16 de May de 2020

Que maravilloso es encontrar personas con quienes podemos compartir nuestras vidas, nuestra  familia, pensamientos, diversiones, problemas y angustias. Alguien con quien podemos hablar de nuestra forma de pensar y actuar sin temor a rechazo o que nos juzguen. En estos tiempos parece algo mucho más difícil ya que estamos rodeados de materialismo e intereses totalmente superficiales.

Se dice que “quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro “, y creería que estamos de acuerdo con esto, pues es algo muy difícil de hallar. Y parece que esta situación no es exclusiva de nuestro tiempo actual sino es algo que ha pasado desde siempre. Y ahora que nos encontramos en casa sin poder salir, incluso siendo que muchos están solos, es cuando más sentimos la necesidad de socializar, de tener esos amigos. Es por ello que hablar de la amistad no es solo sentimentalismo, amor romántico; el verdadero significado de la palabra va mucho más allá, pues la amistad verdadera se manifiesta con hechos. 

Dios conoce esta necesidad de compañía en cada uno. Y aún Dios, capaz de hacer todo lo que quiera sin recurrir al hombre, buscó un amigo. Y no lo buscó entre los ángeles sino que entre los hombres, y nos da un ejemplo más que excelente en llamar a un ser humano “su amigo”, enseñándonos así las cualidades que este amigo debe de tener.

Porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” (1 Samuel 16:7)

Abraham es el amigo de Dios. 

Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia y fue llamado amigo de Dios¨ (Santiago 2:23). No ha existido ninguna otra persona que fuera elevada al nivel que Abraham ha tenido para Dios, y esto nos enseña que Dios si tiene amistades especiales.

Para que Abraham llegara a comprender y gozar de esta relación tuvo que pasar durante años muchas experiencias y pruebas. No fue de la noche a la mañana. Y por seguro muchas de estas pruebas fueron muy difíciles e inimaginables para nosotros, tan difíciles de cumplir – desde salir de su casa y dejar todo a la mayor de todas, el llamado a ofrecer a su hijo Isaac. Pero su fortaleza estaba en que creía plenamente en Dios.

Hay algunas expresiones maravillosas en la Biblia que describen a otros hombres como Moisés y Daniel, como por ejemplo varón muy amado. Pero “mi amigo” es exclusivo de Abraham; y todas estas pruebas de las cuales salió triunfante al obedecer sin dudar explican lo que significa la amistad para Dios. Y esa amistad era recíproca, pues Dios comparte con Abraham (porque es su amigo) todas las cosas que iban a acontecer – no guardó secretos para él, como lo que sucedería en Sodoma y Gomorra, donde Jehová, hablando consigo mismo, dice: “¿encubriré yo a Abraham lo que voy hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte y habiendo de ser benditas en el todas las naciones de la tierra?” (Génesis 18:16-33) Esta es una muestra muy grande de que Dios confiaba plenamente en Abraham. 

Nuestro Señor Jesucristo dice a sus discípulos en Juan 15:8-17: “ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor, pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi padre, os las he dado a conocer.

Esto es lo que distingue a un amigo: le doy a conocer todo sin temor.

 Jesús era amigo de sus apóstoles, no porque cerrara los ojos a sus defectos, sino porque prefería concentrarse en sus cualidades y ver sus buenas intenciones – veía el corazón de ellos. Por ejemplo, la noche que Jesús estaba orando en Getsemaní vino a sus discípulos y los encontró durmiendo. Le dijo a Pedro: “¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?” Pero también entendió que no lo habían hecho intencionalmente, y les dice también “El espíritu, a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mat.26:41).

También Jesús les mostró a sus amigos los discípulos su fragilidad, haciéndoles notar su dolor e incluso su miedo. No tuvo temor en que lo vieran así, triste y temeroso, necesitado de la compañía de sus amigos, confesándoles “Mi alma está muy triste hasta la muerte, quedaos aquí y velad conmigo” (Mateo 26:38).

Un amigo verdadero es alguien en quien tenemos una confianza así, que no le escondemos nada, pues estamos seguros de que no abusará de nuestra relación y guardar para si todo lo que le confiemos, y estamos seguros de que su opinión será de gran ayuda para nosotros y que nosotros también estamos bajo esa misma disposición de estar ahí cuando se nos necesite.

Nuestro Señor nos coloca en la relación de amigos con él, y es una relación amplia e íntima. 

A unos amigos les contamos una cosas y a otros, otras cosas. Pero lo que caracteriza nuestra relación con el Señor, es que nuestra amistad con él no tenga limites, así como él  dijo:  “Todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer “. Esta es la amistad que más necesitamos en estos tiempos, en los cuales muchos pueden sentir angustia, soledad, etc. Pero si tomamos en cuenta que tenemos un amigo en Dios y en nuestro Señor Jesús, podremos sentir su compañía y por lo tanto ya no estaremos solos y tendremos en quién confiar.

La amistad significa confianza mutua. Un amigo no siempre te explica porqué toma cierta determinación. Pero llegamos a confiar tanto en esa persona, que no exigimos explicación alguna; estamos listos para creerles y aún cuando el otro calle y no diga nada, estamos seguros siempre de su sinceridad.

Pero también Dios nos advierte sobre con quienes nos relacionamos y a quienes llamamos amigos.

Pablo nos aconseja: No os unáis en yugo desigual con los incrédulos, porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿o que parte tiene el creyente con el incrédulo?” (2 Corintios 6:14)

Necesitamos la sabiduría que Dios nos enseña a través de la Biblia cuando escojamos amistades en cualquier etapa de nuestras vidas. Las amistades son algo que puede ser para bien o para mal; por lo cual, debemos de estar muy atentos a todo lo que Dios nos enseña, las cualidades que debemos de buscar, pero también muy atentos a las advertencias sobre las falsas amistades.

-Lorena R.