Pregunta 15

¿Qué aprendemos del muchacho endemoniado (Mateo 17:14-21; Marcos 9:14-29; Lucas 9:37-43)?

Introducción

Durante nuestra investigación de los milagros de la curación del hombre en la Sinagoga y los endemoniados gadarenos descubrimos varias figuras de comparación en el Éxodo, las cautividades de Israel y Judá, y el encuentro de Elías con los profetas de Baal. Esta tipología se centraliza en el tema de los demonios. La tipología en el milagro de la curación del muchacho endemoniado está basada en los eventos de los israelitas en Sinaí, y esto se asocia con una serie de alusiones generales a los castigos de Dios contra ellos por causa de su idolatría. La curación del muchacho endemoniado no es un milagro que se centraliza en los demonios. El enfoque del milagro está en (a) Jesús, (b) el padre del muchacho, y (c) los discípulos de Jesús. Por eso, buscamos un mensaje que aglutine a estos tres. Sugerimos que es un tema que nos enseña de la creencia y la incredulidad.

Resumimos lo que hemos estudiado hasta ahora. Hemos visto que el simbolismo de los milagros de Jesús se centraliza en el demoníaco del Hombre de la Sinagoga y también en los cerdos de los gadarenos. En estos dos el mensaje principal es acerca de la fe (o falta de fe) de los judíos. El simbolismo que se asocia con la mujer cananea se refiere a la fe (o falta de fe) de los gentiles. El simbolismo del milagro del muchacho epiléptico centraliza también en aquellos que responden en fe a Jesús.

El milagro de nuestro estudio ocupa un lugar en una secuencia de eventos y acontecimientos que enfocan el tema del discipulado. La ceguera espiritual o sordera espiritual se resaltan en esta parte de las narrativas del Evangelio.

 

La Transfiguración y el Muchacho Epiléptico

Este milagro curativo forma parte del episodio de la Transfiguración (Mateo 17:1-13) porque la narrativa recorre sin interrupción a la descripción del encuentro de Jesús con el padre del muchacho epiléptico (Mateo 17:14-21). Ambos, el milagro curativo y la transfiguración corresponden a lo que pasó en Sinaí. Sin embargo, no debemos buscar una sucesión comparando entre lo que pasó en Sinaí y lo que tiene lugar en esta ocasión. Más bien, varios elementos de los eventos en Sinaí se comparan con los eventos en el monte de la Transfiguración.

Leemos sobre la redención de Israel, de la esclavitud de Egipto en el Libro de Éxodo. Dios envió al Ángel del Señor para guiar a su siervo Moisés. Puesto que esta obra era típica de la obra de redención por Cristo. Ambos, el Ángel del Señor y Moisés son típicos de Cristo. Sin embargo, una lectura cuidosa del Antiguo Testamento nos ayuda a separar los papeles distintos de Moisés y del Ángel del Señor. Nos imaginamos que el pueblo de Israel habría visto a Moisés como el que los había sacado de Egipto. Como lectores de la narrativa del Evangelio, identificamos como antitipos esos pasajes en el texto donde Jesús es “el Ángel del Señor” y esos donde Jesús se identifica como el profeta “como Moisés”. En el relato de la transfiguración y la curación del muchacho epiléptico, Jesús se retrata como “Moisés” desde el punto de vista de la gente. El narrador, sin embargo, representa a Jesús como alguien que lleva a cabo la obra de la redención del “Ángel del Señor”.

 

¿De qué manera Jesús es como Moisés?

Jesús es como Moisés de varias maneras. Él llevó aparte a los discípulos a un monte alto (Mateo 17:1) y Moisés tomó a los ancianos de Israel al monte Sinaí (Éxodo 24:13). Ellos oyeron una voz desde una nube que explícitamente compara a Jesús con Moisés en Deuteronomio 18:

“Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.” (Mateo 17:5)

“Un profeta como yo te levantará Jehová, tu Dios, de en medio de ti, de tus hermanos; a él oiréis.” (Deuteronomio 18:15)

Jesús desciende del monte con sus discípulos, así como Moisés descendió con Josué (el único de los ancianos que había quedado con él de los que habían subido inicialmente al monte). Jesús encuentra a una multitud, así como Moisés encontró al pueblo al pie de Sinaí. La gente “viendo a Jesús, se asombró” y tenían miedo tal como los israelitas vieron una diferencia en la apariencia de Moisés y tuvieron miedo (Éxodo 34:30; Marcos 9:15).

Siguiendo esta tipología, la gente en el milagro del muchacho epiléptico representa a Israel al pie del “monte santo” (2 Pedro 1:16). Dos personas son identificadas entre esta muchedumbre:

  • el muchacho epiléptico que es símbolo de Israel en su infidelidad espiritual y
  • el padre que es símbolo de aquellos que responden (aunque vacilando) con la fe en Jesús.

(Los antagonistas de Jesús también están presentes y podemos compararlos con los antagonistas de Moisés al pie del monte Sinaí (Éxodo 32:25; Marcos 9:14).

Una comparación entre los acontecimientos en el monte Sinaí y el monte de la Transfiguración

Sinaí

Transfiguración

Un monte (Éxodo 24:12)

Un monte (Marcos 9:2)

Moisés subió al monte con Aarón, Nadab y Abiú (los ancianos están de lejos) (Éxodo 24:1,9)

Jesús subió al monte con tres discípulos (Marcos 9:2)

Los jóvenes ofrecieron sacrificios de paz a Jehová. (Éxodo 24:5)

Jesús “los llevó” (Marcos 9:2)

Los príncipes vieron a Dios (Éxodo 24:11)

Jesús se transfiguró delante de ellos (Marcos 9:2)

“Comieron y bebieron” una fiesta (Éxodo 24:11)

Pedro propone “Hagamos tres enramadas.” –la fiesta *de los tabernáculos (Marcos 9:5)

“Una nube cubrió al monte.” (Éxodo 24:15)

“Vino una nube que les hizo sombra” (Marcos 9:7)

Una voz de la nube (Éxodo 24:16)

Moisés en la nube (Éxodo 24:16)

“Vino una nube que los cubrió” (Lucas 9:34)

“desde la nube una voz” (Marcos 9:7)

Moisés descendió del monte (Éxodo 32:7)

Jesús descendió del monte (Marcos 9:9)

“La piel de su rostro resplandecía” (Éxodo 34:29)

Su apariencia es diferente (Marcos 9:15)

“Tuvieron miedo” (Éxodo 34:30)

La gente se asombró (Marcos 9:15)

El Ángel del Señor les dijo que “…no subiré contigo” (Éxodo 33:3, 14-15)

Jesús les preguntó: “¿Hasta cuando he de estar con vosotros?” (Marcos 9:19)

El Ángel del Señor dice que Jehová Dios el fuerte, misericordioso y piadoso (Éxodo 34:6)

Jesús les preguntó: “¿Hasta cuando os he de soportar?” (Marcos 9:19)

¿De qué manera es Jesús como el Ángel del Señor?

Jesús es como el Ángel del Señor en su transfiguración literal y después en su acontecimiento con la gente al pie del monte. Hay varias teofanías en el Antiguo Testamento. En particular, aquéllas que están en Éxodo 24 e Isaías 6 son típicas de la glorificación de Cristo.

Los ancianos de Israel “ven” a Dios y comparten de una fiesta. Su apariencia está como un fuego consumidor. De un modo parecido, los discípulos ven a Cristo transfigurado “…resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos…” (Mateo 17:2. Vea también Daniel 10:6; Apocalipsis 1:16). Pedro propone la construcción de tres enramadas (Nos recuerda de la fiesta de los Tabernáculos, una fiesta en el calendario judío.). Lucas usa la frase, “vieron la gloria de Jesús”3 (Lucas 9:32). Con esta frase encontramos una referencia de la visión de Isaías:

“Vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el Templo.” (Isaías 6:1)

“Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él.” (Juan 12:41)

La visión es típica de Cristo en la gloria del reino y en su papel como el rey-sacerdote (Mateo 16:28)

Moisés y Elías hablan con Jesús acerca de su “partida” (Lucas 9:31). Esto no era simplemente una conversación sobre la muerte de Jesús. Si éste hubiera sido el caso, la narrativa habría descrito la conversación con el uso de la palabra griega común para “la muerte”. Se puede identificar la muerte de Jesús como un “Éxodo”, como el éxodo de Israel de Egipto. La conversación no solamente era cómo Jesús iba a morir y ser resucitado de nuevo para que ya no estuviera bajo el dominio de la muerte (Romanos 6:9). Fue sobre cómo Jesús podría liberar a su pueblo de su esclavitud del pecado y la muerte. Teniendo esta conversación particularmente con Moisés, Jesús se presenta como el antitipo “Ángel del Señor” quién llevaría a las personas fuera del reino de pecado (Egipto).

Este fue el asunto de la apostasía en Sinaí – el Éxodo de Israel – ¿Quién había liberado a los israelitas de Egipto? ¿Fue Dios? O ¿Fueron los dioses falsos representados por el becerro de oro?

“…Entonces ellos dijeron: ¡Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto!” (Éxodo 32:4)

Esta cuestión de la obra de Yahweh a través del Ángel del Señor se reproduce en la vacilación y falta de fe de la gente que Jesús encontró durante su ministerio. La pregunta básica se refiere a si Jesús era en verdad el Mesías. Los discípulos manifestaron esta incertidumbre durante su descenso del monte cuando le preguntaron:

“¿Por qué pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?” (Mateo 17:10)

Los discípulos reproducen el argumento de los escribas que dicen que Jesús no puede ser el Mesías porque todavía Elías no había venido. El padre del muchacho epiléptico también expresa su duda cuando él exclamó:

“Inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.” (Marcos 9:24)

Su incredulidad es simbólo de la incredulidad de Israel en el desierto (y también ¡durante todos los siglos hasta nuestros tiempos!)

“¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿De qué aprovecha la circuncisión? De mucho, en todos los aspectos. Primero, ciertamente, porque les ha sido confiada la palabra de Dios. ¿Pues qué, si algunos de ellos han sido incrédulos? Su incredulidad, ¿habrá hecho nula la fidelidad de Dios?” (Romanos 3:1-3)

La respuesta de Jesús a esta manifestación de la incertidumbre de la gente alrededor de él es:

“Respondiendo Jesús, dijo: ¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuando os he de soportar? Traédmelo acá.” (Mateo 17:17)

Estas dos preguntas reflejan el dilema que Moisés enfrentó con su pueblo después de su apostasía con el becerro de oro. ¿Iría Dios con ellos? ¿Soportaría Dios a un pueblo de duro corazón? Como el antitipo “Ángel del Señor”, Jesús dirige estas preguntas directamente a la gente, incluso al padre del muchacho y los discípulos.

Al final del milagro, la gente está sorprendida de la grandeza majestuosa de Cristo. Es decir, ve en el milagro una demostración de majestad y poder real (Lucas 9:43). Los discípulos que ascendieron el monte de la Transfiguración habían visto esta grandeza majestuosa de Jesús (2 Pedro 1:16 con Lucas 9:43). La gente había experimentado con anticipación el reino de Dios. El milagro y la transfiguración ilustran esta misma verdad básica.

 

La descripción de un demoníaco

Hay dos aspectos distintos de la descripción del endemoniado. El primer aspecto describe su condición, y el segundo aspecto, varias características de su conducta. Su condición simboliza la infidelidad de Israel, mientras las características de su conducta son los castigos de Dios. Podemos ver esto si comparamos cada una de las características de su conducta con las descripciones de los problemas de Israel en el Antiguo Testamento.

El hijo

El hijo

Los discípulos y el padre

Israel es “lunático”. Tiene un espíritu mudo y sordo.

Israel sufre los castigos de Dios.

  • Sufre muchísimo

  • Echa espumarajos

  • Cruje los dientes

  • Cae en el fuego y agua

Israel reacciona a los castigos de Dios

Se describe el endemoniado como “mi hijo” y “el único que tengo” (Lucas 9:38). Aquí encontramos un eco de Oseas 11:1 de la disposición de Israel como “el hijo de Dios”. Mateo dice que es “lunático” (17:15); Marcos dice que tiene “espíritu mudo y sordo” (9:17, 25); Lucas dice “espíritu impuro” (9:42).

¿Por qué encontramos estas diferencias en los Evangelios?

Mateo usa un término “medico” del día y lo aplica a la adoración a la luna, que era una característica de la idolatría de Israel.

“Los esparcirán al sol y a la luna y a todo el ejército del cielo, a los cuales amaron y sirvieron, en pos de los cuales anduvieron, a los cuales consultaron y ante los cuales se postraron. No serán recogidos ni enterrados; serán como estiércol sobre la faz de la tierra.” (Jeremías 8:2; Deuteronomio 4:19; 17:3)

Marcos nos da más información que se refiere a Israel como mudo (sin los profetas) y sordo (porque no oye a la Palabra de Dios).

“Haré que se te pegue la lengua al paladar, y estarás mudo, y no serás para ellos un hombre que reprende, porque son casa rebelde.” (Ezequiel 3:26; 24:27; 33:22)

“Porque este pueblo es rebelde, son hijos mentirosos, hijos que no quisieron oír la ley de Jehová.” (Isaías 30:9; 65:12)

Eligieron adorar a los ídolos:

“El que sacrifica buey es como si matara a un hombre; el que sacrifica oveja, como si degollara a un perro; el que hace ofrenda, como si ofreciera sangre de cerdo; el que quema incienso, como si bendijera a un ídolo. Pues porque escogieron sus propios caminos y su alma amó sus abominaciones, también yo escogeré para ellos desgracias y traeré sobre ellos lo que temen; porque llamé, pero nadie respondió; hablé, pero no escucharon, sino que hicieron lo malo delante de mis ojos y escogieron lo que no me agrada.” (Isaías 66:3-4).

Según lo que observamos de estas referencias, se nota el principio:

“Los ídolos de las naciones son plata y oro, obra de manos de hombres. Tienen boca y no hablan; tienen ojos y no ven; tienen orejas y no oyen; tampoco hay aliento en sus bocas. Semejantes a ellos son los que los hacen y todos los que en ellos confían.” (Salmo 135:15-18)

Ya hemos notado en Mateo 17:15 que el hijo “sufre muchísimo”. Según Isaías 9:1 esta aflicción sería traída al pueblo en Galilea y por eso explica el uso de las descripciones: “atormentado” (Mateo 15:22; Lucas 6:18) y “sufre muchísimo” (Mateo 17:15). Pero en esta aflicción también está el cumplimiento de lo profetizado en Deuteronomio 28:

“Jehová enviará contra ti la maldición, el quebranto y el asombro en todo cuanto pongas tu mano y hagas, hasta que seas destruido y perezcas muy pronto a causa de la maldad de las obras por las cuales me habrás dejado.” (Deuteronomio 28:20)

Las varias enfermedades serían infligidas en la gente:

“21. Jehová traerá sobre ti mortandad, hasta que te haga desaparecer de la tierra a la cual vas a entrar para tomarla en posesión.
22. Jehová te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con calamidad repentina y con añublo, que te perseguirán hasta que perezcas…
27 Jehová te herirá con la úlcera de Egipto, con tumores, con sarna y con comezón de que no puedas ser curado.
28. Jehová te herirá con locura, ceguera y turbación de espíritu…
35. Te herirá Jehová con maligna pústula en las rodillas y en las piernas, desde la planta de tu pie hasta tu coronilla, sin que puedas ser curado….
58-61. Si no cuidas de poner por obra todas las palabras de esta Ley que están escritas en este libro, temiendo a ese nombre glorioso y temible de Jehová, tu Dios, entonces Jehová aumentará terriblemente tus plagas y las plagas de tu descendencia, plagas grandes y permanentes, enfermedades malignas y duraderas, y traerá sobre ti todos los males de Egipto, delante de los cuales temiste, y no te dejarán. Asimismo toda enfermedad y toda plaga que no está escrita en el libro de esta Ley, Jehová la enviará sobre ti, hasta que seas destruido.” (Deuteronomio 28:21-61)

Parte del propósito de estas enfermedades era que ellos serían una “señal” para las demás naciones (Deuteronomio 28:46) y esto es lo que hemos encontrado de los relatos de las enfermedades en los Evangelios. Ellas son señales de algo más que las meras enfermedades. Ilustran la condición de la gente desde la perspectiva de Dios.

Se dice que el muchacho se cae muchas veces en fuego y agua – El juicio a través del fuego y el agua es una característica de la historia de Israel (Mateo 17:15; Salmo 66:12; Isaías 43:2).

Dice que “el demonio lo derribó y lo sacudió con violencia” (Marcos 9:20; Lucas 9:42). Esto concuerda con un pasaje en Oseas:

“Venid y volvamos a Jehová, pues él nos destrozó, mas nos curará; nos hirió, más nos vendará.” (Oseas 6:1)

Se dice que el muchacho “se va secando” (Marcos 9:18). Encontramos esta misma idea en los profetas:

“La hierba se seca y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopla en ella. ¡Ciertamente como hierba es el pueblo!” (Isaías 40:7)

“Pero fue arrancada con ira, derribada en tierra. El viento del este secó su fruto y sus fuertes ramas fueron quebradas y se secaron consumidas por el fuego.” (Ezequiel 19:12)

Esta última referencia también conecta con otra descripción del muchacho – el hecho que está sacudido por el espíritu impuro. Esto es una descripción profética común de Israel:

“¿Se han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no se han avergonzado en lo más mínimo, ni saben lo que es la vergüenza! Caerán, por tanto, entre los que caigan; cuando los castigue caerán, dice Jehová.” (Jeremías 8:12; 6:15)

Las descripciones del muchacho que hemos considerado hasta ahora son de dos tipos:

  • Por una parte la condición básica del muchacho es que es lunático, sordo, y mudo. Esto significa que Israel práctica la idolatría y no escucha la Palabra de Dios.
  • Por otra parte, el muchacho sufre varias aflicciones y éstas simbolizan los castigos de Dios contra Israel

 

Conversación

Cuando Jesús descendió del monte “una gran multitud le salió al encuentro” y de entre la muchedumbre un padre le pidió ayuda. El padre representa la muchedumbre. Una característica de la “multitud” en los Evangelios es que manifiesta una mezcla de creencia e incredulidad. Por eso Jesús responde:

“…les dijo: ¡Generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo.” (Marcos 9:19)

Esta referencia conecta con Deuteronomio:

“La corrupción no es suya; de sus hijos es la mancha, generación torcida y perversa.” (Deuteronomio 32:5)

En este pasaje, Moisés continúa con una descripción de la “generación” sin fe (Deuteronomio 32:20) y ésta es un rasgo del padre del muchacho epiléptico.

“Creo; ayuda mi incredulidad.” (Marcos 9:24)

Recordamos que Jesús había dicho dos veces ¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? .¿Hasta cuándo os he de soportar? (Marcos 9:19)

Estas dos preguntas se encuentran en Números 14:

“Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?” (Números 14:11)

El padre claramente es símbolo de Israel5. Se dio cuenta de que le hizo falta la fe en Dios y también reconoció que todas las aflicciones que habían caído sobre su familia vinieron de Dios.

Jesús le pregunta también al padre: “¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? (Marcos 9:21). El padre responde y dice: “ayúdanos”. Estas ideas vienen de Salmo 79:

¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Estarás airado para siempre? ¿Arderá como fuego tu celo? ¡Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen y sobre los reinos que no invocan tu nombre!, porque han consumido a Jacob y su morada han destruido. No recuerdes contra nosotros las maldades de nuestros antepasados. ¡Vengan pronto tus misericordias a encontrarnos, porque estamos muy abatidos! ¡Ayúdanos, Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre! ¡Líbranos y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre!” (Salmo 79:5-9)

Están dos referencias de este salmo. Jesús le pregunta al padre “¿Cuánto tiempo?” y el padre le responde con la súplica: “Ayúdanos”. El Salmo predice que la gloria del nombre de Dios se desplegaría en la obra de Mesías. Por esta razón la historia del milagro está unida con la descripción de la Transfiguración. De Jesús dice que “resplandeció su rostro como el sol” (Mateo 17:2). El muchacho está sanado y esto representa la redención de la nación de Israel por el Mesías. También la gente ve la “majestad” en el milagro. Es un ejemplo de antemano del reino venidero (Jeremías 33:8-9; Daniel 7:27). Esta redención es el hecho final porque Jesús manda al demonio que “no entres más en él” (Marcos 9:25). Este anuncio de la finalidad se deriva de:

“Y en aquel día, dice Jehová de los ejércitos, quitaré de la tierra los nombres de las imágenes, y nunca más serán recordados; también exterminaré de la tierra a los profetas y al espíritu de inmundicia” (Zacarías 13:2; 14:21)

El muchacho parece muerto después del exorcismo (Marcos 9:26). Esto puede reflejar el tema profético del valle de los huesos secos y la resurrección de Israel (Ezequiel 36-38).

 

El Exorcismo y la Consecuencia

En Marcos, Jesús se dirige en el discurso directamente al demonio como un espíritu mudo y sordo:

“Cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu impuro, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando que salgas de él y no entres más en él.” (Marcos 9:25)

A nivel literal, ésta es evidencia de que un demonio existió, aunque no tenemos ninguna idea de lo que el demonio es. Sin embargo, porque ésta es parte de una serie de acciones simbólicas de Jesús, no podemos excluir la posibilidad de que está dirigiéndose al demonio como un tipo promulgado. Si éste es el caso, la narrativa puede estar reflejando simplemente la creencia común en los demonios. Si aceptamos este punto de vista depende sobre si juzgamos la conexión simbólica de la idolatría con el muchacho endemoniado para ser evidencia firme contra una creencia en los demonios.

 

La aplicación contemporánea del milagro

Si tomamos la narrativa de Marcos como nuestro contexto para investigar este aspecto del ministerio de Jesús, este milagro ocurre en una sección de su Evangelio que tiene una sucesión de curaciones de sordos, mudos y ciegos:

  • Un hombre sordo y tartamudo (Marcos 7:31-37)
  • Un hombre ciego (Marcos 8:22-26)
  • Un espíritu sordo y mudo (Marcos 9:14-29)
  • Un hombre ciego (Marcos 10:46-52)

La importancia simbólica de estas curaciones está indicada por su contexto inmediato. Marcos ha seleccionado las curaciones para ilustrar puntos doctrinales en el ministerio de Jesús. Podemos ver esto si analizamos los enlaces contextuales entre las historias de la narrativa.

Por ejemplo, en el primero de estos milagros, Jesús miró al cielo y suspiró antes de hacer la curación. En la narración siguiente, los Fariseos le pidieron una señal del “cielo” (Marcos 8:11). Leemos que Jesús “lanzó un profundo suspiro” (Marcos 8:12 NVI). Pedir una señal indica que los fariseos no habían “oído” las enseñanzas de Jesús. De esta manera, Marcos nos indica a quién simboliza el hombre sordo y mudo. También la curación del hombre nos enseña que Jesús puede sanar a los fariseos de su sordera, si sólo le escucharan.

Encontramos también el simbolismo de los discípulos en estos milagros. Por ejemplo, poco antes del segundo milagro los discípulos no entendieron la importancia simbólica del alimento de los cuatro y cinco mil. Esto motiva a Jesús a preguntarles porque no “ven” el significado de esos hechos. Cita de la profecía de Isaías 6:

“¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿No recordáis?” (Marcos 8:18; 7:16; Isaías 6:9-10)

No debemos pensar que los discípulos están como los fariseos. El milagro que sigue muestra que Jesús puede sanar a los ciegos, (los discípulos), y hacer “ver” a los “ojos” que no pueden “ver” (Lucas 8:10). Está de por medio un esfuerzo por descubrir los enlaces que existen dentro de los milagros y la narrativa de este segmento del Evangelio, en el que se identifican dos líneas de pensamiento:

  • Una línea consiste en la falta de fe y de entendimiento por parte de los discípulos. La hostilidad de los antagonistas de Jesús también es obvia.
  • La segunda línea sirve como un balance dentro de estos aspectos negativos con la demostración del poder de Jesús para curar la ceguera, la sordera y la mudez.

El simbolismo de estos milagros muestra que Jesús puede evocar una fe comprensiva por parte de sus oyentes.

En el caso de la curación del muchacho epiléptico, el tercer milagro en esta sucesión de curaciones, el padre simboliza a los discípulos que creen y todavía se afianzan con la incredulidad. El muchacho por si mismo (sordo y mudo) simboliza a aquéllos que son sordos a las enseñanzas de Jesús. Aun más, los conocimientos de estos “sordos” son falsos. En este contexto, los escribas son aquellos que interrogan a los discípulos de Jesús y quiénes les ofrecen “pruebas” que Jesús no puede ser el Mesías (Recordamos el argumento – que Elías no había venido.). La falta de fe por parte de los discípulos (y del padre) los hizo impotentes para sanar al muchacho.

Hay otra ilustración de cómo el simbolismo de los milagros de los “ciegos, sordos y mudos” les enseñan doctrinas a los discípulos. Es el detalle de la resurrección del muchacho epiléptico:

Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndolo con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: «Está muerto». Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo enderezó; y se levantó.” (Marcos 9:26-27)

Esta resurrección típica es una contestación a la pregunta de los discípulos del significado de “resucitar de los muertos”:

“Por eso guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué sería aquello de resucitar de los muertos.” (Marcos 9:10, 31-32)

En lo último de esta sucesión de milagros, el ciego Bartimeo recibe la vista debido a su fe. La pregunta que Jesús hace es muy directa y es una pregunta que les había hecho a sus discípulos:

“Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron y le dijeron: Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte. Él les preguntó: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le contestaron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.” (Marcos 10:35-37)

“Jesús le preguntó: ¿Qué quieres que te haga? El ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista.” (Marcos 10:51)

Esta repetición en las narrativas forma un enlace entre los dos episodios. La fe de Bartimeo contrasta con la falta de fe por parte de los discípulos.

Estos milagros indican que Jesús es capaz de hacer a la gente “ver” la verdad si tiene fe.

 

Jesús y los discípulos

La consecuencia del exorcismo es un tiempo callado por Jesús. Se retira a una casa donde sus discípulos preguntan por qué ellos no pudieron expulsar el demonio. La respuesta de Jesús es:

“Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.” (Marcos 9:29)

Esta respuesta introduce el concepto de un “genero” de demonio, Los demonios eran diferenciados según los efectos del comportamiento que producían, o por las consecuencias que ellos causaron. Por eso Jesús reconoce “géneros” de demonios. Es una posibilidad que Jesús creyó que existieron diferentes géneros de demonios. Sin embargo, puede ser que Jesús simplemente acepta la comprensión de los discípulos en su respuesta. Si eso es así, no excluye una razón más profunda que esta como fondo de su respuesta.

Observamos que Jesús menciona “oración y ayuno”. Indica un significado más profundo. Estas dos actividades son sólo asociadas en el Antiguo Testamento en dos oraciones:

“Volví mi rostro a Dios, el Señor, buscándolo en oración y ruego, en ayuno, ropas ásperas y ceniza.” (Daniel 9:3)

“Cuando oí estas palabras me senté y lloré, hice duelo por algunos días, ayuné y oré delante del Dios de los cielos.” (Nehemías 1:4)

Estas oraciones ofrecidas por Daniel y Nehemías concuerdan con el simbolismo del milagro del muchacho endemoniado. En términos simbólicos, el “genero” de demonio al que Jesús se refiere era uno que había producido varios tipos de castigo en Israel por su idolatría. Nehemías y Daniel son hombres de fe que oraron en nombre de su pueblo. Ellos le pidieron a Dios ser misericordioso y aliviar las aflicciones que había traído sobre la nación. Confesaron el pecado de la gente e hicieron suplicas para ellos.

Dios había enviado aflicciones sobre la nación por causa de sus pecados. “Oración y ayuno” indica la única manera en que la nación sería librada de esas aflicciones. Daniel y Nehemías son los que intercedieron en nombre de la nación. Dieron cuenta de que Dios le había castigado a Israel con las maldiciones que predijo mucho tiempo antes en la Ley de Moisés. De la misma manera, el Hijo de Dios ayunó y oró en nombre de la nación de Israel.

 

Conclusión

Hacemos un repaso de la evidencia en la luz de las preguntas que propusimos al principio de nuestro estudio.

¿Son los datos o la clase de datos que pueden establecer la pregunta de la existencia de demonios en aquellos días y ahora?
¿Son los datos una doctrina que debemos creer?
¿Reflejan los datos simplemente una creencia contemporánea?
¿Son los datos de forma alguna simbólica?

Con este cuarto ejemplo de un exorcismo, las respuestas a estas cuatro preguntas serán ahora obvias. Este caso podría establecer la existencia de un demonio particular en un momento particular, pero el simbolismo del milagro nos alerta ante la perspectiva doctrinal de que los demonios son como los dioses falsos del Antiguo Testamento.

El simbolismo de este milagro indica tres cosas:

  • El muchacho es poseído por un demonio. El resultado es que él es lunático. Lo que tenemos es:
    muchacho + el demonio = Israel + la idolatría.
  • La condición actual del muchacho es atribuible a Dios. Las aflicciones de la gente con varias enfermedades también son atribuibles a Dios. Dios hace a la gente con su carácter idólatra histórico.
  • La curación del muchacho simboliza la redención por el Mesías. A pesar de su falta de fe la nación puede ser limpiada de sus pecados.

Una comparación de este milagro con los otros exorcismos revela un nuevo detalle. Es la atribución clara de la obra de Dios con la condición del demonio.

En el desierto Israel dejó a Dios y “sacrificaron a los demonios (Hebreo: shed), y no a Dios” (Deuteronomio 32:17). La consecuencia vemos en Deuteronomio 32:5 – es una “generación torcida y perversa”. Esta descripción se aplica a la generación de los días de Jesús. Los endemoniados representan a Israel en la luz histórica – de haber vuelto a otros dioses. Este simbolismo nos previene, como lectores, de desarrollar una creencia en demonios.

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Pregunta 16

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