Elías Y La Viuda De Sarepta

Elías Y La Viuda De Sarepta

1 Reyes 17:8. “Levántate, vete a Sarepta de Sidón.”

Sarepta estaba situado a la orilla del Mar Mediterráneo, entre Tiro y Sidón donde aún hoy existe un pueblo de nombre Sapat con ruinas y unas montañas llamadas Surafand.

Esto nos lleva a la tercera porción del texto donde preguntamos: ¿Por qué cortó Dios el suministro de agua en Sarepta? Tenga presente los siguientes datos:

  • Dios no hizo que Elías volviera al rey ni que fuera a predicar. Solamente hizo que se trasladara de un lugar a otro
  • Dios no lo hizo viajar hacia el este, lejos de la región golpeada por la sequía. Antes, hizo que Elías anduviera de ciento a ciento cincuenta kilómetros hacia el noroeste, en medio de la región golpeada por la sequía.
  • Lo hizo ir a Sarepta, un pequeño pueblo costero de Fenicia, que estaba directamente al norte de Israel. ¡Esta era la región general de donde procedía Jezabel!
  • Hizo preparativos para que Elías se quedara en la humilde morada de una viuda.

Roper presenta la siguiente pregunta: ¿Por qué? Si así lo hace, esta es la respuesta que recibirá: ”¡Mis caminos no son los tuyos!”. ¿Cómo respondió Elías a estas nuevas instrucciones?

“Él se levantó y se fue a Serepta.”  (v. 8).

¡Qué ironía que cuando Elías huye del promotor de un dios fenicio, halla refugio en Fenicia! Era un viaje que le tomaría varios días a Elías. Era un viaje por un territorio en donde todo el mundo lo buscaba para capturarle, en donde era el hombre más despreciado y odiado, en donde sería reconocido fácilmente. Era una caminata en la que no habría agua; el sol brillaría con fuerza en el día, la tierra estaría dura como el hierro, cubierta de grandes grietas; a cada paso se levantaría una nube de polvo. Viajaría por un paisaje sin vegetación, salpicado de cadáveres secos y de huesos blancos de animales muertos.

1 Reyes 17:9 “He dado orden” (H6680 tsavá designar, encargar, encomendar, enviar, escoger, establecer). No quitemos lo sobrenatural de esta historia. Dios hizo arreglos para el encuentro.

Otros encuentros arreglados por Dios
Génesis 24:12-21
Marcos 14:12-16

1 Reyes 17:10 “Cuando llegó a la puerta de la ciudad.”

En el portal de la ciudad, Elías se encontró con una viuda que estaba recogiendo leña. A fin de saber si era ella a la que había hablado el Señor, le pidió algo de beber y de comer a lo cual ella juró por Yahvé que no tenía pan, sino un puñado de harina en la tinaja (un pequeño recipiente para almacenar harina) y un poco de aceite en la vasija y que estaba reuniendo madera para preparar el resto para sí y para su hijo. Querían consumir este último bocado y morir después.

Elías no estaba seguro si esa era la viuda que le sustentaría o no. Le pidió agua y mientras se iba la volvió a llamar (v. 11). ¿Por qué la volvió a llamar? se supone que por que Dios le habló y le dijo esta es la viuda a la que yo he ordenado que te sustente. Sin embargo, dos cosas pasaron allí:

  • Dios probó la fe del profeta
  • Probó la fe de la viuda

Las palabras de esta viuda demuestran que la sequía y la hambruna habían llegado hasta la costa fenicia, Por otro lado, la ciudad se identificó por su juramento como adoradora del verdadero Dios, debido a que había reconocido que el profeta era israelita, se refirió a Jehová como a su Dios (v. 12).

“un punado de harina” – No estamos seguros de que la viuda entendió el significado de esta frase según la cultura hebrea (Levítico 2:2; 5:12; 6:15; 9:17):

“y la traerá a los sacerdotes, hijos de Aarón; y de ello tomará el sacerdote su puño lleno de la flor de harina y del aceite, con todo el incienso, y lo hará arder sobre el altar para memorial; ofrenda encendida es, de olor grato a Jehová.”

La ofrenda está presentada como un memorial porque es un tiempo para recordar el pacto hecho entre Jehová y su pueblo. Es un recuerdo de que

“Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan.” (Salmo 24:1)

1 Reyes 17:13. “pero hazme con ello primero una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela.” Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.  Recordamos que Sarepta significa casa de fundición de ardientes pruebas. La obediencia de la viuda trajo una bendición sobrenatural y abundante.

La viuda fue e hizo conforme a las palabras de Elías. Dio la seguridad por la inseguridad porque confió en las palabras del Señor y recibió el pago por esta confianza de manera que no sufrió falta de harina o de aceite durante este tiempo de sequía.

“y comió él, y ella, y su casa, muchos días” (Lucas 4:25; Santiago 5:17)

Los amigos de Job dedujeron que tendría y no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías. (vs.15-16)

Esta acción de la mujer creyente que había aceptado fielmente la orden del verdadero Dios debió haber fortalecido también la fe de Elías en estos tiempos de tribulación, debido a que su fe podía tambalear por la cantidad de idólatras en Israel.

He aquí algunas de las lecciones que podemos aprender de la experiencia de Elías:

(1) Obedezca a Dios, aun cuando no entienda.

(2) Confíe en Dios, aun cuando no comprenda.

(3) Dé gracias a Dios por lo que sea que tenga, aun cuando no tenga lo que le gustaría tener. Dios conoce sus necesidades, y Él «hace que todas las cosas ayuden a bien» a los que le aman (Romanos 8.28).

 

1 Reyes 17:17-24. Elías levanta al muerto

Este es el cuarto milagro mencionado en este capítulo. Lo efectuó Elías mediante el poder de Dios. Primero soportó el hambre (v. 1); luego fue alimentado por los cuervos (v. 6); después milagrosamente consiguió que la provisión de la viuda se renovara continuamente (v’ 13-16). Luego efectuó un portentoso milagro mediante el poder de Dios. El clamor de la viuda (v. 18) fue más un ruego de ayuda que una crítica. En realidad, estaba diciendo:

«Pensé que por haber cobijado a un profeta tendría bendiciones y protección; en cambio, la tragedia ha golpeado mi casa».

 

  1. 17. A partir de este versículo, ya no es el hambre el problema principal, sino la muerte. Es de sumo interés notar las actitudes paralelas de la viuda que acusa al profeta y las del profeta que acusa a Dios por la muerte del hijo.

Un poco después, el hijo de la viuda enfermó gravemente y parecía que iba a morir. La primera reacción de la viuda fue pensar que Elías, el hombre de Dios, había causado esta tragedia como castigo por sus pecados (v. 18). Era una suposición corriente relacionar de esta manera el sufrimiento con el pecado.

[Los amigos de Job dedujeron que tendría que haber pecado para estar sufriendo así (Job 8:4; 11:6, etc.) y los discípulos de Jesús saltaron a la conclusión de que la ceguera de un hombre era el resultado de su pecado (Juan 9:1–3).]

1 Reyes 17:18 ¿Qué tengo yo contigo, varón de Dios?

Pese a haber obedecido al profeta y así proveerle de alimento, inclusive arriesgándose, la viuda se encuentra decepcionada. Acusa al profeta de haber ocasionado la muerte de su hijo por causa del pecado de ella. No se quejó a Jehová sino buscó en el interior de su vida una explicación de la calamidad.

El que sufre hoy en día se pregunta: “¿Qué habré hecho para merecer esto?”, lo cual expresa la misma idea que las palabras de la viuda en v. 18. La Biblia no presume que haya una conexión inevitable de causa y efecto entre el pecado y el sufrimiento (o entre rectitud y bendición), sino que deja lugar para el sufrimiento que no se merece y que, desde el punto de vista humano, no se puede explicar. El mismo Elías no tenía idea por qué había venido esta tragedia. ¿Su oración en el v. 20 muestra cuán desconcertado y enojado estaba? Luego oró para que el joven fuese restaurado.

No es clara la razón por la cual se tendió sobre él; quizás estaba tratando simplemente de compartir el calor de su cuerpo con el del niño para animarlo a que volviera a la vida. Elías pide que el mismo Dios, a quien acusaba, le restaure la vida (hebreo nefesh, alma, vida) al muerto. Elías simplemente pide que

Dios le restaure el principio vital o vida a la carne ya inerte. Lo bueno de este relato es que Dios escuchó la plegaria de Elías y respondió con la resurrección del hijo (v. 22).

La exclamación de la viuda en el v. 24 contiene una exquisita ironía: Una mujer fenicia se dio cuenta de que Elías hablaba la palabra de Jehová, mientras que el rey israelita, adorando a sus dioses fenicios, se negaba a reconocerlo. Jesús mencionó la historia de Elías en Sarepta para respaldar su comentario de que al profeta no lo aceptan en su propia tierra, para mucho disgusto de los que lo escuchaban (Lucas 4:24–30).

¿Tendría la viuda alguna duda de quién era Elías? ¿Sería un verdadero profeta de Dios? Si acaso no le reconoció por su manera de vestir o de hablar como un israelita, ahora sí estaba bien convencida de quién era Elías. Para terminar esta parte, nos preguntamos: ¿Testificaría esta gentil de este milagro a otros de su propia raza?

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