Una Nueva Misión

Una Nueva Misión

1 Reyes 19:15:

“Jehová le dijo: –Ve,  vuelve por el mismo camino, hacia el desierto de Damasco.  Llegarás y ungirás a Hazael como rey de Siria.”

1 Reyes 19:16:

“A Jehú hijo de Nimsi lo ungirás como rey de Israel y a Eliseo hijo de Safat,  de Abel-mehola,  lo ungirás como profeta para que ocupe tu lugar.”

1 Reyes 19:17:

“Al que escape de la espada de Hazael, Jehú lo matará, y al que escape de la espada de Jehú, Eliseo lo matará.”

 Dios le pidió a Elías que ungiera a tres personas diferentes.

  • El primero fue Hazael, como rey de Siria. Elías tuvo que ungir a un rey enemigo porque Dios iba a usar a Siria como instrumento para castigar a Israel por sus pecados. Siria fue el castigo externo.
  • El castigo interno provino de Jehú, el siguiente hombre que Elías tuvo que ungir. Como rey de Israel, Jehú destruiría a aquellos que adoraran al dios falso Baal (2 Reyes 9, 10).
  • La tercera persona que Elías tuvo que ungir fue Eliseo, el profeta que lo sucedería. Lo interesante aquí es ver cómo Elías no se molestó por la designación de Dios al enviarlo a ungir a quien sería su remplazo. La tarea de Eliseo fue trabajar en Israel, el reino del norte, y ayudar a dirigir al pueblo de regreso a Jehová. El reino del sur estaba gobernado en este tiempo por Josafat, un rey dedicado a Jehová. HASTA AQUI
La expresión «ungir», no debe tomarse literalmente como “aplicar óleo o aceite” sino más bien como una acción a través de la cual se designa a alguien o a algo para que cumpla una tarea especial. Según el concepto tradicional, en 1 Reyes 19:19 Eliseo no estaría realmente ungido, pero, al ser designado para una tarea especial, pasa a ser “ungido”. «Ungir» a una persona o cosa significa simplemente traerla al servicio de Dios. Así, no sólo los reyes y sacerdotes, sino también los utensilios de adoración (Éxodo 29:36; 30:26), Sí, incluso las piedras (Génesis 28:18) fueron ungidos, porque debían servir para el cumplimiento de la voluntad divina. Aquí también la palabra se usa en este sentido. Significa no la verdadera unción externa, sino lo que significa la unción, como en Jueces 9: 8. Los tres, Hazael, Jehú y Eliseo, deben servir para la ejecución de la voluntad y el consejo de Dios, y cada uno, de hecho, de una manera diferente.

Con la misma insistencia, Jehová no permite que su profeta abdique a su ministerio. Al profeta que buscaba la seguridad en la huida, ahora Dios lo comisiona a una nueva misión. Por cierto, ya el énfasis va a ser distinto. No se centrará en la seguridad del profeta sino en los propósitos de Jehová. Esta comisión la cumplirá Elías solo en el caso de Eliseo, su sucesor.

El mandato a que se participe en la política de Siria no se espera. Lo normal era que los profetas centrasen sus labores dentro de Israel. En el caso de Elías, no obstante, había precedentes en que Jehová ya había demostrado su poder mediante el profeta en territorio de los sidonios. Lo había hecho por medio de la sequía, el sustento del profeta por la viuda y la protección del profeta contra Jezabel.

Las palabras del versículo 17 son también una seria reprobación a la crítica de Elías a Israel. Dios le dijo que cualquiera que escapara de la espada de Hazael sería asesinado por Jehú, y aquellos que escaparan de la espada de Jehú serían muertos por Eliseo. Dios sólo habla de juicio contra Israel por estos tres hombres, y no dice una palabra de la gracia que Eliseo ministraría. Dios habló de esta manera porque Elías había inferido que Israel merecía juicio. Con el tiempo, sería Eliseo mismo quien cumpliría el resto de la comisión dada a Elías (2 Reyes 8:7-15; 2 Reyes 9:1-13).

¡Qué lección para Elías, que hubiera sido más sabio interceder por Israel que contra ellos!

Por eso, no hay registro de que Elías haya ungido a estos dos hombres. Fue más bien Eliseo quien dijo solemnemente a Hazael que él sería rey de Siria (2 Reyes 8: 8-13). También Eliseo instruyó a uno de los hijos de los profetas a ir a Ramot de Galaad para encontrar a Jehú y ungirlo para ser rey de Israel. El hijo del profeta hizo esto y le dijo a Jehú que derribara toda la casa de Acab (2 Reyes 9: 1-10).

Por Hazael, el rey sirio extranjero, Israel estaba continuamente presionado desde afuera (2 Reyes 8:12, 29; 10:32: 13: 3, 7); Él era la vara de la corrección en la mano de Jehová, el instrumento de su ira. Por Jehú el reino de Israel fue sacudido dentro. Puso fin a la casa de Acab, de la cual prosiguió la idolatría y fue mantenida (2 Reyes 9:24, 33; 10: 1-28), y fue la divina vara de corrección para los idólatras dentro de Israel.

1 Reyes 19:18:

“Pero haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal y cuyas bocas no lo besaron.”

El versículo 18 contiene otra solemne reprobación de Elías. Dios había reservado en Israel 7000 que no se habían inclinado ante Baal, ¡pero Elías hablaba de estar solo! Si nos sentimos solos en cualquier testimonio que podamos soportar para Jehová, recordemos que Dios tiene muchos más que nosotros mismos que somos fieles a Él.

[Mundo Hispano: Usualmente en la literatura hebrea, el número siete (en este caso 7.000) es más simbólico que cuantificador. Simplemente quiere decir que hay “muchos” que no se han apostatado de la fe en Israel].

 

“Cuyas bocas que no lo besaron.»

Besar era una forma común de idolatría y el acto mismo era de cariño (Job 31: 26-27, Oseas 13: 2). Aquellos que habían besado a Baal en Israel habían negado públicamente a Jehová. Recordamos lo que Elías había dicho: «Yo solo he quedado”, cuando en realidad había una multitud de Israel que se negó a unirse a la idolatría general. ¿Es concebible que en realidad podrían ser millares de Israel quienes permanecieron leales a Jehová y sin embargo el profeta sea totalmente inconsciente de su existencia?

 El Mundo Hispano nos da el consejo:

“Aprendamos ahora algunas lecciones importantes:

(1) Es posible, a veces, que sintamos que nuestra tarea no lleva frutos. Trabajamos, pero no se ven de una vez los resultados, entonces hay que tener paciencia.

(2) Hay que seguir adelante. A veces podremos comenzar, pero otros terminarán la tarea en un tiempo corto o lejano. A veces, a los siervos de Dios se les toma en cuenta no tanto por lo que hicieron, sino por lo que anunciaron (Jeremías 1:10).

(3) Nunca debemos pensar que somos los únicos fieles. La obra es de Dios, y él nunca está en situación desesperada, aunque huyamos del campo de batalla.

(4) El Espíritu Santo no necesita de manifestaciones ruidosas para hacer su obra. A veces, Dios habla a y por nuestra conciencia por medio del sonido apacible.

(5) Contestemos ahora a estas preguntas: ¿Se arrepintió el mundo por el diluvio? ¿Cuántos se salvaron en Sodoma y Gomorra? Vendrán terremotos, tempestades y sequías, pero siempre habrá corazones tan duros como el de Jezabel.

(6) “No con ejército ni con fuerza, sino con el Espíritu…” (Zacarias 4:6).  “Conoce el Señor a los que son suyos” (2 Timoteo 2:19).

(7) Los grandes siervos de Dios tienen su “arbusto de retama”. Después de una gran victoria, puede venir la tentación del desaliento. Y trataremos de convertirnos en víctimas para provocar lástima hasta de Dios.

(8) Es recomendable no descansar en los triunfos pasados.”

1 Reyes 19:19-21:

“Partió de allí Elías y halló a Eliseo hijo de Safat, que estaba arando.  Delante de él iban doce yuntas de bueyes,  y él conducía la última.  Elías pasó ante él y echó sobre él su manto. Entonces dejó los bueyes, salió corriendo detrás de Elías y le dijo:  -Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre; luego te seguiré.   Y él le dijo:  –Ve,  regresa; ¿acaso te lo he impedido? Regresó Eliseo, tomó un par de bueyes y los mató; con el arado de los bueyes coció luego la carne y la dio al pueblo para que comieran.  Después se levantó, se fue tras Elías y lo servía.”

Eliseo, cuyo nombre hebreo significa “Mi Dios es salvación”, era el hijo de un hacendado procedente de Abel-mehola. Este sitio se ubicaba en la parte norteña de la cuenca del río Jordán. Sin que se cruzara una sola palabra, Elías echa su manto sobre los hombros de Eliseo. Hasta ahora, nada se nos ha dicho respecto al significado de este manto. No obstante, esto es probable que en la cultura de ese tiempo el manto de un profeta simbolizara su oficio como tal. Por lo tanto, la acción de Elías es una investidura de Eliseo como profeta.

El manto era el artículo más importante que una persona podía poseer. Se usaba para protegerse del clima, como lecho, para sentarse y como maleta. Podía darse como garantía por una deuda o podía ser hecha tiras para mostrar pesar. Elías puso su manto en los hombros de Eliseo para mostrar que él sería su sucesor. Más tarde, cuando hubo terminado la transmisión de poder. Elías dejó su manto para Eliseo (2 Reyes 2:11-14).

Incluyó a un nuevo compañero

Cuando Elías entró en el desierto, dejó a su sirviente en Beerseba (v. 3). Él estaba solo. Dios sabía que esto no era bueno y le dio un hombre llamado Eliseo. Eliseo iba a ser un compañero de Elías y tomaría el lugar de Elías cuando terminara su ministerio. Se nota las palabras finales de este capítulo, «y lo servía». Dios sabía que las cargas que Elías llevaba eran demasiado pesadas para que él pudiera llevarlas solas, así que Él le dio un confidente, un amigo, un compañero. Le dio uno para caminar a su lado a través de los valles y por las dificultades. ¡Dios pone a este hombre en la vida del profeta para ayudarlo en su camino!

Eliseo ahora realiza una acción simbólica que no admite ninguna duda. Al matar a una de las yuntas y al quemar el arado, dice que su vida anterior termina. Al cocinar la carne para sus compañeros no sólo que prepara una fiesta de despedida sino también, los vocablos hebreos implican, que una especie de ofrenda sacrificial se está preparando para Dios.

Pink (pag.110.) explica:

“¿Qué consuelo para el tisbita ahora tener un compañero con gran disposición, obediente y cariñoso, y qué privilegio es para este joven poder estar bajo tan eminente profesor! ¿Y cuál es la referencia junto a él en las Escrituras? Esta, «Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo: Levántate, desciende a encontrarte con Acab rey de Israel, que está en Samaria; he aquí él está en la viña de Nabot, a la cual ha descendido para tomar posesión de ella» (1 Reyes 21:17, 18): por completo asumimos que la idea popular de que Dios lo había descartado de su servicio es incorrecta. Es evidente que había sido completamente restablecido y estaba de regreso en las mismas condiciones de edad con su Maestro. Porque esta sección es titulada “la Recuperación de Elías”.”

 Una pausa para pensar

¡Todos necesitamos el ministerio personal de vez en cuando!

Proverbios 27:17 dice:

«El hierro con hierro se afila…”.

Básicamente, no necesitamos separarnos de otras personas. Necesitamos amigos y compañeros a medida que pasamos por esta vida. Qué bendición tener a alguien en quien confiar. Tener un amigo que no te haga daño, que te ayudará a soportar las cargas de la vida, que orará contigo, llorará contigo, e ¡incluso cuando no lo entienda te seguirá amando! Ciertamente, tenemos ese tipo de ministerio en lo que dice Juan 14:23. ¡Sin embargo, todavía necesitamos la interacción humana! Resolvamos pedirle a Dios que ponga a alguien en nuestra vida que nos ayude a ser responsables ante el Señor en todo lo que hacemos a lo largo de la vida.

 El deseo de servir

La primera característica que posee un verdadero ministro es el deseo por servirle. Basta ver la vida de los grandes hombres y mujeres que Dios ha levantado a lo largo de la historia para darnos cuenta que había un común denominador: entusiasmo. El entusiasmo es esa pasión que invade nuestro corazón por hacer algo, es ese enorme deseo que nos hace correr por alcanzar nuestras metas. Eliseo presentó esto.

La segunda característica que distinguió a Eliseo en su ministerio fue su constancia. Ser constante significa ser perseverante, mantenerse firme donde Dios nos ha puesto sin fluctuar. Eliseo entendía que Dios lo estaba llamando al ministerio y eso significaba que a lo mejor ya no volvería a su casa por lo que le pidió al profeta que le diera la oportunidad de despedirse de sus padres.

La tercera característica indispensable en el ministerio cristiano es la completa dependencia del poder de Dios. Si vemos bien en este versículo Eliseo se deshizo de su fuente de ingresos, mató un par de bueyes, con el arado coció la carne y alimentó al pueblo para que comiesen. A partir de aquí Eliseo renuncia a su antigua manera de dependencia económica e inicia una nueva basada únicamente en la fe.

Finalmente, otra característica en el ministerio es la actitud de servicio. De hecho, la palabra ministerio proviene del latín ministerium cuya raíz significa servir. El mejor ejemplo de esto es nuestro Señor Jesucristo el cual dijo:

“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”, (Marcos 10:45).

¿Qué haremos nosotros?

La vida de Eliseo nos deja algunas enseñanzas, entre otras:

1) Que estemos dispuestos a dejarlo todo por seguir el llamado de Dios;

2) Que procuremos: oración y servicio;

3) Que seamos fieles a nuestro Maestro; y

4) Que procuremos el bien de todos nuestros hermanos.

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Eliseo Sucede A Elías

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