El “tercer día” de la creación

La primera vez que encontramos en la Biblia la frase el “tercer día” está en Génesis 1 .“Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol que dé fruto según su especie, cuya semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su especie. Y vio Dios que era bueno. “ Y fue la tarde y la mañana del tercer día.” (Génesis 1:11-13)

Aún más importante para la humanidad fue la provisión, en el tercer día, de tierra seca, en la cual ella podía vivir, y plantas para sustentar la vida (Génesis 1:29–30). La variedad de plantas (vs.11-12) da testimonio del poder organizador de Dios, y estas distinciones no debieran ser entremezcladas. Luz, agua y grandes cantidades de dióxido de carbono prepararon el escenario para el aparecimiento de la vegetación. Esta fue la primera forma de vida. La vegetación se clasifica en plantas que germinan directamente y plantas que dan fruto. El reino vegetal se diferencia en especies y con capacidad de reproducción continua por sus semillas.

Unos ejemplos del significado de la creación están en los salmos:

“El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar ya no la conocerá más.” (Salmo 103:15)

Somos frágiles, pero el cuidado de Dios es eterno. Cuando Dios examina nuestras vidas, recuerda nuestra condición humana. Su misericordia toma todo en cuenta.

“Él hace brotar el heno para las bestias y las plantas para el servicio del hombre, para sacar el pan de la tierra.” (Salmo 104:14)

En el centro de este salmo surge el ser humano como beneficiario de la generosa providencia de Dios.

 

La semilla para el sembrador, el pan para el que come

En el tercer día, las aguas descubren lo seco y la tierra produce la vegetación. Dios había provisto un lugar donde el hombre podía vivir. Pero más tarde sabemos que se puso la obra del segundo y tercer día al revés. Las aguas cubrieron de nuevo la tierra en el diluvio (Génesis 7-8).

Atendamos un momento en los hechos creativos y sus significados espirituales. Dos formas de crecimiento son mencionadas en Génesis 1:11.

  • Hierba que da semilla y
  • Árbol que da fruto

Ambos produjeron semillas de su propia especie.

Génesis 1:11 pone en marcha el principio de la semilla. Es una de las enseñanzas más importantes en toda la Biblia. La semilla y el fruto que lleva la semilla siempre es la misma especie de la planta cuando crezca. Por ejemplo, nunca las uvas vienen de los espinos y tampoco los higos de los cardos.

En el principio Dios hizo todo lo bueno. Lo que es verdad con respecto de la naturaleza también tiene razón en la vida espiritual del creyente. Puede ser que el fruto y la semilla sean símbolos de los hechos de los hombres. Aquí por primera vez tenemos la instrucción de lo que el hombre tiene que hacer. Dios ha provisto la luz, la tierra y el agua. El hombre tiene que cultivar el buen fruto.

 

La hierba que da la semilla

La parábola del sembrador (Lucas 8:4-8,11-15), con sus cuatro “escenas”, indica mucha diferencia del fruto. No sólo depende del mensaje del evangelio (es la misma semilla en cada caso), sino también en el grado de una buena disposición de los oyentes para recibirla. Las tres áreas improductivas (el camino, los pedregales y los espinos) son interpretadas en los vs.11-15 como representando diferentes tipos de oyentes:

  • aquellos que simplemente no quieren escuchar,
  • aquellos cuya respuesta es sencillamente superficial y
  • aquellos que están preocupados con otros intereses.

Las tres son situaciones familiares en nosotros hoy en día. Los discípulos, por lo tanto, no debieron estar sorprendidos por las respuestas divididas ante la predicación de Jesús.

Lucas 8:11 – La semilla, que es la palabra de Dios, cae en cuatro tipos de tierra: tres áreas improductivas (el camino, los pedregales y los espinos) y tierra buena.

Observamos la reacción de la buena tierra:

Mateo 13:23 …es el que oye y entiende la palabra, y da fruto…
Marcos 4:20 …son los que oyen la palabra, la reciben y dan fruto…
Lucas 8:15 …son los que…retienen la palabra oída, y dan fruto…

El problema radica en quienes oyendo el mensaje no lo entienden y no lo aplican en sus vidas. Cuando la semilla cae en buena tierra, dará su fruto. De esta manera Jesús aseguró a sus discípulos que, a pesar de las hostilidades y las respuestas inadecuadas, habría una cosecha. Aun en la buena tierra, sin embargo, hay lugar para alguna variación en el grado de productividad, a ciento, a sesenta o a treinta. En otras palabras, los discípulos no pertenecen a un solo tipo o tamaño, y en el Reino de Dios hay lugar para lo ordinario como también para lo espectacular.

Sabemos que la semilla representa la Palabra de Dios. Pero ¿cómo es posible para el hombre mortal contener esta semilla? Nuestro Señor, Jesucristo nos ayuda a entender por medio de su enseñanza en Juan 6:53-56:

“Jesús les dijo:—De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final, porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.”

La “carne” de Jesucristo es la provisión del “pan” del “tercer día”. Antes de hornear el pan hay que estropear y moler el trigo. Recordamos Isaías 53:5 “Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados.” El fruto de la vid también tiene que ser exprimido y derramado. Representa la sangre de Jesús derramada para el perdón de los pecados. Esta simbología brutal nos instruye que Dios hizo todo lo posible para preparar “la comida y la bebida” para que el hombre obtenga la vida eterna. Desde el principio, el pan y el vino tuvieron que ser sujetos a este tratamiento violento antes de ser aptos para sostener la vida. Es un ejemplo del amor del Creador hacia Su creación en la provisión de Su Hijo (Juan 3:16). El razonamiento de Cristo en todo el capítulo 6 de Juan es que él es el “pan de vida”, y que sólo por medio de una correcta respuesta a él puede haber alguna esperanza de inmortalidad.

Nos deja con una la lección muy seria:

“Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.” (1 Juan 3:9)

 

¿Qué es la vida?

Como hemos mencionado, la hierba también es un símbolo común en la Biblia de la brevedad y debilidad de la vida humana.

“Voz que decía: «¡Da voces!». Y yo respondí: «¿Qué tengo que decir a voces?». «Que toda carne es hierba y toda su gloria como la flor del campo. La hierba se seca y la flor se marchita, porque
el viento de Jehová sopla en ella. ¡Ciertamente como hierba es el pueblo! La hierba se seca y se marchita la flor, mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre».” (Isaías 40:6-8)

Aquí se compara a la gente con la hierba y las flores que se marchitan. Nosotros somos mortales, pero la Palabra de Dios es eterna y nunca falla. La opinión pública cambia y no es confiable, pero la Palabra de Dios es firme. Únicamente en la Palabra eterna de Dios hallaremos soluciones duraderas para los problemas y necesidades. Con ese final, v.8 reafirma la incansable predicación de Isaías sobre la fe. Sus implicaciones cabales aparecerán sólo en 1 Pedro 1:23–25, donde la palabra, en su forma final como evangelio, ya no es un mero contraste a nuestra transitoriedad, sino la cura de ella.

“pues habéis renacido, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre, porque: «Toda carne es como hierba y toda la gloria del hombre como flor de la hierba; la hierba se seca y la flor se cae, mas la palabra del Señor permanece para siempre». Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.”

Al hacer referencia a Isaías 40:6–8, Pedro les recuerda a los creyentes que todo en esta vida —bienes, logros, personas— finalmente se marchitará y desaparecerá. Solo son permanentes la voluntad de Dios, su Palabra y su obra. Debemos evitar la codicia de lo temporal y hemos de concentrar nuestro tiempo, dinero y energías en lo permanente: la Palabra, la glorificación del Nombre de Dios, la esperanza de la resurrección y nuestra vida eterna en Cristo.

 

La esperanza de vida eterna

Hemos visto en Génesis 1 la entrada de la primera forma de vida en “…la tarde y la mañana del tercer día.” Sabemos de otro “tercer día” de suma importancia para los fieles antes y después de la primera venida de Jesucristo. Es el día cuando Jesucristo resucitó de la muerte para traer la salvación a la humanidad.

“Así también sucede con la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal y hay cuerpo espiritual.” (1 Corintios 15:42-44)

La salvación depende de la asimilación de la mente a las ideas y principios divinos que se manifiestan en las Sagradas Escrituras. En ellas hemos visto que desde el primer capítulo de Génesis el amor de Dios ha sido declarado. En el tercer día de la creación las tres necesidades básicas para el hombre fueron provistas – el agua dulce, el pan (la semilla) y el vino (el fruto del árbol).

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Estudios del “tercer día”

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El “tercer día” de Abraham

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