Los dones del Espíritu

El día de Pentecostés y después

Durante los cuarenta días después de la resurrección de Jesucristo se ve en operación la más sublime “escuela Bíblica” de todos los tiempos. El Maestro por excelencia, el Señor resucitado, reunía en torno suyo a aquellos discípulos que tantas veces escucharon sus sabias enseñanzas antes de Su muerte.

El pequeño número de discípulos había recibido el mandato de llevar el evangelio a todas partes del mundo. Visto desde la perspectiva humana, la tarea resultaba imposible. Si la comisión se hubiera limitado a Judea y Samaria la proporción de los creyentes en relación con los judíos no creyentes hubiera sido de uno por cada treinta mil. Sin embargo, agregando a los judíos no creyentes la población de las naciones gentiles, la responsabilidad de cada cristiano se veía multiplicada. El cumplimiento de la misión era humanamente imposible.

Jesús dio instrucciones a sus discípulos para que continuaran en Jerusalén hasta que hubiera sido cumplida la promesa del Padre:

Y estando juntos, les ordenó: No salgáis de Jerusalén, sino esperad la promesa del Padre, la cual oísteis de mí, porque Juan ciertamente bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.” (Hechos 1:4-5)

“La promesa del Padre” es decir, el Espíritu Santo (Juan 14:16; 15:26; 16:7). La promesa ya había sido anunciada por el profeta Joel (2:28-32). Ocurriría «no muchos días» después de la ascensión (aparentemente luego de diez días, en el Pentecostés). Juan el Bautista había anunciado el bautismo “en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11; Lucas 3:16). Nótese que Cristo no dijo nada respecto a un bautismo en “fuego” porque ese bautismo se refiere al juicio venidero sobre la nación de Israel. 

En Mateo 3:7, Juan les preguntó a los fariseos y los saduceos:

“Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras!, ¿quién os enseñó a huir de la ira venidera?”

Este pasaje se refiere al juicio anunciado por el profeta Daniel porque la venida del Mesías sería acompañada con terribles consecuencias:

Mateo 3:12 “Su aventador está en su mano para limpiar su era. Recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.” 

Para entender lo que pasaría después hay que recordar que en la profecía de Joel está el anunció del derramamiento del Espíritu Santo antes de aquel terrible día de juicio sobre la nación. 

Hechos 2: El descenso del Espíritu Santo

El día de Pentecostés era un acontecimiento importante en la religión judía, conocido también como “fiesta de las semanas”. Se celebraba la cosecha del trigo y cierta tradición judía también la asociaba con la entrega de la ley y la renovación del pacto. Jerusalén estaba colmada de judíos del extranjero (Hechos 2:5). Algunos de éstos estaban a punto de celebrar “un nuevo tipo de cosecha y renovación del pacto”.

Sin duda alguna, el Maestro hizo referencia al gran suceso que estamos estudiando cuando avisó a los Apóstoles, en Hechos 1:5, de la promesa del Padre. De repente:

Hechos 2:2. “Vino un estruendo del cielo como de un viento recio que soplaba.”

Hechos 2:3. “Se les aparecieron lenguas repartidas.”

Hechos 2:4. “Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas.”

Los discípulos percibieron la venida del Espíritu a través de los sentidos de la vista y el oído. Ellos escucharon un ruido como de un viento que soplaba. A menudo se usaba «viento» para describir al Espíritu invisible. Lo visible fue descrito por los discípulos como lenguas de fuego que descendieron sobre cada uno de ellos. Generalmente el fuego se refiere a la purificación, pero “lenguas de fuego” puede enfatizar el papel del Espíritu al hablar la palabra de Dios. El versículo 4 enfatiza que al estar llenos del Espíritu Santo, los discípulos pudieron hablar la Palabra de Dios aun en otras lenguas. La venida del Espíritu en el día de Pentecostés fue el cumplimiento de la promesa del Padre.

En nuestra lectura de los Hechos de los Apóstoles nos damos cuenta de la promesa de la venida del Paráclito para ser derramado sobre los creyentes. Cumplieron obras milagrosas durante la predicación de la Palabra en el primer siglo.

El establecimiento del antiguo pacto

Comenzando desde Éxodo 19 y continuando hasta la cruz de Cristo (Colosenses 2:14), el pueblo judío estuvo bajo el sistema mosaico. A esto se le llama “la ley de Moisés”, “la ley” y algunas veces “la ley de Dios”. 

Para comprender la ley debemos recordar que Dios ya había hecho un pacto eterno con los judíos por intermedio de su padre Abraham (Génesis 15). Les prometió su bendición y les dio la propiedad de la tierra de Canaán. La Ley Mosaica se “añadió” más tarde al pacto abrahámico, pero no lo anuló (Gálatas 3:13–18). Se entregó sólo a Israel para marcarlo como el pueblo escogido de Dios y su nación santa (Éxodo 19:4–6; Salmo 147:19–20). Dios no estableció la ley para salvar a nadie, porque es imposible salvarse guardando la ley (Gálatas 3:11; Romanos 3:20). Dio la ley a Israel por las siguientes razones:

  • Para revelar su gloria y santidad;
  • Para manifestar el pecado del hombre; 
  • Para identificar a Israel como su pueblo escogido y separarlo de las otras naciones;
  • Para dar a Israel una norma para la vida santa de modo que pudiera heredar la tierra y disfrutar de su bendición;
  • Para preparar a Israel para la venida del Mesías. 

Un nuevo y principal hecho en la historia del pueblo judío ocurre en Éxodo 19 – 24 con la formulación del pacto entre Dios y los israelitas. Los eventos que anticipan el establecimiento del pacto tienen la clara intención de subrayar la naturaleza seria del acuerdo que estaba por adoptarse. El pueblo debía prepararse para el tercer día. El acceso al monte Sinaí fue restringido en sus límites bajo amenaza de muerte para cualquiera que se aventurara a subir. Como en el primer encuentro de Moisés con Dios en el Sinaí, el monte fue declarado santo.

El tercer día quedó marcado por la espectacular aparición de una nube sobre el monte, acompañada de truenos y relámpagos. Al descender Dios sobre el monte, ascendió humo del mismo monte. Nuevamente la presencia divina se simboliza en el fuego. La llegada de Dios también fue anunciada por el fuerte sonido de una trompeta, el cual se intensificaba cada vez más (Éxodo 19:18).

Fuego, viento y lenguas

Es en conexión con el comienzo de una nueva época en el programa de Dios que se manifestaron los fenómenos sobrenaturales del fuego, el viento y las lenguas del Pentecostés. Fueron las señales visibles de que una nueva edad estaba siendo inaugurada

Pentecostés marca el comienzo de la difusión del evangelio no solamente a los judíos sino a todo pueblo, lengua y tribu. El evangelio predicado era las buenas nuevas de salvación completa y gratuita por medio de la fe en el Cristo crucificado, resucitado y glorificado.

Bautismo en el Espíritu – La promesa y su cumplimiento –

En el relato del bautismo de Jesús por Juan se da a entender que Juan recibió alguna revelación especial que le capacitaba para identificar a Jesús con aquel que “bautiza con el Espíritu Santo” (Juan 1:33). El bautismo en Espíritu es contrastado vívidamente con el bautismo en agua. 

“Yo no lo conocía; pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Sobre quien veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. (Juan 1:33)

Una frase para meditar “…el que me envió…” 

¿Quién era? ¿A quién se refiere Juan?

Existen diferentes opiniones con respecto de la traducción de la última frase:

 “en el Espíritu Santo” Nacar-Colunga; La Biblia de las Américas.

 “con el Espíritu Santo” La Biblia de Jerusalén; Nueva Versión Internacional.

 “con Espíritu Santo” Biblia Herder; Biblia Interconfesional.

Los discípulos habrían oído a Jesús hablar del Espíritu a lo largo de su ministerio, pero la enseñanza de Juan 15:26–16:16 era de especial importancia al respecto. Poco antes de la ascensión, Jesucristo les dijo a sus discípulos:

“porque Juan ciertamente bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con (en) el Espíritu Santo dentro de no muchos días.” 

(Hechos 1:5)

Solamente en los Hechos leemos acerca del cumplimiento de esta promesa en el día de Pentecostés. Después nunca se aplica la frase “bautizado en Espíritu Santo” sino “lleno del Espíritu Santo”. 

 “Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablaran.” (Hechos 2:4)

Entonces concluimos que las dos frases son equivalentes: “bautizado en Espíritu Santo” corresponde a “lleno del Espíritu Santo”.  Por eso en varias ocasiones encontramos a seres llenos del Espíritu Santo. Por ejemplo:

   1. Pedro delante del Sanedrín:

“Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo y ancianos de Israel…” (Hechos 4:8)

2. La comunidad de creyentes:

“Cuando terminaron de orar, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban con valentía la palabra de Dios.” (Hechos 4:31)

3. Pablo, después de su conversión:

“Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo:—Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.” (Hechos 9:17)

Los siguientes léxicos griegos definen «bautizar» como «sumergir, zambullir, inmersión»… 

  • Léxico Griego-Inglés del Nuevo Testamento (THAYER) «Una palabra peculiar del Nuevo Testamento y Escrituras eclesiásticas; inmersión, sumersión.” 
  • Léxico del Griego-Inglés, 7ª Edición (LIDDEL & SCOTT) «hundir o sumergir bajo el agua». 
  • Según el diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento de Vine: «bautismo, consistente en el proceso de inmersión, sumersión, y emergencia».

Para comprender la relación entre bautizar y llenar hay que imaginar la siguiente situación. Un vaso vacío está levemente sumergido en un tanque de agua. Cuando el borde del vaso se ubica bajo el nivel del agua, el vaso llega a ser “bautizado” y también, en un sentido secundario, “lleno” en proporción con la profundidad a la que ha sido sumergido.

Hablaron en lenguas

“Vivían entonces en Jerusalén judíos piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. 6Al oir este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. 7Estaban atónitos y admirados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? 8¿Cómo, pues, los oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? “Y estaban habitando temporalmente en Jerusalén, judíos, hombres religiosos, venidos de todas las naciones debajo del cielo.” (Hechos 2:5-8)

En el mapa adjunto se encuentran los países y los lugares mencionados en los versículos 9-11. Cabe señalar que los partos son los habitantes del Imperio Persa establecido al sur del Mar Caspio. Los medos son los naturales de Media. Los elamitas proceden de Elam, una región montañosa ubicada al Este de Mesopotamia. (Panfilia Región costera en el S del Asia Menor sobre la gran bahía del Mare Lycium, entre Licia y Cilicia.)

La lista de los lugares podría dar la impresión que el Evangelio se anunciaba “a toda criatura” desde el principio. Pero no es así porque aún no se había abierto la puerta del Reino a los gentiles. Los oyentes eran “judíos piadosos de toda nación bajo el cielo” (v.5) que vivían en Jerusalén.

¿Fue el don de lenguas el poder de hablar otros idiomas? o ¿fue un mero éxtasis ininteligible para otros, y cosa que el hombre mismo con frecuencia no entendía? Sobre este punto hallamos que los comentadores toman distintos caminos. 

Las “lenguas” en las que hablaron los discípulos, según el Espíritu les permitía, eran idiomas humanos como sugiere la simple lectura de los vs. 6 y 8. Es sorprendente cómo en una habitación colmada, en medio del murmullo de la conversación en idiomas extranjeros, alguien pudiera captar lo que se decía y aislarse con el que hablaba en su propio idioma. Lo que ellos expresaban, y probablemente todos manifestaban la misma cosa, eran “las maravillas de Dios” (v.11), tal vez en las inspiradas palabras de los himnos del Antiguo Testamento.

Se dice con frecuencia que este pasaje es el reverso de la historia de Babel, pero es más notable que aquélla. El judaísmo ya constituía en sí un reverso de Babel. El hecho de que un pueblo que temía a Dios fuese reunido desde todos los rincones de la tierra en un lugar para adorar durante la fiesta ya era algo contrario a aquella dispersión y confusión. Sin embargo, lo que era nuevo acerca del reverso cristiano era que la gente no necesitaba volver a un centro, sino más bien que la palabra fuera a todos los rincones de la tierra.

i Vine,  W.E. “Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo” –

«Lengua»

A. glossa 

(1) las «lenguas … como de fuego» (Hch 2.3), que aparecieron en Pentecostés; 

(2) la lengua, como órgano del habla (p.ej., Mc 7.33; Ro 3.13; 14.11; 1 Co 14.9; Flp 2.11; Stg 1.26; 3.5,6,8; 1 P 3.10; 1 Jn 3.18; Ap 16.10); 

(3) (a) un lenguaje, lengua; junto con fule, tribu, laos, pueblo, ethnos, nación, siete veces en Apocalipsis (5.9; 7.9; 10.11; 11.9; 13.7; 14.6; 17.15); 

(b) el don sobrenatural de hablar en otro lenguaje sin haberlo aprendido. En Hch 2.4-13 se registran las circunstancias desde el punto de vista de los oyentes. Para aquellos en cuyo lenguaje se hizo el discurso constituía un fenómeno sobrenatural; para otros, el tartamudeo de los ebrios. Aquello que fue proclamado no estaba dirigido a la audiencia, sino que consistía en una proclamación de «las maravillas» de Dios;  

B. dialektos 

primariamente conversación, discurso (relacionado con dialegomai, discursear o discutir), vino a denotar el lenguaje o dialecto de un país o distrito. Se traduce «lengua» en todos los pasajes en que aparece (Act_1:19; 2.6, 8; 21.40; 22.2; 26.14). 

La palabra “lenguas” tiene tres significados, tanto en el lenguaje original de Hechos (griego) como en el castellano (tal como se usa en la versión Reina-Valera). Puede significar

  • El órgano muscular móvil de la boca.
  • Un objeto con forma de lengua, como lengua de fuego.
  • Una lengua o idioma extranjero.

De una comparación de varias traducciones llegamos a la conclusión que:

“Lenguas” e “idiomas es lo mismo”.

El testimonio milagroso de los discípulos

Hay una diferencia de opinión. No se puede decir con precisión si el milagro ocurrió en el hablar o en el oír. Los discípulos galileos estaban relatando los eventos de la resurrección de Jesús y los peregrinos de Pentecostés, procedentes de diversas zonas del Imperio Romano, entendieron el mensaje en su propio idioma o dialecto.

Los eruditos no han logrado ponerse de acuerdo en cuanto a la naturaleza del milagro. Algunos creen que

  • el fenómeno de Pentecostés fue el testimonio de los discípulos en idiomas extranjeros. 
  • los discípulos hablaron en hebreo los versos del Antiguo Testamento y las oraciones del Templo.
  • los discípulos hablaron en un estado de éxtasis ya que fueron acusados de estar borrachos. 

Aquellos que ridiculizaron a los discípulos y les acusaron de estar borrachos se pueden haber basado en el relato increíble de la resurrección de Jesús, más bien que en el lenguaje ininteligible de los discípulos. (Quiere decir que ¡El lenguaje de los discípulos era inteligible, pero su mensaje y valor fueron increíbles!)

El mensaje principal es que el Espíritu de Dios (el Paráclito), que fue prometido por el Padre, capacitó a los discípulos para testificar a la gente de diversas naciones del mundo. El cumplimiento de la gran comisión mediante unos pocos fue posible debido al poder de Dios.

En el día de Pentecostés:

  • todos están reunidos, no en el aposento alto que se menciona en Hechos 1:13, sino en el Templo. ¿Por qué se puede argumentar esto? Los discípulos, como los demás judíos, debían participar en esta celebración y por lo tanto acudir al Templo, en donde se realizaban todas las fiestas y ceremonias consagradas a Dios.
  • “todos” ¿se refiere a los mencionados en Hechos 1:13 o a los 120 de 1:15? Seguramente a los de Hechos 1:13, es decir, a los apóstoles, porque solo a ellos fue hecha la promesa (1:4).
  • Tres veces Lucas emplea la palabra llenar: «y de repente vino un estruendo recio…el cual llenó toda la casa…” (Hechos 2:.2); «y fueron todos llenos del Espíritu Santo” (Hechos 2:.4), y, “…decían: están llenos de mosto.” (Hechos 2.13).
  • Dios actúa cumpliendo su promesa y haciendo que su iglesia sea capacitada para llevar a cabo su tarea
  • La llegada del Espíritu Santo se manifiesta mediante viento y llamas como de fuego.

La predicación de Pedro

Pedro explicó, en primer lugar, que el entusiasmo de los discípulos no se debía a ninguna borrachera. Cincuenta días antes, los galileos habían tenido temor de identificarse con Jesús. Ahora, en cambio, anunciaban valientemente y en público su lealtad a él. Tanto su valor como su mensaje eran asombrosos.

Pedro apoyó las actividades y el mensaje de los discípulos refiriéndose al Antiguo Testamento. El citó Joel 2:28-32 para identificar lo sucedido en Pentecostés como el comienzo de los últimos días. Comparamos las dos citas bíblicas:

El Espíritu, que había capacitado al profeta del Antiguo Testamento para ver visiones y proclamar la palabra de Dios, ahora se estaba derramando sobre toda carne. Anteriormente, solo el profeta estaba facultado para hablar la palabra del Señor. Joel anticipó la época cuando todo discípulo sería investido con el Espíritu Santo y tendría el poder para proclamar (profetizar) el mensaje de Dios. La profecía de Joel también incluye un lenguaje apocalíptico refiriéndose al fenómeno celestial del sol que da luz, oscureciéndose, y la luna tornándose en sangre. Estos eventos insólitos significarían el gran día del Señor durante el primer siglo y todavía para ser cumplido en la venida de Jesucristo.

El día del Señor se refería originalmente a las bendiciones de Dios y la liberación de su pueblo del enemigo. En el siglo VIII a.C. el profeta Amos había advertido que el día del Señor sería un día de juicio, pero no contra los enemigos de Israel. El pecado de Israel traería «en aquel día» la ira de Dios en vez de sus bendiciones (Amós 5:18). 

En la época de Joel la ira de Dios se evidenció en la plaga de langostas, el medio usado por Jehová para expresar su juicio. Joel escribió en los tiempos de un reino dividido, por eso el pueblo tenía que arrepentirse y solamente así recibiría las bendiciones de Dios – el derramamiento del Espíritu de Dios -.

Pedro creyó que había llegado el día anticipado por Joel. Era un día de bendiciones para aquellos que se habían arrepentido y resultó en el derramamiento del Espíritu de Dios. Era un día de juicio y de castigo para aquellos que estaban en rebelión contra Dios. Pero esto no fue así: el juicio contra la nación vino en el año 70 d.C. cuando las fuerzas romanas destruyeron Jerusalén. El no mencionar la última parte de Joel 2:32 “porque en el monte Sión y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová” ¿implica un nuevo cumplimiento de Pentecostés antes del tiempo cuando sean reunidas “todas las naciones contra Jerusalén (Joel 3:2)? El propósito será para preparar al mundo para el gran y maravilloso establecimiento del Reino de Dios en la Tierra.

El derramamiento del Espíritu en “los postreros días”

La cita de Joel 2:28-32 como explicación de los fenómenos que acompañaron el descenso del Espíritu Santo encierra bastantes dificultades. Como hemos dicho, Joel, profeta de Judá, anunció los grandes desastres que habían de caer sobre el pueblo por causa de sus pecados. Un juicio más terrorífico que aquel de las langostas se predice bajo la figura sacada de una calamidad que en ese entonces embargaba a la afligida nación. Vendrán los invasores, ya no langostas sino hordas de crueles enemigos. El cumplimiento de la profecía será precisamente la oportunidad para la intervención de Dios – derrota a los enemigos de Israel y establece un reino de paz y bendición (Joel 2:19-27) –. El, por lo tanto, exhorta al arrepentimiento asegurando a los judíos la misericordia de Dios.

Esto es lo que pasó en el primer siglo, pero ¿…es justificado anticipar otro Pentecostés para nuestros tiempos? Es nuestra opinión que sí. 

Joel 2:23 describe la necesidad de las lluvias durante el año en Israel:

“Vosotros también, hijos de Sión, alegraos y gozaos en Jehová, vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía, como al principio”.

En el contexto de este pasaje tenemos las dos frases “como al principio” (v.23) y “después de esto” (v.28). Esta última expresión, Pedro la cambia por “…en los postreros días”.

El significado del pasaje es que Jehová envió la lluvia como señal de la reciente manifestación de su gracia para con Judá. Restablecidas las relaciones entre Dios y su pueblo, la “lluvia temprana” vuelve a caer en el otoño (de octubre hasta mediados de diciembre), y la “lluvia tardía” (en marzo y abril) en la primavera, renovándose así el ciclo de bendiciones del Señor.

Para seguir con nuestra investigación del significado de esta cita de Joel, será útil revisar las traducciones que aparecen en las diversas versiones de la Biblia y los comentarios respectivos:

¿Cómo se entiende el significado de las diferentes traducciones del v.23? La lectura alternativa del v.23 puede anunciar la primera venida de Jesús como “el maestro de la justicia” (la lluvia de otoño). El nacimiento de Jesús fue alrededor de la primera lluvia, poco después de la Fiesta de los Tabernáculos. Se nota en la profecía de Joel que, después de la llegada de las primeras lluvias, anuncia bendiciones sobre la nación judía. Jesús vino como el Maestro verdadero, pero fue rechazado por muchos de su pueblo. En los Hechos aprendemos como el Espíritu fue derramado sobre los gentiles.

Entonces ¿la lluvia tardía representa la segunda venida de Jesucristo poco antes de la Pascua? 

En los últimos tiempos:

  • los hijos de Sión se arrepentirán (Joel 2:23); 
  • y después será derramado el Espíritu sobre ellos (Joel 2:28).

Esperamos el cumplimiento de esta profecía.

Compungidos de corazón

Pedro respondió primero a la acusación de que los hombres estaban borrachos. Ningún judío comería o bebería nada antes de la hora tercera en el sabat o en un día de fiesta. Era entonces las nueve de la mañana.

Nótese que en todo este sermón Pedro se dirige sólo a los judíos (vs. 14, 22, 29, 36). Pentecostés era una fiesta judía y no había gentiles participando. En este discurso, Pedro se dirigió a la nación judía y le demostró que su Mesías se había levantado de los muertos. 

Como hemos visto en los versículos 16–21 Pedro hizo referencia a Joel 2.28–32. Luego demostró a los judíos que Jesucristo estaba vivo. Usó cinco argumentos muy convincentes

  1. La persona y vida de Cristo exigían que Él se levantara de los muertos (vs.22–24). Véase Juan 10:17–18. ¡El que resucitó a otros no podía quedarse muerto!
  2. El Salmo 16:8–11 predecía la resurrección (vs.25–31).
  3. Los apóstoles mismos eran testigos y habían visto al Cristo resucitado (v.32).
  4. La venida del Espíritu es una prueba de que Jesús vive (v.33).
  5. El Salmo 110:1 prometía su resurrección (vs.33–35). 

El apóstol estaba acusando a Israel de un gran crimen (v.23): que había rechazado y crucificado a su Mesías (v.36). Pedro estaba dándole a Israel una oportunidad más de aceptar a Jesús como su Mesías. Habían matado a Juan el Bautista y a Jesús, pero ahora Dios les daba otra alternativa. La resurrección de Cristo fue la prometida “señal de Jonás”, que demostraba que Él era el Mesías (Mateo 12:38–40).

Ante esta realidad los hombres se sintieron culpables y pidieron consejo a Pedro. Este les dijo que se arrepintieran, que creyeran y que se bautizaran; así se identificarían con Jesús, el Cristo. Este es el mismo mensaje que predicaron Juan el Bautista (Marcos 1:4) y Jesús (Mateo 4:17).

Un llamado al arrepentimiento

El Evangelio de Juan registra la promesa de Jesús de que cuando el Espíritu Santo viniera convencería al mundo de pecado porque no creía en Ël. La promesa fue cumplida en el día de Pentecostés. La gente estaba profundamente convencida y preguntó a Pedro y al resto de los apóstoles qué podían hacer. Entonces Pedro les contestó

37Y habiendo ellos oído estas cosas, fueron compungidos de corazón, y dijeron a Pedro y los apóstoles: ¡Varones hermanos! ¿Qué haremos?

38Pedro les dijo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo,

39porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llame.” (Hechos 2:37-39).

Arrepentimiento significa «cambio de actitud o dirección», “cambio de mente o de la manera de pensar”. La gente había estado equivocada con respecto a la naturaleza del Mesías. Habían añadido a su gran error el hecho de crucificar al escogido de Dios. Necesitaban cambiar su proceder en cuanto a Jesús y mostrarle su lealtad mediante el bautismo en su nombre. El bautismo identifica exteriormente al creyente como discípulo de Cristo. El reconocimiento de sus errores y el cambio, de un rechazo a una aceptación de Cristo simbolizado por el bautismo, traería el perdón de pecados.

De acuerdo con el versículo 39, Pedro explicó que la promesa del Padre de conferir su Espíritu sobre sus siervos incluiría a:

  • vosotros – los adultos –,
  • vuestros hijos – hombres y mujeres –,
  • todos los que están lejos – los judíos en dispersión y los prosélitos –, y,
  • “…cuantos el Señor nuestro Dios llame”.

Hasta este punto no detectamos una señal que indique la prolongación del ministerio milagroso del Espíritu. La evidencia de una cesación puede ser hallada en las Escrituras.

El resultado de la predicación fue realmente asombroso. La iglesia creció de 120 a más de 3.000 integrantes. Los apóstoles continuaron su enseñanza y también hacían “muchos milagros y señales”. Los nuevos convertidos no sólo agregaron el cristianismo a su ya ajetreada vida sino que se consagraban a su experiencia cristiana. El v.42 es una descripción exacta del discipulado cristiano.

Los gentiles hablan en lenguas (Hechos10)

Hay tres referencias concernientes al hablar en lenguas en el libro de los Hechos.

  • La primera, como hemos considerado (Hechos 2:4), está relacionada con el comienzo del evangelio de la gracia a los judíos y la inauguración de una nueva era en el programa divino.
  • La segunda, (Hechos 10:46), está relacionada con la proclamación de la gran salvación en Cristo a los gentiles y el establecimiento de la nueva edad.
  • La tercera, (Hechos 19:6), provee un ejemplo de creyentes (judíos) quienes en el tiempo en que la nueva edad era inaugurada y estaba en proceso de ser establecida, no habían recibido aún suficiente instrucción sobre el Evangelio. Ellos inicialmente fueron bautizados por Juan y luego bautizados en el nombre de Jesucristo.

Los eventos relacionados con la llamada a los primeros gentiles son de suma importancia para Lucas. Como ocurre con la conversión de Pablo, la cuenta en detalle y la repite (en los capítulos Hechos 10 y 11) y también hace referencia a ella en el capítulo 15. El episodio representa otro punto de cambio en la dirección y enfoque de la iglesia. Aunque es probable que el eunuco etíope fuera el primer convertido no judío al cristianismo (Hechos 8:26–40), la conversión de Cornelio fue lo que despertó la controversia sobre los convertidos gentiles entre los cristianos judíos, que probablemente no habían oído sobre Felipe y el eunuco. El relato sugiere que la comunidad cristiana en general, y Pedro en particular, no estaban preparados para la aceptación de gentiles y necesitaban ser convencidos. Lucas quiere que veamos la posición asumida por la iglesia en el capítulo 11:1-18 como formando el trasfondo para la decisión posterior del capítulo 15.

Todo el relato puede dividirse fácilmente en escenas: 

  • 10:1–8, Cornelio en Cesarea; 

10:9–23a, Pedro en Jope; 

  • 10:23b–48, encuentro de Pedro y Cornelio en Cesarea; 
  • 11:1–18, hechos subsecuentes, o sea cómo los líderes judíos trataron la cuestión de los gentiles.

Un perfil de Cornelio

  • Es presentado como “centurión”. 
  • Servía en la compañía llamada la “Italiana” (Un regimiento de 600 soldados se dividía en seis “centurias” que eran comandadas por un centurión.)
  • A pesar de ser un militar romano, era “piadoso y temeroso de Dios, junto con toda su familia”. El término “temeroso de Dios” parece haber sido usado con frecuencia para un tipo de gente que creía, y que en cierta medida seguía la religión judía, sin ser plenos conversos al judaísmo (ver Hechos 13:16, 26; 17:4, 17 al respecto; en la Biblia de Jerusalén se dice más exactamente “que adoraba a Dios”, lo que presumiblemente se refiere a lo mismo). También puede aludirse simplemente a una persona con sentido religioso (como en 2:5), pero en este caso sería insuficiente si eso fuese todo lo que se quisiera decir. En resumen, este hombre y su familia no eran judíos ni conversos al judaísmo, pero tampoco eran paganos que adoraban a otros dioses.
  • Las buenas obras de Cornelio eran una evidencia de su fe: “hacía muchas obras de misericordia … y oraba a Dios constantemente”. 
  • La fe profunda y activa, las “oraciones y obras” fue lo que destacó el visitante angelical. 

Cornelio y sus amigos hablan en lenguas

Pedro estaba reacio a admitir gentiles en la iglesia y Dios tuvo que mostrarle tres veces en visión que los gentiles también eran aceptables (Hechos 10:9-22; 11:5-15). Pedro no fue solo a la casa de Cornelio, sino que acudió acompañado de seis creyentes judíos (Hechos 11:12), los cuales no conocían de las visiones y como todos los creyentes judíos, no habrían consentido que se bautizara a un gentil como Cornelio.

Pedro no había acabado aún de hablar cuando la respuesta a los gentiles fue confirmada por el don del Espíritu Santo, que se evidenció por medio del “hablar en lenguas y glorificar a Dios” Hechos 10:44-48: 

44Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso

45Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramara el don del Espíritu Santo,

46porque los oían que hablaban en lenguas y que glorificaban a Dios.,

47Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros?

48Y mandó bautizarlos en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedara por algunos días.

En realidad, los seis acompañantes quedaron “asombrados” cuando Cornelio y sus amigos hablaron en lenguas. Su sorpresa no fue porque hablaran en lenguas, sino más bien porque los creyentes judíos no creían que los gentiles pudieran ser aceptables a Dios. Este incidente ocurrió algún tiempo después de Pentecostés.

¿Los seis habrían quedado convencidos y habrían permitido que Pedro los bautizara si hubiesen oído a Cornelio y sus amigos hablar en un estado de éxtasis o en lenguas ininteligibles? No lo creo. Eso sólo habría confirmado sus prejuicios acerca de los gentiles.

La única explicación que tiene sentido es que ellos quedaron convencidos de la misma manera que los que estuvieron en Jerusalén – oyendo que se alababa a Dios en un idioma que ellos entendían –. ¿En que idioma hablaron? La Biblia no dice, pero no habría sido un milagro oírlos hablar:

  • En latín (el idioma nativo de la antigua Italia).
  • En griego (el idioma común del ejercito romano en Judea). 

Habría sido un milagro oír a un gentil alabar a Dios en el idioma sagrado de los judíos – el hebreo –. En todo caso, la idea de que Cornelio y todos los de su casa hayan hablado lenguas ininteligibles se contradice con la evidencia de Pedro mismo.

Pedro explica el porqué del bautizó

Pero cuando Pedro llegó a Jerusalén había muchos críticos esperándole (Hechos 11:2). En cierto modo esto es entendible porque había bautizado a gentiles sin consultar a los principales discípulos. Pero se nota como Pedro se justificó:

  • Relató su visión y luego describió como estos gentiles habían hablado en lenguas.

“Cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos, como también sobre nosotros al principio.” (Hechos 11:15)

Las palabras más importantes en su defensa son: “como también sobre nosotros al principio”. ¿Por qué son importantes? Porque cuando dice “nosotros” se refiere a sí mismo y a los otros discípulos. Cuando dice “al principio” solo puede significar Pentecostés, cuando los discípulos recibieron el don de lenguas.

La justificación de Pedro para bautizar a los gentiles fue que las lenguas que Cornelio y sus acompañantes hablaron fueron tan entendibles como las lenguas que hablaron los discípulos. Estas lenguas eran idiomas verdaderos. Cuando los otros discípulos oyeron esto “callaron y glorificaron a Dios” (Hechos 11:18). Con tales palabras los creyentes circuncisos fueron convencidos y no tuvieron más objeciones. 

Los discípulos de Juan (Hechos 19)

En Hechos 19:1–22 leemos del ministerio de Pablo en Efeso. El primer episodio de la larga estadía de Pablo en Efeso (casi tres años) fue un encuentro con algunos seguidores de Juan el Bautista. Esta gente había recibido un “bautismo de arrepentimiento” (v.4), aun necesitaban ser bautizados en el nombre del Señor Jesús. Por eso se bautizó de nuevo a los discípulos de Juan (v.5).

Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. 6Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas y profetizaban. 7Eran entre todos unos doce hombres.” (Hechos 19:5-6)

Como señal para todos aquellos que estaban relacionados con su aceptación surgió una demostración pública del “Espíritu Santo y hablaban en lenguas y profetizaban”.  Los datos que se tienen sobre estos acontecimientos son demasiado generales, por esta razón no se puede decir que en los tres sucesos se hablaron las mismas lenguas, o que en cada uno de ellos se hablaron diversas lenguas.

Sea lo que fuere que creamos que es una conversión “normal”, parece que Lucas puso énfasis en mencionar estos dones y la recepción del Espíritu Santo, primordialmente en el relato en el que sentía que la iglesia o sus lectores necesitaban ser convencidos de que el grupo al cual pertenecían los convertidos era realmente aceptable al Señor como, por ejemplo, los samaritanos (capítulo 8), los gentiles (capítulo 10) y estos discípulos de Juan. Como se ha mencionado al comentar los otros pasajes, la forma en que Lucas registra estos hechos sugiere que para él los acontecimientos actuaban como una señal, especialmente para los misioneros, así como para los mismos convertidos.

En resumen

Acabamos de leer acerca del fenómeno del hablar en lenguas que está registrado en el libro de los Hechos, que eran – en cada caso – una señal o evidencia para los judíos de un cambio en el programa divino. Dios estaba inaugurando una nueva edad…

Los dones del Espíritu, un breve resumen del tema

En la actualidad muchas personas del mundo religioso afirman tener dones espirituales o milagrosos. Hoy día hay varias ideas y teorías sobre la duración de estos dones.

  • Algunos opinan que los dones durarían hasta el fin del mundo.
  • Otros afirman que solamente algunos de los dones milagrosos durarían hasta el fin del mundo. 
  • Hay quienes dicen que algunos dones y poderes no se ven hoy día porque nadie tiene la fe requerida para poseerlos. 
  • Nosotros sostenemos que los dones pertenecieron exclusivamente al período apostólico.

¿Cómo se recibían estos dones del Espíritu? 

  • Por medio de la imposición de las manos de los apóstoles. 
  • Pablo fue el último apóstol. 
  • Si estos dones se trasmitían por la imposición de las manos apostólicas, y Pablo fue el último apóstol ¿Quien les impondría las manos a los que hoy día profesan y afirman hacer milagros y tener dones espirituales dados por Dios? 
  • Debemos entender que a pesar de que los dones fueron impartidos por la imposición de manos, fue Dios quien determinó que dones recibía alguien. 

¿Cual fue el propósito de los dones del Espíritu?

  • Revelar la voluntad de Dios. En aquel entonces los cristianos no tenían la palabra escrita como la tenemos nosotros, sino que dependían de revelaciones divinas dadas directamente por el Espíritu Santo.
  • Confirmar la palabra o la voluntad de Dios. 

¿Hasta cuando durarían los dones del Espíritu? 

  • Los dones del Espíritu se iban a acabar. 
  • ¿Cuándo ocurriría esto? Cuando viniera lo “perfecto”. 
  • ¿A qué se refiere cuando venga lo “perfecto»? Los dones espirituales cesaron, se terminaron cuando toda la verdad fue revelada y toda la verdad fue revelada en el primer siglo.

Hablando de la supuesta “posesión” del Espíritu Santo

En la literatura cristiana se pueden leer frases como las siguientes: “La necesidad del poder del Espíritu Santo entre los creyentes hoy no es menos real que durante el tiempo en que se escribió el Nuevo Testamento.” “El poder del Espíritu está disponible hoy.” “El Espíritu da poder para vencer los deseos pecaminosos.” “Deja que el Espíritu Santo te guíe.” “El Espíritu Santo te da poder para compartir tu fe.” “El Espíritu Santo te revela la verdad”.

En ciertos grupos religiosos, el requisito indispensable para ser considerado un verdadero creyente es el haber tenido una «experiencia», y en ausencia de ésta se argumenta que la verdad misma está lejana. Es más, mientras algunas iglesias rechazaron vigorosamente por muchos años la idea de que se estaban produciendo milagros, actualmente han capitulado ante la tendencia popular y se han unido a las filas de los que insisten en que disponen de los milagrosos y místicos poderes del Espíritu Santo.

No dudamos de que algunas personas hayan tenido experiencias extraordinarias. Tampoco dudamos que la fe es capaz de efectuar ciertas curaciones. Si una persona cree con suficiente fuerza determinada noción, esto puede tener un efecto extraordinario sobre las emociones e inclusive causar reacciones físicas. Esto puede considerarse y enseñarse como una manifestación de los dones del Espíritu Santo, según las teorías que ellos manejan.

No existe duda de que el «nacimiento del Espíritu» es enseñado en la Biblia. El Señor mismo declaró que si una persona no es nacida del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios (Juan 3:5-8). Sin embargo, lo que actualmente pasa por posesión del Espíritu Santo no es el nacimiento espiritual al que se refiere el Señor.

Debido a que la salvación personal está ligada a nuestro entendimiento de la verdad enseñada en la Biblia (Romanos 1:16; Efesios 4:4-6), es importante que se defina, con exactitud, si lo que creemos está de acuerdo con esa verdad. 

Pero, ¿Ha prometido Dios realmente conceder los poderes milagrosos del Espíritu Santo en estos días? Según un autor, la respuesta es un rotundo “Sí.” El Dr. Ken Kinghorn (1976 Dones del Espíritu. Nashville: Abingdon Press) establece cinco principios básicos referentes a los dones espirituales:  

  1. Dios imparte los dones espirituales conforme a su gracia; no pueden ser adquiridos por mérito humano.
  2. Dios imparte los dones espirituales de acuerdo a su propia discreción; no está limitado a los deseos humanos.
  3. Dios desea que todo cristiano ejercite los dones espirituales; estas capacidades no están limitadas a ningún creyente.
  4. Dios provee los dones por causa del ministerio y servicio de la iglesia; no son dados para atraer la atención hacia una persona o satisfacer su ego.
  5. La intención de Dios es que el ministerio de la iglesia sea ejercido a través de los dones espirituales.

Luego continúa: “Hoy en día, muchos creyentes están muy preocupados por saber qué dones han recibido del Espíritu Santo, o cómo lograr tenerlos, y por último, cuán espiritual se es al tener varios dones espirituales. Recordemos que los dones tienen un fin, estar al servicio de la iglesia para que pueda seguir cumpliendo su Misión. No son pues para lucimiento personal o de jactancia alguna. Si tenemos dichos dones espirituales debemos ser agradecidos al Señor por habérnoslos dado y ser humildes al ejercitarlos. 

Por otro lado, debemos tener muy en cuenta que nosotros los creyentes, al ser parte de la iglesia, constituimos todos un tesoro valioso, al poseer diversos dones y talentos. Cada hermano y hermana es muy importante en el seno de la iglesia, ya que Dios ha dado a cada quien un don en particular. Muchas veces descuidamos este detalle y sólo nos fijamos en el hermano o hermana, ya sea por su aspecto personal o condición social y no por lo valioso que es en sí como persona, criatura de Dios. 

Con respecto a los dones espirituales para los tiempos de hoy lo importante es preguntarnos:

  • ¿Cómo está mi vida espiritual?
  • ¿Verdaderamente he recibido a Cristo en mi corazón?
  • ¿He recibido el bautismo del Espíritu Santo y con ello uno o más dones?
  • ¿Cómo estoy ejerciendo el don o dones que el Espíritu Santo me ha   otorgado?
  • ¿Cuáles son los frutos de dichos dones?

Recordemos que lo más importante en la vida cristiana es vivir una vida en santidad de acuerdo a la palabra de Dios, que nuestro cuerpo sea el templo del Espíritu Santo (1 Corintios 3:16; 6:19; Efesios 2:21-22) y podamos poner en práctica el don o dones que el Señor nos ha dado para hacer de este mundo un mundo mejor, que podamos todos vivir en paz y en justicia.”

Los dones del Espíritu, preguntas para investigar

Hay tres listas principales de dones espirituales:

Romanos 12:3-8 enlista los dones espirituales de la siguiente manera: profecía, servicio (en un sentido general), enseñanza, exhortación, generosidad, liderazgo, y mostrar misericordia. 

1 Corintios 12:8-11 enlista los dones como: palabra de sabiduría (la habilidad de comunicar sabiduría espiritual), palabra de ciencia (la habilidad de comunicar la verdad práctica), fe (una dependencia inusual de Dios), dones de sanidades, de milagros, de profecía, de discernimiento de espíritus, de lenguas, (la habilidad para hablar un lenguaje que uno no ha estudiado), y la interpretación de lenguas. 

La tercera lista se encuentra en Efesios 4:10-12, la cual habla de Dios concediendo a Su iglesia apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Hay también la pregunta acerca de cuántos dones espirituales hay, ya que no hay dos listas iguales. 

¿Cuál es la diferencia entre un talento y un don espiritual?  (Referencia: gotquestions?org)

Existen similitudes y diferencias entre talentos y dones espirituales. Ambos son regalos de Dios. Ambos incrementan su efectividad con el uso. Ambos son para ser usados en beneficio de otros, no para propósitos egoístas. 1 Corintios 12:7 dice que los dones espirituales son dotados para edificar a otros… no a uno mismo. Así como los dos grandes mandamientos tratan de amar a Dios y a los demás, consecuentemente, uno debe usar sus talentos para ese propósito. 

Pero los talentos y dones espirituales difieren en a quién fueron dados y cuándo. A una persona (sin importar su creencia en Dios o en Cristo), le es dado un talento natural como resultado de una combinación genética (algunos tienen una habilidad natural para la música, arte, o matemáticas) y su medio ambiente (crecer en una familia musical lo ayudará a uno a desarrollar un talento por la música), o porque Dios deseó dotar a ciertos individuos con ciertos talentos (por ejemplo, a Bazeleel en Éxodo 31:1-6). 

Mientras que con frecuencia uno puede desarrollar sus talentos y más tarde dirigir su profesión o pasatiempos alrededor de ellos, los dones espirituales fueron dados por el Espíritu Santo para edificar a la iglesia de Cristo. En ello, todos los cristianos deben formar una parte activa en la expansión del Evangelio de Cristo. 

(1) Un talento es el resultado de genética y/o de entrenamiento, mientras que un don espiritual es el resultado del poder del Espíritu Santo. 

(2) Un talento puede ser poseído por cualquiera, cristiano o no cristiano, mientras que los dones espirituales solo son poseídos por cristianos. 

(3) Los talentos como los dones espirituales deben ser usados para la gloria de Dios y para ministrar a otros, los dones espirituales están enfocados en estas tareas, mientras que los talentos pueden ser usados enteramente para propósitos no espirituales.

¿Hasta cuándo durarían los dones del Espíritu? 

Los pentecostales y carismáticos dicen que los dones del Espíritu como el poder hacer milagros, hablar en lenguas y profetizar le son dados a ciertos hombres como ocurrió con los apóstoles. Otros afirman que los dones cesaron. Pues, los dones cesaron cuando toda la verdad fue revelada y toda la verdad fue revelada en el primer siglo.

Pues, ¿Es el hablar en lenguas un don para hoy o fue un don temporal? Esta es la pregunta crucial que hacemos. La norma de evaluación del cristiano debe ser «lo que dicen las Escrituras», no la experiencia.

1 Corintios 13:8 enseña que algún día cesarán las lenguas. «El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará». Se pone en contraste el amor permanente con las cosas menos permanentes. El verbo griego para “acabarse” es katargeo. Se usa cuatro veces en este capítulo y quiere decir «hacer ineficaz».

“El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, cesarán las lenguas y el conocimiento se acabará.  En parte conocemos y en parte profetizamos; pero cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará” (1 Corintios 13:8-10)  

El cuarto uso de katargeo en el versículo 11 tiene la voz activa y se refiere a la persona nombrada.

“Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; pero cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.” (1 Corintios 13:11)

Toda ocurrencia de este verbo en los versículos 8 y 10 tiene la voz pasiva, indicando que alguna persona (Dios) hará ineficaces (o inactivas) las profecías, la ciencia, y «lo que es en parte». Esta referencias es una razón importante por qué nosotros creemos que los dones espirituales cesaron después de que murieron los apóstoles. 

La segunda razón es que en el Nuevo Testamento el don se trasmitía sólo por la imposición de manos (Hechos 8:17; 19:6), pero parece que el don literal de imposición de manos no podía retransmitirse a terceros (Hechos 8:19). Así que cuando murieron los apóstoles no había nadie que pudiera trasmitir los dones del Espíritu, y finalmente aquellos que habían recibido el don de parte de los apóstoles, también murieron. De esta manera, desapareció el don de lenguas.

El verbo empleado con las lenguas en 1 Corintios 13:8 es distinto. «Cesarán (pauomai) las lenguas…”  La idea es que se detendrán «por sí mismas». Se encuentra el verbo en la voz media, indicando que desaparecerán espontáneamente.

Con todo, los profetas inspirados del Nuevo Testamento no pudieron dar la plena revelación de Dios: solo podían profetizar “en parte” (1 Corintios 13:9). En cambio, cuando finalmente llegó “lo perfecto”, que significa “entero, completo” (1 Corintios 13:10) al ser guiados los apóstoles “a toda la verdad” (Juan 16:13), entonces se acabó lo que era “en parte,” a saber, las profecías dadas poco a poco. 

No ha habido más profecías desde que muriera la última persona a quien los apóstoles le impusieran manos, impartiéndole el don de profecía. Al terminar Juan el libro número veintisiete del Nuevo Testamento en el año 96 (¿?) después de Cristo, se había dado completamente, enteramente, perfectamente, “toda la verdad” (Juan 16:13) que Jesús prometió a los apóstoles. 

¿”Lo perfecto” se refiere a la segunda venida de Cristo? a Cristo? al cielo? al conocimiento perfecto de la propia persona de Dios? al Nuevo Testamento? 

El texto diría: “..cuando venga el perfecto..”, o simplemente, “..cuando regrese Cristo..”, pero el texto no dice de ninguna de estas maneras. Dice: “lo perfecto”. Entonces el texto no habla de la segunda venida de Cristo.

¿Qué es “lo perfecto”? Esta perfección es la perfección de la madurez, ya que Pablo, en el contexto, habla de ser niño y de llegar a ser hombre; es decir, de la infancia a la madurez (1 Corintios 13:11). ¿Qué produce en nosotros “madurez”? La verdad, la Palabra de Dios; es decir, el Nuevo Testamento (Efesios 4:15).

“..Cuando venga lo perfecto..”, Hoy, y desde el fin del primer siglo aproximadamente, se encuentra en el Nuevo Testamento toda la voluntad divina (2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:3; Judas 3). A esta revelación no podemos quitarle ni añadirle sin caer en un pecado (Gálatas 1:6-10; 2 Juan 7-11; Apocalipsis 22:18, 19).

Por designio de Dios tenemos en el Nuevo Testamento “..toda la verdad..” plenamente revelada a los apóstoles (Juan 16:13) Por tanto, no hay para la existencia de las lenguas y otras señales milagrosas en nuestros días. Eran para obtener “..toda la verdad..” ya que el Nuevo Testamento no existía en forma escrita. Así que la verdad estaba siendo revelada oralmente por medio de los dones; pero ahora tenemos toda la verdad divinamente inspirada y confirmada mediante las señales que la seguían (Marcos 16:17-20; Hebreos 2:3-4).

Efesios 4:7-13 y 1 Corintios 13:8-13 juntos, con ciertas deducciones lógicas, fijan la duración de la época de los dones milagrosos, incluyendo el “hablar en lenguas”. Efesios 4:13 enseña que los dones fueron “..hasta que..” (preposición que expresa el término o fin de una cosa), todos llegaran “..a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto..”. Esto muestra que las enseñanzas del Nuevo Testamento no fueron reveladas todas en un día sino paulatinamente a través de 60 años o más, desde el 33 después de Cristo, cuando en Pentecostés fue predicado el primer sermón; hasta el 96 después de Cristo, cuando fue terminado de escribir el Apocalipsis.

El Espíritu Santo les entregó a los apóstoles “..toda la verdad..”, y lo hizo antes que pasara esa generación. Él ya no obra con dones, sino a través de la Palabra inspirada por él, la cual es “..viva y eficaz..” (Hebreos 4:12).

Venido “..lo perfecto..”, el Nuevo Testamento totalmente escrito, los dones cesaron. De manera que procurar ahora lo que Dios ha quitado es buscar vanamente lo que no está disponible para nuestros tiempos. “..Lo perfecto..” ha llegado, es decir, el Nuevo Testamento.

“..Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra éste será bienaventurado en lo que hace..” (Santiago 1:25)

El período de la fundación de la Iglesia. 

1 Corintios 13:8, 11 pone el don de las lenguas en el período de la infancia de la Iglesia, cuando cesarían las lenguas a medida que ésta madurara. Desaparecerían en sí mismas. Así es que la infancia de la Iglesia terminó cuando la existencia de Israel como nación terminó. Entonces ya no había necesidad de una señal para autenticar la Iglesia insignificante, ni tampoco de una señal contra la nación judía extinta.

El período de la fundación de la Iglesia tuvo apóstoles y profetas, como afirma Efesios 2:20 refiriéndose a la Iglesia: «Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas.» Esta es una referencia a los apóstoles y profetas del Nuevo Testamento. El don de apóstol desapareció en parte por causa de los requisitos de su posesión. La persona tenía que haber visto a Jesús vivo después de la resurrección (1Corintios  9:1) para llenar los requisitos para ser apóstol en el sentido primario. El don sobrenatural del profeta en el sentido primario también desapareció cuando fue completado el Nuevo Testamento. Ya no había necesidad de más revelación. Se podía demostrar que los dones de milagros y de sanidad  también eran dones temporales. Desde luego Dios todavía hace milagros y sana según determine El, en respuesta a la oración.

La conclusión del canon 

El argumento básico aquí descansa en la verdad de que el don de lenguas era un don necesario, acompañado de los otros dones dados para la revelación divina, durante el período cuando la Iglesia no tenía un Nuevo Testamento en forma escrita. Una vez escrito el Nuevo Testamento, terminó la necesidad de estos dones, y por eso los dones, las lenguas inclusive, también terminaron probablemente en la Iglesia. Hebreos 1:1-2 explica:

«Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo»

Dios una vez habló a los padres por los profetas. Pero ahora “nos ha hablado por su Hijo”. Hoy día ¡no está hablando por lenguas sino por su Hijo!

La autenticación de Cristo y de sus apóstoles 

Uno de los mayores propósitos del don de lenguas y de los otros dones milagrosos del primer siglo fue verificar que Cristo era el Hijo de Dios y que sus apóstoles eran los mensajeros de una nueva era. Nunca se dice que Cristo habló en lenguas, pero ese don confirmaba a los mensajeros y el mensaje sobre El, el mensaje que era declarado por sus apóstoles.

De hecho, Pablo dijo: «Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros» (1 Corintios 14:18) puesto que probablemente no pudo haber conocido todos aquellos dialectos por su propio estudio en vista del factor tiempo en el libro de los Hechos.  Recordamos Marcos 16:20: «Y ello, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor, y confirmando la Palabra con las señales que la seguían. Amén.» 

Hoy día ha terminado esa necesidad de hablar en lenguas. Dios ha autenticado esos hombres y el Nuevo Testamento escrito por ellos. El carácter temporal de las lenguas es sostenido aun más.

Cuando Cristo venga tendremos cuerpos nuevos y el gozo de su presencia. Veremos su gloria y quizás recibiremos un galardón. Deberíamos procurar tener un conocimiento de las Escrituras  aquí y ahora – tenemos la cosa completa; la maravillosa palabra de Dios. 

La madurez espiritual

La iglesia corintia tenía muchos de los dones espirituales, pero desgraciadamente no era una iglesia espiritual, aunque se dice más de su relación con las lenguas de los que se dice de cualquier otra iglesia con respecto a este tema. Claro es que la madurez espiritual no se determina ni por la posesión ni por el ejercicio de los dones espirituales. En cambio, la madurez se produce por el crecimiento efectuado en el creyente por el Espíritu Santo de Dios a medida que aquel creyente se entrega a El por la recepción continua de la Palabra de Dios, la oración, la obediencia, y la práctica de testificar de Cristo.

1 Corintios 12-14. 

El vocablo «lengua(s)» se usa en el capítulo 12, cuatro veces; en el capítulo 13, dos veces; y en el capítulo 14, quince veces. Lo significativo de estas ocasiones es que la misma palabra griega  (glossa) empleada en los Hechos aparece en todo este pasaje.

Las palabras «extraña» y «desconocida», que aparece en el capítulo 14 con la palabra «lengua», no se encuentran en el texto original, sino que los traductores los han suplido y se deben omitir. Por ejemplo, leemos en 1 Corintios 14:4:

(Reina-Valera ’95)“El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica;pero el que profetiza,edifica a la iglesia.”

(Nueva Biblia de Jerusalén) “El que habla en lenguas, se edifica a sí mismo; el que profetiza, edifica a toda la asamblea.”

(Nueva Versión Internacional) “El que habla en una lengua se edifica a sí mismo; en cambio, el que profetiza edifica a la iglesia.”

Puesto que la palabra glossa es la misma en 1 Corintios y en los Hechos, tomando en cuenta la omisión de las palabras «extraña» y «desconocida», hay evidencia de que el don de lenguas tiene que ver con los idiomas verdaderos aquí también.

Algunos han afirmado que las lenguas corintias eran expresiones extáticas, al menos en parte, en contraste con las lenguas genuinas de los Hechos, pero no se puede probar esto por el texto mismo. Se podría señalar el origen de cualquier forma de jerigonza extática en el paganismo. George W.Zeller (God’s Gift of Tongues, págs.107-110 radioiglesia.com) da una lista de doce razones por las que las lenguas bíblicas eran lenguas genuinos. Podemos dar un resumen de éstas en lo que sigue:

  1. El vocablo «lengua» a menudo se emplea en el Nuevo Testamento para describir lenguas genuinas (Apocalipsis 5:9; 7:9).
  2. El adjetivo «nuevo» es más apropiado para describir lenguas verdaderas (Marcos 16:17), lenguas totalmente nuevas para el orador, como un idioma extranjero.
  3. El hablar en lenguas era una habilidad sobre natural, dada por Dios (Marcos 16:17-18; Hechos 2:4), lo que es razonable solamente si las lenguas eran lenguas genuinas.
  4. El adjetivo «otras» es muy apropiado para describir lenguas genuinas (Hechos 2:4; 1Corintios 14:21; Isaías 28:11).
  5. Las lenguas de Hechos 2:4, 11 son claramente identificadas en Hechos 2:6 y 8 como idiomas genuinos (dialectos).
  6. Tanto las lenguas de los Hechos (2:11; 10:46) como las de 1 Corintios (14:14-15, oración; 14:15, alabanza; 14:16, acción de gracias) expresaban un mensaje sea con un contenido doctrinal o significativo; no era jerigonza vacía.
  7. Las expresiones «diversos géneros de lenguas» se entiende solamente si las lenguas eran idiomas genuinos (1Corintios 12:10, 28; 14:10). [Nota del traductor: en 1Co. 12:28, en el texto original, la frase traducida «los que tiene don de lenguas» es la misma traducida por «diversos géneros de lenguas» en el v. 10; y se debe traducir así en el v. 28.]

(Reina-Valera ‘95) “A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus a otro, diversos géneros de lenguas, y a otro, interpretación de lenguas.” (v.10).

 (Nueva Biblia de Jerusalén) “a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas.” (v.10).

(Reina-Valera ‘95)  “Y a unos puso Dios en la iglesia,  primeramente apóstoles,  luego profetas,  lo tercero maestros, luego los que hacen milagros,  después los que sanan,  los que ayudan,  los que administran,  los que tienen don de lenguas.” (v.28).

(Nueva Biblia de Jerusalén) “Y así los puso Dios en la iglesia, primeramente los apóstoles; en segundo lugar los profetas; en tercer lugar los maestros; luego, los milagros; luego, el don de las curaciones, de asistencia,  de gobierno, diversidad de lenguas.” (v.28).

  1. El hecho de que se podían interpretar las lenguas exige de que las lenguas sean idiomas genuinos (1Corintios 12:10, 30; 14:5, 13, 27-28). La interpretación requiere que haya significado.
  2. 1 Corintios 14:10-11 claramente describe idiomas verdaderos.
  3. Se dice del hablar en lenguas que consistía de palabras, solamente posible si las lenguas eran idiomas verídicos (1Corintios 14:9, 9, 19).
  4. Las lenguas de Isaías 28:11, citadas por Pablo en 1 Corintios 14:21, eran lenguas verdaderas.
  5. La referencia anterior en 1 Corintios 14:22 prueba que las lenguas de Corinto (v. 22) eran lo mismo que las lenguas de Isaías (v. 21), a saber, idiomas genuinos.

Se puede resumir esta sección de la carta de Pablo a la comunidad cristiana en Corinto en la siguiente manera: el capítulo 12 da los principios de los dones; el capítulo 13 protege el hacer de estos dones el objeto supremo de la vida, cuya supremacía pertenece a nuestro Señor Jesucristo; y el capítulo 14 nos habla del ejercicio de estos dones.

1 Corintios 12:1 «No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales«  La palabra «dones» no se encuentra en el texto original. El texto tiene las pneumatika o las «cosas espirituales». El énfasis cae sobre dos cosas: primeramente, la esencia o la naturaleza intrínseca de los dones, la que es espiritual: y en segundo lugar, la fuente de los dones, que es el Espíritu Santo. Pablo 

1 Corintios 12:2. Pablo les recuerda de su pasado, de su estado antes de su conversión: «Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba (apágo: sacar, quitar) llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos.»  Antes de ser cristianos habían dado gran importancia a ser arrastrados en una manifestación de éxtasis, una parte de las religiones misteriosas griegas.

1 Corintios 12:4. «Ahora bien hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo» . El texto incluye la palabra «dones» que es el charismata. En el versículo 1 es la «cosas espirituales» (esencia y origen). Aquí es «dones» (dotaciones para ministrar). En todo este pasaje la fuente de los dones es Dios. 

1 Corintios 12:11. “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu,  repartiendo a cada uno en particular como él quiere.” Cada creyente tiene por lo menos un don.  Algunos tienen más de uno. Se dan estos dones como El quiere, no como el creyente individualmente determina. El hijo de Dios no debe revisar estos dones como «¡Yo quiero ése!» No tiene ese derecho.  Así es que, procurar el don de lenguas sería igual a mandar a Dios en cuando a un área que le pertenece a El, y a El sólo le corresponde decidir. La Palabra declara «como él quiere» (v. 11), no como queremos nosotros.

Los corintios se habían preocupado con una sola manifestación particular del Espíritu, a saber, el hablar en lenguas, y eso era lo que traía divisiones. Al hablar de la unidad del origen y de la gran diversidad de los dones, Pablo trataba de hacer que los corintios se dieran cuenta de la variedad de la obra del Espíritu. Los creyentes del siglo veinte harían bien en observar este modelo también. El hablar en lenguas se menciona como el último de los dones en la lista de los versículos 8 al 10, y también como el último en la lista de los versículos 28 al 30, donde definitivamente su rango es afirmado.

El amor genuino

1 Corintios 13:1-3. «Si yo hablase lenguas [idiomas] humanas y angélicas [que traen un mensaje de Dios], y no tengo amor, vengo a ser metal que resuena, o címbalo que retiñe…”

Estos seis dones pueden referirse al don de hablar en lenguas, al don de profecía, al don de entender misterios (lo que sugiere la «palabra de sabiduría» de 1 Corintios 12:8 o el «discernimiento de espíritus» de 1 Corintios 12:10), el don de conocimiento (gnosis: sabiamente, ciencia, conocimiento), y el don de fe. El versículo 3 podría referirse al don de servicio o el de repartir o de hacer misericordia como en Romanos 12:6-8, aun a «los que ayudan» de 1 Corintios 12:28.

Todos estos son dones excelentes, pero si se ejercen sin el fruto del Espíritu, sin amor, no valen nada. Lenguas, el don menor, profecías, el don mayor (mencionados consecutivamente para dar énfasis), ciencia, fe, misericordia, hasta el auto-sacrificio, no valen nada cuando la vida no produce fruto espiritual, especialmente el amor.

Es muy importante notar que Pablo dice aquí que es posible tener dones sin ser espiritual. ¡Tener dones espirituales y ser espiritual no son sinónimos! Además de eso, les dice claramente a sus lectores que los dones espirituales no producen espiritualidad. Este discernimiento ya se ha ilustrado gráficamente por la baja vida espiritual entre los corintios que tenían todos los dones. Sí, necesitamos más amor.

El ejercicio del don de lenguas y de la regulación de ese don en la iglesia en Corinto

En 1 Corintios 14:1-19, Pablo presentan razones por la cuales el don de profecías es mayor que el don de lenguas. Por interpretación profecías en este capítulo tiene que ver con el sentido primario de pronunciar algo revelado, pero se puede aplicar hoy día al sentido secundario de predecir algo que va a ocurrir en un futuro inmediato. La primera palabra del versículo 2, “porque”, sugiere que habrá razones para el don superior de profecía.

1 Corintios 14:1 “Seguid el amor; y procurad los dones espirituales [las cosas espirituales], pero sobre todos que profeticéis”. La declaración clave, “pero sobre todo que profeticéis”, afirma una preferencia. 

El apóstol ahora explica por que la profecía es mayor. “Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios” (v. 2). (Es importante tomar en cuenta que se debe omitir las palabras “extraña” y “desconocida” en este capítulo).

El versículo 2 pone en contraste el uso de las lenguas por su parte de los corintios con el deseo de Dios. Empleaban las lenguas para su provecho personal. Estaban absorbidos en sus propias habilidades y sus superioridades espirituales y egoístas. Fíjese en el contraste de la frase “a Dios” en el versículo 2 y “a los hombres” en el versículo 3. La glosolalia no la comprendían los otros. 

Tenía que ver con los misterios, mientras que el que proclamaba la Palabra “habla a los hombres” con ayuda práctica y genuina. El beneficio del contraste aparece en el v.3: “Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.” La profecía es ventajosa para la iglesia. Los creyentes se beneficiarán de la edificación (edificar), de la exhortación (estimular), y de la consolación (alentar). Al usar las lenguas uno habla para edificarse a sí mismo. Pero el uso de la profecía edifica la iglesia (v. 4).

De una manera similar, si uno habla en lenguas se edifica a sí mismo, pero no se edifican los otros. Los corintios usaban las lenguas para su propio provecho. La profecía sirve para más. La profecía alcanza a muchos con las bendiciones del evangelio y el ministerio de edificación, exhortación y consuelo. Hace falta que el creyente sea sensible al contraste entre los dones de lenguas y la profecía.

1 Corintios 14:5. “Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete, para que la iglesia reciba edificación.” 

Surgen dos problemas. ¿Es que el deseo de Pablo en el v.5 de que todos hablen en lenguas contradice la preferencia vista en “más que”? ¡No! Aunque sabía que no todos los creyentes tenían este don, su deseo concuerda con el propósito del don-señal de los vs. 21- 22. Algunos judíos todavía estaban en Corinto. ¡Todavía necesitaban eses don de esa señal judicial de su incredulidad! ¡Pero aun así Pablo prefiere la profecía! ¡“Pero más que”!

El segundo problema se encuentra en la última parte del v.5. ¿Se infiere que, si hay interpretación, las lenguas serían iguales a la profecía? Sí, en un sentido, pero el mero hecho de que las lenguas necesitan interpretación prueba que la profecía es un mayor don. El principio en el v.6 es éste: ¡es provechosa la comunicación que resulta en la compresión!

1 Corintios 14:7-12.Pablo presenta una serie de ilustraciones que demuestran sus razones adicionales por las cuales la profecía es mayor que las lenguas. Vuelve a aparecer la gran meta en el v.12. “Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia.” Edificar la iglesia es la gran meta. La profecía y la comunicación con comprensión lograrán esta meta.

Orar en lenguas (1Corintios 14:13-17)

En la iglesia del primer siglo los corintios debían orar por una interpretación de la lengua para comunicar con comprensión y de esta manera edificar la iglesia. “Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla” (v.13). 

En el v.14 Pablo habló de edificarse a sí mismo por medio de las lenguas. Presentó esto como algo inferior a la profecía o “la presentación de nuevas revelaciones de Dios”. Ahora en v.14 habla de uno de los medios de auto-edificación por medio de las lenguas, tal vez el medio más importante. Llega al corazón de la situación de los corintios y también de la gente moderna que quieren edificarse a sí mismos con las lenguas. Surge una pregunta importante. ¿Es bíblico orar en lenguas para recibir edificación personal? Leemos de nuevo los vs.14-15:

“Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto. ¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento” 

¿Estimulaba Pablo a orar en lenguas a solas? ¡De ninguna manera!  Pablo dice en el v.15 que oraba con su entendimiento y con la bendición del Espíritu al mismo tiempo. El “entendimiento” y el “Espíritu” no están separados: están unidos. Cuando Pablo oraba, entendía lo que decía. Participaba toda su personalidad. 

Anteriormente el Señor Jesús había amonestado contra la oración impropia. En Mateo 6:7 dijo El: “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles.”  Se refiere a los gentiles entre quienes la oración extática era común. El término traducido “vanas repeticiones” viene del verbo griego battalogeo que quiere decir “repetir futilmente” o “hablar batta, batta, batta”.

En lugar de eso Cristo dijo: “Oraréis así”, y dio la oración del Señor como modelo de la oración, con cada palabra y frase enteramente comprensible para el orador.

Algunos defensores de las lenguas para hoy han tratado de encontrar la oración en lenguas en Romanos 8:26, que dice: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” El hablar en lenguas no se encuentra en este versículo. Se notará que los “gemidos” ¡son indecibles!

Ya sea orar en el Espíritu, o cantar en el Espíritu, o bendecir en el Espíritu, Pablo dice que hará todo con entendimiento para que haya edificación de otros (vs.16-17).

1 Corintios 14:18 Pablo ahora hace una confesión. “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros.”  Ya hemos visto el hecho de que en sus muchos viajes, Pablo hablaba con las lenguas de los griegos, de los romanos, de los bárbaros, y en arameo, y eso “más que todos vosotros”. Además de que Pablo es un apóstol, que Israel todavía está en la tierra, y que el juicio de la señal judicial todavía no había caído. ¡Así es que Pablo todavía está en la posición de amonestar a la nación incrédula de Israel personalmente por medio del uso del don-señal de lenguas!

En su confesión Pablo hace un contraste muy importante. “Pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, diez mil palabras en lengua desconocida” (v.19). Aquí indica que las lenguas consisten de palabras que llevan significado, no expresiones estáticas de jerigonza.

La lectura esmerada de la Palabra de Dios, la oración, y la obediencia a la Palabra de Dios, que resultan a la adoración, la comunión, y el testificar, contribuirán a la manifestación del fruto del Espíritu a la vida del creyente, a medida que uno se entrega a su control.  Por lo tanto el creyente no tiene que procurar el don de lenguas para alcanzar la madurez espiritual. División, egoísmo, crítica, y tolerancia de la maldad, tanto personal como doctrinal, caracterizaban la inmadurez espiritual de la iglesia corintia.  ¡En lugar de estos síntomas, Dios deseaba producir el fruto del Espíritu!

Orden en la congregación (1 Corintios 14: 20-40)

Después de mostrar que la profecía es el mayor don, Pablo vuelve al propósito y el orden para el don menor, a saber, el de hablar en lenguas. El don genuino de hablar en lenguas todavía estaba presente en la asamblea de Corinto, pero aquella iglesia había sido muy imprecisa en cuanto al propósito verdadero de este don. Había surgido confusión con referencia al orden propio y espiritual de su uso. Explica el orden preciso en que se debía usar las lenguas. Su primer énfasis es el propósito.

1 Corintios 14:20 Pablo apela a los hermanos. Da un resumen de la porción anterior del capítulo en su premisa básica de que la profecía es el mayor don. “Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduro en el modo de pensar.”

El propósito clave de las lenguas se presenta en los vs.21-22:

“En la ley está escrito: “En otras lenguas y con otros labios Hablaré a este pueblo, y ni aun así me oirán, dice el Señor. Así que, las lenguas son por señal, no a los incrédulos, sino a los creyentes.” 

Una de las cinco razones del carácter temporal del don de lenguas es este propósito clave de un pacto. Las lenguas eran un don-señal de juicio sobre la nación incrédula de Israel. 

El v.21 se refiere en particular a Isaías 28:11-12 y al tiempo de juicio contra Israel durante el cautiverio asirio de 721 a.C. Los israelitas oían la lengua asiria por aquel período. Aplicando estos versículos, se puede observar que por más de 1.900 años estas condiciones han sido verdaderas en gran manera puesto que gentiles de distintos idiomas han dado el testimonio del evangelio a los judíos, que con predicha ceguera nacional de incredulidad lo han rechazado. Las lenguas eran una señal de juicio de parte de Dios por la incredulidad confirmada de los judíos. Cuando terminó ese juicio, cesó la necesidad de este propósito clave.

Hay que tomar en cuenta que las lenguas fueron una señal, no para el creyente, sino para el judío incrédulo. “Así, que las lenguas son por señal… a los incrédulos.” Además, las lenguas no fueron solamente una señal. Así es que Pablo está afirmando que no solamente son las lenguas una señal, sino que ese era su propósito. Las lenguas son por señal. Dios estaba respondiendo a algo que era particularmente judío, el deseo de señales. “Porque los judíos piden señales…” (1 Corintios 1:22). Hay muchos otros versículos que sostienen esto como Mateo 12:38; 16:1-4; y Juan 6:30. En cambio, la profecía es especialmente para los creyentes. “Pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes” (v. 22).

Quedate un tiempo con nosotros y comenzarás a entender lo que Dios quiere comunicarnos en su palabra. Y si tienes preguntas o comentarios, escríbenos a preguntas@labiblia.zendesk.com