El “tercer día” de Abraham

“Aconteció después de estas cosas, que Dios probó a Abraham. Le dijo: —Abraham. Este respondió: —Aquí estoy. Y Dios le dijo:—Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, vete a tierra de Moriah y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.” (Génesis 22:1-2)

Este es uno de los episodios más dramáticos en Génesis. El mandato de sacrificar a Isaac, el dolor del ascenso solitario de Abraham y su hijo hasta el lugar del sacrificio, el proceso doloroso de atar al muchacho y ponerlo sobre el altar, y la intervención a último momento desde el cielo convierten a este relato en una de las historias mejor contadas de la literatura mundial. Pero es mucho más que eso. Es otra gran prueba de la fe de Abraham, comparable al llamado original a dejar su hogar y familia:

“Jehová había dicho a Abram: «Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.” (Génesis 12:1)

 

Promesas de Dios

Abram significa “mi padre es exaltado”. Según Génesis 17:5 su nombre fue cambiado a Abraham que significa “padre de multitudes”. Fue descendiente de Sem e hijo de Taré, se le atribuye la fundación de la nación judía, de los ismaelitas y de otras tribus árabes.

Nació en Ur, ciudad caldea. Al llamado de Dios, abandonó a su parentela (Josué 24:2) y se trasladó a Harán, en Mesopotamia, donde murió su padre (Génesis 11:26–32). A la edad de 75 años se fue a Canaán con su esposa y Lot, pasando por Siquem y Bet-el (Génesis 12:1–9).

Dios renovó su promesa a Abram (Génesis 13:15–18). A pesar de que Dios le había prometido un hijo (Génesis 15:4), cuando tenía 86 años, Abram tomó a la esclava Agar y de ella nació Ismael (Génesis 16). Trece años después Dios reconfirmó su pacto con él; estableció la circuncisión como señal y a Abram le puso por nombre “Abraham” (Génesis 17). Allí nació Isaac, cuando Abraham tenía 100 años de edad. Luego Agar e Ismael fueron echados de la casa. Después de veinticinco años, Dios probó la fe de Abraham ordenándole que sacrificara a Isaac, su hijo y heredero de la promesa (Génesis 22). Doce años después Sara murió y fue enterrada en Hebrón.

 

El ofrecimiento de Isaac

Dios “probó” a Abraham. Dios prueba a las personas para revelar su verdadero carácter (Deuteronomio 8:2,16). La poderosa simplicidad del lenguaje1 rara vez ha sido igualada: “Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, vete a tierra de Moriah y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.” La acumulación de frase sobre frase recalca la magnitud del sacrificio solicitado ahora de Abraham. Que Isaac fuese llamado “hijo único” sugieren que no sólo Ismael, sino también los hijos de Ketura habían sido ya “enviados lejos”.

 

Un taller de trabajo – encontramos “ecos”

Los “ecos” se parecen mucho a las referencias, pero no son citas o alusiones directas. Ocurren cuando un texto recuerda otro al lector. Para encontrar “ecos” es necesario preguntar: “¿En qué otra parte (de la Biblia) he visto esto?” Esta habilidad requiere una familiaridad con la Biblia que sólo vendrá con la lectura continua. Durante la lectura de Génesis 22, vamos a pensar en lo que sabemos de la vida de Jesucristo. Hemos puesto en Génesis 22:1-18 unas frases en letras negras para empezar la investigación…

(¿Cuántas referencias más puede descubrir?)

Génesis 22:1-18

“Ecos”

1. Aconteció después de estas cosas, que Dios probó a Abraham. Le dijo:—Abraham. Este respondió:—Aquí estoy.

2. Y Dios le dijo:—Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, vete a tierra de Moriah y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.

3. Abraham se levantó muy de mañana, ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus siervos y a Isaac, su hijo. Después cortó leña para el holocausto, se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho.

4. Al tercer día alzó Abraham sus ojos y vio de lejos el lugar.

5. Entonces dijo Abraham a sus siervos:—Esperad aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a vosotros.

6. Tomó Abraham la leña del holocausto y la puso sobre Isaac, su hijo; luego tomó en su mano el fuego y el cuchillo y se fueron los dos juntos.

7. Después dijo Isaac a Abraham, su padre:—Padre mío. Él respondió:—Aquí estoy, hijo mío. Isaac le dijo:—Tenemos el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?

8. Abraham respondió:—Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.

9. Cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, compuso la leña, ató a Isaac, su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña.

10. Extendió luego Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.

11. Entonces el ángel de Jehová lo llamó desde el cielo:—¡Abraham, Abraham! Él respondió:—Aquí estoy.

12. El ángel le dijo:—No extiendas tu mano sobre el muchacho ni le hagas nada, pues ya sé que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste a tu hijo, tu único hijo.

13. Entonces alzó Abraham sus ojos y vio a sus espaldas un carnero trabado por los cuernos en un zarzal; fue Abraham, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

14. Y llamó Abraham a aquel lugar «Jehová proveerá». Por tanto se dice hoy: «En el monte de Jehová será provisto».

15. Llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo,

16. y le dijo:—Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado a tu hijo, tu único hijo,

17. de cierto te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; tu descendencia se adueñará de las puertas de sus enemigos.

18. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.

v.2 ¿Dónde dice Dios: “Este es mi hijo amado”?

Moríah se identifica con la colina en Jerusalén sobre la cual se erigió el templo (2 Crónicas 3:1). De esa forma, el sacrificio del carnero por Abraham preanunciaba los sacrificios posteriores de animales en el templo, tanto como el del “Cordero de Dios”.

v.4 ¡Desde el momento que Dios habló con Abraham podía considerarse a Isaac como (3 días) muerto – ya sacrificado, en la mente de Abraham!

v.5 ¿No le parece algo extraño con la conjugación de estos verbos?

v.6 ¿?

v.8 Lea Juan 1:29 para ver lo que dice Juan.

v.9 ¿?

v.14 ¿Por qué el verbo está en tiempo futuro y no pasado?

v.16 ¿?

v.18 ¿Qué significa “simiente”? ¿Cómo puede traer las bendiciones? Lea Gálatas 3.

Ahora podemos apreciar la poderosa fe de Abraham. La lección viene de una referencia en el Nuevo Testamento: “Pensaba que Dios era poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.” (Hebreos 11:19). ¡Abraham tuvo fe en la resurrección de su hijo!

También debemos recordar la devoción de Isaac. La repetida frase “y fueron juntos”, es elocuente de la unidad de propósito que unía a padre e hijo en esta jornada de tres días de sacrificio propio. Puede verse esto aún más al admitir Isaac ser atado al altar. El más mínimo ademán de su parte para resistir la inmolación, habría hecho imposible el sacrificio. Así que puede inferirse a que Isaac aquilataba el sentido de la devoción de aquel día, tanto como su padre.

Y llamó Abraham a aquel lugar “Jehová proveerá” (v.14)

Otras traducciones de la Biblia nos alerta a investigar más el significado de lo que Abraham dijo en v.14.

  • La Biblia de Jerusalén: “El texto del final del versículo no es seguro. El hebreo dice: “En el monte de Yahvéh, el aparece”.”
  • Nacar-Colunga: “La incertidumbre del texto es causa de oscuridad de estas palabras. Según el v.8, al *cual parece aludir, debe ser entendido: Yavé verá o Yavé proveerá.”
  • El Diccionario Herder: “Moriah…que significa “Yahvéh ve”, o también “en el monte donde Yahvéh aparece”.”

Abraham mismo lo profetizó, «Jehová proveerá” o Yahweh-Yireh. En Hebreo yireh se relaciona con la palabra re’eh’ (ver), en esto vemos que la provisión es por vista, el sitio de lo que Dios nos haga ver por Su revelación.

Jesús dijo en Juan 8:56: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó”. La única vez que se sabe que Abraham se rió y se alegró fue cuando se le dio la promesa de que tendría una simiente (Génesis 17:17). Abraham vio de antemano a Cristo por medio de las promesas que se le hicieron referentes a Jesús. Por eso, comentó críticamente acerca del sacrificio futuro de Jesús: “En el monte de Jehová será provisto o será visto” (Génesis 22:14). Fue en este sentido que Jesús habla de que Abraham lo vio.

Es en este contexto de hablar acerca de las promesas, que Jesús pudo decir: “Antes que Abraham fuese yo soy” (Juan 8:58). Él reconoció que las promesas que Dios hizo a Abraham estaban revelando el plan acerca de Jesús que Dios había conocido desde el principio del mundo. Ese propósito, que había estado
desde “antes que Abraham fuese”, había sido revelado a Abraham en las promesas que se le hicieron. Estas palabras tienen aún mayor fuerza cuando junto con ellas se considera la promesa hecha en Moríah en aquel “tercer día”.

 

Las Buenas Nuevas a Abraham

Vámonos entonces a Génesis, para conocer estas promesas a Abraham: Génesis 12:1-7; 13:14-17; 15: 1-6,18-21; 17:1-8; 22:15-18…. En resumen, entonces, los elementos críticos son que:

  1. Tendría una gran descendencia.
  2. Él y su descendencia heredarían la tierra para siempre.
  3. En su simiente serian benditas todas las naciones.

Entonces ¿quién es esa simiente? El apóstol Pablo explica en Gálatas 3:16: “Y a tu descendencia, la cual es Cristo” . En el mismo capítulo enseña que el pueblo de Abraham (judíos y gentiles), la descendencia, son los que comparten su fe.

“La salvación viene de los judíos” (Juan 4:22) en el sentido de que las promesas concernientes a la salvación fueron hechas solamente a Abraham y a su simiente. Sólo podemos tener esas promesas a nuestro alcance si llegamos a ser en la simiente, por medio de nuestro bautismo en Cristo (Gálatas 3:22-29). Entonces todo lo que es verdadero de Jesucristo se vuelve verdadero para nosotros. Así Zacarías citó profecías acerca de la simiente de Abraham y David como aplicadas a todos los creyentes (Lucas 1:73,74).

Sin bautismo estamos fuera de la relación del pacto con Dios. Solamente cuantos han sido bautizados en Cristo están en él y, por consiguiente, tienen a su alcance las promesas de salvación hechas a Abraham (Gálatas 3:27).

Si tomamos parte en la muerte y resurrección de Cristo por medio del bautismo entonces, y sólo entonces, “también lo seremos en la de su resurrección… también viviremos con él” (Romanos 6:5,8).

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Estudios del «tercer día»

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