Estudio 2: Principios de ser ‘sacerdotes’ – La familia de Aarón

Levítico 8 describe el proceso mediante el cual se identificaba el sacerdocio del Antiguo Testamento. Las Escrituras dicen en Hebreos 8:5 que todo era sombra y figura de las cosas celestiales que habrían de venir. Son las realidades invisibles prefiguradas por los sacerdotes y el santuario físico del Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento tanto Juan como Pedro y otros escritores apostólicos trasportan el concepto del sacerdocio del Antiguo Testamento y lo llevan a su máxima aplicación, la de llamar a todos los creyentes ‘sacerdotes’. Esto supone un gran privilegio y una gran responsabilidad. Nos toca investigar tal condición otorgada por Dios para entender la manera de vivir profesando ser un creyente en Jesucristo. Al estudiar el sacerdocio del Antiguo Testamento, veremos significativos paralelos entre el labor de los sacerdotes judíos en el pasado y el ministerio del “sacerdocio santo” de los creyentes de hoy.

Un pueblo escogido

El libro del Antiguo Testamento, de Éxodo, relata cómo la familia escogida en el Génesis llegó a ser una nación. Aquellos que conocen la historia Bíblica de ellos recordarán que Dios les dio Su ley a ellos en el Monte Sinaí después de su liberación de la esclavitud Egipcia. Registra los dos eventos trascendentes de la historia de Israel: 

  • La liberación de la esclavitud en Egipto
  • La entrega del pacto de la ley en Sinaí.

El libro describe en parte el desarrollo del antiguo pacto con Abraham. Un nuevo y principal desarrollo ocurre en Éxodo, los capítulos 19–24, con la formulación del pacto entre Dios y los israelitas. La forma básica de este acuerdo se encuentra en Éxodo 19:4–6. 

“Vosotros visteis lo que hice con los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águila y os he traído a mí. 5Ahora, pues, si dais oído a mi voz y guardáis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. 6Vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa”. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.”

Si Israel, a la luz de su liberación divina de Egipto, obedeciera a Jehovah, entonces sería:

  • su especial tesoro. Implica tanto un valor especial como una relación íntima.
  • un reino de sacerdotes. Los israelitas tendrían acceso a Dios y deberían representar a Jehová, su Rey, ante todo el mundo.
  • gente santa, diferente de las naciones paganas que la rodeaban. Sería una nación separada.

La expresión “reino de sacerdotes” también puede traducirse “reyes-sacerdotes”, sugiriendo que los israelitas disfrutarían del privilegio de ser reyes y sacerdotes en relación con otros pueblos. Esto indica la importante función que Israel desempeñaría en los planes futuros de Dios. ¡Sin embargo, su especial posición estaba condicionada por su obediencia a Dios! 

Estas tres promesas hechas a la nación hebrea tienen su cabal cumplimiento en el cuerpo de Cristo, la iglesia, los verdaderos creyentes en Cristo Jesús (1 Pedro 2:9-10). 

El sacerdocio nombrado por Dios

Puesto que Dios deseaba que Israel fuera una nación santa, nombró a Aarón y a sus hijos para formar el sacerdocio. Antes del éxodo de los israelitas de la esclavitud en Egipto, el jefe de cada familia, el primogénito desempeñaba el papel de sacerdote familiar pero la complicación de los ritos de la adoración bajo la ley de Dios y la exigencia de observación con exactitud hizo necesaria la institución de un sacerdocio dedicado totalmente al culto divino.

Que Dios eligiera a Aarón y sus hijos para ministrar en el sacerdocio fue un acto de su gracia soberana porque ellos no ganaron esa posición ni la merecían. 

Pero ¿de cuál familia vino a Aarón?

En el Antiguo Testamento leemos de Jacob, uno de los patriarcas hebreos, hijo de Isaac y Rebeca y nieto de Abraham. Tras de privar con un engaño a su hermano Esaú de la bendición de su padre y de sus derechos de primogenitura, Jacob huyó a la casa de su tío, Labán, para quien trabajó durante muchos años, y con cuyas hijas, Lea y Raquel se desposó. Sus esposas y sus esclavas, Zilpá y Bilhá, le dieron 12 hijos, que se convertirían en los patriarcas de las 12 tribus de Israel. 

La tribu de Leví fue separada de las demás tribus por Dios y puesta a cargo del desmantelamiento, transporte, y erección del tabernáculo (Números 1:47–54). Los hijos de Leví acampaban alrededor del tabernáculo y tenían prohibido servir como sacerdotes, privilegio reservado, bajo pena de muerte, para los hijos de Aarón (Números 3:10); pero estaban dedicados a un ministerio auxiliar para los sacerdotes, especialmente con las tareas manuales de cuidar el tabernáculo (Números 3:5). 

El papel de los levitas como ministros del tabernáculo, se detalla claramente en Números. Cada una de las familias de Leví tenía funciones específicas:

  • Los hijos de Coat tenían a su cargo el traslado de los utensilios del santuario una vez que habían sido cuidadosamente cubierto por los sacerdotes, que eran los únicos que podían tocarlo. Los coatitas eran supervisados por Eleazar, hijo de Aarón. 
  • Los hijos de Gersón cuidaban las cubiertas, las cuerdas, y las cortinas bajo la supervisión de Itamar, hijo de Aarón.
  • Los hijos de Merari tenían la tarea de transportar y levantar la estructura del tabernáculo y su patio. 

La vocación sacerdotal era hereditaria, así los sacerdotes podían transmitir a sus hijos las detalladas leyes relacionadas con el culto y las numerosas reglas a que vivían sujetos los sacerdotes a fin de conservar la pureza legal que les permitiera acercarse a Dios.

Comenzaban a cumplir su servicio a los 25 años de edad y continuaban hasta los 50, cuando pasaban a una forma de retiro con obligaciones limitadas (Números 8:24–26). 

Aarón y sus hijos recibieron vestimentas especiales, pero las de Aarón eran distintivas. En la lámina de oro de su mitra había una inscripción que decía “Santidad a Jehová” (Éxodo 28:36). Todo el propósito del sistema levítico era que los creyentes fueran santos y, por tanto, gratos a Jehová.

Bajo el antiguo pacto sabemos:

  • Los levitas eran descendientes de Leví, en su conjunto formaban una de las doce tribus de Israel y su función en ella estaba en relación con las cosas del tabernáculo, el culto y los sacrificios.
  • Los sacerdotes eran un grupo de levitas, descendientes de Aarón. No todos los levitas eran sacerdotes comunes o aspirantes al sumo sacerdocio (Éxodo 28:1).
  • Los levitas servían directamente a los sacerdotes en sus labores de la ofrenda, mantención del tabernáculo y los sacerdotes servían directamente a Dios.
  • El Nuevo Testamento habla de los creyentes como “… reyes y sacerdotes“(2 Pedro 2:5, 9-10).

No se habla de los creyentes como levitas, precisamente porque no son descendientes biológicos de Leví.

Escrito en la frente – “Santidad a Jehová” el o

Tal vez la santidad era la mayor lección de todas. Es el gran tema del sacerdocio. Los sacerdotes debían ser santos; sus vidas debían estar libres de oprobio; su alimento debía ser limpio; hasta sus vestiduras debían simbolizar la santidad. Los sacrificios ofrecidos debían ser perfectos; el santuario mismo era santo; los utensilios eran santos; la porción de las ofrendas para los sacerdotes era santa; hasta los terrenos del santuario eran sagrados y no debían ser contaminados. Todo y todos los que tenían que ver con el tabernáculo debían estar escrupulosamente limpios físicamente, simbolizando así la limpieza espiritual que Dios requería. 

Símbolo de esta santidad era «la lámina de la diadema santa de oro puro» que el Señor le ordenó a Moisés que hiciera, y que se fijaba en la mitra que llevaba el sumo sacerdote, y sobre el cual había «grabado de sello: SANTIDAD A JEHOVA» (Éxodo 39: 30).

“Harás además una lámina de oro fino, y grabaras en ella como grabadura de sello, SANTIDAD A JEHOVA. La sujetarás con un cordón de azul, y estará sobre la mitra; por la parte delantera de la mitra estará. Y estará sobre la frente de Aarón…”. (Éxodo 28:36-38). 

Filacteria se refiere a unas pequeñas envolturas o cajitas de cuero donde se encuentran o guardan pasajes de las Escrituras en la religión judía. La palabra «filacteria» deriva de la palabra Griega phylakterion también conocida por el término arameo tefillin, que es el nombre que dan las fuentes rabínicas a dos cajitas de cuero negro que contienen pasajes de la escritura y que se colocan en la frente y el brazo izquierdo. La Mishna, Shebu. 3.8, 11, exige que todo varón de trece años o más use cada día los tefillin. Las mujeres están explícitamente exentas de esta obligación religiosa (m. Ber. 3.3). Las bases para el uso de las filacterias, según los rabinos, se derivan de cuatro versículos bíblicos: Éxodo 13:9,16; Deuteronomio 6:8; 11:18.

Así que tanto las filacterias de la cabeza como las de la mano contienen cuatro pasajes de la Escritura que incluyen estos versículos: Éxodo 13:1-10, 11-16; Deuteronomio 6:4 – 9; 11:13-21. La filacteria de la cabeza consiste en cuatro compartimentos, cada uno contiene una sección de la Escritura, mientras que la filacteria de la mano tiene un compartimento que contiene los cuatro pasajes en un solo pergamino.

Puede resultar confuso entrar en el tema de la santidad sin concretar lo que está. Dos personas podrían escribir sobre ello y llegarían a dos conclusiones distintas. Una ojeada a una concordancia, diccionario o léxico nos aclara que la palabra “santo” y sus derivados en la lengua griega significan “pureza”, “separar” o “apartarse”. Pero las siguientes preguntas se podrían formar aún: ¿Purificado de qué? ¿Separado de qué, y para qué? ¿Purificado del aire contaminado? ¿Apartado de tal y cual? ¿Puro sexualmente?

El apóstol Pedro nos dice en su primera carta: “Pero como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir, porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” (1 Pedro 1:15-16).

Sin duda alguna, Pedro se refiere—por lo menos en parte—a Levítico 20:26, el cual es la base de la llamada a los creyentes en Jesucristo a la santidad.

“Habéis pues de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos” (Levítico 20:26). 

¿Cómo es “puro” Dios? ¿De que manera es él “separado”? De hecho, los dos términos pueden limitarse a una sola idea: la pureza es separarse de la impureza. Separación significa puro de “cosa extraña”; es decir, NO HAY MEZCLA. Dios es amor, y esto nos da a entender que él no está mezclado con el egoísmo. Dios es Verdad, lo que significa que está apartado de la hipocresía. Una corta y abreviada definición sería que Dios es santo debido a que él está consagrado a una sola esfera – lo espiritual. Para ayudarnos a conocerle, él envió a su Hijo, Jesucristo como la manifestación de los atributos de Su Padre Celestial.

La separación bíblica tiene dos aspectos:

Separación De;  Separación Para.

 

Aquellos que obedecen a Dios y vencen el pecado recibirán una piedra blanca con un nombre nuevo escrito en ella (Apocalipsis 2:17). También recibimos un nombre nuevo en nuestra frente (Apocalipsis 3:12). 

En Cristo tenemos esta esperanza 1 Pedro 2:9-10:

“Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. 10Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, ahora sois pueblo de Dios; en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, ahora habéis alcanzado misericordia.”

“Unidos en una misma mente”

En las cartas a los creyentes en Corinto sabemos que los corintios que se convirtieron y bautizaron a través del ministerio de Pablo, Apolos y Pedro, también se consideraban, en el mundo secular, como sus seguidores exclusivos, y de la misma manera discutían sobre los méritos de los maestros cristianos. Pablo declara que esa lealtad es idolátrica. El quiere que los corintios sigan al Mesías, no a sus siervos. 

La llamada a la unidad que hace Pablo frente a su percepción del papel del maestro cristiano (el Apóstol jamás utiliza el término secular “líderes” que siempre implica una condición superior) se basa en “el nombre de nuestro Señor Jesucristo”, a quien habían invocado para ser salvos (1 Corintios 1:2). Es una convocatoria urgente a que “os pongáis de acuerdo” (v.10). La prohibición de la división y la demanda de que los cristianos estén “completamente unidos en la misma mente y el mismo parecer” los instan a comprender qué es lo que Dios piensa sobre este tema. Pablo lo explica detalladamente en 1 Corintios 1:10–4:21.

Cuando leemos estos pasajes, nos preguntamos, ¿cuáles eran los pleitos o problemas de la iglesia en Corinto? Había el orgullo y celo de aquel que había bautizado a muchos. También la discordia de quién era el mejor predicador. Pablo enfatizó que el mensaje de Jesucristo es más importante que él mensajero.

Aquí están unas ideas para resolverlos:

• Debemos de esforzarnos a estar en un acuerdo.

• Recuerden que “ellos” también son “santos”

• Debemos recordarles que tenemos el mismo don de la salvación

• Debemos demostrarles amor y cariño y orar por “ellos”.

Se nos dice en 1 Corintios 2:14-16 que “el hombre natural” rechaza lo que el Espíritu enseña, porque esto requiere ser examinado espiritualmente. Por otra parte, “el hombre espiritual” investiga todas las cosas, es decir, lo que el Espíritu enseña. 

Si la referencia aquí es a los apóstoles, entonces está claro por qué Pablo dice que la persona espiritual no es juzgada por nadie. Si se refiere al cristiano de mentalidad espiritual, podría significar que no es el juicio del hombre el que determina su condición, sino el examen realizado por la Palabra de Dios. En v.16, Pablo cita Isaías 40:13, que pregunta si alguien puede comprender la mente del Señor, para instruirlo. Afirma que los apóstoles tienen la mente de Cristo. 

El pasaje ha tratado el tema de que Dios es un Dios que “habla” (Deuteronomio 4:33–36) y que ha elegido revelar su corazón y su mente por medio de sus siervos, los apóstoles. El atribuir las palabras de los apóstoles “hablamos” y “estamos hablando” (vs.6, 13) de la sabiduría de Dios que ha sido revelada, señala al hecho de que ellos hablaban la palabra de Dios.

Se nota algunas maneras que Pablo enfrentó la discordia en la iglesia. También podemos imitar esto en nuestra iglesia. Esto es lo que hizo:

• Oró por ellos.

• Les amó y mantuvo contacto con ellos.

• Vio lo bueno en ellos.

• Llamó la atención a las cosas comunes que tenían al pie de la Cruz de Cristo.

• Les exhortó a que dejaran todas las diferencias afuera de sus vidas.

• Les retó que siguieran a Jesús más de cerca en vez de una persona terrestre.

Jesucristo nuestro ejemplo

La vida cristiana espiritualmente madura es caracterizada por creciente franqueza y obediencia a Dios. Es humildad acerca de uno mismo y de los éxitos personales y también de las relaciones amorosas y armoniosas con otros. ¿A qué se parece un cristiano espiritualmente maduro? ¿Cómo es un cristiano maduro espiritualmente?

Debemos tener “escrito en la frente” las “bienaventuranzas” del Sermón del Monte de la enseñanza de Jesús. (Mateo 5:3-12). Tienen que ver con las personas que se describen, las cualidades que se elogian y las bendiciones que se prometen. Retrata la conducta que Jesús esperaba de cada uno de sus discípulos quienes son también así ciudadanos del Reino de Dios. 

No existen ocho grupos separados y distintos de discípulos, algunos de los cuales son mansos en tanto que otros son misericordiosos. Se trata de ocho cualidades del mismo grupo. Las bienaventuranzas detallan la concepción de Cristo sobre lo que en esencia debe ser cada cristiano.

¿Se pueden vivir las bienaventuranzas o acaso proponen un camino demasiado tortuoso y difícil de cumplir? El evangelista Mateo recoge estas palabras del Maestro: 

 “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella. Pero ¡qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y son pocos los que la hallan.” (Mateo 7:13-14). 

Aunque el Señor reconoce aquí que es difícil para el ser humano seguir sus pasos, no dice nunca que éste sea capaz por sí mismo de vivir las exigencias que él propone.

Éstas sólo parecen imposibles a quienes no han comprobado el atractivo del reino de Dios, ni han nacido de nuevo. Aquél que no está enamorado de Cristo, como lo estaban los discípulos, es incapaz de vivir a la altura de sus palabras. Sin embargo, el que ha sido captado por la belleza espiritual del reino recibe la invitación seguir en los pasos del Señor. El cristiano puede vivir las bienaventuranzas no por su sólo esfuerzo sino a través de la gracia que recibe del Altísimo.

La mente de Jesucristo se puede ver en lo que El dice en la cruz: 

«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» (Lucas 23:34)

El es el verdadero hijo de Dios. El ejemplo supremo se encuentra en su exhortación para todos los creyentes Mateo 5:43-48 

Preguntas para considerar

¿Cuál era el primer deber de los sacerdotes?

¿Cuál es la primera obligación del pueblo de Dios hoy?

¿Qué significa el temor del Señor?

“Sacerdote según el orden de Melquisedec”

Fue el rey de Salem (probablemente Jerusalén) y sacerdote del “Dios Altísimo” que recibió a Abraham a su regreso de la batalla en la que derrotó a Quedorlaomer y sus aliados, este le ofreció pan y vino, lo bendijo en el nombre del Dios Altísimo, y recibió de el la décima parte del botín que había tomado del enemigo (Génesis 14:18). 

En Salmo 110:4 se aclama a un rey davídico por juramento divino como “sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”. El rey así aclamado fue reconocido en Jesús por sus contemporáneos como el Mesías davídico (Marcos 12:35). Si Jesús es el Mesías davídico, debe ser también el “sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”. 

El escritor de la Epístola a los Hebreos llega a esta conclusión inevitable, y desarrolla el tema del sacerdocio celestial de nuestro Señor sobre la base del Salmo 110:4, visto a la luz de Génesis 14.18, en el que Melquisedec aparece y desaparece súbitamente sin que nada se haya dicho acerca de su nacimiento, su muerte, sus antepasados, o sus descendientes, de un modo que destaca su superioridad sobre Abram e, indirectamente, sobre el sacerdocio por parte de Aarón que desciende de Abram.

En el comentario de Pablo acerca de Melquisedec, que se asigna en Hebreos, él mismo admitió que estaba profundamente, hablando de cosas que podrían ser captadas sólo por los creyentes muy maduros (Hebreos 5:10,11,14). 

“Este Melquisedec, genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios” (Hebreos 7:1,3). 

Por este pasaje algunos sostienen que Jesús existió literalmente antes de su nacimiento, y por lo tanto no tuvo padres humanos.

Jesús tuvo un Padre (Dios verdadero) y una madre (María) y una genealogía (Mateo 1, Lucas 3, y compárese con Juan 7:27). Por lo tanto, ‘Melquisedec’ no puede referirse a él personalmente. Además rey de Salem [Jerusalén], sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo” se menciona que es “sin padre, sin madre, sin genealogía”, Melquisedec fue “hecho SEMEJANTE al Hijo de Dios” (Hebreos 7:3); él no era Jesús mismo, pero tenía cierta similitud con él. 

“A semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto”, que es Jesús (Hebreos 7:15), quien fue ordenado sacerdote “según el orden de Melquisedec” (Hebreos 5:5,6).

Si Melquisedec literalmente no tenía padre ni madre, entonces la única persona que él podría haber sido era Dios mismo; él es la única persona sin principio (1Timoteo 6:16; Salmo 90:2). Pero esto está vetado por Hebreos 7:4: “Considerad, pues, cuán grande era éste”, y también por el hecho de que fue visto por los hombres (lo cual no puede ser así con Dios) y él ofreció sacrificios a Dios. Si a él se le llama hombre, entonces debe haber tenido padres literales. 

Que él sea “sin padre, sin madre, sin genealogía” debe referirse por lo tanto al hecho de que su genealogía y sus padres no están anotados. Los padres de la reina Ester no están registrados, y así sus antecedentes se describen de manera similar. Mardoqueo “había criado a… Ester, hija de su tío, porque era huérfana… Cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la adoptó como hija suya” (Ester 2:7).

Este libro de Génesis por lo general entra en muchos detalles para presentar los antecedentes familiares de todos los personajes que se nos da a conocer. Pero Melquisedec aparece en escena sin previo aviso, sin datos de sus padres, y desaparece del relato con igual brusquedad. No obstante, no puede haber duda de que él era digno de un respeto muy grande; incluso el gran Abraham le pagó diezmos, y él le bendijo, mostrando claramente la superioridad de Melquisedec sobre Abraham (Hebreos 7:2,7).

Pablo no está tan sólo haciendo ejercicio mental con la Escritura. En el primer siglo había un problema muy real, que el argumento de Melquisedec podía resolver. Los judíos razonaban así:

‘Uds. los cristianos, nos dicen que este Jesús puede ser ahora nuestro sumo sacerdote, que ofrece nuestras oraciones y obras a Dios. Pero un sacerdote tiene que tener una genealogía conocida que demuestre que es de la tribu de Leví. Y en cambio Uds. admiten que Jesús era de la tribu de Judá (Hebreos 7:14). Disculpen, pero para nosotros Abraham es nuestro líder y ejemplo supremo (Juan 8:33,39), y no queremos honrar a este Jesús’.

A lo cual Pablo responde:

‘Pero recuerden a Melquisedec. El relato del Génesis está diseñado para mostrar que un sacerdote tan grande no tenía genealogía, y el Mesías ha de ser tanto rey como sacerdote, cuyo sacerdocio es según el modelo de Melquisedec (Hebreos 5:6 compárese con Salmo 110:4). Abraham era inferior a Melquisedec, así que Uds. deberían desviar su énfasis de Abraham a Jesús, y dejar de darle tanta importancia al asunto de las genealogías (véase 1 Timoteo 1:4). Si ustedes meditan en que Melquisedec es un tipo de Jesús (es decir, los detalles de su vida apuntaban hacia él), entonces Uds. tendrían un mayor entendimiento de la obra de Cristo.’

Los creyentes en Jesucristo no son levitas porque espiritualmente su sacerdocio no proviene del orden de Aarón sino directamente de Dios, por medio de Jesucristo, el cual es Sumo Sacerdote no de acuerdo al orden sacerdotal y levítico de Aarón sino que del orden de Melquisedec (Génesis 14: 18- 20, Salmo 110, Hebreos 7:2). 

A este Melquisedec precisamente establece la superioridad del sacerdocio de Cristo sobre el de Aarón.

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