ejemplo deja bien en claro que, por la exaltación de Jesús en su resurrección y ascensión, Dios no restauró a Jesús un Nombre que hubiera tenido antes de su vida terrenal, sino que le otorgó ese “Nombre que es sobre todo nombre” a él.

Es decir, en el Jesús histórico, el proceso de redención para nosotros no estaba en el modelo:

Espíritu                 Carne                Espíritu

sino en el orden:

Carne                  Espíritu.

Los hechos de la vida, carácter, enseñanza, muerte y resurrección de Jesucristo son de máxima importancia entre los hechos históricos. Es responsabilidad de la doctrina cristiana interpretar estos hechos. Aún más, es nuestra responsabilidad afirmar el significado y las implicaciones de estos hechos en nuestra filosofía o actitud básica hacia la vida. La maravilla del mensaje del evangelio para nosotros es que asegura a los pecadores que vienen a Dios por medio de Cristo, que su experiencia será reproducida en ellos. Dios le dio a Jesús “un cuerpo glorioso” (Filipenses 3:21) cuando lo levantó de entre los muertos. En la resurrección también los fieles serán revestidos de Cristo.

“Pero nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo mortal en un cuerpo glorioso semejante al suyo, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas» (Filipenses 3:20-21).

Así son las expresiones de Pablo referentes a la esperanza cristiana. El escritor a los Hebreos habla de Cristo como “nuestro precursor” en cuanto dice: “que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne” (Hebreos 6:19-20; 10:20) (Dentro del velo’ con referencia al Tabernáculo de reunión (Levítico 16:2) visto aquí como figura del templo celestial donde Jesús ha entrado como sacerdote para permitirnos el libre acceso a Dios.). Cristo llegó a ser como el gran sacerdote sobre ‘la casa de Dios’ que se compone de aquellos que han nacido nuevamente por medio del bautismo. Era él a quien Dios tenía en mente de antemano para que fuera Aquel que había de aparecer en su debido tiempo como la imagen del Dios invisible, para demostrar así que Jesús es el primogénito de toda la creación como la corona y culminación de la actividad creativa de Dios (Colosenses 1:15-16) (Debido a su carácter perfecto, Jesús fue la manifestación de Dios en la carne. Actuó y habló como lo habría hecho Dios si Él hubiese sido un hombre. Por lo tanto, fue el reflejo perfecto de Dios.). Cosas así indican la unicidad de nuestro Señor, Jesucristo. Se mantiene un entendimiento entre la humanidad de Jesús y su divinidad y se conserva la verdad que en su persona “se ha manifestado en la carne, ha sido justificado por el Espíritu” (1 Timoteo 3:16).

La afirmación de la verdad de esta Escritura es explícita. Pero no ofrece ninguna explicación de cómo, a pesar de ser de origen divino, Jesús “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15). La confiabilidad de las Escrituras que afirma estos hechos complementarios – la divinidad y la humanidad – debe respetarse por consiguiente y debe aceptarse por fe. Es por eso que Hebreos habla de “…su gloria, y la imagen misma de su sustancia…” y “ …él también está rodeado de debilidad…” (Hebreos 1:3; 5:2). Jesús además) necesitaba ser rescatado de la muerte que tenía que padecer por nosotros (Hebreos 5:7). Eso debe detener a todos de una especulación que ninguno puede defender debidamente. Todos tienen la oportunidad de reconocer su necesidad de ver y creer lo que Dios ha hecho por ellos en Cristo. ‘En Adán’ somos ‘alma viviente’ pero ‘en Cristo’ somos ‘espíritu vivificante’ (1 Corintios 15:45). Los creyentes pueden decir con Pablo:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.” (1 Corintios 15:49).

Por esta razón nuestra confesión de fe acaba, no sólo con detalles de la Segunda Venida de Cristo, sino también con mención de ese orden final

“para que Dios sea todo en todos” (1 Corintios 15:28).

No podría haber mejor conclusión que esta. Es verdad que

“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (2 Corintios 5:19).

Un resumen

El propósito de Dios para la salvación de los hombres se centró en Jesucristo. Las promesas que Dios hizo a Eva, Abraham y David, todas hablan de Jesús como su descendiente literal. En verdad, la totalidad del Antiguo Testamento apunta a Cristo y profetiza acerca de él. Por eso, en el relato de la concepción y nacimiento de Cristo, podemos ver el hecho histórico de suma importancia para el destino humano.

Las genealogías de Jesús, anotadas en Mateo y Lucas, muestran que el origen de Jesús se remontaba hasta aquellas personas a quienes Dios había hecho las promesas.  En vista de que Dios le había prometido a David: “Yo levantaré después de ti a uno de tu linaje” es evidente que Jesús habría de ser un descendiente literal y físico de David. El modelo bíblico concerniente a la naturaleza de Cristo entonces es: primero lo natural.

En los evangelios podemos ver que Jesús siempre hizo la voluntad de su Padre durante su vida terrenal. Aunque sufrió y murió en la cruz, Jesús fue declarado Hijo de Dios por su resurrección de entre los muertos. Vemos que Dios lo elevó a “Primogénito” (Jesús fue la primera persona que resucitó de entre los muertos y se le dio inmortalidad. Él fue el primero de la nueva creación y los verdaderos creyentes seguirán su modelo cuando él regrese.). El nacimiento, la vida, la muerte, la resurrección y la ascensión de Jesús es una firme declaración del principio divino de Dios: primero lo natural, luego lo espiritual.

Quedate un tiempo con nosotros y comenzarás a entender lo que Dios quiere comunicarnos en su palabra. Y si tienes preguntas o comentarios, escríbenos a preguntas@labiblia.zendesk.com