Introducción

El propósito de Dios se revela desde la creación del hombre. «Hagamos… a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tenga potestad sobre…» (Génesis 1:26). Muchos años más tarde, Dios llama a Israel y lo saca de Egipto, «…os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí». No sólo al desierto del Sinaí, ni a la tierra prometida, sino a él, a Dios mismo. Y Dios le dice a su pueblo que si ellos oyen su voz, si guardan su pacto, entonces serán su especial tesoro. En el corazón de Dios estaba esto: «Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa» (Éxodo 19:6). 

El apóstol Pedro, en su primera carta (1 Pedro 2), denuncia el fracaso de Israel. Ellos desecharon la piedra escogida y preciosa; esto les sirvió de tropiezo. No fueron fieles, no se cumplió en ellos lo que Dios les había prometido. En su carta, Pedro está hablando a los creyentes del Nuevo Pacto. ¿Nos está hablando a nosotros?  La palabra ya no es una promesa; la palabra se convierte en una realidad, en una afirmación. «Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1 Pedro 2:9).

«Mas vosotros sois…». A Israel se le dijo: «…vosotros seréis…». Hay diferencia entre el Antiguo Pacto y el Nuevo. En el Antiguo todo es promesa de lo que algún día va a ocurrir. Si es que cumplimos, entonces seremos. Pero aquí el Nuevo Pacto usa un lenguaje muy firme. 

Dios creó al hombre para que señoreara. Ya veremos el fracaso del hombre. Dios llamó a Israel para que fuese un reino de sacerdotes, pero ellos también fracasaron. Pero el propósito de Dios no se detuvo ni fracasó. Al contrario, Dios se propone levantar un pueblo; lo está levantando, lo está formando, lo ha tenido y lo tiene. ¡Cuántas generaciones de creyentes, siervos de Dios, de reyes y sacerdotes, ha habido desde el primer día que el evangelio comenzó a ser predicado! 

William Rawson (Guadalajara, 2010)

A menos se indique lo contrario, todas las citas bíblicas están tomadas de la Versión Reina-Valera 1995

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