Elías Y Los Profetas De Baal

Elías Y Los Profetas De Baal

El pasaje se centra en Elías y el poder de Dios en contraste con la impotencia de Baal y sus profetas. El pueblo de Dios figura también porque tiene que decidirse.

El monte Carmelo se encuentra en el noroeste de Israel, desciende hacia el mar Mediterráneo desde los montes de Efraín, en una caída abrupta de 400 m. La vegetación es rica y variada. Reúne la flora del valle con la de los montes y la franja costera. Esto convierte al Carmelo en un jardín de especias de la naturaleza. El nombre “Carmelo” significa “huerto de frutas”.

Es probable que se eligiera este sitio por varias razones.

•      Era considerado un lugar sagrado por muchos.

·         Era “un lugar alto” donde el culto a los ídolos había reemplazado el verdadero culto a Dios.

·         Era un lugar estratégico en el que había todo lo que Elías necesitaba.

En vista de que todo Israel se había empeñado en alejarse de Dios, Elías quiso que hubiera representantes de cada familia allí.

Especialmente, Elías quería que los falsos profetas estuvieran allí: los 450 profetas de Baal y los 400 profetas de Asera, la contraparte femenina de Baal. Estos últimos, que probablemente eran hombres y mujeres, “[comían] de la mesa de Jezabel”. Estaban bajo la protección personal de ella. “Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo” (v. 20).

1 Reyes 18:21. “Entonces Elías, acercándose a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo vacilaréis vosotros entre dos pensamientos?  Si Jehová es Dios, seguidle; si Baal, id en pos de él.  Y el pueblo no respondió palabra.”

Aquí está el clásico reto de Elías. Denunciaba la hipocresía de la gente. Debían seguir al Señor con todo su corazón o darle la espalda por completo.

Al igual que en la época de Josué (24:15), Israel es desafiado a escoger a quién servir. En el tiempo de Elías cuando todavía prevalecía la idolatría en todos los derredores del pueblo de Dios, era preciso que se practicase fidelidad únicamente a Jehová en Israel. Técnicamente, esto es lo que se llama monolatría: la fidelidad y la adoración a un solo Dios de entre muchos.

Notamos lo que explica el comentario Mundo Hispano:

“Ante la aparente vacilación del pueblo respecto a su absoluta fidelidad, Elías usa una expresión muy gráfica para describir su condición vacilante. Les dice: ¿Hasta cuándo vacilaréis entre dos opiniones? La R-VA correctamente traduce el hebreo literal en la nota al pie así: “¿Por cuánto tiempo danzaréis cojeando sobre dos muletas?” Una paráfrasis sería: “¿Por cuánto tiempo seguiréis cojeando entre los dos puntos del empalme del camino?” Sea la versión que uno escoja, el significado es claro.”

El comentario Diario Vivir expone:

“Elías desafió al pueblo a tomar una decisión: seguir a quienquiera que fuera el verdadero Dios. ¿Por qué osciló tanta gente entre las dos alternativas? Quizá algunos no estaban seguros. Muchos de ellos, sin embargo, sabían que Dios era Jehová, pero disfrutaban de los placeres pecaminosos y de otros beneficios que obtenían al seguir a Acab y su adoración idólatra. Es importante tomar partido por Dios. Si sólo nos dejamos llevar por cualquier cosa que sea placentera y fácil, algún día descubriremos que hemos estado adorando a un dios falso: nosotros mismos.”

Con estas palabras se establece un grandioso “o el uno o el otro”. Y de esta manera el Carmelo llega a convertirse en el “monte de la decisión”. Se trata de la decisión más importante para el hombre y la mujer, pues tiene que ver con el primer mandamiento de la ley de Dios: “Yo soy Jehová tu Dios…no tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:2-3).

La indecisión muchas veces nos lleva a claudicar (1 Reyes 18:20-21).

El dualismo

Los dos poderes enfrentados en una lucha por saber quién es más poderoso. El bien contra el mal. Pero aun en aquel tiempo Elías estableció el reto: ¿Quién es Dios? Baal (Dios de la fertilidad de los cananeos) o Jehová. El mensaje central fue claro:

“Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él”.

En el tiempo de Elías, cuando todavía prevalecía el politeísmo en todos los derredores del pueblo de Dios, era preciso que se practicase fidelidad únicamente a Jehová en Israel. Teológicamente, esto es lo que se llama monoteísmo: la fidelidad y la adoración a un solo Dios de entre muchos.

 El duelo en el monte Carmelo:

Esa era la prueba más apropiada para comprobar de una vez por todas que “un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios”, 1 Corintios 8:4:

“Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios”.

El Señor nunca ha tolerado componendas o el “doble ánimo” en asuntos espirituales (Apocalipsis 3:15–16). No hay nada tan peligroso como la presencia o el liderazgo de personas que profesan conocer a Cristo, pero lo niegan con sus obras (Tito 1:16).

 La indecisión nos lleva al sincretismo espiritual.

En el tiempo de Elías el pueblo de Israel estaba tratando de unir el servicio de Dios con el de Baal. Era una unión impracticable. Elías les propuso decidir la controversia entre Dios y Baal, apelando no a la autoridad de la ley, porque eso no tendría valor, sino apelando a recibir una señal visible desde el cielo.

¿Cuál es el propósito principal de la reunión en el monte? El pueblo vacilaba, es decir, “cojeaba”, no tenía firmeza. Quería servir a Jehová y a Baal al mismo tiempo. ¿Eran renuentes o tenían temor de romper con alguna forma de adoración?

El profeta le está diciendo que no es bueno que tengan un pie en Israel y el otro en Fenicia, adorando a dos dioses.

No sólo los profetas extranjeros sino que la gente de todo Israel se congregaron en el monte Carmelo (v. 21; ver v. 19). Elías no acusa directamente al pueblo de ser apóstata sino de vacilar entre dos opiniones. Esto sugiere que lo que trataban de hacer era adorar a los dos, a Baal y Jehová, para obtener las ventajas máximas. Baal era mayormente un dios del clima y por lo tanto responsable por la cosecha; por el otro lado, puede ser que hayan considerado a Jehová como un dios de las regiones desiertas de Sinaí (ver Hab. 3:3–7).

1 Reyes 18:22: 

“Elías siguió hablándole al pueblo: Solo yo he quedado como profeta de Jehová, mientras que de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres.»

Humanamente, la probabilidad de 450 a 1 es casi nula. ¡Pero nada es imposible para el Dios de Israel! Pero hay que recordar lo que Abdías había informado respecto a 100 profetas de Jehová escondidos en cuevas y a quienes había provisto protección y sustento (v. 13). ¿Por qué no mencionó a los cien profetas escondidos?

  • Es posible que Elías no haya dicho esto para proteger a Abdías.
  • Puede ser un testimonio de su fe en Jehová enfrente de los 450.

Según el pasaje y su contexto inmediato, parece que los 400 profetas de Asera no asistieron (compárense los vs. 19 y 22).

De otro modo, ¿estaría desdeñando a profetas que se esconden en cuevas y no hacen frente a la crisis?

El gran espectáculo se celebraría a unos 70 m. de altura para que todos pudieran verlo. El monte Carmelo tiene forma triangular, mide unos 26 km de largo y alrededor de 7 km de ancho y su altura máxima es de unos 550 m. Estaba rodeado de una gran llanura.  Además, el monte estaba ubicado en la costa, el punto de un antiguo centro de adoración.

Una pausa para pensar según el Mundo Hispano:

Muchos nos dicen hoy que “debemos tener una mente abierta. Que no debemos ser estrechos en nuestra manera de pensar”. Pero la verdad es una sola. Cuando la dividimos o la mezclamos con una mentira, ya deja de ser verdad. En las cosas de Dios, no hay lugar para combinaciones. Ser indecisos o neutrales en las cosas espirituales es algo que no agrada a Dios; es una demostración de hipocresía (Salmo 119:113; Mateo 6:24).

1 Reyes 18:23:

“Dénsenos,  pues,  dos bueyes,  y escojan ellos uno;  córtenlo en pedazos y pónganlo sobre leña,  pero que no le prendan fuego.  Yo prepararé el otro buey, lo pondré sobre leña, y tampoco le prenderé fuego.”

Podemos ver aquí que la prueba que Elías propuso era triple:

  • había que centrarse en un sacrificio muerto;
  • había que demostrar la eficacia de la oración;
  • había que poner de manifiesto al Dios verdadero por medio de fuego descendido del cielo,

Comenta Pink (La Vida de Elias):

“Y es en estos mismos tres puntos que la religión, nuestra religión, ha de ser probada hoy. El ministro a cuyos pies te sientas, ¿enfoca tu mente, dirige tu corazón y exige tu fe en la muerte expiatoria del Señor Jesucristo? Si deja de hacerlo, sabes que no te enseña el Evangelio de Dios. ¿Es el Dios que tú adoras un Dios que contesta la oración? Si no lo es, o bien adoras a un dios falso, o, bien no estás en comunión con el verdadero Dios…”

Si el profeta no hubiera obrado siguiendo el mandato divino, su conducta se hubiera reducido a una presunción loca, al tentar a Dios y pedirle que obrara un milagro semejante con Su mano, y al poner de tal modo la verdad al azar. Pero, por sus propias palabras, está claro que obraba según las instrucciones del cielo:

“Por mandato tuyo he hecho todas estas cosas” (v. 36).

Elías no temía, tampoco, confiar en el Señor acerca del resultado. Había recibido órdenes, y las habla cumplido con fe sencilla, plenamente convencido de que Jehová no le dejaría ni le avergonzaría delante de la gran asamblea. Sabía que Dios no le pondría en primera línea de combate para abandonarle. Es verdad que era necesario un milagro asombroso, empero eso no encerraba dificultad alguna para el que habitaba al abrigo del Altísimo.

Observamos que Elías inicia los preparativos para el gran evento. El establece las condiciones:

(1) Habrá dos cultos separados. No habría unido el culto a Dios con el de Baal.

(2) El fuego del cielo sería la respuesta milagrosa y verdadera para tomar una decisión final. No por una opinión de personas.

“Escojan ellos un buey”.

Con esta ofrenda bajo la Ley de Moisés, la nación de Israel tenía un concepto más completo de la necesidad del perdón. La mancha del pecado y su eliminación es el centro del mensaje de la Biblia.

Según la Ley de Moisés, la ofrenda era diferente y dependía de quien la ofrecía. Se usaba:

  • un buey joven para el sumo sacerdote y la congregación, Levítico 4:13-14.
  • la cría de una cabra para los gobernantes, Levítico 4:23.
  • una cría de cabra, hembra o cordero para el pueblo común, Levítico 5:6.
  • dos tórtolas o palomas de corta edad, Levítico 5:7 o
  • una décima de un efa de harina fina en el caso de los que eran muy pobres, Levítico 5:11.

Las clases de animales que se ofrecían:

  • La ley no admitía más que estas cinco especies de animales como aptas para el sacrificio: El ganado vacuno, la oveja, la cabra, la paloma y la tórtola.
  • Se sacrificaban solamente animales domésticos porque eran apreciados por sus dueños, costosos y sumisos. De otro modo no podrían ser figura profética de Aquel que “como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció y no abrió su boca”(Isaías 53:7). El animal tenía que ser sin mancha, simbolizando al Redentor sin tacha.

“córtenlo en pedazos”

Levítico 1:6, 9.  Desollará después el holocausto y lo dividirá en sus piezas… Él lavará con agua los intestinos y las piernas, y el sacerdote lo quemará todo sobre el altar.  Es un holocausto: ofrenda quemada de olor grato para Jehová. Era preciso que los animales fuesen sin mácula, Levítico 4:3, 23, 28, 32.

1 Reyes 18:24:

“Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses; yo invocaré el nombre de Jehová.  El Dios que responda por medio del fuego, ese es Dios.   –Bien dicho –respondió todo el pueblo.”

Todos estuvieron de acuerdo en llevar a cabo esta prueba, por cuanto les pareció que era un método excelente para resolver la controversia y averiguar la verdad acerca de cuál era el verdadero Dios y cuál el falso. Obrar un milagro sería una demostración palpable para sus sentidos. Las palabras que Elías habla dirigido a sus conciencias les había dejado callados, pero el llamado a la razón fue aprobado enseguida.

Elías llamó al nombre del pacto, YHWH (Éxodo 3:15; Oseas 12:4-5)

“Y el Dios que responda por fuego, ese es Dios”.

Ese sea considerado y reconocido como el verdadero Dios: seguido, servido y adorado como tal.

Ha de señalarse que Elías no sólo dio a escoger a sus adversarios entre los dos bueyes, sino que, además, les concedió el hacer la prueba en primer lugar, para que, si podían, ratificaran el derecho de Baal y su propio poder, y, de esta forma, quedara resuelta la disputa sin que hubiera necesidad de posterior acción; no obstante, sabía perfectamente bien que iban a ser frustrados y confundidos.

 Una pausa para pensar

Ya que ha dado tales pruebas de su existencia, tales demostraciones de su gran poder, tales manifestaciones de su carácter, y tal revelación de su voluntad, toda incredulidad, indecisión y negativa a darle el lugar que le corresponde en justicia en nuestros corazones y nuestras vidas es absolutamente inexcusable.

Es por nuestro propio bien que debemos hacer de Él nuestro Dios, nuestro bien supremo, nuestra porción, nuestro Rey. Aquí esta la invitación afectuosa de Su siervo Pablo:

«Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto” (Romanos 12:1).

 1 Reyes 18:25:

“Entonces Elías dijo a los profetas de Baal:  «Escoged un buey y preparadlo vosotros primero, pues sois los más.  Invocad luego el nombre de vuestros dioses,  pero no le prendáis fuego».

 “Pues sois los más”. Siempre ha sido el caso. Los falsos profetas y sus seguidores siempre han sido la mayoría. (Mateo 7:13)

 1 Reyes 18:26:

“Ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía.  Decían:  «¡Baal, respóndenos!»  Pero no se escuchó ninguna voz, ni hubo quien respondiera;  entre tanto,  ellos seguían saltando alrededor del altar que habían hecho.

Los profetas estaban obligados, por lo tanto, a depender de una llamada directa a su deidad. Y así lo hicieron con todas las fuerzas. Rodearon el altar una y otra vez con sus danzas alocadas y místicas, rompiendo filas de vez en cuando para saltar sobre el altar, repitiendo sin cesar su canto monótono. ¡Baal, respóndenos!”, envía fuego sobre el sacrificio. Se extenuaron realizando los diversos ejercicios de su culto idólatra, sin detenerse durante tres horas.

Qué prueba de que los ídolos no son sino “obra de manos de hombres”;

“tienen boca, mas no hablarán; tienen ojos, mas no verán…; manos tienen, mas no palparán; tienen pies, mas no andarán … ; como ellos son los que los hacen, cualquiera que en ellos confía» (Salmo 115:4 8).

1 Reyes 18:27:

Hacia el mediodía, Elías se burlaba de ellos diciendo:  «Gritad con voz más fuerte, porque es un dios.  Quizá está meditando o tiene algún trabajo o se ha ido de viaje.  ¡Tal vez duerme y haya que despertarlo!»[7]

«Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos» ¿Qué le parecen las expresiones sarcásticas de Elías en esta ocasión? El sarcasmo es un arma peligrosa de emplear, pero su uso está plenamente justificado para exponer las pretensiones ridículas del error, y es, a menudo, muy eficaz para convencer a los hombres de lo disparatado e irrazonable de sus caminos. El pueblo de Israel merecía que Elías mostrara su menosprecio hacia aquellos que procuraban engañarles

Estaba tan seguro de que nada podía evitar su derrota, que se permitió el ridiculizarles sugiriendo una razón de la indiferencia de su dios: «Acaso duerme, y despertará”.

Pues, recordemos que en la Palabra de Verdad está escrito:

“El que mora en los cielos se reirá.; el Señor se burlará de ellos” (Salmo 2:4).

El Altísimo es, en verdad, paciente; aun así, su paciencia tiene un límite.

«Él llama a los hombres, y éstos no quieren; extiende su mano, y no escuchan. Les aconseja, pero ellos lo desechan; les reprende, más no quieren. Entonces me llamarán, y no responderé; me buscarán en la mañana, y no me hallarán” (Proverbios 1:24 28).

Una pausa para pensar

¿Quién, con algún discernimiento espiritual, puede negar que estas terribles palabras describen exactamente la conducta de nuestra propia generación?

Las “burlas proféticas” de Elías fueron una realidad. Sus palabras suenan hasta chistosas, pero el profeta hablaba con el más severo sarcasmo y la más profunda ironía. Los profetas de Baal debían seguir en su frenesí, porque tal vez su dios estaba haciendo sus necesidades, y no los podía atender en el momento. Baal, el gran ausente e impotente, había sido derrotado. ¿Quién es el verdadero Dios? Jehová no tiene rival.

1 Reyes 18:2:

“Seguían ellos clamando a gritos, y se hacían cortes,  conforme a su costumbre,  con cuchillos y con lancetas,  hasta que les chorreaba la sangre.

¡Qué concepto debían de tener de una deidad que requería semejantes laceraciones crueles de sus propias manos! «No os sajaréis” (Deuteronomio 14:1). Es cierto que demanda que mortifiquemos nuestras corrupciones, pero la crueldad corporal no le proporciona ningún placer. Él desea sólo nuestra felicidad, y nunca requiere nada que no tenga una influencia directa en hacernos más santos, para que seamos más felices también, por cuanto no puede haber verdadera felicidad sin verdadera santidad.

1 Reyes 18:29:

“Pasó el mediodía y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecer el sacrificio, pero no se escuchó ninguna voz, ni hubo quien respondiera ni escuchara.”

Así, pues, continuaron orando y profetizando, cantando y danzando, hiriéndose y sangrando, hasta las tres de la tarde, hora en que se ofrecía el sacrificio en el templo de Jerusalén. Estuvieron importunando a su dios durante seis horas sin interrupción. Mas todos los esfuerzos y súplicas de los profetas de Baal fueron inútiles: el fuego que consumiera el sacrificio no llegó.

¿Es el placer nuestro dios?

¿Es el dinero nuestro dios?

¿Es el adquirir bienes, dinero en el banco, valores y acciones nuestro dios?

Pero Baal no responde, pues, en realidad, Baal no es nadie; simplemente no existe. Así son los ídolos y los dioses que los hombres se inventan y fabrican en todos los tiempos, también en los nuestros. Tienen muchos nombres, pero no son capaces de hacer nada, porque simplemente no existen. Tras el fracaso de los baalistas le toca a Elías el turno para ofrecer su sacrificio.

Ahora se ve el contraste de la calma y tranquilidad del verdadero profeta. Estaba parado entre las ruinas del antiguo altar.

 1 Reyes 18:30:

“Entonces dijo Elías a todo el pueblo:  «Acercaos a mí».  Todo el pueblo se le acercó, y Elías arregló el altar de Jehová que estaba arruinado.

 Era evidente que esperar más no iba a servir de nada. La prueba que Elías había propuesto, por el pueblo aprobada y por los falsos profetas aceptada, demostraba de modo convincente que Baal no tenía derecho a llamarse (verdadero) Dios.

Al siervo de Jehová le había llegado la hora de actuar. Era extraordinaria la manera en que se contuvo a lo largo de las seis horas durante las cuales había permitido que sus adversarios ocuparan la palestra; sólo una vez rompió el silencio para estimularles a aumentar sus esfuerzos.

Pero llegado el momento oportuno, se dirigió al pueblo, pidiéndoles que se le acercaran para que pudieran observar mejor sus acciones. Respondieron en seguida, sin duda con curiosidad de ver lo que hacía, y con deseos de saber si su llamada al cielo sería más fructífera que la de los profetas de Baal.

El primer acto, que estaba destinado a hablar al corazón de aquellos israelitas. Alguien ha señalado que Elías, en el Carmelo, hizo un triple llamamiento al pueblo.

Primero, había apelado a sus conciencias, al preguntarles:

«¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él” (v, 21).

Segundo, había apelado a su razón, al proponer que se hiciera una prueba entre los profetas de Baal y él para que,

«el Dios que respondiere por fuego, ése sea Dios” (v. 24).

Y entonces, cuando «reparó el altar de Jehová», apeló a sus corazones. En esto dio un ejemplo admirable a seguir por los siervos de Dios de todos los tiempos. El ministro de Cristo debería hablar a la conciencia, el entendimiento y los afectos de los oyentes, por cuanto sólo así puede ser presentada la verdad de modo adecuado; y sólo así puede llegarse a las facultades principales de los hombres y esperarse de ellos una decisión definitiva por el Señor. Debe conservarse un equilibrio entre la Ley y el Evangelio. Para poner en acción la voluntad, ha de escudriñarse la conciencia, han de avivarse los afectos y ha de convencerse la mente. Fue así como Elías lo hizo en el Carmelo.

«Elías dijo entonces a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se llegó a él”.

Qué fuerte y resuelta era la confianza en Dios que tenla el profeta. Sabía perfectamente bien qué era lo que su fe y oración habían alcanzado del Señor, y no tenía el más leve temor de verse contrariado y confundido. El Dios de Elías jamás deja a quien confía en Él con todo el corazón. Pero el profeta estaba decidido a que esa respuesta por fuego estuviera fuera de toda duda. Por consiguiente, invitó al pueblo a inspeccionar lo más de cerca posible su labor de reparación del arruinado altar de Jehová. Habían de estar junto a él para que vieran por si mismos que no les engañaba ni ponía ninguna chispa secreta debajo de la leña sobre la que yacía el buey sacrificado. La verdad nunca teme la investigación más estricta. Nunca rehúye la luz, sino que la solicita. Son el obrador de maldad y sus emisarios los que aman las tinieblas y el lugar secreto y obran bajo la capa del misticismo.

1 Reyes 18:31:

“Tomó doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob,  al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo:  «Israel será tu nombre»,

 Allí que lo primero que Elías hace es arreglar el altar arruinado. ¿No es esto significativo? ¿Por qué se había abandonado el altar al Señor? ¿Quiénes lo habían abandonado? Un altar arruinado es símbolo de desidia e irresponsabilidad. Es no darle la importancia que tiene mi devoción al Señor. Observe que Elías arregló el altar con doce piedras pensando en las doce tribus de Israel que fueron siempre testigos de la única adoración a Dios. Israel, como la iglesia de Cristo, sabe que hay que arreglar el altar para invocar al verdadero y único Dios.

El que Elías haya tenido que reparar el altar indica que el monte Carmelo había sido un lugar de adoración a Jehová. La persecución sistemática del culto a Jehová de parte de la reina Jezabel abarcaba no tan solo a sus adoradores sino también los lugares de adoración. Las 12 piedras parecen figurar la unidad gloriosa del antiguo Israel (Éxo. 20:25; 24:4; Jos. 4:4)

El lenguaje de Elías en 19:10 arroja luz sobre este pasaje:

«Los hijos de Israel han dejado tu alianza, han derribado tus altares”.

Según la ley mosaica, había sólo un altar sobre el que pudiera ofrecerse sacrificios, y éste estaba en donde el Señor había fijado su residencia peculiar desde los días de Salomón, es decir, en Jerusalén. Pero, antes de que se levantara el tabernáculo, podían ofrecerse sacrificios en todos los lugares. Se construyeron altares dondequiera que los patriarcas permanecieron por algún espacio de tiempo, y es probablemente a ellos que Elías aludió en 19:10. Este altar en ruinas, por lo tanto, era un testigo solemne de que el pueblo se había alejado de Dios. El profeta, al repararlo, reprochaba al pueblo por su pecado, y hacía en su nombre confesión del mismo, al propio tiempo que les llevaba de nuevo al lugar de los principios.

Elías preparó su propio holocausto desde el principio con otro toro. Tomando 12 piedras para simbolizar la unidad original de Israel reparó un altar de Jehová que estaba arruinado, quizás uno de los lugares altos que suele condenar en circunstancias normales. Pero en este caso las circunstancias no eran normales porque lo que estaba por decidirse era si el culto de Jehová en Israel iba a sobrevivir y no sólo eso sino si el mismo Israel iba a sobrevivir. El asunto ya no era dónde se podía adorar a Jehová sino si Israel continuaría adorándole, es decir, si Israel continuaría existiendo como Israel.

Elías construye el altar en el nombre de Jehová. Ya que toda la historia gira en torno a los nombres de Baal y Jehová, es patente que el nombre de Jehová se usa varias veces en este relato como una fuerza poderosa.

1 Reyes 18:32:

“y edificó con las piedras un altar al nombre de Jehová.  Después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano.”

 Elías tomó doce piedras para construir el altar, dando a entender que iba a ofrecer sacrificio en nombre de toda la nación (Josué 4:20; Esdras 6:17). De este modo testificó de su unidad, de la unión existente entre Judá y las diez tribus. El objeto de su adoración habla sido originalmente uno, y así había de ser ahora.

Elías, pues, veía a Israel desde el punto de vista divino. En la mente de Dios la nación era una, y así había aparecido ante ÉL desde toda la eternidad. Externamente había ahora dos; empero el profeta omitía tal división; andaba por fe, no por vista (2 Corintios 5:7). En esto es en lo que Dios se deleita. La fe es lo que le honra, y, por consiguiente, ÉL siempre reconoce y honra la fe, dondequiera que la halle. Así lo hizo en el Carmelo, y así lo hace en nuestros días. «Señor, auméntanos la fe”.

 Elías hace todos los preparativos prescritos para la presentación de un sacrificio a Jehová. Todo el proceso sigue lo estipulado en el v. 23 con excepción de la zanja. No hay indicios de que una zanja figurara en el sistema sacrificial de los hebreos. Todo esto sería una acción misteriosa para los observadores hebreos. La zanja es lo suficientemente grande como para contener 15 litros. Esta zanja simplemente se llenaría del excedente de agua que no quedó absorbido por el sacrificio y la leña. El propósito de la zanja se revela en los vv. 34, 35. La cantidad exacta de agua derramada no se sabe, pero era lo suficiente como para dejar a la gente atónita.

 

1 Reyes 18:33:

“Preparó la leña, cortó el buey en pedazos, lo puso sobre la leña…”

Se puede encontrar la misma expresión en Levítico 1:7 durante la preparación del holocausto.

1 Reyes 18:34:

“… y dijo: «Llenad cuatro cántaros de agua y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña». «Hacedlo otra vez», dijo; y lo hicieron otra vez. «Hacedlo la tercera vez» dijo de nuevo; y lo hicieron la tercera vez,»

1 Reyes 18:35:

“de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja.”

Elías se aseguró de que todo pareciera estar en contra de él: Empapó el holocausto y la madera con tanta agua que rebalsaba hasta que llenó la zanja que rodeaba el altar. Después de tres años de sequía el agua debe haber estado muy escasa de modo que derramar varios cántaros de agua sobre el holocausto constituyó un doble acto de fe. Elías confiaba en que Dios mandaría tanto lluvia como fuego.

¿En dónde obtuvieron el agua? Algunas sugerencias son que llevaron el agua del mar, otros sugieren que había una fuente cerca de la cual, en condiciones extremas de sequía, no se había secado. Esta última sugerencia es hecha por el histórico Josefo.

1 Reyes 18:36-37:

“Cuando llegó la hora de ofrecer el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: «Jehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, que yo soy tu siervo y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, Jehová, eres el Dios, y que tú haces que su corazón se vuelva a ti».

Hace que se viertan litros y litros de agua sobre el buey sacrificado, la leña y el altar. Todo se empapa, lo que debería hacer más difícil la combustión. Seguidamente Elías ora a Dios. ¡Qué oración!  No hay en ella gritos, ni mendicidad, ni conjuros, ni desesperación, sino brevedad, sólo dos frases, ni una palabra de más ni una de menos. Y Elías no fue avergonzado.

Su oración muestra su gran fe en este momento crucial en la historia de Israel: Es el principio de esa historia que Elías les hace recordar al nombrar a Jehová Dios de los antepasados de Israel. La oración también revela las prioridades de Elías: El ruega que se le reconozca como siervo de Jehová, pero ruega dos veces que se reconozca a Jehová como el Dios verdadero de Israel.

El profeta demuestra que, si Jehová respondía, no era por medio de un ritual, sino por medio de un milagro. Venía en respuesta al clamor de un hombre justo para que todo el pueblo supiese quién era el verdadero y único Dios de Israel.

1 Reyes 18:38:

“Entonces cayó fuego de Jehová y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y hasta lamió el agua que estaba en la zanja.”

Lo primero que vemos en esta respuesta del cielo es lo corto de la oración. Así que mientras 450 profetas estuvieron casi un día gritando y maltratándose para ver si Baal respondía, Elías con una sola oración, en un solo momento, trajo fuego del cielo. Dios respondió. ¡Y de qué manera lo hizo!

“…y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja”.

La respuesta a través del fuego comprobó que nuestro Dios si es el “Dios del fuego” y no Baal como era la creencia. Y con la diferencia también que él es el Dios de la lluvia, del sol y de todo lo que existe. El fuego que viene de Dios consume todo. Ante la vista del pueblo y los profetas idólatras ahora hay una evidencia clara: Baal no es el dios verdadero.

Muchos años atrás ellos fueron instruidos con estas palabras: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deuteronomio 6:4). Por lo tanto, no hay otro dios a quien seguir ni adorar. Como “Jehová es el Dios”, entonces ya no hay por qué claudicar entre dos pensamientos (18:21). Decidamos solo por él.

Una pausa para pensar

Dios envió fuego desde los cielos para Elías. ¿Es verdad que Él nos ayudará a completar lo que nos ha mandado a realizar? La prueba puede no ser tan dramática en nuestra vida como lo fue en la de Elías, pero Dios nos hará accesibles los recursos de manera creativa para lograr sus propósitos. Nos dará la sabiduría para educar a nuestra familia, el valor para levantarnos en favor de la verdad, o los medios para ayudar a alguien en necesidad. Como Elías, podemos tener fe en que, sea lo que Dios nos mande hacer, El proveerá lo que necesitamos para llevarlo a cabo

 1 Reyes 18:39:

“Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron:  «¡Jehová es el Dios,  Jehová es el Dios!»

El Dios viviente responde a su oración con fuego. De esta manera revela su cercanía, poder y compromiso con su pacto y con los que creen en él. El profeta recibe la señal por la que ha orado, pero no la recibe por su causa, sino por causa de aquellos corazones del pueblo que han sido engañados y endurecidos por falsos dioses. Llena de asombro y temor, la multitud (¿?) Israel cae a tierra de rodillas y grita:

“¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!”

Jehová es Dios! !Jehová es Dios! Esta aclamación, alegre y segura, es una expresión de verdadera adoración; fue hecha con admiración y temor, como un reconocimiento de la soberanía del Señor Jehová. Pero ¿Qué significa el nombre Elías? Elías es un nombre masculino de origen hebreo, «Eliy-yah» que significa: “Mi dios es Yahvé” o “Yahveh es mi Dios”. Es una sugerencia que: ¿Están ofreciendo adoración a Elías mismo?

 Una pausa para pensar:

Dios quiere que nosotros tomemos hoy la decisión de seguirle y servirle por medio de Jesucristo.

 1 Reyes 18:40:

“Entonces Elías les dijo:  «Apresad a los profetas de Baal para que no escape ninguno».   Ellos los apresaron y Elías los condujo al arroyo Cisón y allí los degolló.»

El juicio de Dios tampoco se hizo esperar. ¿Parece muy dura y cruel la pena de muerte para los falsos profetas? La ley establecía que los idólatras debían ser castigados con la muerte (Deuteronomio 13:6-118; 18:20; 20:12-13). Algunos piensan que este castigo es contrario al espíritu de gracia del evangelio. No obstante, debemos recordar que Dios es amor, pero también es justicia.

Con todo, hay que recordar, además, que las prácticas sanguinarias de algunos de los hombres de Dios en el Antiguo Pacto obedecían también a las costumbres en boga durante el día; reflejaban el común comportamiento de sus tiempos. Solo hay que leer de nuevo algunas historias en torno a Saúl, David y otros para comprobar que tal era el caso. No hay que justificar prácticas cruentas y salvajes como si fuesen la perfecta voluntad de Dios para hoy; hay que recordar que Elías no tenía la revelación de Dios en Jesucristo.

Pese a ello, vale la pena elogiar la conducta del profeta Elías. ¡Cuán asombrosa es su fidelidad a Dios! No le importa que toda una nación como Israel sea odiosa a los ojos de su Dios. ¡Cuánto luchó, hasta para derrotar a su pueblo, si éste no era fiel a Dios! Si en alguna cosa podemos estar de acuerdo con la perversa Jezabel, es en ver a Elías como su enemigo más peligroso. ¡Cuántos Elías nos hacen falta hoy en el pueblo de Dios!

Busque en la Biblia para información de lo que también pasó en el arroyo Cisón.
Jueces 4:7

1 Reyes 18:41-46. Oración de Elías pidiendo lluvia

El profeta Elías ha sido usado por el Señor para lograr un gran milagro. Él acaba de pronunciar una oración sencilla y Dios ha abierto los cielos y ha enviado fuego, demostrando ser el Señor de todos. Elías acaba de ver al pueblo de Israel inclinarse ante Dios y proclamar su fe y lealtad a Él. Elías acaba de matar a los 450 profetas de Baal. Su día ha sido muy ocupado, por decir lo menos. La mayoría de nosotros habríamos estado buscando una silla cómoda para que pudiéramos descansar. ¡Pero no Elías!

La tierra de Israel ha estado languideciendo bajo una sequía de tres años y medio. Debido a la sequía la gente está muriendo de hambre, decenas de miles han muerto y la nación está en una condición desesperada. Por supuesto, no ha habido lluvia debido a la idolatría de la gente. Ahora, se han arrepentido, los sacerdotes de Baal están muertos y es hora de que Dios abra los cielos y envíe la lluvia tan necesaria.

1 Reyes 18:41:

“Entonces Elías dijo a Acab…”

Es notable que hasta ahora aparezca de nuevo Acab. Durante toda la lucha entre Jehová y Baal en el monte Carmelo no se menciona siquiera al rey. Es obvio que los personajes más importantes no son el rey, ni Baal y sus profetas, ni Elías. Aunque mucha de la acción gira en torno al profeta de Dios, el que realmente actúa milagrosamente es el Dios de Elías.

“Sube, come y bebe; porque ya se oye el ruido de la lluvia…”

No hay indicio de que Acab mismo haya oído tal ruido, pero ya que el Dios de Israel ha sido totalmente vindicado en la lucha, no hay por qué no atender el consejo de su mensajero. Hacía falta hacer los preparativos necesarios para volver a su casa. Elías es ahora el dueño de la situación. Manda al rey a preparase antes de que venga la lluvia. Era preciso esto porque Jezreel quedaba a unos 25 km del monte Carmelo, y era la capital invernal de Acab.

Elías sabía que la lluvia venía. ¿Cómo? ¡El oído de la fe oye lo que el ojo de la carne no puede ver! (Bienaventurado el hombre que no tiene que ver para creer – Juan 20:29.)

En estos versículos, podemos ver que Elías era un hombre que creía las promesas de Dios. Él las creía tanto que estaba dispuesto a reclamarlas y vivir en ellas. Alguien se ha tomado el tiempo para contarlas y nos dice que hay más de 7.000 promesas en la Biblia. Sin embargo, ¡no se puede reclamar todas ellas para sí mismo! Algunas eran promesas personales hechas a individuos, otras eran promesas universales hechas a todos.

Hay otras promesas en la Biblia que son condicionales o incondicionales.

Si voy a reclamar una promesa condicional, entonces debo cumplir todas las condiciones. Por ejemplo,

Mateo 21:22 dice: «Y todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis.» Si esa promesa va a funcionar para mí, entonces debo orar con fe absoluta. Es condicional.

Sin embargo, el Salmo 119: 105, que dice: «Lámpara a mis pies es tu palabra y lumbrera a mi camino.». Es una promesa incondicional y se da sin restricciones.

Hay tres características mostradas por Elías en estos versículos que nos enseñan cómo podemos estar ocupados en el trabajo del Señor todo el tiempo. Su confianza se basaba en:

  1. La Palabra de Dios. En 1 Reyes 18:1, Dios le dijo a Elías que confrontara a Acab y Él enviaría la lluvia. Elías hizo lo que le mandó, y sabía que la lluvia vendría. Elías creyó a Dios cuando Dios dijo algo.
Servimos a un Dios que es capaz de cumplir Sus promesas. Aquí están tres:
Mateo 5:18
Romanos 4:21
Efesios 3:20

 

  1. La perfecta voluntad de Dios. En 1 Reyes 17:1, Elías había sido el instrumento de Dios para traer la sequía a la nación. Elías sabía que la sequía había sido enviada por causa de la idolatría del pueblo. La lluvia había cesado porque la gente adoraba a Baal en lugar de Jehová. Ahora, los profetas de Baal estaban muertos, el pueblo se había arrepentido y había regresado a Jehová. Elías sabía que era hora de que regresaran las lluvias.

Cuando la voluntad de Dios había sido revelada sobre un asunto, ya está resuelto. ¡Será hecho! Entonces, algunos pueden preguntar, «¿Por qué molestarse en orar por ello?» Porque, ¡las promesas de Dios no se dan para restringir nuestra vida de oración, sino para energizarla! Cuando Dios revela su voluntad en un asunto, tenemos dirección, propósito y poder en la oración. Podemos orar específicamente acerca de una situación con la confianza de que Dios lo hará, tal como lo ha propuesto y deseado. Tome Filipenses 4:19 como ejemplo. Allí, Dios nos ha demostrado que es Su voluntad satisfacer las necesidades de Sus hijos. Este versículo, junto con Mateo 6:25-34, nos dice que Dios proveerá las necesidades que tenemos. Por  lo tanto, podemos orar con absoluta confianza conscientes de que las necesidades que surgen en nuestras vidas serán satisfechas.

  1. El Trabajo Anterior de Dios. Elías sabía que podía confiar en Dios para enviar la lluvia por todo lo que ya había visto hacer al Señor hacer. No había razón para pensar que Dios no podía seguir moviéndose en poder y gloria.

¡Dios no ha cambiado! Todavía es el mismo Dios que ha sido siempre, Maquias 3:6; Hebreos 13:8; Santiago 1:17. Piense en todas las promesas que Él mantuvo y el poder que Él demostró en el pasado.  Lo que Él ha sido capaz de hacer, ¡Todavía puede hacerlo!

1 Reyes 18:42:

“Acab subió a comer y a beber.  Pero Elías subió a la cumbre del Carmelo y, postrándose en tierra, puso el rostro entre las rodillas.”

En estos versículos, podemos ver un gran contraste entre el profeta Elías y el rey Acab. Sus reacciones y acciones en la consecuencia de los acontecimientos en Carmel revelan mucho sobre la condición de sus corazones. Tan pronto como esta poderosa manifestación de Dios es concluida, el primer pensamiento de Acab es alimentar su carne. Se dirige a su pabellón para comer y beber. Parece que no hay convicción, no hay preocupación por los profetas de Baal muertos, no hay indicios de dolor o arrepentimiento. Acab no se preocupa más que de Acab. Es una figura triste y esto se revela al notar algunas verdades sobre su actitud y sus acciones.

Acab nunca se enfrenta a Elías con respecto a sus pecados. ¿Por qué? Acab no había venido al lugar donde podía ver la condición de su propio corazón. ¿Así es hoy en la iglesia? Hay personas que reciben el mensaje sobre el pecado, se sienten sanas, impasibles y actúan como si el mensaje fuera dado a todos menos a ellos. Simplemente no pueden ver la condición de su propio corazón.

¿Por qué Elías fue solo a la cima de la montaña? ¿Por qué no invitó a Acab a reunirse con él? ¡Porque los que son espirituales deben separarse de aquellos que son espiritualmente fríos! Si usted permite ser influenciado por aquellos que son fríos en su caminar con Dios, le aseguro que bajarán su temperatura espiritual.

¿Por qué Elías no fue a comer bien antes de orar? Porque era como Jesús. Él tenía carne de la que otros no sabían nada. Lea Juan 4:31-32. El gigante espiritual, por otra parte, prospera en la presencia de Dios. ¡Nada emociona al gigante espiritual más que estar solo en la presencia de Dios y alimentarse de Él!

 1 Reyes 18:43:

“Luego dijo a su criado: Sube ahora y mira hacia el mar.  Él subió, miró y dijo: No hay nada. Pero Elías le ordenó de nuevo: Vuelve siete veces.”

Mucho puede aprenderse sobre la oración observando a Elías:

En primer lugar, aunque hemos recibido la promesa de la provisión de Dios, no debemos dejar de orar para que esta se cumpla (v. 41).

En segundo lugar, nos enteramos cómo oraba cuando leemos que, postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas (v. 42). El profeta asume una postura de sumisión o meditación y ora a su Dios. Se presume que su postura impide que el mismo profeta mire, y por lo tanto ordena que su criado (cuyo nombre se ignora y hasta ahora se habla de él) le vaya avisando de las señales de la lluvia.

En tercer lugar, vemos la importancia de perseverar en oración cuando comprobamos que Elías oró siete veces (v. 43). El siervo hace varios viajes a la cumbre para divisar la llegada de la lluvia. Dirige su mirada hacia el mar Mediterráneo, que fácilmente se veía desde Carmelo. Las lluvias, si es que aparecían, vendrían de allí. La expresión descriptiva de la nube parece ser una metáfora común para describir algo muy pequeño.

En cuarto lugar, comprendemos la necesidad de la fe cuando nos damos cuenta que Elías creyó que su oración sería respondida antes de que la respuesta llegara (vs. 44-45). Santiago 5:17-18 explica que la oración de un cristiano puede ser tan efectiva como la de Elías.

 1 Reyes 18:44:

“A la séptima vez el criado dijo: Veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Elías dijo: Ve y dile a Acab: «Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te lo impida».

“Veo una pequeña nube como la palma de la mano (H3709 kaph) de un hombre.”

Salmo 104:28:

“Tú les das y ellos recogen; abres tu mano y se sacian de bien.”

Salmo 145:16:

“Abres tu mano y colmas de bendición a todo ser viviente.”

1 Reyes 18:45:

Entre tanto, aconteció que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo un gran aguacero. Subió a su carro Acab y se fue a Jezreel.

Vamos a considerar aspectos de la oración de Elías. Esto puede ayudarnos a ser más eficaces para la gloria de Dios.

  1. Era humilde
  2. Era específico
  3. Fue serio
  4. Era persistente
  5. Era expectante
  6. Obtuvo una respuesta.

La llegada de las lluvias sirvió como demostración definitiva de que Baal era impotente ante Jehová, el Dios de Israel.

1 Reyes 18:46:

“Pero la mano de Jehová estaba sobre Elías, que se ciñó la cintura y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel.”

Elías acababa de andar como fugitivo por tres años y ahora re-surge victorioso ante la gente.

  1. Los profetas de Baal habían sido derrotados
  2. La existencia de Dios ha sido demostrada de forma dramática ante la gente
  3. Dios contestó la oración en la que pidió que lloviera de nuevo (Santiago 5:18)
  4. Dios lo infunde con energía milagrosa para correr más que Acab, y aun llega antes a Jezreel.

Después de la ardua actividad del día, ¿cómo Elías tenía la habilidad de correr tan lejos y tan rápido? La Biblia dice que «La mano de Jehová estaba sobre Elías». ¡Cuando una persona es capacitada por Dios, puede hacer cosas que están más allá del alcance de los hombres ordinarios! Él da fuerza, resistencia y habilidad a aquellos que caminan en Su poder. Como dijo Pablo:

«Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». (Filipenses 4:13).

Se nos dice que Elías «ciñó la cintura». Eso es, envolvió su manto alrededor de él y metió el extremo de su túnica en su cinturón y corrió. ¿Por qué hizo esta?

Un significado práctico: Si ha intentado correr sin hacerlo, se habría enredado en sus vestidos y habría caído.

Un significado espiritual: Si corremos bien, debemos librar nuestras vidas de aquellas cosas que obstaculizarían nuestro progreso.

La frase se usa para ser alerta (Éxodo 12:11; Lucas 12:35). El mensaje para los seguidores de Jesucristo es: “ceñid los lomos de vuestro entendimiento” (1 Pedro 1:13). También, hay que guardar la mente: “Estad, pues, firmes, ceñida vuestra cintura con la verdad.” (Efesios 6:14).

Una pregunta particular: ¿Qué necesita ser removido de su vida?

La Biblia Plenitud explica: “Elías recibió poder de “la mano de Jehová” para adelantarse al carro de Acab y llegar antes a Jezreel desde el monte Carmelo, una distancia de aproximadamente 25 km. La frase “la mano de Jehová” es la fórmula que se usa para referirse a la inspiración divina de los profetas. Aquí Elías recibió una fuerza sobrenatural por el Espíritu de Dios para realizar el milagro.”

¿Cuál es el significado de este evento? Los antiguos reyes siempre fueron precedidos por un corredor. Este corredor anunciaba el acercamiento del rey y despejaba cualquier obstáculo que podría detener el carro en el camino. Cuando Elías corrió delante de Acab, estaba haciendo una declaración. Elías quería que Acab supiera que su postura contra Baal no era nada personal, era sólo su celo por Jehová. ¡Para Elías, esto era una declaración de humildad! Simplemente asumió el papel de siervo.

Hay que señalar que Acab no ofreció a Elías un puesto en su carro. Los pecadores sólo pueden pensar en sí mismos. Los sirvientes se ven obligados a pensar primero en los demás. ¡Qué diferencia!

Preguntas y oportunidades de entrar en una discusión de los acontecimientos de 1 Reyes 18; Preguntas de repaso.

¿Cuál es el escenario para la confrontación de Elías con Acab? ¿Por qué es esto significativo?

¿Por qué Acab llama a Elías «el perturbador de Israel» en el versículo 17?

¿Cuál es la verdadera razón del problema en la tierra?

¿Qué aprendemos acerca de Jezabel en este pasaje de la Escritura? ¿Cómo se retrata?

¿Dónde ordenó Elías que los profetas de Acab y el pueblo de Israel se reunieran con él?

¿Por qué Elías quería reunirse en este lugar particular?

¿Qué acusación hace Elías contra el pueblo de Israel? ¿Cómo responde la gente?

¿Cuántos profetas se opusieron a Elías en el Monte Carmelo? ¿Por qué es esto significativo?

¿Qué quería Elías probar al pueblo?

¿Cómo sabrán los profetas de Baal quién es el único Dios verdadero? ¿Por qué es esto particularmente significativo? (Fuentes extra-bíblicas dan evidencia de que Baal fue considerado como un dios que controla el fuego y el rayo)

¿En dónde, en otras partes de las Escrituras, hemos visto al Señor asociado con el fuego? (Levitico 9:24, 10: 2, Números 16:35)

Discusión en grupo…

Es fácil criticar al pueblo de Israel por su idolatría y seguir a Baal. Sin embargo, la realidad es que en muchos aspectos somos tan culpables como ellos. ¿En los días actuales, se encuentra la idolatría?

¿Por qué es tan atractiva la adoración a esos «ídolos»?

¿Qué revela este pasaje sobre Dios y su carácter? ¿Por qué es esto importante?

Preguntas de repaso

¿Cuánto tiempo los profetas llamaron a su dios?

¿Con cuáles maneras específicas los profetas trataron de llamar la atención de su dios?

¿Fueron exitosas?

¿Cuáles de sus intentos resultan los más más curiosos?

¿Cómo respondió Elías a los profetas intentos de despertar a su dios a la acción?

¿Qué revela este pasaje acerca del dios que estos profetas sirvieron?

Discusión en grupo…

Hoy también hay millones y millones de personas que claman a falsos dioses que no pueden responder. ¿Compartir una época en que usted atestiguó el hombre que intentaba ganar la atención de su dios?

¿Cómo intentan atraer la atención de sus dioses?

¿Qué cosas dan a sus dioses?

¿Qué dice lo que le dan a su Dios acerca de lo que ellos consideran más importante?

¿Qué revela esta escena sobre la condición de toda la humanidad?

¿Cómo difiere el Dios que servimos («Jehová») del dios de los profetas en este pasaje?

¿Qué diferencia debe hacer esto en nuestras vidas?

Preguntas de repaso

¿Cuál fue la motivación del Señor para responder a la oración de Elías?

¿En qué otros lugares de la Escritura hemos visto esta verdad?

¿Por qué Elías llegó a tales extremos para asegurarse de que toda el área estuviese saturada de agua?

¿Cómo respondió el Señor a la oración de Elías?

¿Qué quedaba después que cayó el fuego del Señor?

Discusión en grupo…

¿Cuál es la diferencia entre la forma como se acercó Elías al Señor con la manera con la que los profetas se aproximan a su dios?

¿Qué nos enseña esto acerca del Dios que servimos y cómo debemos o no acercarnos a Él?

¿Qué enseña esto acerca del carácter del Dios al que servimos?

¿Qué otros pasajes del Nuevo Testamento abordan este tema? (Véase Mateo 6: 7-13)

¿Cuál fue el destino final de los profetas?

¿Fue esto un castigo justo o demasiado severo?

¿De qué maneras Elías prefigura el papel de Cristo?

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