La Iglesia es la Familia de Dios

En la conferencia de hoy me toca hablar acerca de la creación de la mujer, y las lecciones espirituales y practicas que de allí nacen. Y esto es algo en que estuve pensando también durante el par de meses que en la clase bíblica estudiamos el papel de las hermanas. Y como ustedes saben, siempre me gusta aprovechar los temas de los estudios programados para sacar también las exhortaciones…

Una de las grandes preguntas que con relación a este tema nos hacemos, es que porqué Dios le hace primero al hombre, y después a la mujer? Y la respuesta nos la da Pablo en Efesios 5: [Efesios 5:22‐33]

Que está diciendo Pablo en esta sección? Que Dios, al hacer al hombre y a la mujer, estaba pensando en el gran ‘misterio’ de Cristo y la iglesia. Y en estas ultimas semanas, en la clase bíblica, hemos estado estudiando este concepto del punto de vista del papel de las hermanas, de las mujeres en la iglesia. Pero hoy lo quiero ver de otro punto de vista: ¿Qué nos dice esto acerca de la iglesia en general?

Recuerdo que en las primeras veces que estudiamos la entrada del pecado al mundo, tendía a haber en las mentes de algunos de nosotros la sospecha que a Dios las cosas no le salieron como había querido, y que como su pareja escogida le falló, se vio obligado a ver como hacia para resolver la crisis… y nos imaginábamos a Dios en el cielo, pensando ¿y ahora qué hago con estos?

Pero al estudiar el tema más a fondo, nos damos cuenta que desde antes que Dios dijo ‘Sea la Luz’, ya estaba totalmente formado en su mente el concepto de Cristo, la función que tendría, y el tiempo de su venida. Desde antes de crear el mundo, Dios ya sabía cual sería la necesidad de la humanidad, y como la resolvería, logrando darnos la salvación pero a la vez, permitir un proceso de desarrollo espiritual, conociendo el amor y la misericordia.

Y al estudiar la creación del hombre y la mujer a la luz de toda la Biblia, nos damos cuenta que así como el hombre existe para representar al Cristo, la mujer existe para ser símbolo de la iglesia. Y tanto el hombre como la mujer, y solo un hombre y una mujer, fueron formados antes de la entrada del pecado al mundo. O sea que no fueron creados 2, hombre y mujer, como consecuencia de un error en los cálculos de Dios, o para resolver un problema que no había Dios anticipado.

Que estoy diciendo entonces? Estoy diciendo algo que quizás para nosotros es obvio en concepto, pero nos cuesta en la práctica: que la iglesia no es solo una organización que Dios ha creado en los últimos días para que los creyentes se reúnan y se fortalezcan mutuamente. No es simplemente una forma conveniente de organizar a los creyentes para que puedan funcionar efectivamente. La ‘iglesia’ no es simplemente una actividad a la que nos dedicamos, un compromiso a veces desagradable que cumplimos por… que? razón…

Más bien, la iglesia es la razón por la que Dios creo al mundo.

En el universo, las dos cosas mas importantes que Dios ha hecho son Cristo, y la iglesia. ¿Y que tienen en común estas dos cosas? Que son personas, que son hijos e hijas de Dios. Tanto Cristo como nosotros, la iglesia, somos la casa y familia de Dios.

Efesios 2:19‐22 ‐ Ya no somos extranjeros [en Cristo], ya no somos advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.

‘Miembros de la familia de Dios’. Es una frase realmente inexplicable, que el Creador del Universo, sea también nuestro Padre, que nos ame como a sus hijos e hijas, que nos haga parte de su familia.

Pero me parece que esta es una de las revelaciones del Antiguo Testamento que, como la salvación de los gentiles y un Mesías que sufriría y sería muerto, fueron parte del misterio que solo se revela en el Nuevo.

Porque en el AT, cuantas veces se le dice ‘Padre’ a Dios? En oración, 5 veces. En profecías, otras 5 o 6:

Salmo 68:5 ‐ Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada (figurado).

Jeremías 3:4 ‐ A lo menos desde ahora, ¿no me llamarás a mí, Padre mío, guiador de mi juventud?

[Estos son los que yo encontré; la cifra de 10‐12 la cito de un estudio de otro hermano, que no los enumera, pero aún con buscadores en la computadora es como hallar agujas en un pajar… confirmando la anormalidad de que se le llame ‘Padre’ en el AT.]

Y sin embargo tenemos en las promesas a David la promesa que uno de sus descendientes le haría casa a Dios. Pero no parece que realmente lo hayan entendido los judíos…

Pero vamos al Nuevo Testamento, y al abrir Jesús su boca para enseñar, qué encontramos?

Mt. 5:16 ‐ Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Mt. 5:44‐45 ‐ Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.

Mt. 5:48 ‐ Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Mt. 6:1‐18 ‐ Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. 2 Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 3 Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, 4 para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. 5 Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. 7 Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. 8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. 9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. 14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. 16 Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 17 Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, 18 para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

Mt. 7:11 ‐ Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿ cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?

Mt. 7:21 ‐ No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Mt. 10:20 ‐ Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.

Mt. 10:29 ‐ ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre.

Mt. 10:32‐33 ‐ A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Mt. 11:25‐27 ‐ En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. 26 Sí, Padre, porque así te agradó. 27 Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.

Y a Dios se le llama ‘Padre’ aproximadamente otras 175 veces en los evangelios, y otras 75 más en las cartas.

En la primera parte de la Biblia, el AT, que es casi ¾ partes del texto, a Dios se le llama ‘Padre’ tal vez unas 10 veces. En la última ¼ parte, se le llama ‘Padre’ unas 300 veces.

Esto es algo en que yo nunca me había fijado. Y hace apenas un año, asistí a un par de estudios de un hermano llamado Ken Curry en la escuela bíblica de Shawnigan Lake, y él lo señaló en una serie de estudios acerca de la iglesia, y la familia de Dios.

Y creo que a nosotros, por habernos criado leyendo ambos testamentos, y más el Nuevo, tal vez por eso no nos ha parecido extraordinario. Ni se nos ha ocurrido lo que habrían sentido los judíos ante este mensaje. Durante toda su historia habrían hablado de Dios, y le habrían hablado, usando algunos de los muchos títulos que se le dan en el AT. Y de repente aparece este hijo de carpintero de un pueblucho Galileo, llamándole ‘Padre’ a Dios; y no solo ‘mi’ Padre, sino ‘vuestro’ Padre.

En 4000 años de historia bíblica, a Dios se le habla con varios títulos, cada uno con su significado e importancia. Pero les sugeriría que ninguno de esos títulos fue tan importante como el que Jesús nos vino a revelar: Padre.

Y yo, que he leído la Biblia, por mas de 30 años, y tengo 20 años de haberme bautizado, nunca había comprendido esto–que uno de los mensajes mas importantes de Jesús es este: revelar a Dios como Padre; Padre suyo, y de todos nosotros.

Cuando David se imaginaba que Dios quería un templo de cedro, Dios le reveló que todo esto no se trataba de crear templos en los cuales no nos pudiéramos acercar a Dios, por estar su presencia escondida tras un velo. El final al que Dios apuntaba era el de crear una familia, hijos e hijas con su nombre, una familia que revelaría Su gloria en todo el mundo, y para toda la eternidad.

De lo Teórico a lo Practico

Esto es entonces lo teórico. Qué de lo practico? Qué de la realidad?

Bueno, la realidad es la que tenemos a nuestro alrededor. Que estas personas con las que estamos reunidos en esta mañana, las personas con las que vamos a compartir el pan y el vino, no son un grupo de personas con las que, sin querer queriendo, nos vemos obligados a reunirnos de vez en cuando por algún mandamiento con la intención de organizar nuestros cultos.

Estas personas que tenemos a nuestro alrededor son los hijos y la hijas de Dios, son la razón por la que Dios creo el universo.

Así que hay que preguntarnos: si esto es así, si uno de los mensajes mas importantes de mi Señor fue de revelarme que vino para hacerle una familia a Dios, para crear un grupo de personas que estarían con él para la eternidad… si esto es así, como les estoy tratando a mis hermanos? Si mis hermanos no solo son las personas por las que Cristo murió, sino las personas por las que Dios creó el universo?

Entendiendo la importancia para Dios de las personas que en este momento nos rodean, o están ausentes:

  • Como les hablo?

  • Como pienso de ellos?

  • Les juzgo a mis hermanos, les critico en mi mente, me resiento contra ellos y nos los perdono?

  • Vengo aquí pensando que puedo estar en la presencia de Dios, y con mis obras niego el mensaje de mi Señor, que somos hermanos?

  • Me atrevo a pensar que no debieran estar aquí, que la iglesia estaría mejor si algunos se fueran?

Si Cristo vino para revelarnos una cosa tan sublime como el hecho que Dios nos ha recibido como a hijos e hijas, demostremos nuestra fe en ese mensaje con nuestro amor por los hermanos, un amor verdadero y no fingido, un amor que perdona todo porque Dios y Cristo nos amaron a nosotros y nos han perdonado a nosotros todos nuestros pecados, permitiéndonos acceder a su presencia.

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