Perdonar y ser perdonado – Jesús nos enseña

Después de haber sido crucificado entre dos ladrones, las primeras palabras de Jesús desde la cruz registradas en el evangelio de Lucas fueron una oración de perdón para quienes le ejecutaban. La crucifixión es tal vez la más humillante y dolorosa forma de ejecución jamás encontrada, y sin embargo Jesús no ofreció resistencia ni manifestó resentimiento. Incluso oró por los responsables de su muerte: 

   Jesús decía:—Padre, perdónalos, porque no   saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.” (Lucas 23:34)

Su oración no fue una declaración del perdón incondicional, tampoco obtuvo automáticamente perdón personal para sus enemigos, pero sí contuvo la ira de Dios por casi cuarenta años, dándole así tiempo a la nación para que se arrepintiera. 

Jesús pidió a Dios que perdonara a la gente que le daba muerte: líderes judíos, políticos romanos, soldados y espectadores, y Dios contestó esa oración al abrir el camino de salvación aun para los asesinos de Jesús. El oficial romano y los soldados testigos de la crucifixión dijeron: “Verdaderamente éste era Hijo de Dios.” (Mateo 27:54). 

En Hechos 2:37, muchos “se compungieron de corazón”. Muchos judíos se arrepintieron y creían el evangelio predicado por Pedro en el Día de Pentecostés (Hechos 2:37-38; 3:17-19; 4:4). Pronto muchos sacerdotes se convirtieron a la fe cristiana (Hechos 6:7). Es triste, pero no recibieron la Palabra y hasta cometieron otro asesinato cuando apedrearon a Esteban (Hechos 7).

No olvidemos que el perdón es condicional, debemos cumplir lo dicho por Jesús:

“Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguien, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas, porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.” (Marcos 11:25-26)

Observamos a dos personas en oración

Las dos oraciones en Lucas 18:9-14 reflejan dos tipos de personalidad. El fariseo era un hombre piadoso, que vivía en forma honesta y correcta. En contraste, el cobrador de impuestos se mantenía lejos del lugar santo en el templo. No se atrevía a levantar los ojos y menos aun las manos en oración delante de Dios, sino que simplemente derramó una confesión de su pecaminosidad y clamó por la misericordia de Dios.  Jesús continua (v.9-10):

“A unos que confiaban en sí mismos como justos y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al Templo a orar: uno era fariseo y el otro publicano.”

Se nota que Lucas comparó esta parábola con otra que tenía que ver con la oración (Lucas 18:1-8).  Esta recalca la eficacia de la oración de la oración persistente o tenaz.  La parábola del fariseo y el publicano, en cambio, recalca el peligro de la oración presumida.

¿Cómo era el legalismo del fariseo? 

  • Confía en su propia justicia. Ante la presencia de otro que no es capaz de hacerlo, sólo puede sentir el desdén.
  • Los requisitos impuestos por los fariseos eran la oración dos veces al día 9:00 h y a las 15:00 h.
  • Ayunaba dos veces por semana. La ley de Moisés exigía que el pueblo ayunara sólo una vez al año en el Día de la Expiación (Levítico 16:29-31; 23:27-32; Números 29:7).
  • Practicaba  diezmar más allá que lo que la ley demandaba. Según ésta, se esperaba que se pagase un diezmo sólo sobre la cosecha agrícola (Deuteronomio 14:22). El fariseo afirmaba que pagaba diezmos de todo lo que poseía”.
  • Quería impresionar a Dios con su legalismo sacrificial.
  • El pronombre “yo” figura por lo menos cuatro veces en la oración

¿Cómo era el otro personaje?

  • El publicano asume la postura del penitente.
  • Por el peso de su pecado, no recurre a ningún sistema oficial de orar.
  • Palabras de alabanza, adoración y agradecimiento no figuran en su oración.

Sin duda, había muchos fariseos buenos, con buenas intenciones, y por lo tanto es erróneo englobarlos a todos y condenarlos, pero también es cierto que había gente como el fariseo que es retratado aquí. Sin embargo, el veredicto de Jesús fue que él volvió a su casa justificado, o sea aceptado por Dios, pero el fariseo no lo fue en modo alguno. Dios siempre está listo para recibir a los injustos cuando claman a él, pero cierra sus oídos a aquellos cuyo orgullo en sus prácticas religiosas y buenas obras les hace sentir autosuficientes.

“Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro, porque cualquiera que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido.” (Lucas 18:14) 

El perdón de Dios está basado en la condición inconfundible y clara del arrepentimiento y la fe. Cristo empezó su ministerio con un llamamiento al arrepentimiento (Mateo 4:17). Significa “cambio de actitud o de propósito en la vida.”.

¿Cómo actuamos hoy en día?

Jesús nos deja con una oración que puede ser un modelo para nuestras oraciones. Debemos alabar a Dios, orar por su obra en el mundo, orar por nuestras necesidades cotidianas y orar solicitando su ayuda en nuestros conflictos diarios. Se nota que inmediatamente después de mencionar el pan diario está la referencia al perdón.

“Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.” (Mateo 6:12)

El perdón es tan indispensable para la vida y la salud del ser humano como el alimento lo es para el cuerpo. El pecado se asemeja a “una deuda” porque merece ser castigado. Cuando Dios perdona el pecado, levanta el castigo y quita el cargo que había contra nosotros. 

Dios perdona sólo al penitente y que una de las pruebas principales de verdadera penitencia es un espíritu de perdón. Una vez que nuestros ojos han sido abiertos para ver la enormidad de nuestra ofensa contra Dios, las injurias que otros nos han hecho parecen en comparación extremadamente fútiles.7

La vida en la comunidad 8

En el grupo, hacemos un pacto que incluye las nueve características de la comunión bíblica:

  • Expresaremos nuestros verdaderos sentimientos (autenticidad);
  • Nos animaremos unos a otros (reciprocidad);
  • Nos apoyaremos unos a otros (compasión);
  • Nos perdonaremos unos a otros (misericordia);
  • Hablaremos la verdad en amor (sinceridad);
  • Reconoceremos nuestras debilidades (humildad);
  • Respetaremos nuestras diferencias (amabilidad);
  • No andemos con chismes (confidencialidad) y
  • Haremos del grupo una prioridad (frecuencia).

Punto de reflexión: 

El arrepentimiento es imprescindible

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Perdonar y ser perdonado

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Referencias:

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