Contenidos

Introducción                                                 2

Las ´señales´ en Juan                                         3

Palabras claves en las “señales”                                 4

Ocho señales, ocho discursos                                6

   La purificación del Templo (Juan 2:13-22)                 7

Discurso 1 – Nacer de nuevo (Juan 3:1-21)                 17

Discurso 2 – El agua viva (Juan 4:1-42)                         33

Discurso 3 – La autoridad del Hijo de Dios (Juan 5:19-47)    46

Discurso 4 – El pan de vida (Juan 6:22-65)                 57

Discurso 5 – La presencia de Jesús (Juan 7:1-52)                 81

   La mujer adúltera (Juan 7:53- 8:1-11)                 93

Discurso 6 – La luz del mundo (Juan 8:12-59)                 98

Discurso 7 – El buen pastor (Juan 10:1-42)                 112

Discurso 8 – Apacentar las ovejas (Juan 21:15-19)                 125

     Bibliografía                                                 133

Doy gracias a Dios por el apoyo y compañerismo que he recibido durante este estudio de mi hermano en la fe, Carlos Revelo de la iglesia cristadelfiana, Quito, Ecuador

A menos se indique lo contrario, todas las citas bíblicas están tomadas de la Versión Reina-Valera 1995

Introducción

Las obras maravillosas de Jesús no eran simplemente hechos admirables, eran ventanas que se abrían a la realidad que es Dios. Todos los milagros relatados por Juan dan testimonio de Jesús revestido con el poder de su Padre Celestial.

Es imprescindible que pongamos atención a lo que dice Jesús. Por eso, incluido en el título de este estudio está la palabra “discurso”. Significa «razonamiento o exposición sobre algún tema que se lee o pronuncia en público”.

Juan presenta discursos de Jesús de mayor profundidad sobre su naturaleza y  misión. Hace énfasis, no en las proclamas públicas de Jesús, sino en las conversaciones personales y privadas que Este sostuvo con personas en particular, tal como la sostenida con Nicodemo (Juan 3), y con la mujer samaritana (Juan 4).

En el evangelio de Juan los discursos son provocados por una pregunta dirigida a Jesús, como en el caso de Nicodemo (Juan 3:1), o por una acción que él hubiera realizado, como una curación en sábado (Juan 5:1). En cualquier caso, esta «provocación» no es constitutiva del discurso, sino una introducción al mismo.

Todos los relatos del evangelio ponen gran énfasis en la muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo; Juan, sin embargo, pone aún más énfasis que los demás. No menos de la mitad de este relato trata sobre eventos relacionados con la crucifixión. Todo el libro avanza hacia el fatídico momento llamado “la hora”.

Juan es el que nos dice que Cristo vino para revelar al Padre y que, por eso, el ver a Jesús era ver al Padre (8:19; 12:45; 14:9). Vamos a comprender más de su gracia hacia nosotros revelada en sus discursos.

 William Rawson (julio, 2011)  

Las ´señales´ en Juan

La palabra “señales” se utiliza en actos milagrosos en Juan 2:11, 18, 23; 3:2; 4:48, 54; 6:2, 14, 26, 30; 7:31; 9:16; 10:41; 11:47; 12:18, 37; 20:30. El objetivo de las señales hechas por Jesús se encuentra en Juan 20:31 donde habla de la fe: “Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios…” Según la dirección de Juan, anotamos en la tabla las reacciones de la gente después de ser testigos de los hechos de Jesús.

Referencia

Señal

Resultado

Señal 1: Juan 2:1-11

Agua en vino

2:11 “…sus discípulos creyeron en él.”

Señal 2: Juan 4:43-54

La curación del hijo de un noble

4:53 “…Y creyó él con toda su casa…”

Señal 3: Juan 5:1-18

Curación de un paralítico

5:16  “…los judíos perseguían a Jesús..(6:2) “…lo seguía una gran multitud…”

Señal 4: Juan 6:1-15

Alimentación de los 5000

6:14 “Verdaderamente este es el Profeta…”

Señal 5: Juan 6:16-21

Jesús camina sobre las aguas

6:66, 69 “…muchos de sus discípulos volvieron atrás…(69)…Y nosotros hemos creído y conocido que tu eres el Cristo…”

Señal 6: Juan 9:1-41

El ciego que recupera la vista

9:38 “Creo, Señor – y lo adoró.”

Señal 7: Juan 11:1-44

La resurrección de Lázaro

11:45 “…muchos de los judíos…creyeron en él.”

Señal 8: Juan 21:1-15

La gran cantidad de peces

21:12 “…sabiendo que era el Señor.”

Entre los estudiosos de la Biblia existe cierta duda con respecto al número de las señales. Juan utiliza este término en sólo cuatro ocasiones (2:11; 4:54; 6:14; 12:18). Sin embargo, algunos fariseos dijeron que Jesús hizo “señales” en la discusión de la curación del ciego en Juan 9:16.  Por eso llegamos a un total de cinco. ¿Qué pasa con las tres que sobran?  El término “señal” no es aplicable a la curación del paralítico en Juan 5 ni cuando Jesús anduvo sobre las aguas.  En este estudio las consideramos como señales basadas en la evidencia presentada en las dos tablas siguientes. Se nota también que incluimos la última “señal” de la pesca milagrosa se encuentra en Juan 21 después del ministerio público de Jesús.  Con estas ocho “señales” seguimos con nuestro estudio. Entendemos que cada señal implica algún tipo de verdad espiritual de la obra de Dios en Su Hijo, Jesucristo. Pero descubrimos aun más…

Palabras claves en las “señales”

Cuando Juan introduce el tema de las señales, identifica cuatro aspectos (1 – 4) con respecto a Dios y Su propósito con Jesús. Usa cinco palabras específicas en Juan 1 con las cuales se aplican selectivamente con cada señal. Estas palabras son:

(1) La Palabra vista en Jesús (El Verbo, griego: logos) Juan 1:1-3.

(2) La vida (griego: zoee) y La luz (griego: phos) Juan 1:4-9 reveladas en Jesús

(3) La Gloria declarada en Jesús (griego: doxa) Juan 1:14-18.

(4) Todas estas son manifestadas (griego: phaneroo) por medio de Jesús.

 

Estas cinco palabras claves (palabra, vida, luz, gloria y manifestar) se encuentran en las señales de Juan.

 

Referencia

Señal

Palabra(s) clave(s)

Señal 1: Juan 2:1-11

Agua en vino

2:11 manifestar, gloria

Señal 2: Juan 4:43-54

La curación del hijo de un noble

4:50 palabra

Señal 3: Juan 5:1-18

Curación de un paralítico

5:24 palabra, vida

Señal 4: Juan 6:1-15

Alimentación de los 5000

6:27 vida

Señal 5: Juan 6:16-21

Jesús camina sobre las aguas

7: vida

Señal 6: Juan 9:1-41

El ciego que recupera la vista

9:5 luz

Señal 7: Juan 11:1-44

La resurrección de Lázaro

11:4 gloria

Señal 8: Juan 21:1-15

La gran cantidad de peces

21:1, 14 manifestar

El uso de estas palabras claves se encuentra en el evangelio de Juan en las referencias siguientes:

Palabra (griego: logos) denota la voluntad revelada de Dios. Se utiliza de una revelación directa dada por Cristo (1 Tesalonicenses 4:15); del evangelio (Hechos 8:25; 13:49; 15:35, 36; 16:32; 19:10); discurso, plática, dicho de instrucción (Hechos 2:40; 1 Corintios 2:13; 12:8; 2 Corintios 1:18). El título logos, el Verbo (Juan 1:1) es la manifestación personal, la gloria en abierta manifestación “El unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer” (v.18).  Este título es asimismo utilizado en 1 Juan 1.

Juan 1:1, 14; 2:22; 4:37, 39, 41, 50; 5:24, 38; 6:60; 7:36, 40; 8:31, 37, 43, 51, 52, 55; 10:19, 35; 12:38, 48; 14:23, 24; 15:3, 20, 25; 17:6, 14, 17, 20; 18:9, 32; 19:8, 13; 21:23.

Vida (griego: zoee) Se emplea en el Nuevo Testamento de la vida como un principio, vida en el sentido absoluto, vida como la tiene Dios, aquello que el Padre tiene en sí mismo, y que Él dio al Hijo que tuviera vida en sí mismo (Juan 5:26), y que el Hijo manifestó en el mundo (1 Juan 1:2).

Juan 1:4; 3:15, 16, 36; 4:14, 36; 5:24, 26, 29, 39, 40; 6:27, 33, 40, 47, 48, 51, 53, 54, 63, 68; 8:12; 10:10, 28; 11:25; 12:25, 50; 14:6; 17:2, 3; 20:31.

Luz (griego: phos) La santidad de Dios se expresa en términos de luz en 1 Timoteo 6:16, donde se dice que habita “en luz inaccesible”;  1 Juan 1:5, donde se dice que “Dios es luz”, y otros pasajes en esa misma epístola, en los que se explican las consecuencias de este hecho para el creyente. En el Evangelio de Juan el término luz se refiere, no tanto a la santidad de Dios, como a la revelación de su amor en Cristo y la penetración de dicho amor en vidas entenebrecidas por el pecado. Es así que Cristo se refiere a sí mismo como “la luz del mundo” (Juan 8:12; 9:5; 12:46). En forma semejante, Pablo puede referirse a “la luz del evangelio de la gloria de Cristo”, y a Dios mismo como el que “resplandeció en nuestros corazones” (2 Corintios 4.4–6).

Juan 1:4, 5, 7, 8, 9; 3:19, 20, 21; 5:35; 8:12; 9:5; 11:9, 10; 12:35, 36, 46.

Gloria (griego: doxa) Según Strong: La palabra denota reputación, fama, y la estima que se le da a una persona. La palabra evolucionó hasta llegar a significar honor o gloria que se dispensa a pueblos, naciones e individuos. Doxa en el Nuevo Testamento significa el esplendor, el brillo y la majestad centrados en Jesús. Aquí doxa  es la perfección majestuosa y absoluta que reside en Cristo y se evidencia en los milagros que realizó.

Juan 1:14; 2:11; 5:41, 44; 7:18; 8:50, 54; 9:24; 11:4, 40; 12:41, 43; 17:5, 22, 24. (doxazo) 7:39; 8:54; 11:4; 12:16, 23, 28; 13:31, 32; 14:13; 15:8; 16:14; 17:1, 4, 5, 10; 21:19.

Manifestar (griego: phaneroo) Significa hacer visible, claro, manifiesto, conocido. Es utilizado especialmente en los escritos de los apóstoles Juan y Pablo. El verdadero significado es destapar, revelar.

Juan 1:31; 2:11; 3:21; 7:4; 9:3; 17:6; 21:1, 14.

Ocho señales, ocho discursos

Ahora consideramos una supuesta conexión de las señales con los discursos que también encontramos en el evangelio de Juan. Se mantiene que podemos llegar a un entendimiento mejor de las señales por medio de lo que leemos en los discursos

 

Referencia

Señal

Discurso

Señal 1:

Juan 2:1-11

Agua en vino

3:1-21

Nacer de nuevo

Señal 2:

Juan 4:43-54

La curación del hijo de un noble

4:1-42

El agua viva

Señal 3:

Juan 5:1-18

Curación de un paralítico

5:19-47

La autoridad del Hijo de Dios

Señal 4:

Juan 6:1-15

Alimentación de los 5000

6:22-65

El pan de la vida

Señal 5:

Juan 6:16-21

Jesús camina sobre las aguas

7:1-52

El espíritu de la vida

Señal 6:

Juan 9:1-41

El ciego que recupera la vista

8:12-59

La luz del mundo

Señal 7:

Juan 11:1-44

La resurrección de Lázaro

10:1-42

El buen pastor

Señal 8:

Juan 21:1-15

La gran cantidad de peces

21:15-19

Apacentar las ovejas

La purificación del Templo

(Juan 2:13-22)

                                        🕮 Lea Juan 2:13-22

Los versículos 13-22 contrastan con el pasaje anterior. Después del gozo de las bodas de Caná nos encontramos aquí con un conflicto. En vez de hallar fe descubrimos enemistad y malos entendidos en Jerusalén y, sobre todo, en el templo, lugar en donde se esperaría reverencia por las cosas del Señor; pero no la hay, sino más bien personas que desean sacar provecho de la gran afluencia de los peregrinos.

Juan 2:13. Desde Capernaúm viajaron al sur para celebrar la Pascua. Esta ceremonia se cumplía todos los años en el templo de Jerusalén. Cada judío debía hacer un peregrinaje hacia esa ciudad (Deuteronomio 16:16). Era una fiesta que duraba una semana (la Pascua se realizaba el 14 de Nisán y la Fiesta de los Panes sin Levadura se prolongaba por el resto de la semana). Todo este tiempo se conmemoraba la liberación de los judíos de la esclavitud de Egipto (Éxodo 12:1-13).

Salomón construyó el primer templo unos mil años antes (949 a.C.), pero los babilonios lo destruyeron (2 Reyes 25). El templo se reconstruyó en 515 a.C. y Herodes el Grande lo engrandeció y remodeló. Posiblemente inició la reparación y embellecimiento del templo en el año 20 a.C., así que el relato puede ubicarse en el año 26 d.C.

Con la frase “la subida” a Jerusalén se hace pensar que la pascua judía cualifica un momento solemne. Sin embargo consideramos que la expresión “la Pascua de los judíos” hace una distinción de ella con “la fiesta del Señor” (Levítico 23:2).

¿La fiesta del Señor había llegado simplemente a ser una fiesta de los judíos?

Juan 2:14. A pesar de la presencia de miles de visitantes de todas partes, los líderes religiosos se mostraban indiferentes ante la aglomeración que se formaba en el acceso al templo. Esta situación se agravaba porque permitían que los cambistas y mercaderes instalen sus puestos en el atrio de los gentiles. Establecieron esta práctica como una manera de ayudar a los adoradores y una forma de obtener dinero para el mantenimiento del templo.

Los impuestos del templo tenían que pagarse con moneda local, de manera que los extranjeros tenían que cambiar su dinero con los cambistas, los que a menudo eran deshonestos e imponían altas cotizaciones.  

Debido a los viajes tan largos que realizaban, muchos peregrinos no llevaban sus animales. Además, en la mayoría de ocasiones, los animales que presentaban eran rechazados, pues se argumentaba que eran imperfectos. Los vendedores de animales tenían un negocio floreciente en el patio del templo. El precio de los animales para el sacrificio era más alto en el templo que en cualquier otro lugar.

Juan 2:15-16. Jesús hizo un látigo y echó fuera del Templo a todos. Actuó así:

 

  • Porque se estaba profanando la casa de Dios.
  • Para mostrar que toda esa parafernalia de sacrificios animales era totalmente impertinente.
  • Porque el atrio de los gentiles era el único al que podían acceder los que no fueran israelitas. Según Marcos 11:17 la casa “será llamada casa de oración para todas las naciones”.

 

 Cuestiones de la resistencia. ¿Qué piensa? Apunte sus ideas.

Resistencia ejemplificada

Resistencia prohibida

“Y les dijo:—Pues ahora el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una.” (Lucas 22:36)

¿Sanciona la autodefensa pero no la agresión?

“Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra;” (Mateo 5:39)

¿No debemos abrigar sentimientos de resentimiento?

“e hizo un azote de cuerdas y echó fuera del Templo a todos, con las ovejas y los bueyes; también desparramó las monedas de los cambistas y volcó las mesas;” (Juan 2:15)

¿El azote fue aplicado a los animales pero no a sus dueños?

“Entonces Jesús le dijo:—Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que tomen espada, a espada perecerán.” (Mateo 26:52)

¿Es verdad que la violencia no puede producir nada más que violencia?

Apuntes:

 

Juan narra la limpieza del templo al principio del ministerio de Jesús. Los otros tres evangelistas la ponen al final. ¿Quiere decir que Jesús purificó el templo dos veces? ¿La ubicación en los libros está relacionada con la importancia que le da cada evangelista a este episodio?

 Haga apuntes de cada referencia para identificar y comparar los detalles y las citas específicas.

Mateo

21:12–17

Marcos

11:12–19

Lucas

19:45–48.

Juan

2:13-22

Juan 2:17-18. La purificación del templo provocó dos situaciones:

Los discípulos se acordaron de un pasaje del Salmo 69. Jesús interpretó la corrupción en el templo como un insulto a Dios y fue enérgico. La ira santa en contra del pecado y la falta de respeto a Dios le consumía.

Los judíos le preguntaron a Jesús qué derecho tenía para actuar así y le exigieron que demostrará su origen divino y su poder por medio de un milagro. ¡Pero acabaron de ver una señal de la autoridad impresionante de la persona en medio de ellos! Sin embargo, la señal requerida era de un tipo diferente de la que se menciona en el v. 11.

 

Los discípulos se acordaron del Salmo 69:9. El que trajera este versículo a la memoria era señal de que se estaban dando cuenta, cada vez más, de que Jesús era el Mesías.

“Entonces recordaron sus discípulos que está escrito: «El celo de tu casa me consumirá»” (Salmo 69:9)

        Haga apuntes de lo que aprendemos de Jesús según las citas del Nuevo Testamento.

Salmo 69:4

Juan 15:25

Salmo 69:9ª

Juan 2:17

Salmo 69:9b

Romanos 15:3

Salmo 69:20

Mateo 26:36-38

Salmo 69:21

Juan 19:28-29

Salmo 69:22

Romanos 11:9-10

Juan 2:19. Destruyan este templo.

Los judíos pensaron que Jesús se refería literalmente al templo, pero Juan nos dice que no (v. 21). Años más tarde, Jesús fue acusado de decir que él destruiría el templo y lo levantaría otra vez (Mateo 26:60-61) y los burladores repetían el cargo en su contra mientras estaba colgado en la cruz (Mateo 27:40).

 

Ayudas para la comprensión – el comentario explícito –

Juan 2:19-22 es un buen ejemplo del uso del comentario explícito.

Jesús les respondió: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré.”

Los judíos le contestaron:

“En cuarenta y seis años fue edificado este Templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?” (Interpretación falsa)

“Pero él hablaba del templo de su cuerpo.” (Interpretación correcta)

“Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos recordaron que había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había dicho.” (Historia de la recepción)

Mediante ese comentario explícito, conocemos el tiempo que fue necesario para llegar a la verdadera comprensión de las palabras de Jesús, a la luz de la Resurrección.

 

 

FIESTAS JUDÍAS Y DÍAS SAGRADOS

Fiesta o día

Día de celebración

(y equivalencia aproximada en nuestro calendario)

Referencias

Sábado

Cada 7 días

Ex 20.8–11; Lv 23.3; Mt 12.1–14; Heb 4.1–11

Luna nueva

El primer día del mes lunar

Nm 10.10; Nm 28:11–15; 1 S 20.5–6, 29; 2 R 4.23; Am 8.5

Año de jubileo

Cada 50 años

Lv 25.8–11; 27.17–24; Nm 36.4

Pascua

14 de nisán (marzo–abril)

Ex 12:1–14; Lv 23.5; Jn 2.13

Pan sin levadura

15–21 de nisán (marzo–abril)

Ex 12.15–20; 13.3–10; Lv 23.6–8; Mc 14.1, 12

Primicias (primera cosecha)

16 de nisán (marzo–abril)

Lv 23.9–14

Semanas (Pentecostés)

de siván (mayo–junio)

Ex 23.16; Lv 23.15–21; Hch 2.1

Trompetas (luego llamada Rosh Hashana o Año nuevo)

1 de tishri (septiembre–octubre)

Lv 23.23–25; Nm 29.1–6

Día del perdón (Yom kipur)

10 de tishri (septiembre–octubre)

Lv 16; 23.26–32; Heb 9.7

Tabernáculos

15–21 de tishri (septiembre–octubre)

Lv 23.33–36a, 39–43; Jn 7.2, 37

Reunión solemne

Dedicación (Hanuká)

22 de tishri (septiembre–octubre)

25 de quisleu (noviembre–diciembre)

Lv 23.36b; Nm 29.35–38

Jn 10.22

Purim

14–15 de adar (febrero–marzo)

Est 9.18–32

 

Para servir y adorar a Dios se requiere de reverencia y sinceridad. Los vendedores y cambistas en el atrio del templo hacían lo que Pablo llama en 1 Timoteo 6.5 «tomar la piedad como fuente de ganancia». La verdadera adoración se debe practicar con un corazón sincero, que no tenga doble intención.

El que Jesús hablara de su cuerpo como templo demuestra que todo lo que se hacía en el templo se cumplió en Él. Esto se explica en la carta a los Hebreos 10:11-12, cuando dice:

«Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados, pero Cristo, habiendo ofrecido una vez y para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios».CrucifixionFeet.bmp

Llaman la atención las palabras «una vez y para siempre un solo sacrificio». Su sacrificio es suficiente para perdonar todos nuestros pecados.

Discurso 1 – Nacer de nuevo

(Juan 3:1-21)

                                     🕮  Lea Juan 3:1-21

Juan 3:1. “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, dignatario de los judíos.”

En el discurso que acompaña a la primera señal encontramos a un miembro de la aristocracia de Jerusalén. Es Nicodemo (nombre griego que significa «vencedor del pueblo»), rico, fariseo y uno de los gobernadores de los judíos. Fue por la noche cuando vino a Jesús. ¿Por qué vino a Jesús? Porque “muchos creyeron en su nombre al ver las señales que hacía” (Juan 2:23) Pero el narrador ha indicado que Jesús (2:24) “no se fiaba de ellos”. Por eso, ¡Nicodemo avanza por territorio peligroso! ¿Cómo va a evolucionar la conversación?

¿Por qué vino por la noche? Es un detalle que menciona el relato en Juan 19:39. ¿Por precaución? ¿Por miedo a los judíos? Pero a Nicodemo no le falta coraje. Posiblemente vino en la noche porque estaba temeroso de perder su reputación y posición. Era experto en la ciencia de la Ley. Los investigadores también tienen otra sugerencia. La costumbre judía recomendaba el estudio nocturno de la Torá por cuanto no se presentaban distracciones. Durante el día, Jesús estaba rodeado de gente, por eso Nicodemo vino en la noche porque quería hablar a solas con el Mesías.http://apologista.files.wordpress.com/2010/02/nicodemo.jpg

Reconocimiento del sentido del discurso

  1. Rabí, sabemos que has venido de Dios (v. 2)

Es una admisión franca que sale de los labios de un hombre muy importante. Para decir: “…nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.” Indica que algunos dirigentes de los judíos consideraban a Jesús como un profeta excepcional. El pueblo de Israel sólo tiene que aceptar a un profeta si sus milagros y sus enseñanzas son verdaderas (Deuteronomio 13:1).

Se nota también la frase “si no está Dios con él”. Implica que Nicodemo reconoció a Jesús como Emanuel (El nombre significa: “Dios está con él”.) En el contexto inmediato, Nicodemo aplica la palabra “señal”. Por eso pensamos en Isaías 7:11, 14 donde está ¡la señal del nacimiento de Emanuel!

2.         Nacer de nuevo (vs. 3-4)[1]

        

Nicodemo era un hombre moralista y religioso. Sin embargo, no entendía la verdad sobre el nuevo nacimiento. Pensaba en términos del nacimiento físico, en tanto que Cristo le hablaba de un nacimiento espiritual. Se advierte su respuesta en el versículo 4.

NacimientoJesus.jpg

Durante la conversación Jesús dijo que es necesario “nacer de nuevo”. La Biblia de Jerusalén dice “nacer de lo alto”.  La palabra griega (anothen) traducida aquí como “de nuevo”, puede también entenderse como “de arriba”.

Según Barclay, (pág. 148), esta palabra griega tiene tres sentidos diferentes:

(1)  desde el principio, totalmente, de arriba a abajo.

(2)  de nuevo, otra vez en el sentido de segunda vez.

 (3) de arriba y por tanto de Dios.

Nos parece que Nicodemo la entendió en el segundo sentido, en el más real. El sentido “de nuevo” explica el asombro de Nicodemo que al replicar, dijo. “…por segunda vez”. Un malentendido en el diálogo obliga a una explicación y una consiguiente profundización del anuncio de Jesús porque tenía en la mente un cambio radical. Para entrar en el Reino de Dios uno tiene que “nacer de nuevo”, no experimentando un segundo nacimiento biológico sino uno espiritual, desde arriba[2]. Encontramos el mismo tema en otras partes del Nuevo Testamento: Romanos 6:1-11; 1 Corintios 3:1-2; Gálatas 6:15; Efesios 2:1-5; Tito 3:5; Santiago 1:18; 1 Pedro 1:3, 23.

 

 ¿Qué más aprendemos de “ser nacido de arriba”?

Romanos 6:1-11

1 Corintios 3:1-2

2 Corintios 5:17

 

Efesios 2:24

3.   Nacer de agua y  Espíritu (vs. 5-7)

           

La posibilidad de un nuevo nacimiento era un desafío para Nicodemo. Pero Jesús se refería a un nacimiento totalmente distinto del natural. Es un nacimiento en “agua” y en “Espíitu”. Es un bautismo en agua con un significado espiritual, no dos bautismos diferentes. En este caso, Nicodemo estaba recibiendo la enseñanza de que algún tipo de experiencia espiritual de regeneración era necesaria para una apreciación adecuada del Reino de Dios. Tal nacimiento tiene su principio espiritual en la fe y su causa ritual es el bautismo en agua.

Léon-Dufour [3]confirma esto en su explicación del significado de la expresión “de agua y del Espíritu” en el griego:

 “…La expresión estilísticamente curiosa: las dos palabras “agua” y “Espíritu” están juntas bajo una sola preposición.”

Entonces debemos leer: “…el que no naciere de agua y Espíritu…” en vez de ”… el que no naciere de agua y del Espíritu…” Léon-Dufour continua:

“Conviene  más bien ver aquí el uso del lenguaje figurado, una especie de endíadis. “

 

La endíadis

Es la figura de lenguaje que expresa una idea mediante un par de términos coordinados (una figura retórica que consiste en la expresión de un concepto mediante dos nombres coordinados). La endíadis es bastante común como recurso poético del hebreo y de las lenguas del Medio Oriente.

Nicodemo, un hombre instruido en la Ley, debía haber conocido la verdad de la obra renovadora del Espíritu con el significado de que Dios actuaría para la limpieza de su pueblo (Ezequiel 36:25-27; 37). Se refiere a los acontecimientos en el Antiguo Testamento. Entonces, Jesús aplica aquellos ejemplos en el discurso y trata de mostrar a Nicodemo su significado. El ejemplo principal en el discurso se encuentra en el versículo 5.

 “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.”

Recordemos que Jesús está hablando con un experto en la Ley y en la historia de su pueblo. Preguntamos: ¿Cuándo se produjo el nacimiento de agua y Espíritu de la nación judía? Pablo nos ayuda a encontrar una respuesta:

“…que todos, en unión con Moisés, fueron bautizados en la nube y en el mar, todos comieron el mismo alimento espiritual y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de la roca espiritual que los seguía. Esa roca era Cristo.” (1 Corintios 10:2-4)

Este nacimiento aconteció cuando los israelitas cruzaron el Mar Rojo después de salir de Egipto. En el versículo siguiente (Juan 3:6), Jesús se refiere al “nacimiento de la carne”. El Mesías tiene en su mente las situaciones vividas durante el Éxodo y considera que ser nacido en Egipto equivale a ser nacido de la carne, pero la salida de aquella tierra llevó al pueblo judío a un nacimiento del Espíritu.

 “Moisés extendió su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirara por medio de un recio viento oriental que sopló toda aquella noche. Así se secó el mar y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

Se nota que la palabra griega para “espíritu” es pneuma, que quiere decir “viento”. Lo mismo sucede con la palabra hebrea ruach, que igualmente significa ´”espíritu” y “viento”. La salida de la esclavitud en Egipto y la entrada de los israelitas en la Tierra Prometida corren paralelas con nuestra experiencia cuando pasamos de la antigua vida a la nueva en Cristo y la entrada en el Reino de Dios.

La enseñanza principal de este discurso con Nicodemo viene de Éxodo 14:13-31 – la salida de los israelitas de la esclavitud en Egipto –. Guiados por Dios (manifestado en el Ángel de Jehová), los israelitas cruzaron el Mar Rojo. Se observa también la alusión al viento en Éxodo 14:21 “…un recio viento oriental que sopló…”.  En Juan 3:8 Jesús habla del mismo fenómeno.

En este discurso, Nicodemo aprendió que una experiencia espiritual, una regeneración, era necesaria para apreciar adecuadamente el significado del reino de Dios. (1 Corintios 10:1-5 y Romanos 10:6-8).

  1. El viento y su sonido (vs. 8-12)

Jesús le dijo a Nicodemo que puede oír y sentir el viento, pero no sabe de dónde viene ni a dónde va (v. 8). Hay muchas cosas del viento que no puede entender, pero sus efectos están a la vista. Hasta ahora Nicodemo no comprendía como las cosas terrenales representaban las celestiales. Jesús manifestó (v. 6): “lo que es nacido de la carne, carne es…”. La “carne” representa la debilidad de la naturaleza humana. Es el tema bíblico sobre la imposibilidad de los hombres de obtener la vida por sus propios esfuerzos. El pueblo de Israel no puede ser salvo por las obras de la Ley ni tampoco por su declaración que tienen a Abraham como su padre. Cuando Jesús menciona “carne” y “espíritu” recordamos el mensaje de Isaías 40:6-8:

“Voz que decía: «¡Da voces!».Y yo respondí: «¿Qué tengo que decir a voces?».«Que toda carne es hierba y toda su gloria como la flor del campo. La hierba se seca y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopla en ella. ¡Ciertamente como hierba es el pueblo! La hierba se seca y se marchita la flor, mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre».”

Jesús dijo a Nicodemo: “Ponga atención a mis palabras porque está escuchando la voz del Espíritu”. Nicodemo tuvo que comprender que la entrega total a la Palabra celestial era lo único que tiene valor.

Para ayudarnos a entender lo que Jesús enseña, hay que pensar en el significado de “viento” y “sonido” en el versículo 8: “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.” Comparamos esta traducción de la versión Reina-Valera 1995 con otras dos:WindBlows.jpg

  • La Biblia de Jerusalén: “El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del espíritu.”

  • La versión Jünemann: “El espíritu, donde quiere, espira, y su voz oyes, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va; así es todo el que ha nacido del espíritu.”

Otra vez se nota que la palabra griega para “espíritu” es pneuma, que también quiere decir “viento”. Por su parte, la palabra “sonido” (griego: fone – Número de Strong 5456) se traduce “voz”.

Jesús habla con Nicodemo de las cosas terrenales (v. 12). Pero Nicodemo tiene dificultad para comprender tales cosas, lo que le impide al Mesías hablar de los temas celestiales. ¿Cuáles son estas cosas terrenales? Las cosas terrenales pertenecen a la Ley que sirven como ejemplos de las cosas celestiales. Así, en Hebreos 8:5 encontramos una muestra de lo dicho; “Estos sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales…” (Vea también Hebreos 9:23-24).EarthleyHeavenly.jpg

El problema para Nicodemo fue aceptar que Dios estaba hablando por medio de Juan el Bautista y Jesús. Después de estar acostumbrado a recibir las enseñanzas de los líderes religiosos, como el Sumo Sacerdote en Jerusalén, le fue difícil imaginar que Dios podía hablar por medio de hombres mucho más humildes. Recordemos el testimonio de Juan el Bautista en Juan 1:23: Yo soy “la voz de uno que clama en el desierto…” Por eso, cuando Jesús dijo en Juan 3:11 “De cierto, de cierto te digo que de lo que sabemos, hablamos, y de lo que hemos visto, testificamos; pero no recibís nuestro testimonio. “ El “nosotros” en este versículo se refiere a Jesús mismo y a Juan el Bautista.

La explicación de Jesús a Nicodemo indica que “ser nacido del Espíritu” implica una creencia en las enseñanzas divinas que vinieron por medio de “la voz” del “Espíritu”. Solamente esta combinación de (1) oir la voz y (2) ser bautizado en agua puede producir el nacimiento de arriba. Este entendimiento concuerda con lo que Juan dice en 1:12-13:

“Mas a todos los que lo recibieron, a quienes creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Estos no nacieron de sangre, ni por voluntad de carne, ni por voluntad de varón,  sino de Dios.

Por eso son “hechos hijos de Dios” y “nacidos de Dios”. ¡Nunca debemos subestimar la Palabra de Dios!

  1. “el que descendió del cielo” (v. 13)

“Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.”

Ponemos las ideas trinitarias a un lado y exploramos las ideas bíblicas.

Es casi seguro que las palabras de Juan 3:13 son de Juan y no de Jesús. Es como si alguien preguntara: ¿Qué derecho tiene Jesús a decir esto? La respuesta de Juan es sencilla y terminante:

“…el que descendió…”.

 

Por eso registramos diferentes opiniones de la estructura de esta porción de Juan 3. Aquí tenemos tres sugerencias:

 

Estructura 1

Estructura 2

Estructura 3

3:2-21. Un diálogo entre Jesús y Nicodemo.

3:2-12. Un diálogo entre Jesús y Nicodemo.

3:2-12. Un diálogo entre Jesús y Nicodemo.

3:13-21. Un monólogo de Juan parecido como una confesión de fe.

3:13-21. Un monólogo de Juan que parece más una confesión de fe.

3:13. Un relato de Juan para mostrar como Jesús podía hablar de cosas celestiales.

3:14-21. El diálogo entre Jesús y Nicodemo continúa con las palabras de v. 14 anticipando un evento futuro.

  • La última frase de v. 13 – “que está en el cielo” – no puede ser dicha por Jesús porque todavía no había sufrido en la cruz, bajado a la tumba, resucitado y ascendido al cielo. Sin embargo, en Juan 20:17 Jesús declara que “todavía no ha ascendido al Padre”. La primera expresión (Juan 3:13) debe tomarse figurativamente mientras que la última se refiere a la partida real de Jesús al Padre.

La primera persona gramatical, en forma tácita, es empleada por Jesús varias veces hasta el v.10. Esta misma primera persona es usada solo una vez por Juan (v. 28).

Nos inclinamos a aceptar la idea de la segunda estructura.

Nuestra explicación del v. 13 está dirigida por la premisa: Si Cristo es un profeta o libertador enviado por Dios, entonces es lógico decir que “descendió del cielo” utilizando en forma adecuada el lenguaje del Antiguo Testamento. Jesús tuvo que demostrar a Nicodemo que era un profeta y libertador enviado por Dios y que tenía la autoridad suficiente para enseñarle sobre las cosas celestiales. El v. 13 justifica la competencia del Hijo del Hombre.

¿Descendió literalmente del cielo?

Creemos en la ascensión literal de Jesús (Hechos 1:9-11). Entonces nos parece razonable decir que fue real. Naturalmente que los trinitarios también dicen: “Sí.” Porque, según ellos, la segunda persona de la trinidad había venido directamente del Cielo a la Tierra. Ofrecemos otras cinco explicaciones para su consideración.

  1. Jesús “bajó del cielo” por medio del accionar del Espíritu Santo que vino sobre María. Lucas 1:35 dice: “Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que va a nacer será llamado Hijo de Dios.” El Espíritu Santo fue enviado desde el cielo y las enseñanzas de Jesús fueron guiadas por su Padre (Juan 7:16; 17:14) Por eso su origen fue celestial.

En Juan 20:11–18 Jesús se aparece a María después de su resurrección. Le dijo (v. 17): “Suéltame!, porque aún no he subido a mi Padre; pero ve a mis hermanos y diles: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”.”  La inferencia de lo que Jesucristo dijo es de una ascensión personal al Padre después de su encuentro con María y antes de su aparición en el camino a Emaús. Lo que Juan escribió (“el que descendió del cielo” v. 13) años después de la ascensión de Jesús se puede tomar literalmente según lo que había pasado durante aquel día de su resurrección.

  1. El v. 13 es una “teofanía” – una manifestación de la divinidad al hombre –. Jesucristo es la manifestación suprema de Dios entre los hombres. En toda la Biblia leemos de las manifestaciones de Dios en varias formas (Génesis 11:5¸18:21; Éxodo 3:7-8; 19:11-20; 34:5; Deuteronomio 30:12; Salmo 18:9-10; 68:18; Isaías 7:11; 64:1)

  1. La contraposición subida/bajada aparece muchas veces en la Biblia. Juan 3:13 aplica la expresión figurativa de Deuteronomio 30:12 (Vea Romanos 10:6) donde Moisés presenta el desafió a los israelitas a escoger la vida, obedecer a Dios y por lo tanto continuar experimentando sus bendiciones. Así como Moisés dio el antiguo pacto, Jesús vino y trajo el nuevo (Deuteronomio 18:15-22). Recordemos lo que Juan había dicho: “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.” (Juan 1:17).  La referencia a Deuteronomio indica que Jesucristo, como la manifestación de su Padre, tiene la autoridad para declarar las cosas celestiales.

Deuteronomio 30:11-14:

“Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos de ti. 

12No está en el cielo, para que digas: “¿Quién subirá por nosotros al cielo, nos lo traerá y nos lo hará oir para que lo cumplamos?”. 

13Ni está al otro lado del mar, para que digas: “¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oir, a fin de que lo cumplamos?”.

14Pues muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.

En esta referencia, la muerte y la vida están presentadas delante del pueblo de Dios. El mandamiento de Dios viene en los dos versículos siguientes:

“Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal, 

16porque yo te mando hoy que ames a Jehová, tu Dios, que andes en sus caminos y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová, tu Dios, te bendiga en la tierra a la cual vas a entrar para tomarla en posesión.”

Este mandamiento estuvo cerca de ellos: en su boca y en su corazón (v. 14). El pueblo había recibido bendiciones de Dios y las revelaciones por medio de Moisés. Como Moisés, Jesús también recibió la Palabra de Dios desde el cielo. ¿Se nota el énfasis de ascender y descender?  Son viajes imaginarios hacia el cielo o al otro lado del mar para buscar la verdad (vs. 12-13). La verdad en cuanto a la vida y la muerte, lo bueno y lo malo, está contenida en las palabras que Dios había expresado a su pueblo a través de Moisés (v. 14). No había necesidad de enviar literalmente a alguien al cielo o al abismo. Dios había revelado Su voluntad por medio de Moisés.  Al contrario, lo que queda es escoger entre la vida y la bendición o entre la muerte y la destrucción (v. 15). El pueblo no tuvo excusa.

  1. La referencia de “descender” nos dirige inmediatamente a las experiencias de los israelitas en el desierto. Aquí están unos pasajes para considerar:

Éxodo 3:7-8 “Por eso he descendido para librarlos de manos de los egipcios y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a una tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo.”

Éxodo 19:11 “y estén preparados para el tercer día, porque al tercer día Jehová descenderá a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí.”

  1. En el mismo sentido llegamos al evangelio revelado a Jesús y sus discípulos. Juan usa el término “descender” no en un sentido literal sino con respecto a la revelación de Dios que vino del cielo a los hombres. Esto es confirmado con lo que Jesús dice en Juan 3:11

“De cierto, de cierto te digo que de lo que sabemos, hablamos, y de lo que hemos visto, testificamos; pero no recibís nuestro testimonio.”

Ese es el lenguaje empleado en los procesos de revelación y visión y no corresponde a un hecho literal de descender.

  1. La serpiente en el desierto (vs. 14-15)

Es interesante notar lo que dice el autor del comentario de la Biblia (Siglo Veintiuno) de los versículos 14 y 15:

“Al principio, no parece ser muy claro que haya alguna conexión entre el v.14 y el versículo previo. La acción de Moisés de levantar “la serpiente en el desierto” era un símbolo bien conocido de la provisión divina de vida para su pueblo, pero era también una conexión más profunda con el simbolismo del levantamiento en la cruz, el punto central de la obra del Hijo del Hombre en la tierra. Las palabras “así es necesario” muestran la naturaleza inevitable de la cruz si la vida eterna ha de ser compartida con los creyentes, punto que es fuertemente presentado en el v. 15.”

¿No parece ser muy claro que haya alguna conexión entre v.14 y v.13?  En la actualidad la conexión está con v. 12. La respuesta que ofrecemos es clara. Juan continúa con el ejemplo del Éxodo. Había hablado de la salvación para el pueblo cuando cruzaron el Mar Rojo (v. 5). En los versículos 14 y 15 explica lo que Jesús hizo para asegurar aquella salvación.

En Números 21:4–9 aprendemos que no pudiendo cruzar el territorio de Edom, Israel tuvo que rodearlo, lo que significó regresar hacia el Mar Rojo (y esto a mediados del año 40). La impaciencia del pueblo judío dio lugar, una vez más, a una rebelión abierta y se mostró descontento con el maná que Dios les había provisto. Las “serpientes ardientes” pueden haber sido un tipo de víboras venenosas muy comunes en los desiertos del Sinaí. El antídoto era mirar a la serpiente de bronce puesta sobre un asta. http://t2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQoH_jlES6dCULEDZN_uN2Si1gwnqP2lyQj4xcGwKpRawegvHJ8

Era una escultura fría, carente de vida, para demostrar lo que Dios podría hacer por los israelitas. Es decir, tomar la mordedura letal y convertirla en algo inofensivo. El objeto en sí no debía ser adorado. No es que todos recibiesen automáticamente un antídoto para el veneno mortal de la serpiente. La liberación sólo la recibía aquel individuo que miraba hacía el símbolo representativo.

Es un gran prototipo de salvación mediante la fe en el Salvador muerto en la cruz. El Cristo vino al mundo con nuestra naturaleza y, sin pecado, fue levantado públicamente sobre una cruz. Fue una señal visible a todo el mundo de la culpa que estaba cargando sobre sí.  Murió como un representante de la raza de pecadores y solo se salva aquel individuo que mira con fe a Él (1 Corintios 15:56; 2 Corintios 5:21). El anuncio glorioso para el mundo es que “ha resucitado” (Mateo 28:6).

La señal en el desierto llegó a ser un imperativo. Nunca debemos olvidar la única manera de salvar al creyente:  “… así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado…”

7.  De tal manera amó Dios (v. 16)

No es una sorpresa llegar al tema del amor. ¡Precisamente recibimos esta exhortación de la cita de Deuteronomio 30!

Deuteronomio 30:15-20:

“Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal, 16porque yo te mando hoy que ames a Jehová, tu Dios, que andes en sus caminos y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová, tu Dios, te bendiga en la tierra a la cual vas a entrar para tomarla en posesión. 17Pero si tu corazón se aparta y no obedeces, te dejas extraviar, te inclinas a dioses ajenos y los sirves, 18yo os declaro hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais a entrar para tomarla en posesión tras pasar el Jordán. 19A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, de que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia, 20amando a Jehová, tu Dios, atendiendo a su voz y siguiéndolo a él, pues él es tu vida, así como la prolongación de tus días, a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar».

Lea otra vez Deuteronomio 30 y observe los enlaces con lo que Juan dice aquí. La palabra “no está lejos de ti…pues muy cerca de ti está la palabra” (vs. 11, 14). La verdad en cuanto a la vida y la muerte, lo bueno y lo malo, ahora está contenida en las palabras de Jesús.

Identificamos las doctrinas básicas de Juan 3:16.http://t2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcS_kCzT4bT9tVNbwguJ_MZJJ6tsVxnySajSP_Qo1aKzlIOE6EHnGQ

  • La salvación es una iniciativa de Dios. No es una iniciativa del creyente.
  • Es una demostración del amor de Dios hacia la humanidad.
  • Jesús es el unigénito de Dios.
  • El sacrificio de Jesús es el medio para la redención humana.
  • La salvación es para toda la humanidad.
  • La justificación es por la fe en Cristo.
  • No hay otro medio de salvación.
  • Por la fe en Cristo el creyente está unido al mismo Cristo.
  • La promesa de Dios es que el creyente tendrá vida eterna.
  • El que no cree ya ha sido condenado. 

Aquí nos enfrentamos con una de las aparentes paradojas del cuarto Evangelio: la del amor y el juicio. Acabamos de meditar sobre el amor de Dios y ahora nos encontramos frente a la idea del juicio y la condenación. ¿Cómo es posible?

Lo que más importa en nuestra vida es la fe, la entrega a Jesucristo; ya que la fe, en plena dependencia de su sacrificio, nos hace salvos. En cambio la incredulidad nos condena. La condenación es una realidad terrible:

«Esta es la condenación» (esta frase continuamente encontramos en el evangelio de Juan. Vea Juan 17:3)…que la luz (Jesucristo) vino al mundo, pero los hombres (en general) amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas (Juan 3:19)».

La venida de Cristo al mundo tiene un propósito salvador.

El amor de Dios es único, pues resulta incomprensible para nuestra mentalidad cómo Él pudo enviar a su Hijo a un mundo sumido en el pecado, justamente para liberarlo del pecado y la condenación eterna. Es claro que la salvación entonces sólo se logra por medio de Jesucristo. Él es el único que ha satisfecho la justicia de Dios que nosotros con nuestros pecados habíamos ofendido. Es por eso que hemos de recibirle con todo nuestro corazón y ser bautizados en Él.

 

 Escriba sus reacciones después de leer las siguientes frases:

La vida cristiana no es simplemente poner en práctica ciertas reglas éticas o morales.

“pues habéis renacido, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” (1 Pedro 1:23)

El que ha nacido de nuevo  no debe temer el ser examinado por la luz de Cristo.

Discurso 2 – El agua viva

(Juan 4:1-42)

 

           

En los días de Jesús, el Israel de los patriarcas se encontraba dividido en tres partes perfectamente definidas. al Norte,  Galilea; al Sur, Judea, y en el medio, Samaria. http://t1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQDiDyl6XPowKhQy82CP-XIlgmIQPLITpBvwZavsaAdmg1I4Q0p

Los judíos hacían todo lo posible por no viajar a través de Samaria. Pero Jesús no tenía motivos para vivir con dichas restricciones culturales. La ruta a Galilea, a través de Samaria, era más corta y esa fue la que tomó.  Se podía hacerla en apenas tres días.

Según Mateo 10:5, Jesús recomienda a sus discípulos que no vayan a Samaria. Según Lucas 9:51-56, a pesar de que los discípulos hicieron los preparativos para que el Cristo visite esa región, los pobladores no le recibieron. Sin embargo, Jesús distinguió a un samaritano, el único entre los diez leprosos curados, que se había mostrado agradecido y lo puso como ejemplo en la parábola del “buen samaritano” oponiéndolo a los levitas del templo.

 

Samaria

El rey Omri, de Israel, compró una colina por dos talentos de plata, allí construyó una ciudad y le dio por nombre Samaria (1 Reyes 16:24). La convirtió en la capital de Israel alrededor de 870 a.C. y se mantuvo como tal hasta la caída del Reino del norte, en 722 a.C. Los conquistadores asirios trajeron muchos extranjeros quienes se casaron con los israelitas de Samaria.

Del matrimonio entre aquellos extranjeros y los judíos que quedaron surgió una raza mixta, impura en la opinión de los judíos que vivían en Judá, el reino del sur. Los judíos puros odiaban ese pueblo, conformado por los samaritanos, porque sentían que quienes contribuyeron a su formación traicionaron a su gente y a su nación. Ese rechazo se conservó por mucho tiempo. Los samaritanos establecieron un lugar alterno de adoración en el monte Gerizim (Juan 4:20) paralelo al templo de Jerusalén, que fue destruido 150 años atrás.

La separación de los judíos de los extranjeros fue requerida durante las reformas religiosas promovidas por Esdras y también en la reconstrucción de los muros bajo el liderazgo de Nehemías, aproximadamente en 450 a.C. Puesto que los samaritanos se habían casado con extranjeros, los judíos dejaron de asociarse con ellos (Nehemías 6:13). Esta acción forzó a los samaritanos a establecer su propio lugar de adoración. De acuerdo con Josefo, existía un templo samaritano en el monte Gerizim alrededor de 332 a.C.

La separación de los dos pueblos y la exclusión de los samaritanos de la adoración en Jerusalén resultaron en sentimientos hostiles entre los judíos y los samaritanos. Cada uno decía que su lugar de adoración era superior al otro.

De Judea a Galilea – Juan 4:1-6 –

La predicación de Jesús causó la reacción de las autoridades en Jerusalén. (¿Habían recibido las noticias de las muchas conversiones por medio de Nicodemo?). Jesús dejó provisionalmente Judea y viajó con sus discípulos a Galilea. Se nota que Juan usa solamente dos veces el título “Señor” para Jesús antes de su resurrección (Juan 4:1; 6:23).  Los fariseos habían oído decir “sobre Jesús”. En realidad, el evangelista comienza su relato hablando de Jesús mismo quiere hacer una distinción y anunciar el conocimiento del Cristo resucitado.

El camino pasaba por el pueblo de Sicar. A corta distancia de allí se encontraba el pozo de Jacob. No era un manantial sino que el agua llegaba hasta allí filtrándose por las tierras de alrededor y formaba un depósito.  En un país en que escasea el agua, los pozos son obviamente lugares privilegiados de encuentro, de conflicto y de reconciliación.  Por tanto era una zona llena de recuerdos históricos. El narrador se interesa por el pozo de Jacob (v.6).

Dice el relato específicamente que era la hora sexta – el medio día, la hora judía – Juan 19:14 (El día para los judíos era desde las 6 de la mañana hasta las 6 de la tarde.)   La hora sexta debía ser la más calurosa de la jornada. Si fuera la hora romana, serían las 6 de la mañana o las 6 de la tarde.

Al situar el diálogo cerca de un pozo, el evangelista evoca un tema de la literatura bíblica: los patriarcas.

 

  • Lea los siguientes versículos y apunte lo que sucedió en la región en donde se encontraba el pozo.

Génesis 29:1-3

Génesis 33:18-19

.

Génesis 48:22

Josué 24:32

.

Revelación del agua viva – Juan 4:7-15 –

Era poco común que una mujer sola fuera al pozo. Podría ser considerada como una marginada social. Juan agrega el detalle de que los discípulos estaban ausentes (v.8) para llamar la atención sobre el diálogo entre la mujer y Jesús. La acción de éste hizo a un lado dos prejuicios judíos: la supuesta enemistad con los samaritanos y la imposibilidad de conversar con una mujer samaritana. El prejuicio racial se intensifica por la observación de la mujer (v.9). Jesús debe haber previsto su perplejidad porque la usó para continuar la conversación. La idea de beber por una necesidad física llevó directamente al comentario sobre el don de Dios (v.10), que se convirtió en un tema espiritual.

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La conversación rompió tres tradiciones:

  1. Un hombre respetable generalmente no hablaría a una mujer en público, especialmente si la mujer fuese de mala fama;
  2. Los judíos no tenían ningún trato con los samaritanos; y,
  3. Un judío no tomaría de un vaso de una mujer samaritana. Ella era considerada impura y en ese caso mancharía los recipientes que tocara.

Esta mujer samaritana fue al mediodía, quizás para no encontrarse con otras personas que cuestionarían su reputación. Aquí Jesús dio a esta mujer un mensaje extraordinario acerca del agua pura y fresca que puede satisfacer la sed espiritual para siempre. La mujer:

  • era samaritana, de la odiada raza mixta;
  • ¿tenía una mala reputación?;
  • estaba en un lugar público.

Ningún judío honorable le hablaba a una mujer bajo estas circunstancias. Pero Jesús lo hizo. ¡Las barreras discriminatorias se iban cayendo!

“…dame de beber” – Juan 4:7, 10 –

Para un mejor entendimiento del discurso con la mujer samaritana hay que estudiar lo que había pasado muchos años antes en el mismo lugar. Jacob estuvo al lado del pozo y tuvo una conversación con unos pastores. Al final del diálogo, Jacob les dijo (Génesis 29:1-8):

“…abrevad las ovejas e id a apacentarlas.”

Ellos respondieron:

 “No podemos, hasta que se junten todos los rebaños y se remueva la piedra de la boca del pozo. Entonces daremos de beber a las ovejas.”

Tuvimos que esperar muchos años desde aquellos días de Jacob para comprender el porqué y el significado de esta conversación aparentemente insignificante.  A primera vista la explicación tiene un significado social, de convivencia pero lo más interesante para nosotros es contemplar su significado espiritual.  Observemos las dos condiciones necesarias para apacentar las ovejas:

  1. que se junten los rebaños, y,

  1. que se remueva la piedra

(1) Se juntan los rebaños

Los judíos puros odiaban esa raza mixta de los samaritanos. Como explica la mujer (Juan 4:9): “…judíos y samaritanos no se tratan entre sí.”  Era tanta la animadversión que ni en la comida compartían los mismos utensilios. Es significante entonces que el “Buen Pastor” esté sentado al lado de pozo. Vino para unir a los judíos con los samaritanos e incluir a los gentiles y al mismo tiempo superar las barreras de la raza y las costumbres ortodoxas de los judíos.

(2) Se remueve la piedra

La mujer le dijo:

“Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed ni venga aquí a sacarla.” (v.15)

¿Por qué Jesús le dijo:

“Ve, llama a tu marido, y ven acá.”? (v.16)

Es una respuesta extraña la de Jesús. Pero esto tiene una explicación y viene otra vez de lo que pasó con Jacob en Génesis 29. Había un obstáculo, la piedra, que no permitía a las ovejas beber el agua.  Los pastores tenían que moverla. A nivel espiritual, el pecado es el impedimento que nos separa del agua viva.  El pastor (Juan 10:14) remueve este obstáculo por medio de su muerte y resurrección. (Hebreos 2:14)

Este diálogo presenta una intersección del mundo terrenal y espiritual y el anuncio de la tumba vacía y la resurrección.  Esto explica la razón por la que la mujer en aquel momento no podía tomar del “agua viva”. Los rebaños de los judíos y los samaritanos todavía no habían sido unidos y los gentiles no formaban parte del redil. La piedra tampoco había sido puesta a un lado del pozo. Esta es la causa por la que la mujer no podía beber del “agua viva” durante su encuentro con Jesús.

La mujer pensaba en Jesús como en un judío típico, y Jesús procedió en base a este concepto. Si ella hubiera conocido su identidad, le habría pedido agua viva (v. 10). Esta expresión tenía un doble significado, o sea el de agua corriente o de manantial y el de agua espiritual.  Sin embargo, nos llama la atención que la mujer aún pensara solamente en el nivel humano, como muestra el (v. 11). Parecería necio intentar sacar agua de un pozo profundo sin tener los medios para hacerlo.

La comparación con Jacob (v. 12), que había cavado el pozo, le sugirió que Jesús era inferior. Por lo tanto, ella hizo un juicio errado. No podía concebir que alguien fuera mayor que el venerado Jacob (Comparamos la misma incapacidad de los judíos para concebir que alguien fuera mayor que Abraham – Juan 8:53 -). La verdadera superioridad de Jesús estaba en el hecho de que el agua era viva cuando él la proveía. El pozo de Jacob podría saciar la sed sólo temporalmente (v. 13).

¿Qué quiso decir Jesús con “agua viva”? En el Antiguo Testamento muchos versículos se refieren a la sed de Dios como sed de agua (Salmo 42:2; Isaías 41:18; 43:20; 49:10; 55:1; Jeremías 2:13; Amós 8:11; Zacarías 13:1). A Dios se le llama manantial de la vida (Salmo 36:9) y manantial de aguas vivas (Jeremías 17:13). Al decir que podía dar agua viva que saciaría para siempre la sed, Jesús declaraba ser el Mesías. Solo el Mesías podría dar este regalo que satisface la necesidad espiritual.

Al escuchar la promesa que Jesús ha pronunciado con autoridad (v.14), la samaritana pasa de la incredulidad al deseo. Ha percibido que el anuncio la concierne también a ella.  Su respuesta (v. 15) manifiesta que cree en el poder de Jesús. Al final de esta conversación, que constituye la primera parte del diálogo, se ha mantenido la continuidad entre las dos aguas, pero su diferencia queda marcada por su efecto respectivo – provisional o definitivo – y por el donante – Jacob o Jesús –.  Es el don de Dios.

¿Le pidió a Jesús en tono de broma?  ¿No había necesidad de pasar cada día al pozo? Por supuesto que sí. La mujer creía erróneamente que si recibía el agua que Jesús le ofrecía no tendría que volver al pozo cada día. Desde este enfoque estaba interesada en el mensaje de Jesús porque pensaba que le ofrecía una vida fácil. Pero si ese fuera siempre el caso, la gente aceptaría el mensaje de Cristo por razones impropias. Cristo no vino a quitar las dificultades, sino a cambiar nuestro interior y a darnos poder para enfrentarlas desde la perspectiva de Dios.

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 Examine el conjunto de los malentendidos en Juan. Identifique los puntos centrales de la obra de Cristo.  

Juan 2:19-21

Juan 6:51-53

Juan 7:33-36

Juan 8:21-22

Juan 12:32-34

Juan 13:36-38

Juan 14:4-6

Juan 16:16-19

“Ve…y ven” – Juan 4:16 –

Jesús le hizo volver a la realidad. Inclusive para descubrirse mucho más, Jesús dijo: “Ve, llama a tu marido, y ven acá.”  ¿Por qué?  ¿Tuvo el deseo de conocer a su marido?  No lo creo. La pausa dio oportunidad para cumplir un requisito antes de su regreso.

 

 Identifique las ocasiones cuando Jesús dijo o dio a entender: “…ven” y “…ve”.

La invitación: “…ven”

El mandato: “…ve”

Juan 1:39

Juan 4:16

Mateo 14:29

Marcos 1:44

Apocalipsis 4:1

Juan 9:7

Apocalipsis 22:17

Marcos 10:21

Estos son los siervos valientes, humildes y sinceros

Estos tienen imperfecciones que deben ser eliminadas. Por eso, según la Ley, no les fue permitido entrar en el Templo. Bajo el pacto nuevo de Cristo, en cambio, si son invitados.

¿Cinco/seis maridos? – Juan 4:16-18 –

En vez de una referencia a un desorden sexual de la mujer ofrecemos otras tres explicaciones de esta frase.

  • Los cinco “maridos” corresponderían a los cinco dioses introducidos en Samaria después de la conquista asiria desde el año 721 a.C. (2 Reyes 17:29). Los cinco maridos representan a los dioses ajenos y el sexto es el Dios verdadero al que adoraba no en verdad sino en ignorancia.

  • Los samaritanos aceptan solamente los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. Y el otro marido puede ser un impostor. Según Josefo (XVIII, IV, I), en aquel tiempo había mucho entusiasmo en los samaritanos porque un demagogo los persuadió a que fuesen con él hasta el Monte Gerizim, en donde les iba a mostrar los vasos sagrados que allí supuestamente había enterrado Moisés.

  • La tercera posibilidad es que le habían divorciado sucesivamente los cinco maridos.

Si Jesús puede declarar “El marido que tienes no es marido tuyo”, ¿significa que los samaritanos no han mantenido la relación exclusiva con el Dios verdadero?

“…el lugar donde se debe adorar” – Juan 4:19-24 –

Cuando la mujer se dio cuenta de que Jesús conocía su vida privada, enseguida cambió de tema. Puso en discusión un tópico teológico popular: el mejor lugar para adorar. Jesús condujo la conversación hacia un punto más importante: la ubicación del adorador no es ni remotamente más importante que la actitud del adorador.

Es probable que ella se diera cuenta de que Jesús era algún tipo de profeta judío y entonces quisiera demostrar su conocimiento de las diferencias entre judíos y samaritanos sobre el principal lugar de culto (v. 20). La adoración estaba directamente relacionada con un lugar sagrado. En el pasado había existido un templo edificado en el monte Gerizim para rivalizar con el de Jerusalén. Inclusive después de que el templo de aquel sitio fuese destruido por Juan Hircano los samaritanos continuaron adorando en ese lugar. http://www.apazdosenhor.org.br/profhenrique/licao7-ldj-montesisrael.jpg

Jesús primero hizo a un lado el tema del lugar para plantear el del objeto de la adoración (v. 22). Aunque ni Jerusalén ni el monte Gerizim tenían importancia en este asunto, sin embargo, los judíos tenían al respecto una comprensión superior de Dios. Dado que los samaritanos se limitaban al Pentateuco, les faltaba la riqueza teológica de la revelación de Dios del resto del Antiguo Testamento. Cuando Jesús dijo que la salvación procede de los judíos (v. 22) no estaba diciendo que todos los judíos serían salvos, sino que por medio de los judíos llegaría el conocimiento de esa salvación en las Escrituras.[4]

La referencia de que la hora viene (v. 23), modificada por y ahora es, muestra claramente que fue el ministerio de Jesús lo que transformó radicalmente la adoración. El modo de hacerlo ahora es en espíritu y en verdad, lo que trasciende todas las consideraciones de raza y lugar.

Juan 4:25-26. Los samaritanos esperaban la llegada de “el que ha de volver”.  No estaban seguros del personaje ¿en el sentido judío o no? Cuando Jesús proclama “Soy yo el Mesías”, la mujer no tiene porqué seguir esperando a un Mesías revelador. Está allí mismo y hablando con ella.

El testimonio de la mujer – Juan 4:27-30 –

El diálogo de Jesús con la mujer samaritana termina con la proclamación mesiánica. A través de la acción del Cristo se lleva a cabo la obra del Padre.  En cuanto a los discípulos, ellos son enviados por Jesús a recoger la cosecha de la que son primicias los samaritanos.

Puesto que no se acostumbraba que un rabí hablara con una mujer, los discípulos estaban asombrados al ver a Jesús hablar con la mujer samaritana. Tampoco era costumbre que los discípulos preguntaran sobre las acciones de su maestro (v. 27). La mujer dejó su cántaro con agua, quizá para permitir que Jesús bebiera, y se fue a la ciudad (v. 28). Después de repetir a la gente todo lo que Jesús había dicho, ella hizo la pregunta con algo de titubeo: «¿No será éste el Cristo?» (v. 29). Su testimonio despertó la curiosidad de muchos y por eso desearon ver a Jesús (v. 30).

El cántaro abandonado dice, sin palabras, que la samaritana se fía en adelante solamente de la promesa de Jesús.

La discusión con los discípulos – Juan 4:31-38 –

Los discípulos habían traído alimentos y los ofrecieron a Jesús. El Mesías usó esta oportunidad para hablarles acerca de las realidades más importantes (v. 32). El simbolismo del alimento sucede al simbolismo de la bebida que caracterizaba a la primera parte del relato, pero con una diferencia: entonces era Jesús el que pedía de beber, ahora son los discípulos los que le proponen que coma. Así como la mujer no había entendido las referencias de Jesús sobre el agua de vida, los discípulos entendieron mal su declaración acerca del alimento del cual ellos no sabían nada (v. 33).

Mientras que algunas personas viven para comer, Jesús vivía para hacer la voluntad de Dios (v. 34). La gente espera ansiosamente una cosecha abundante a fin de tener mucho alimento para satisfacer su hambre. Jesús basaba la satisfacción de sus deseos en las necesidades del pueblo, que resultaba una siega madura —»blancos para la siega»—, listos para ser segados (v. 35). El salario del segador no sería alimento para la vida física sino fruto para vida eterna (v. 36). Cuando se recogiese la cosecha, aquél que había sembrado el grano y aquel que lo había recogido se regocijarían juntos y compartirían el salario. Puesto que los campos estaban blancos, la siega tenía que iniciarse inmediatamente. Aunque los discípulos no habían sembrado, fueron invitados a participar en la siega (vs. 36-38).

Punto de reflexión – Juan 4:39-42 –

La conclusión de la misión de Jesús en Samaria se ve en un ejemplo específico de cosecha espiritual. Esto ocurrió en dos etapas. Muchos creyeron por lo que la mujer había dicho, pero todavía más por medio del testimonio del mismo Jesús. Debemos asumir que la fe de los primeros estaba necesariamente limitada por la experiencia de la mujer.

Su testimonio se relacionaba con la notable percepción de Jesús, pero el contacto personal con él debe haber profundizado su fe, de aquí viene la fuerza del v. 42. El hecho de que los samaritanos quisieran que Jesús se quedara con ellos era extraordinario ya que se trataba de un judío, pero mostraba el despertar de su convicción de que él era un Salvador, no sólo de los judíos sino del mundo.

Es imposible precisar qué contenido atribuir a ese concepto – Salvador –. Quizás no tenga el alcance de la reflexión cristiana posterior sobre la salvación, pero presumiblemente Jesús había compartido con ellos algo de los propósitos salvadores de su misión. El título completo usado aquí en el Evangelio vuelve a aparecer sólo en 1 Juan. 4:14. Pero Juan entendía el término en un sentido que incluía a toda la humanidad.

Jesús, sin embargo, aclara que alrededor de nosotros hay una cosecha continua que espera la siega.  Este es el Salvador del mundo, el Cristo (v. 42) es el punto culminante de un gran eje del relato:

  • Jesús ha sido reconocido como un judío;
  • Le llamó ´Señor´;
  • Fue comparado con Jacob;
  • Se le ha creído capaz de dar el agua que calma la sed para siempre la sed;
  • Ha sido considerado como profeta;
  • Concluye con la proclamación de Jesús, el Mesías.

 “… nosotros mismos hemos oído y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo.”

(Juan 4:42)

Discurso 3 – Jesús delante de los líderes religiosos

(Juan 5:19-47)

                

La autoridad del Hijo de Dios                

                                                                                                   

Llegamos al primero de los largos discursos del Cuarto Evangelio. Jesús empieza a defenderse de la acusación  hecha por los judíos de que se hacía igual a Dios.  Los judíos intentaron matarlo (v. 18) y lo agredieron varias veces.  Estas intenciones perversas se repiten con frecuencia. Desde el principio, el ministerio del Cristo fue totalmente cuestionado.

 

 Prepare un breve resumen de las ocasiones en que esta intención aparece en los evangelios.

Juan 7:1

Juan 7:19

Juan 7:25

Juan 8:37

Juan 8:40

Juan 8:59

Juan 10:31

Juan 11:50, 53

Lucas 19:47

Lucas 20:20

La advertencia de Jesús – Juan 5:19–30 –

Las palabras de cierto os digo destacan la especial importancia de las que siguen. Así Jesús empieza su defensa ante la acusación efectuada por los judíos.

La forma en que Jesús usó el título “Hijo” resulta de su costumbre de dar a Dios el nombre de “Padre”. Muestra una relación estrechamente íntima.

Jesús da cuatro razones para justificar su título:

  1. El Hijo actúa precisamente como el Padre (v. 19). Es la verdadera manifestación de Dios. Las palabras y las acciones son de Dios.  Su voluntad estaba totalmente sometida a la de Dios. Por esa razón podemos ver a Dios en Él;

  1. El Padre presenta sus planes al Hijo y el Hijo se muestra obediente para cumplirlos. La obediencia consiste en amor. Hay una identificación de mente, corazón y voluntad (v. 20);

  1. El Hijo, como el Padre, tiene poder de dar vida (v. 21). Nadie está plenamente vivo hasta que Jesucristo entra en su vida y él entra en Jesucristo. Para tales personas la vida es totalmente nueva. Ha cambiado el individuo, sus relaciones personales, su idea de trabajo, el concepto de placer y su relación con Dios;

  1. El Hijo ha recibido del Padre autoridad para juzgar (v. 22). El juicio a una persona depende de la forma como ha reaccionado ante Jesús y es la prueba que divide a la humanidad.  

Esta secuencia de razones que apoyan la posición del Hijo tiene dos propósitos principales.

En primer lugar, que los oyentes se sorprendieran (v. 20), y en segundo lugar, que honraran al Hijo como honran al Padre. Por sí misma, la primera hubiera llevado a honrar a un hacedor de maravillas, pero la segunda evita esto y señala la verdadera posición del Hijo. De las cuatro razones expuestas, la más significativa es la que enfoca el amor del Padre por el Hijo (v. 20). Este versículo sienta las bases por las cuales el Padre revela todo por medio del Hijo.

Los tres versículos, 21-23, unidos entre sí y con lo que precede, indican las dos obras supremas de Dios según la fe judía: despertar a los muertos y ejercer el juicio[5]: Juan sostiene que proceden del Padre, pero añade la idea nueva de que han sido comunicadas al Hijo. La convicción de que el Padre resucita a los muertos (v. 21) es apoyada por el Antiguo Testamento. Si bien la referencia primaria puede ser de la resurrección física final, también involucra la idea de la resurrección espiritual.

 

Hemos dicho: “La convicción de que “el Padre resucita a los muertos” (v. 21) es apoyada por el Antiguo Testamento.”

 Identifique unas referencias del Antiguo Testamento.

El v. 25 sugiere que los muertos que oirán al Hijo de Dios son aquellos que responden espiritualmente hoy, aunque los vs. 28, 29 se refieren al final de los tiempos. Parece usar la palabra muertos en estos dos sentidos.  Estar muerto espiritualmente es dejar de sentir. Hay muchas personas que, en un tiempo, vivían intensamente el pecado, la miseria y el sufrimiento del mundo; pero, poco a poco, se volvieron insensibles. También es dejar de pensar y de aprender.  Pero llega el día cuando desarrolla una actitud que no le importa la necesidad del arrepentimiento.

El Hijo de Dios

En la Biblia, “Hijo de Dios” es una exaltación y realmente un título sinónimo para el Mesías. Así, Juan dedica su evangelio completo a un tema dominante, que creamos y comprendamos que “Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios” (Juan 20:31).

La base para igualar estos títulos se encuentra en un pasaje clave del Antiguo Testamento. El Salmo 2 expresa: “Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido” a quien ha puesto como Rey de Jerusalén (v.6) y de quién él dice: “Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones” (vs.7-8). Jesús no vacila en aplicar todo el Salmo a su persona, y lo ve como una predicción de su futuro gobierno y de sus seguidores sobre las naciones (Apocalipsis 2:26, 27).

Pedro presenta la misma ecuación de Mesías e Hijo de Dios cuando, por revelación divina, afirma su creencia en Jesús: “Tú eres el Cristo (Mesías), el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16).

Natanael comprende que el Hijo de Dios no es otro que el Rey de Israel (Juan 1:49), el Mesías (v. 41), “aquel de quien Moisés escribió en la ley y también en los profetas” (v. 45; Deuteronomio 18:15-18).

El título “Hijo de Dios” es aplicado también en la Escritura a los ángeles (Job 1:6; 2:1; 38:7; Génesis 6:2, 4, Daniel 3:25); a Adán (Lucas 3:38), a la nación de Israel (Éxodo 4:22); a los reyes de Israel que fungen como representantes de Dios, y en el Nuevo Testamento a los cristianos (Juan 1:12).  

Lucas sabe muy bien que la procedencia divina de Jesús se deriva de su concepción en el vientre de una virgen; él no manifiesta nada sobre algún origen eterno:

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá (María) con su sombra; por lo cual también el santo ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35).

Esta procedencia como Hijo de Dios debe ser considerada desde la misma concepción de Jesús.

 

El Hijo del Hombre, El Señor a la Diestra de Dios[6]

El título “Hijo del Hombre” fue usado frecuentemente por Jesús para referirse a sí mismo. Como “Hijo de Dios”, él está estrechamente asociado con su Mesianismo; tanto que cuando Jesús afirmó solemnemente que él es el Mesías, el Hijo de Dios, agrega en el mismo momento que el sumo sacerdote vería al “Hijo del Hombre” sentado a la diestra del poder y viniendo con las nubes del cielo” (Marcos 14:61, 62).

El título “Hijo de Hombre” está plenamente descrito en Daniel 7:13, 14, en donde una figura humana (“un Hijo de Hombre”) recibe el derecho para el dominio mundial del Padre. El paralelo con Salmo 2 es obvio, así como la conexión estrecha con el Salmo 110, donde David se refiere a su “Señor” (El Mesías) que se sentará a la diestra (del Padre) hasta cuando asuma su función como gobernador mundial y “reine en medio de sus enemigos” (Salmo 110:2; cp. Mateo 22:42-45). El Hijo del Hombre tiene igualmente una clara conexión Mesiánica en el Salmo 80:17: “Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, sobre el Hijo del Hombre que para ti afirmaste”.

Es significativo que los escritores del Nuevo Testamento pongan mucho énfasis en el Salmo 110, citándolo unas 18 veces y aplicándolo a Jesús, quien había sido exaltado por aquel tiempo como Señor Mesiánico destinado a la inmortalidad y para ubicarse a la derecha del Padre, exactamente como el Salmista lo previó.

Nuevamente debemos reconocer que la “eterna filiación” (el dogma trinitario) es ajena a todos los títulos descriptivos del Mesías. Estas afirmaciones alarmantes deberían conducir a los estudiantes de la Biblia a comparar lo que se les ha enseñado acerca de Jesús con el Jesús presentado por la Escritura. Parecería que un hijo eterno no haría juego con la cuenta bíblica del Mesías. Al optar por un Jesús que es un ser eterno, que pasa a través de una vida temporal en la tierra, muchos parecen, por así decirlo, haber “obtenido el hombre equivocado”.

La “hora” mencionada en el v. 28 es diferente de la que se menciona en el v. 25, porque aquí se tiene en mente la resurrección final. El contraste entre el levantamiento de los que hicieron el bien y el de los que hicieron el mal significa que, aunque los creyentes han sido juzgados antes, pueden mirar hacia adelante esperando la realización plena de la resurrección física, mientras que aquellos que han hecho el mal (y presumiblemente son los incrédulos) no tienen por delante sino una condenación que esperar.

Punto de reflexión

Durante este discurso, observamos lo que Jesús dice:

No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre.” (v.19)

“…el Padre ama al Hijo y le muestra todas las cosas que él hace.” (v.20)

“…porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo.” (v.23)

“Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y, además, le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del hombre.” (v.26-27)

No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me envió.” (v.30)

“…que el Padre me ha enviado.” (v.36)

“…también el Padre, que me envió” (v.37)

Estas declaraciones de Jesús niegan el dogma de la “co-igualdad del Hijo con Su Padre”.  Enseñan la dependencia completa del Hijo en Su Padre.  

Pero la respuesta sencilla de los trinitarios es: “Ah, hay que recordar que Jesús es 100% hombre y 100% Dios.  Lo que Jesús dice es para mostrar que era hombre.” Esta doctrina ortodoxa de las ´dos naturalezas´ fue formulada en el Concilio de Calcedonia (451 d.C.).

En Calcedonia se afirmó que Jesús es una persona única que posee dos naturalezas, la divina y la humana. Supuestamente, estas naturalezas co-existen en Cristo sin confusión o mezcla, sin cambio, sin divisiones y sin separación.

Jesús y la resurrección

Juan 5:28. “No os asombréis de esto, porque llegará la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz.”

     

Pregunta: ¿Entonces toda la humanidad va a ser resucitada?

Respuesta: Existe una gran cantidad de personas que durante los siglos nunca han oído las palabras de Jesús (Isaías 26:14; Jeremías 51:57; Salmo 49:19-20)  Aquellas personas son muertas, “de quienes no te acuerdas ya” (Salmo 88:5).

Se nota el contexto del uso de “todos” en los siguientes pasajes: Lucas 2:1; Juan 10:8; Romanos 1:7

El significado de Juan 5:28 es “todos”, sin distinción, que quiere decir toda clase de gente. (Juan 1:9; 3:26)

Referencias al Éxodo

Es muy fácil, para nosotros los gentiles, pasar por alto el tema de la Pascua en este discurso de Jesús.

 

Juan 5:20

Las “maravillas” del Éxodo

Las “mayores obras” de Jesús

“porque el Padre ama al Hijo y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os admiréis.” (v.20)

Éxodo 4:2-7. Representa  el principio de la redención.  Una curación del pecado simbolizado en la lepra.

Jesús vino para salvarnos del pecado y la muerte simbolizados en la mano leprosa y la culebra.

Éxodo 14:19, 23-27. El ángel de Jehová guió al pueblo judío a través del Mar Rojo.  (Había un movimiento de las aguas hecho por el ángel.)

Jesús curó al paralítico y no tuvo que introducirse en el estanque.  (No hubo necesidad de un “movimiento de las aguas.)

Éxodo 3:20; 34:10; Salmo 78:12; 118:23. “…Hizo maravillas…” El éxodo de Egipto es considerado el hecho más importante en la historia de la nación judía.

La redención hecha por Jesús es el acontecimiento más grande en la historia de la humanidad.

Éxodo 18:15; Deuteronomio 4:5,14; 5:31.  Moisés recibió de Jehová la autoridad de juzgar a su pueblo.

“porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre, que lo envió.” (Juan 5:22-23)

Números 16:28. “Moisés dijo: En esto conoceréis que Jehová me ha enviado para que hiciera todas estas cosas, y que no las hice de mi propia voluntad”.

Cuatro veces (Juan 5:23, 30, 36, 37) dice que Jesús ha sido enviado por Dios.

Ezequiel 37:12.  La tierra de esclavitud es descrita como un sepulcro.  La liberación de la esclavitud era como una resurrección nacional.

La obra maravillosa es que: “De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán.”  (Juan 5:25)

Aquí presenta unos argumentos tan claros que no dejan lugar a dudas.

  • Estableces Su identidad con Su Padre. En Jesús vemos a Dios. Las palabras de Jesús son las palabras de Dios; las acciones de Jesús son las acciones de Dios.
  • Esta identidad se basa en la obediencia total. Su voluntad estaba totalmente sometida a la de Su Padre.
  • Esta sumisión consiste en amor. La unidad entre Jesús y Dios es la unidad del amor.

El testimonio de “cinco veces”

1. El testimonio de Jesús mismo (Juan 5:30-31)

En el v. 30 Jesús afirmó la justicia de su juicio sobre la base de que estaba en armonía con aquel que lo envió. Aunque el juicio se concede al Hijo, está totalmente de acuerdo con la voluntad del Padre. Le es muy difícil a cualquier persona el juzgar a otra con justicia. Si nos examinamos honestamente, descubriremos muchos motivos que afectarían nuestro juicio.  Podrían ser: orgullo ofendido, prejuicios, celos, desprecio, sentimiento de superioridad, envidia, ignorancia deliberada.

Jesús admite que el principio universal de que la evidencia exclusiva de una persona acerca de sí mismo no se puede aceptar como prueba. Tiene que haber por lo m0enos dos testigos (Deuteronomio 17:6; 19:15).

Jesús no tenía necesidad de testificar de sí mismo dado que su voluntad era idéntica a la del Padre (vs. 31, 32). En su caso, el testimonio sobre sí mismo sería falso porque indicaría que necesitaba distinguir entre él mismo y el Padre.

  2. El testimonio de Juan el Bautista (Juan 5:32-35)

La expresión “otro” referida a Dios es única en el Nuevo Testamento[7].  Este término tiene la función de marcar que el Padre es distinto del Hijo.

El testimonio de Juan el Bautista era valioso pero no comprendido (vs. 33–35). Ciertamente el testimonio de Juan llevó a algunos a Cristo, pero era inconcebible que Jesús necesitara descansar en tal testimonio. El testimonio de Juan es comparado con una lámpara, pero él mismo no era la luz, aunque señalaba a la luz. Se dice que el propósito de todo testimonio es que la gente sea salva, lo que sólo es posible por la fe en Jesús (v. 24).

Juan el Bautista como testigo tuvo un papel eminente y, más allá de su muerte, su testimonio guarda un valor duradero.

3. El testimonio de los milagros (Juan 5:36)

Las obras que realiza Jesús son un testimonio superior al del precursor, Juan el Bautista. Jesús apela luego al testimonio de sus obras. Son de un tipo especial porque el Padre las había comisionado. Por esa razón, el testimonio de las obras de Jesús es mayor que el testimonio de las palabras de Juan. Pero ese testimonio había caído en tierra improductiva.  El testimonio de Sus obras hizo que inclusive el mismo Juan mande a algunos de sus discípulos a preguntarle si era el Mesías.  Jesús cita Sus obras, no para atraer la atención de nadie hacía Sí mismo, sino para señalar al poder de Dios que obrará en Él y por medio de Él.

4. El testimonio del Padre (Juan 5:37-38)

Aquí la identificación del “otro” (v. 32). Aunque el Padre había dado testimonio de Jesús, los oyentes no habían oído su voz o reconocido su presencia (v.37). El hecho simple era que la palabra de Dios (primordialmente las Escrituras) no habitaba en ellos debido a la incredulidad.

Puede ser que el testimonio que Dios da de Jesucristo se encuentre en las Escrituras.  Para los judíos, las Escrituras eran el sumo bien.

5. El testimonio de Moisés Juan (5:39-43)

El texto afirma que las Escrituras, en su conjunto, dan testimonio de Jesús. Aquellos que no creían en Jesús no entendían las Escrituras. De hecho, el v. 39 señala la bien conocida diligencia de los judíos en el estudio de la Torah. El problema estaba en su idea de que eso era suficiente para la salvación.  Pero perdieron la partida cuando no aceptaron el testimonio de la Escritura sobre Jesús, que era su principal propósito. El v. 40 condena  fuertemente la actitud en cuanto a que era un deliberado rechazo a Jesús, quien es la fuente de vida. En efecto, esto quiere decir que estaban espiritualmente muertos. Jesús no aceptaba ni testimonio ni alabanza humanos (v. 41). No tenía una confirmación oficial para su misión. Los oyentes judíos desconocieron por completo la confirmación de Dios mismo sobre la misión de Jesús (v. 43).

La referencia en el v. 42 al amor de Dios podría significar el amor de la gente hacia Dios o el amor de Dios por la gente, o ambos. Lo más probable es que se refiere a su falta de amor a Dios, teniendo en cuenta el contexto. Estaban más preocupados por la alabanza humana que por la de Dios (v.44). Eran muy distintos de los verdaderos judíos a quienes se refiere Pablo en Romanos 2:29.

Cuando Jesús apeló a Moisés estaba tocando un punto sensible para aquellos judíos amantes de la Torah. En el gran juicio final Moisés mismo los condenaría. Aunque hay pocas referencias específicas al Mesías en la Torah, su línea general era la de preparar el camino para el liberador que vendría (v.46). En todo su estudio de la Escritura habían errado en el punto esencial. Jesús fue directamente al grano al decirles (v.47) que no creían lo que Moisés había escrito. A pesar de toda su entrega al estudio de la Escritura, no creían realmente lo que decía. Habría sido difícil para los judíos devotos captar esta distinción, pero sin ella quedaban sin posibilidad de creer la verdad que Jesús estaba presentando.

En v.34 Jesús había dicho que el propósito de Sus palabras era que ellos se salvaran.  Aquí dice. “No busco la gloria que me pueden dar los hombres.”  Cuando se arma una controversia ¿cuál es nuestra actitud principal? ¿Nos damos por ofendidos?

Condenación definitiva (Juan 5:44-47)

¡Lo que había sido el mayor privilegio de los judíos se convirtió en su mayor condenación!

 

Discurso 4 – El pan de vida

(Juan 6:22-65)

                                             🕮  Lea Juan 6:22-45

La alimentación de las 5,000 personas genera un interés particular, ya que es el único milagro realizado durante el ministerio del Señor que consta en los cuatro libros del Evangelio. En este estudio consideraremos el acontecimiento en si y lo que siguió, que proveyó a nuestro Señor de la audiencia en Capernaúm, a quienes él habló acerca del “pan de vida”.

Se notan las palabras solemnes del Señor (v. 25): http://t3.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSTvlseUN0g9wXiKm_F_qmFyiBTtYvbgRO5rpiniVl0JhhP1Z7AsA

“De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.”

La provisión en el monte no había sido poca: habían comido hasta saciarse. El Señor no menciona los pescados que también había proveído en el monte  sino que, con su sabia prudencia, dirige su atención al pan. Como sus palabras de amonestación indican, sus oidores estuvieron más interesados en satisfacer las necesidades del cuerpo antes que ver el profundo significado del notable milagro presenciado.

 

El pan – la comida en general –

El pan ocupaba un lugar importante en la dieta de los judíos del siglo I, mucho más que ahora en los países desarrollados del siglo XXI.

 Apunte la información de las siguientes referencias.

Génesis 3:19

Deuteronomio 8:3

Salmo 80:5

Salmo 104:15

Salmo 105:16

Jesús, el Hijo del Hombre, nos puede proveer del “pan de vida”; el Padre, Dios, colocó Su sello en él (v. 27). Aquí el Señor llama la atención hacia los dos aspectos de su persona:

  • Él es el Hijo del Hombre, poniendo énfasis en su humanidad. (“Hijo de Hombre” fue un título Mesiánico –  Mateo 26:63-64 comparado con Daniel 7:13-14).

  • Pero él también se refiere al Padre, su Padre, indicando su origen celestial.

Es el Padre el que le ha “sellado”, siendo la forma más alta de aprobación para alguien. El versículo 27 está lleno de verdad espiritual. La facultad anunciada sería un alarde hueco si Dios ciertamente no hubiera investido a Su hijo con tal autoridad y tales poderes.

Hasta cierto punto, los oidores del Señor responden a su invitación para involucrarse en las obras que complacen a Dios: “¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?” (v. 28). La respuesta es simple: “…que creáis en el que él ha enviado” (v. 29). Aquí  podemos ver un contraste entre las obras de la ley y las de la fe, que en todo momento deberían notarse en nuestro comportamiento. La fe en el que Dios ha enviado es esencial. Es ésta fe la que evidencia la importancia de nuestra actitud hacia el Señor Jesús.

En el caso de los oyentes judíos del Señor, cuando ellos se vieron desafiados a tener fe en él, requirieron una señal:

“¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?” (v. 30).

Hay una evidente mala intención en esta petición: ya habían sido testigos de la alimentación de los 5,000 y ellos mismos habían sido alimentados. Pero esta es una característica del incrédulo: nunca está satisfecho. A pesar de todas las pruebas de autoridad que el Señor había dado, los escribas y los fariseos pidieron más señales (Mateo 12:38; Marcos 8:11; Lucas 11:16). Sus interrogadores entonces mencionan el hecho en que se dio el maná en el desierto y lo califican como “el pan del cielo.”

¿Qué señal, pues, haces tú?

La pregunta del v. 30 revela lo superficial de su pensamiento porque ¿qué nueva señal esperaban más allá de la alimentación de una multitud con recursos insignificantes?  Pero ¿cómo podían ellos pedir “una señal” cuando muchos de ellos mismos apenas un día antes habían presenciado una “señal” como nunca había sido concedida a los hombres; cuando después de presenciarla,  se motivaron y pretendieron hacerlo rey; cuando le habían seguido de una parte del lago a otra. Pese a todas estas cosas exigían una “señal”.

La referencia al “maná en el desierto” (v. 31) da la clave de como funcionaban sus mentes. Probablemente estaban pensando que aquella provisión era superior a la que Jesús les había dado, quizás en razón de su cantidad. Su concepto de señal parece haber estado limitado a la reproducción de la experiencia de los israelitas en el desierto. En realidad esperaban que el Mesías hiciera cosas mucho más impresionantes que Moisés. Insinuando la inferioridad del milagro de Cristo, de los panes, con respecto a los de Moisés, querían decir: “Cuando Moisés reclamaba la confianza de los padres, ‘El les dio pan del cielo a comer’ no solo para unos miles de personas, sino para cientos de miles, y no una sola vez, sino diariamente durante su viaje por el desierto”.

Estaban buscando el pan del cielo en el lugar equivocado. No era un maná nuevo, era aquel que vino del cielo para dar vida, no solamente a Israel sino “al mundo” (v. 33). Esto lleva a Jesús a decir:

“Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás.” (Juan 6:35)

El maná

El regalo de maná del cielo en el Antiguo Testamento (Exodo 16:13-36) es muy importante como parte del contexto de este pasaje del Evangelio de Juan.

La expresión en hebreo significa ¿Qué es esto? (Éxodo 16:15). Es esa pregunta de dónde proviene el nombre de la sustancia. El maná fue el principal alimento de los israelitas durante los cuarenta años de peregrinación por el desierto. En señal de desprecio, los mismos israelitas llamaron al maná “pan liviano” (Números 21:5). El apóstol Pablo lo denominó “alimento espiritual” (1 Corintios10:3) por su origen divino y por su significado como un prototipo del Cristo.

Jesús se identificó como “el verdadero pan del cielo… el pan de vida” (Juan 6:25–69). También prometió que «el que venciere» se alimentará de este “maná escondido”, la misma vida espiritual del Redentor (Apocalipsis 2:17).

Todo israelita tenía que buscar el maná cada  mañana, en cantidad suficiente, tomándose simplemente el trabajo de recoger esta dádiva enviada desde lo Alto. De la misma manera, todo creyente busca en Cristo su alimento diariamente antes de realizar cualquier actividad.

 

 Realice una descripción del maná según lo que indican los textos citados (Éxodo 16; Números 11):

Forma

Color

Sabor

Características

Preparación

¿Qué más?

Una prefiguración

No pasemos por alto el hecho de que son los judíos los que primero se refieren al “pan del cielo,” indicando con esto que la alimentación de la multitud les había recordado la provisión del maná en el pasado. Además, como hemos visto, Jesús había dirigido su atención al pan. Es este el tema que el Señor lo desarrolla.

Él les recuerda que el maná no fue dado por Moisés sino por su Padre. Luego él evoca el pasado hasta llegar al presente:

“mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo” y “el verdadero pan… da vida al mundo” (vs. 32-33).

Hasta este punto nos hemos enfocado sobre lo que ocurre en sus experiencias y dejaremos atrás el tema del maná. El origen de este pan vivificador es claro: viene del cielo. Ahora se establece un contraste vital con el maná. Jesús habla acerca de “el pan verdadero.” El contraste no está entre lo verdadero y lo falso sino entre la imagen y la realidad. El maná fue una prefiguración de la verdad y el incorruptible pan que el Señor puede proveer. Aquí es necesario referirse a dos situaciones: como la mujer en el pozo, en respuesta al reclamo del Señor, pidió el agua de vida (Juan 4:15), ahora también los judíos piden el pan vivificador mencionado por el Señor.

En cuanto al concepto de “descender del cielo,” los judíos mismo habían dado la llave cuando hablaron del maná descendido del cielo (Juan 6:31). Supieron a fondo que el maná literalmente no había descendido del cielo sino que su origen fue sobrenatural, concedido por el Señor Dios en respuesta a las necesidades de sus antepasados.

El Señor había usado el mismo modismo bíblico cuando preguntó a los judíos: “El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿del cielo, ó de los hombres?” (Mateo 21:25). En el griego, “del cielo” se traduce ek ouranou, la expresión de toda importancia que rastreamos en el Nuevo Testamento y tiene sus raíces en el Antiguo Testamento (LXX). En contra de eso está eks anthrõpõn, “el hombre.”

La anterior expresión establece el origen celestial del bautismo de Juan. Afirmar que el bautismo literalmente no descendió del cielo es cuestionar lo obvio. El proceso entero en el cual Juan estaba involucrado fue puesto en movimiento por la palabra de Dios que vino a él en el desierto. Deberíamos notar como Lucas se refiere al hecho de que Dios envió Su palabra a Juan con su predicación de “el bautismo del arrepentimiento” (Lucas 3:3).

La llave para entender conceptos bíblicos es tomar nota de ellos en otros contextos en donde el significado no represente ninguna dificultad. Esto tiene una aplicación especial para el concepto que ahora estamos trabajando.

Enviar y descender

Jesús declara frecuentemente que él ha sido “enviado por Dios”. Juan el Bautista también fue “enviado por Dios”, lo que no significa que él pre-existió a su nacimiento (Juan 1:6). Los profetas en general son “enviados” por Dios (Jueces 6:8; Miqueas 6:4), y los mismos discípulos han de ser “enviados” así como fue “enviado” Jesús (Juan 17:18).

“Viniendo del cielo” no implica una existencia previa, más aún, que “la carne de Jesús que es el pan que descendió del cielo” bajó literalmente del cielo (Juan 6:50, 51). Nicodemo reconoció que Jesús había “venido de Dios” (Juan 3:2), pero no pensó de él como alguien pre-existente. Igualmente, cuando los judíos hablaron del profeta “que había de venir al mundo” (Juan 6:14; Deuteronomio 18:15-18), no quisieron decir que él estuvo vivo antes de su nacimiento. Santiago 1:17 afirma que “toda buena dádiva desciende de lo alto, del Padre de las luces”. “Desciende del cielo” es la misma manera gráfica de Jesús y de los judíos de describir el origen divino, el cual ciertamente perteneció a Jesús a través de la virgen María.

La siguiente referencia y otras parecidas se tergiversan para apoyar la errónea idea de que Jesús existió físicamente en el cielo antes de su nacimiento en la tierra.

“El pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo… He descendido del cielo” (Juan 6:33, 38).

Sin embargo, se deben tener en cuenta los siguientes puntos[8]:

1. Los trinitarios toman estas palabras en forma literal a fin de probar su creencia. Sin embargo, si hemos de tomarlas literalmente, esto puede determinar que de algún modo Jesús bajó realmente como una persona. No solo que la Biblia no dice absolutamente nada de esto sino que el hecho acerca de que Jesús fue concebido como un bebé en el vientre de María pierde todo significado. Juan 6:60 describe la enseñanza acerca del maná diciendo, “¿quién lo puede aceptar?” (es decir, necesitamos entender que se está usando lenguaje figurado).

2. En Juan 6, Jesús explica que el maná era una figura de a él. El maná fue enviado por Dios y esto debe interpretarse en el sentido de que Dios era responsable de crearlo en la tierra; no bajó volando desde el trono de Dios en el cielo. De modo que la venida de Cristo desde el cielo se ha de entender de igual manera; él fue creado en la tierra por medio de la acción del Espíritu Santo en el vientre de María (Lucas 1:35).

3. Jesús dice que “el pan que yo daré es mi carne” (Juan 6:51). Los trinitarios afirman que fue la parte ‘Dios’ de Jesús lo que descendió del cielo. Pero Jesús dice que el pan que descendió del cielo fue su “carne”. Asimismo, Jesús relaciona el pan del cielo consigo mismo como el “Hijo del Hombre” (Juan 6:53), no como ‘Dios el Hijo’.

4. En este mismo pasaje de Juan 6 hay abundantes datos que  evidencian que Jesús no fue igual a Dios. La frase “me envió el Padre viviente” (Juan 6:57) difícilmente es la ‘co-eternidad’ de la cual hablan los trinitarios.

5. Debe preguntarse: ¿Cuándo y cómo Jesús ‘descendió’ del cielo? Los trinitarios usan estos versículos de Juan 6 para ‘probar’ que Jesús descendió del cielo para su nacimiento. Pero Jesús se describe a sí mismo como “aquel que descendió del cielo” (vs. 33, 50), como si fuera un proceso en marcha. Hablando del don de Dios recibido, Cristo dijo: “Es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo” (Biblia de Jerusalén). Al mismo tiempo que expresaba estas palabras, el ya había ‘descendido’ en el sentido de que había sido enviado por Dios.

Debido a esto  también podía hablar en tiempo pasado: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo” (v. 51). Pero él también habla acerca de ‘descender’ como el pan del cielo en la forma de su muerte en la cruz: “El pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (v. 51).

De modo que aquí tenemos a Jesús hablando de que ya “descendió” del cielo, de que está en proceso de ‘descender’, y de que aún tenía que ‘descender’ por su muerte en la cruz. Tan sólo este hecho debería probar que ese ‘descenso’ se refiere a Dios manifestándose a sí mismo, y no sólo al nacimiento de Cristo. Esto queda claramente demostrado en todas las referencias del Antiguo Testamento acerca de que Dios ‘descendería’, las cuales tienen este mismo significado. Es decir, Dios vio la aflicción de su pueblo en Egipto y ‘descendió’ para salvarlos por medio de Moisés. Él ha visto nuestra servidumbre al pecado y ha ‘descendido’ o se ha manifestado a sí mismo, enviando a Jesús como el equivalente de Moisés, para sacarnos de esa servidumbre.

“Yo soy el pan de vida” – Juan 6:35, 48 –

El v. 35 registra el primero de los grandes “Yo soy” de Jesús, y los versículos siguientes (35–51) son una extensión del comentario al respecto. Es una respuesta directa a la demanda de pan realizada por la gente, porque era necesario que entendieran que Jesús estaba hablando de pan espiritual y no físico.

El significado de la frase “pan de vida” es el de un pan que da vida, pero ese pan sólo lo pueden obtener aquellos que creen en Jesús, una condición que no habían cumplido sus oyentes (v. 36). Si la misión de Jesús dependía de la fe del pueblo, ¿no sugiere esto un fracaso? El v. 37 da la respuesta. El resultado final está en las manos del Padre. “El que a mí viene” muestra un énfasis en la respuesta individual. La firme declaración “jamás lo echaré fuera” debe entenderse como una promesa de que Jesús lo preservará. No hay posibilidad de un desacuerdo entre el Padre y el Hijo como muestran los vs. 38-39. Lo que el Padre da, el Hijo lo recibirá: …”que yo no pierda nada”.

El pan sostiene la vida. Pero ¿qué es la vida? ¿Es mera existencia física? La Biblia dice que sí. Pero la nueva vida a la que alude el Cristo es diferente. Es la nueva relación que tenemos con Dios. Esa relación solo es posible por medio de Jesucristo. Sin Cristo hay existencia pero no vida. En Jesús tenemos el “alimento” que da vida.

Aunque las palabras «Yo soy» pueden no ser profundas por sí mismas, la manera en que se formulan en Juan a veces provoca una reacción extraña en aquellos a los que hablaba Jesús. Por eso concluimos que una lectura cuidadosa del Evangelio de Juan revela que Jesús usa «Yo soy» de tres maneras distintas:

  1. La frase con un predicado:

Juan 6:35 «Yo soy el pan de vida».

Juan 6:41 «Yo soy el pan que descendió del cielo».

Juan 8:12 «Yo soy la luz del mundo».

Juan 10:7 «Yo soy la puerta de las ovejas».

  1. La frase con un predicado implicado y traducida generalmente por «el»:

Juan 4:26 «Yo soy, el que habla contigo».

 

3.   La frase que tiene un sentido gramatical absoluto:

Juan 8:58 «…antes que Abraham fuese, yo soy».

Juan 13:19 «… creáis que yo soy».

Sin duda alguna, estas afirmaciones tienen la finalidad de dirigir a los oyentes hacia las solemnes declaraciones del nombre divino de Jehová formuladas a Moisés y a los profetas del Antiguo Testamento. Por eso nos referimos otra vez a la manifestación de un ángel a Moisés en una llama de fuego en medio de una zarza (Éxodo 3). En esta frase, en el tiempo presente, tenemos una afirmación de la constancia, la fidelidad y la permanencia del Dios que adoramos.

Las cuatro afirmaciones “he descendido del cielo”, “el pan que desciende del cielo”, “el pan vivo que descendió del cielo” y “el pan que descendió del cielo” (Juan 6:38, 50, 51, 58) significan que Jesús viene con una misión, con un mensaje y con la autoridad de Dios.

Se nota una sucesión:

v. 26 pan

v. 32 pan del cielo

v. 33         pan de Dios

vs. 35, 48  pan de vida

v. 51  Yo soy el pan vivo

Las murmuraciones en contra

Cuando el Señor oyó las murmuraciones en contra suya (Juan 6:43) declaró que fue Dios el que trajo hombres para él:

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (v. 44).

Una vez más Jesús pone en claro que él es el mediador entre Dios y los hombres. Las Sagradas Escrituras son precisas en el hecho de que la creación y todo lo que contiene es de Dios:

“¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él,  y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Romanos 11:35-36).

Dios atrae a los hombres para que vengan a él y a Su Hijo de diferentes formas, y el testimonio de la naturaleza, los milagros, la profecía cumplida a cabalidad, las circunstancias únicas del nacimiento de Jesús son de Dios. Sin él nada tendría existencia (Juan 1:3). Nuestras metas más nobles y nuestros deseos se derivan de Dios. Nehemías comprendió esto cuando él nos informa del caritativo propósito que Dios había puesto en su corazón (Nehemías 2:12; 7:5). Este tipo de hombres que por el Padre van al Hijo de Dios es para permitirle al Hijo levantar a sus seguidores en el día final.

La unión entre el Padre y el Hijo

La unión entre el Padre y el Hijo se ve asombrosamente en Juan 6:45:

“Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí”

La cita del Señor está en Isaías 54:13, un capítulo que habla de la futura gloria de Jerusalén. Allí el rey será indudablemente el Señor Jesús. Sus seguidores estarán ayudándole en su gobierno (Isaías 32:1). Los seguidores del Señor están siendo recogidos y preparados en esta época actual y cuando ellos dan testimonio de que el Padre ha dado al Hijo, están de este modo siendo enseñados por Dios.

El Señor mismo declaró a los once: “El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” (Juan 14:24). Así que la respuesta al llamado de Dios no puede ser separada de nuestra respuesta a la enseñanza de Cristo y su persona. Deberíamos notar que no es suficiente solo oír; debemos aprender.

Muchos oyeron las palabras del Señor en la sinagoga pero, por su actitud, no aprendían y de esa forma estaban muriendo en su ignorancia y en sus pecados.

En el siguiente versículo (v. 46) aparece una expresión desconectada pero que nos subraya eficazmente la forma de ver a Dios a través de su Hijo, que es el mediador de nosotros. Lo que se afirma aquí se toma del pensamiento de Juan 1:18:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno de el Padre, él le ha dado a conocer.”

La imagen de Dios fue tan personificada en el histórico Jesús de Nazaret que contemplarlo a él, con ojos de fe, resultó lo mismo que ver al Padre (Juan 14:9).

Comer y beber

En la sección que abarcan los versículos 47 al 51, el gran tema de vida eterna continúa (v. 27) y su relación con la fe es reafirmada: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (v. 47). Pero ¿cómo se manifiesta esa fe? Otra vez el Señor declara que él es el pan de vida y procede a demostrar como eso es cierto. Sus oidores estaban muy orgullosos de sus orígenes y la Pascua recientemente celebrada, recordando las experiencias de sus antepasados en el desierto, los estimulaba. El aparecimiento del maná fue un acontecimiento bastante significativo. Ciertamente fue dado por Dios pero quienes lo comieron con el pasar del tiempo murieron (v. 49).

Pero ahora, en su tiempo, Jesús les habla del otro “maná.” Este también había descendido del cielo y los hombres que lo comieran no morirían. Sin embargo, la muerte física es la experiencia común de los seguidores del Señor, pero no es el final; así pues el énfasis en la resurrección.

El Señor pensó que su significado no debería estar perdido. En sus palabras, las mismas verdades fundamentales son afirmadas y reafirmadas. Una vez más él declara ser el pan vivo que ha descendido del cielo, superior al maná dado en el desierto, porque si un hombre come de este pan vivirá para siempre. Hay una sorprendente declaración adicional al final de este versículo:

“Y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.”

Podemos imaginar con facilidad el asombro inicial de sus oyentes. El término “carne” fue inesperado, pero se derivó directamente de la declaración de que Jesús fue el pan del cielo. Su persona fue humana, auténticamente carne y sangre.

La reacción de su audiencia fue predecible: las verdades pronunciadas fueron simples, en un sentido, pero dieron la apariencia de ser ultrajantes. Esa percepción de afrenta se ve en el siguiente versículo: “Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Estaban confrontando un dilema que no se resolvía fácilmente sino a través del ejercicio de fe y paciencia.

¡El Señor no se detuvo allí sino que se indignó mucho más declarando que no solamente deben comer su carne, sino que también beber su sangre! (v. 53). Ninguna frase fue tan eficaz para turbarles la razón a los judíos ortodoxos que este pronunciamiento. Superficialmente pareció contradecir el mandamiento solemne dado a los hijos de Israel:

“Estatuto perpetuo por vuestras edades; en todas vuestras moradas, ningún sebo ni ninguna sangre comeréis.” (Levítico 3:17).

Notemos también la siguiente severa instrucción:

«Si cualquier hombre de la casa de Israel,  o de los extranjeros que habitan entre ellos,  come alguna sangre,  yo pondré mi rostro contra la persona que coma sangre,  y la eliminaré de su pueblo, porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas (personas),  pues la misma sangre es la que hace expiación por la persona. (Levítico 17:10-11)

El dilema de los judíos es obvio: ¡Este hombre de Nazaret no solamente les estaba diciendo que bebieran sangre, y no cualquier sangre sino sangre humana y encima de eso la de él! A la vez, habla de sí mismo, insistentemente, como el pan que ha descendido del cielo.

El simbolismo del pan es complejo, pero muestra claramente que Jesús es el que satisface nuestras necesidades más profundas.

 “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final.” (Juan 6:53-54)

Esta es la palabra más dura que hasta ahora haya pronunciado en sus oídos. Ellos preguntaron cómo sería posible comer su carne. El contestó con gran solemnidad: “Es indispensable”. Pero aun aquí el oyente pensador podría hallar algo que suavizara la dureza. El dice que ellos no sólo tienen que “comer su carne” sino también “beber su sangre”, lo que no podría sino sugerir la idea de su muerte.

Pero para los judíos es repugnante beber sangre. Usó intencionadamente una fraseología que iba a ofender a los oyentes insinceros y melindrosos. Así puso a prueba y reveló los caracteres y motivos de los hombres. La Ley dice:

“Si cualquier hombre de la casa de Israel, o de los extranjeros que habitan entre ellos, come alguna sangre, yo pondré mi rostro contra la persona que coma sangre, y la eliminaré de su pueblo, 11porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas, pues la misma sangre es la que hace expiación por la persona.” (Levítico 17:10-11; Génesis 9:4; Deuteronomio 15:23)

Sin embargo Jesús había dicho cuatro veces (vs. 53-56) que la verdadera vida viene de comer su carne y beber su sangre. La carne de Jesús era Su completa humanidad. En Su carne y sangre el pecado fue vencido. En Su carne y sangre la justicia salió triunfante. En Su resurrección, carne y sangre llegaron a ser trasformadas en la naturaleza divina. Cuando Jesús dijo que tenemos que comer Su carne y beber Su sangre quería decir que tenemos que recibir Su vida en lo más íntimo de la nuestra. Es con razón que Pablo dice a los filipenses: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.” (Filipenses 2:5).

Hemos visto como se ofendieron los judíos al oír al Señor afirmar que una de las condiciones para obtener la vida eterna era comer su carne y beber su sangre (Juan 6:53-56). Pero el Señor reconoce aquí, como  invariablemente lo hace, que él no actúa en forma independiente. Todo es derivado de su Padre: “Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí” (v. 57).

“El Padre viviente.” Que elocuente es esta simple declaración, profundamente verdadera. Aquí vemos un contraste entre los “ídolos mudos” de los cuales hubieron muchos en el mundo Griego Romano y el Dios viviente (1 Corintios 8:5-6). El Dios de la Biblia es “el manantial de la vida” (Salmo 36:9), y Jesús había llegado a ser una fuente de vida porque su Padre le había otorgado esa autoridad. Así es y fue que el que coma del Hijo de Dios deriva vida para si mismo: “Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo” (Juan 5:26).

La sección de Juan 6 en estudio concluye con el Señor revirtiéndose en la figura del pan: “Este es el pan que descendió del cielo (griego: eks ouranou): no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente” (v. 58). Por lo tanto, la sección concluye de la misma manera como comenzó: con la declaración de superioridad del Señor sobre el maná en el desierto.

Ya hemos visto en el versículo 24 que el Señor está en Capernaúm. Ahora se nos dice que él está en “la sinagoga” en Capernaúm (v. 59). ¿Por qué esta pausa en el libro y este detalle? Puede ser que el Señor da a su audiencia tiempo para asimilar sus palabras. Quizá, también, el volumen del ruido causado por la disensión obliga al Señor a hacer una pausa. Juan, quien ha estado oyendo atentamente hasta ahora, en este punto menciona que están en la sinagoga de Capernaúm. Recordándonos así del trasfondo terrenal de las palabras de vida eterna.

Así es que probablemente cuando el ruido disminuyó, el Señor continúa dando a sus seguidores una prueba más. “¿Esto os ofende? ¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero?” (v. 62; compárelo con capitulo 3:31). Notamos que en el mismo versículo el Señor se refiere a sí mismo como “el Hijo del Hombre,” asegurando otra vez su esencia humana.

Él entonces da una declaración que es la llave para la comprensión de su enseñanza:

“El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (v. 63).

Anteriormente se nos dice que Dios es “espíritu” (vea Juan 4:24). Y en este lugar, el espíritu hablando a través de Jesús, provee las palabras que traen vida. El propósito entero del Señor Jesús, aquí como en otras partes, es brindar la enseñanza que conduce a la vida eterna.

La reacción de la gente

¿Qué pasó después de recibir estas enseñanzas de Jesús?

Juan 6:60. “Al oir esto, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oir?”

Juan 6:66. “Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él.”

Las protestas de muchos de los discípulos (vs. 60- 61) muestran que la palabra “discípulo” es usada aquí en un sentido general para los seguidores marginales de Jesús. No eran verdaderos creyentes porque les resultaba duro aceptar aquella doctrina (v. 60).

Durante sus enseñanzas, Jesús puso a prueba y reveló los caracteres y motivos de los hombres. La aparente dureza y oscuridad de sus dichos sirvieron para librarle de aquellos seguidores que no tenían un espíritu dispuesto a aprender y que no estaban decididos a mirar más allá de la superficialidad de las cosas.

Es cierto que unas personas rechazaron la Palabra de Dios. Es como los pedazos de pan que cayeron sobre la tierra durante la alimentación de los cinco mil. Hay que digerir completamente las enseñanzas de Jesús. Su ministerio resultó en vergüenza, rechazo y muerte. Su carne fue dada para la vida del mundo. Descubrimos el paralelismo dentro de Juan 6 y el Salmo 78.

 

Salmo 78

Juan 6

 vs. 7, 32 las obras de Dios

vs.  28-29 …las obras de Dios

vs. 8-9 ni cuyo espíritu fue fiel para con Dios…volvieron las espaldas en el día de la batalla.

v. 66 …muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él. 

v. 11 …se olvidaron de sus obras y de sus maravillas

v. 26 …me buscáis, no porque habéis visto las señales,

vs. 18-19  …pidiendo comida a su gusto…¿Podrá poner mesa en el desierto?

vs. 30-31 ….¿Qué señal, pues, haces tú …Nuestros padres comieron el maná en el desierto

v. 20 …¿Podrá dar también pan? ¿Dispondrá carne para su pueblo?».

vs. 35,52 …Yo soy el pan de vida… ¿Cómo puede este darnos a comer su carne?

v. 22 …no le habían creído ni habían confiado en su salvación.

v.  36 …aunque me habéis visto, no creéis

v. 23 …abrió las puertas de los cielos

v. 33 …es aquel que descendió del cielo

vs. 24-25 …maná…les dio trigo de los cielos.

vs. 31-32  Maná…el verdadero pan del cielo

v. 29 …Comieron y se saciaron;

v. 26 …porque comisteis y os saciasteis

v. 31 …cuando vino sobre ellos el furor de Dios,

v. 49 Vuestros padres…murieron.

vs. 36-37 …con su lengua le mentían…sus corazones no eran rectos con él

v. 34 …Señor, danos siempre este pan.

v. 39 Se acordó de que eran carne, soplo que va y no vuelve.

v. 63…la carne para nada aprovecha. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.

v. 41 Y volvían, y tentaban a Dios, y provocaban al Santo de Israel.

v. 66 …muchos de sus discípulos se volvieron atrás

vs. 56-72 Una parábola David escogido e Israel rechazado

v. 69…el Hijo del Dios viviente.

La conmemoración

Las palabras dichas en la sinagoga aparentemente están indicando la necesidad de comer la carne y beber la sangre de nuestro Señor, mirando hacia el establecimiento del partimiento del pan. Esta es la conmemoración del sacrificio humano que hizo el Señor, no olvidando que estamos participando de los símbolos de carne y hueso. El Señor resucitado fue carne y hueso. No hay mención de sangre, pues la sangre fue derramada indicando la capitulación de la vida. En el caso del Señor, como en el nuestro, la vida estaba en la sangre. Sin embargo, por las asociaciones de su muerte, su sangre fue “preciosa,” como Pedro tan conmovedoramente brindó testimonio (1 Pedro 1:19).

Este mismo pasaje habla “como de cordero sin mancha” y establece un enlace con la Pascua. Esto necesita ser explorado ya que nos ayuda a entender algunas de las palabras más difíciles de Juan 6. Recordemos que Juan es el único de los cuatro evangelistas que escribe que fue la época de la Pascua (Juan 6:4). La primera Pascua fue asociada con la liberación de los israelitas en Egipto.  Ellos recibieron la orden de escoger un cordero sin mancha (Éxodo 12:5). Notamos que se les dijo que “comerán la carne” (Éxodo 12: 8), palabras que anticipan lo que dice Juan 6:53:

“Si no coméis la carne del Hijo del Hombre…”

Sin embargo, en el libro de Éxodo no se menciona el hecho de beber la sangre del cordero. Sirvió para otro propósito, siendo rociada en los dos postes del costado y el dintel de cada morada, aseguró que el ángel de muerte no pase por ese grupo familiar. Salvados así, por la misericordia de Dios, la liberación de los israelitas fue una muerte temporal, pues murieron en el desierto. El primer cordero de la Pascua no fue sacrificado para dar vida eterna: la vida estaba en la sangre y a los Israelitas se les prohibió estrictamente beberla. Así la liberación por la Pascua fue solo un símbolo asociado con la muerte del Señor. En este sacrificio, en cambio, podemos beber la sangre del Señor Jesús y  tener acceso a la vida eterna, que se relaciona con ella. Otra vez recurrimos a Hebreos 10 y notamos la mención de la sangre del Señor (v. 19) y su carne (en v. 20).http://t1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTArIOdaVJpux4DD50Vrkm6wypz5-CTXIdEM3JiDCpnQNIP2X9FyA

Todo esto presenta un trasfondo en las palabras de Jesús registradas en Juan 6. La misma vida de nuestro Señor debe pasar a ser parte de nosotros, de otra manera pereceremos. Nadie entendió las verdades enunciadas en la sinagoga de Capernaúm mejor que Pablo. Él mismo se refiere al sacrificio de nuestro Señor con lo que sucedió en Egipto cuando declara: “Porque Cristo, nuestro Cordero pascual, ya ha sido sacrificado” (1 Corintios 5:7). Si alguien fue sustentado por el Señor fue precisamente Pablo, para quién vivir fue Cristo (Filipenses 1:21). Nuestra esperanza es comprender, en nuestra parte final, el concepto del pan del cielo, mirando los registros de los primeros libros del Evangelio.

Una paradoja

A pesar de que el mismo Pedro reconoció valerosamente que tuvo dificultad para entender el significado de lo que el Señor dijo, el propio apóstol admitió que Jesús habló palabras de vida eterna (v. 68). A los que acogen la enseñanza del Señor y se esfuerzan en hacerle su forma de vida, se los puede considerar que “no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:13).

Precisamente la declaración del Señor en v. 63, haciendo la distinción entre espíritu y carne, contiene una paradoja: aquí hay un maestro que ha manifestado que a menos que nosotros comamos su carne y bebamos su sangre, hallaremos esperanza de vida. Ahora él declara que la carne no beneficia en nada. ¿Cómo resolvemos esta paradoja?

Primero notamos que “la carne” denota nuestra naturaleza humana y lo que la caracteriza. Así leemos: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne…” (Génesis  6:3). Pero la carne es una característica permanente de nuestra persona. La carne y la sangre no pueden heredar inmortalidad (vea las palabras de Pablo en 1 Corintios 15:50), pero después de que el Señor resucitó de entre los muertos y quiso demostrar la realidad de su resurrección, él dijo a los apóstoles: “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:39). Percibimos de esto que la carne del Señor había sobrevivido a la experiencia de la muerte y fue así una característica permanente en él.

Ahora revisemos la gran profecía que habló de la resurrección del Señor. El Salmista predijo: “Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; Mi carne también reposará confiadamente” (Salmo 16:9, vea también v. 10). El pasaje contiene una anticipación notable de la naturaleza de la resurrección del Señor. Aunque la carne del Señor fue físicamente idéntica a la nuestra, hubo una diferencia fundamental entre Jesús y nosotros. Fue esta distinción la que le permitió decir que comiendo su carne y bebiendo su sangre los hombres tienen acceso a la vida eterna: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Fue el único caso en que tenemos una persona adulta, mortal que no se volvió impura por la transgresión. De Hebreos 10:5, 7 aprendemos: “Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo…” y diciendo luego: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad…” En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez y para siempre” (vs. 5, 8, 10). El pasaje va al corazón de la expiación. La palabra “voluntad” nos recuerda Getsemaní con su angustia: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39). Fue así, por la obediencia total a la voluntad del Padre (vea Filipenses 2:8) que el Señor llegó a ser un sacrificio para los pecados.

…y finalmente

Jesús dijo a los doce: “¿Queréis acaso iros también vosotros?”

Le respondió Simón Pedro: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.” 

¿A dónde vamos, hermanos? Es mejor escoger el estar siempre al lado del Señor, ¿verdad?

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Digresión número 1: El partimiento de pan

Se usa con el sentido de la celebración de Cena del Señor en Hechos 2:42, 46; en memoria del Señor como El lo dejó establecido antes de Su partida. (Mateo 26:26; Marcos 14:22, Lucas 22:19-20, 1 Corintios 11:24)

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La reunión semanal para participar en el partimiento de pan y vino es el centro de nuestra expresión de compañerismo en Cristo Jesús. Es fundamentalmente un acto de recordación.  Nada mágico sucede como resultado de su realización. Se lo puede considerar como el equivalente de la fiesta de la Pascua bajo la Ley de Moisés (Lucas 22:15; 1 Corintios 5:7, 8). Este fue un medio para recordar la gran liberación de Egipto que Dios realizó por medio de Moisés en el mar Rojo.

  • El pan representa el cuerpo de Cristo, que fue ofrecido en la cruz.

  • El vino representa su sangre (1 Corintios 11:23-27).

  • El pan y el vino no se convierten físicamente en el cuerpo y la sangre de Jesús. Cuando Jesús dijo “esto es mi cuerpo (Mateo 26:26), el Mesías estaba diciendo que esto representa a su cuerpo.

  • El pan nos habla de la victoria de Cristo, quien participó de nuestra naturaleza

  • El vino nos habla de la ofrenda completa y libre de su vida. Esta copa de sufrimiento y muerte llega a ser la copa de gozo y salvación para nosotros. (Hebreos 10:7-10)

Cuando los hermanos participan de un pan esto demuestra la unidad entre ellos, en idéntica forma como el cuerpo de Cristo. La copa nos indica la relación existente entre el Cristo y la vid verdadera. Somos muchos los pámpanos pero todos pertenecemos a una misma rama.  El creyente toma parte de este hecho de recordar que es uno con Cristo y sus hermanos. Hermandad es unidad.

El servicio del partimiento del pan nos transporta al pasado, a nuestra salvación del pecado por medio de Cristo, que fue hecha posible en la cruz y con la cual estamos relacionados a través del bautismo. Cumplir este mandamiento debería ser algo que espontáneamente quisiéramos hacer.

El partimiento del pan nos transporta al futuro también porque Jesús habló del reino de Dios venidero (Lucas 22:14-30).

Si tenemos una verdadera relación personal con Cristo, desearemos recordar su sacrificio, como él lo ha pedido, y, por consiguiente, esforzarnos por mantener en la memoria la gran salvación que Él logró. Tomar los emblemas del sufrimiento y sacrificio de Cristo es el más alto honor que un hombre o mujer puede tener.

Los Cristadelfianos tenemos, como la base de nuestro compañerismo, una fe común y una manera de vivir común. Por eso no ofrecemos el pan y el vino a cualquier persona. La hermandad no es una hermandad en general sino que tiene un significado mucho más precioso.

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Digresión número 2: Pasajes bíblicos del Evangelio de Juan que dan lugar a la idea de la

‘pre-existencia’ personal de Jesucristo en el cielo.

Frases con respecto a su origen paterno

“De él procedo…”, “he salido…” Juan 7:29; 8:14, 42; 13:3; 16:27, 28, 30; 17:8.

“Pero tú Belén Efrata, tan pequeña entre las familias de Judá, de ti ha de salir el que será Señor en Israel; sus orígenes se remontan al inicio de los tiempos, a los días de la eternidad.” Miqueas 5:2

En contraste con los gobernantes aprovechadores de Israel (3:1–4), el Mesías me saldrá (eso es para ventaja de Dios, no para la suya propia). La referencia velada a las raíces históricas del Mesías, mediante las alusiones a Isaí (Padre de David, era de la tribu de Judá y vivía en Belén – 1 Samuel 16:1 -).  Se revela al fin del versículo: cuyo origen es antiguo, “desde los días de la eternidad”. Días de la eternidad también puede traducirse “desde tiempos antiguos”, lo cual lo referiría a los tiempos de Isaí. En hebreo, “desde los días de la eternidad” significa desde “los tiempos más remotos” cuando se usa con referencia a algún evento histórico. En cambio, cuando se usa en relación con Dios, que existía antes de la creación, eternidad es una traducción apropiada. La adición de días muestra que esta es una referencia histórica.

Estas referencias son del nacimiento y el origen de Cristo, no de su ‘pre-existencia’ personal en el cielo.

Frases con respecto al encargo profético de un individuo

“…enviar…” Juan 3:17; 4:34; 5:36; 6:29; 8:18; 12:44;14:24

“Yo envío mi mensajero para que prepare el camino delante de mí…” Malaquías 3:1.

“Me dijo: Hijo de Hombre, yo te envío a los hijos de Israel…” Ezequiel 2:3.

“Me dijo Jehová: No digas: “Soy un muchacho”, porque a todo lo que te envíe irás, y dirás todo lo que te mande.” Jeremías 1:7.

“Hubo un hombre enviado por Dios, el cual se llamaba Juan…” Juan 1:6.

Los profetas son enviados por Dios. Por eso, no se puede inferir la ‘pre-existencia’ personal de Cristo con el uso de la palabra ‘enviar’.

Frases con respecto a la liberación

(a)  “…descendió del cielo…” Juan 3:13; 6:33, 38, 41, 42, 50, 51, 58

“Nadie subió al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre, que está en el cielo.” Juan 3:13. Las palabras ‘subir’ y  ‘descender’ se encuentran en la misma frase. Por eso se dice que es una prueba de la ‘pre-existencia’ de Cristo. Nuestra respuesta es que “esto no es así.”. El texto nos enseña que, según lo anunciado por Moisés, Jesucristo es un profeta y libertador enviado por Dios. (Vea la página adjunta. Juan 3:1-21)  Después de considerar las referencias de los acontecimientos en el desierto, no es una sorpresa encontrar una alusión al ‘nombre’ en Juan 3:18. El pueblo no creía en el nombre compartido por el Padre, el Hijo y también el Ángel de la presencia de Jehová.

(b)  “…El que viene de arriba…” Juan 3:31;

Moisés fue invitado a subir el monte y permanecer allí por un período de cuarenta días y cuarenta noches (Éxodo 24:18).  Posteriormente descendió del Monte con el testimonio y con la autoridad sobre todo Israel (Éxodo 31:18; 32:15). Asimismo Jesús vino de arriba con un testimonio (Juan 3:32).  Testificaron lo que habían oído y visto (Éxodo 24:10). Cuando Moisés descendió del monte, el pueblo ya había construido el becerro de oro que representaba al ‘dios’ que les había sacado de Egipto (Éxodo 32:4, 8).  De la misma forma vino Cristo para dar testimonio del Dios verdadero (Juan 3:33) pero fue rechazado por gran parte de su pueblo. Después de lo que había pasado con el becerro de oro, Moisés tuvo que subir el monte otra vez para pedir el perdón (Éxodo 32:30). Jesucristo subió al cielo luego de su resurrección para presentar su ‘expiación’[9] por los pecados del pueblo (Hebreos 2:17) o la ‘propiciación’ de nuestros pecados (Juan 20:17; Hebreos 9:23; 1 Juan 2:2; 4:10)

De estas referencias aprendemos sobre la gracia de Dios. En el Antiguo Testamento aparece de manera muy clara. Está manifestada en la obra de Jesucristo relatada en el Nuevo Testamento.

Frases con respecto a profecía cumplida

“He venido al mundo…” Juan 1:10; 3:19; 6:14; 9:39; 10:36; 11:27; 12:46; 16:28; 18:37.

“Entonces aquellos hombres, al ver la señal que Jesús había hecho, dijeron: Verdaderamente este es el Profeta que había de venir al mundo.” Juan 6:14.

Jesucristo vino al mundo en un momento clave en la historia de la humanidad.  El Mesías estuvo ‘fuera’ del mundo antes de su nacimiento. Sin embargo, encontramos muchas profecías acerca del Mesías venidero en el Antiguo Testamento.

Aquí, la importancia está en el cumplimiento de las profecías no del dogma de la ‘pre-existencia’ personal de Cristo en el cielo.

La enseñanza que las palabras de Jesucristo son espíritu y son vida.

Reacciones a las enseñanzas de Jesucristo

“…¿Pues qué, si vierais al Hijo de Hombre subir a donde estaba primero?”  Juan 6:62

Aquí encontramos la reacción de los discípulos a la enseñanza y obra de Jesús. Los pasajes (vs. 60, 61) muestran que la palabra “discípulo” es usada aquí en un sentido general para los seguidores marginales de Jesús. No eran verdaderos creyentes porque les resultaba duro aceptar aquella enseñanza (v. 60). Ni siquiera podían imaginar que alguien la aceptara. Jesús sabía cuál era su verdadera posición y procedió a aconsejarlos. Sabía que el dicho sobre la carne les había perturbado. La afirmación sobre el Hijo del Hombre ascendiendo (v. 62) implicaba que en ello habría una causa aun mayor para escandalizarse por la forma en que el Hijo del Hombre ascendería al cielo, ya que sería precedida por sufrimiento y muerte.

Pero no dice ‘al cielo’ sino ‘adonde estaba primero’.  En el mismo capítulo leemos que Jesús subió a un monte y sobre la alimentación de los 5000 (6:1-15). En aquella ocasión los seguidores “…iban a venir para apoderarse de él y hacerlo rey…” (6:15). Uno o dos días más tarde Jesús dijo: “…de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.” (Juan 6:26).

La enseñanza no está en el dogma de la ‘pre-existencia’ personal de Jesucristo en el cielo. Es el mensaje del Señor que da vida, no la comida que perece. (Juan 6:26-27)

En todos los casos no se puede hallar el dogma de la ‘pre-existencia’ de la persona de Cristo en el cielo.  Es mucho más instructivo para nuestros estudios bíblicos investigar los ‘tipos’ que vienen del Antiguo Testamento.


Discurso 5 –  La presencia de Jesús

(Juan 7:1-52)

El quinto discurso está separado de la quinta señal. En este caso resulta obvio puntualizar que la conexión entre ambos no es tan sencilla como en los otros ejemplos. Sin embargo,  resulta razonable sugerir que la señal muestra algo similar a lo que el discurso enseña – la ausencia de Jesús no es más que aparente –. Vamos a ver.

¿Una contradicción?

Jesús no rehuía a la muerte. Esta debía llegar a “su hora” predeterminada por la decision de Dios (Mateo 26:45; Marcos 14:41; Lucas 22:53; Juan 7:30; 8:20; 12:23, 27; 13:1; 17:1). Su ausencia de Judea no se debía a que temiera a los judíos que querían matarle.

Juan 7:1 está en el contexto de su visita a Jerusalén durante la fiesta de los tabernáculos (Juan 7:10-25). La ausencia del Señor era más por motivos judiciales sobre Judea que por otra causa.

 

Adjuntamos otras sugerencias con respecto de los motivos de la ausencia de Judea.  Ponga sus reacciones.

Me parece que era mas bien por algun tipo de resentimiento. En Juan 3.22 – 30 señala que Jesus estuvo en Judea y mas adelante, en el v. 32 dice …”Nadie recibe su testimonio”. Es decir, hablaba y nadie le creia. si es tal como le manifiesto, la frase quedaria de la siguiente manera: La ausencia del Señor era más por la poca acogida que le brindaron en Judea que por otra causa.

Tambien puede relacionarse con la vida que llevaban las autoridades romanas de Judea (Herodes y su relacion con su cuñada). Entonces, si fuese por esa razon, la frase seria como sigue: La ausencia del Señor de Judea era más por motivos morales que por otra causa.

Juan 7:1-36. Esta sección da a conocer como estaban las relaciones de Jesús con su familia y con los judíos en general a esta altura de su ministerio. El Mesías tenía conciencia de la hostilidad y el complot en su contra (v. 1) y Juan menciona esto para dar cuenta de su retraso en ir a la fiesta.

 

Prohibido

Ejemplificado

“Os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, pero después nada más pueden hacer.” (Lucas 12:4)

“Después de esto andaba Jesús en Galilea, pues no quería andar en Judea, porque los judíos intentaban matarlo.” (Juan 7:1)

La fiesta de los tabernáculos era una reunión popular y nadie que quisiera entrar en contacto con el mayor número posible de gente podía hacer algo mejor que aparecer en Jerusalén en aquel momento. Esta era la última de las tres fiestas anuales, celebrada el día 15 del séptimo mes – septiembre – (Levítico 23:33-34; Deuteronomio 16:13; Nehemías 8:14-18).

El razonamiento de los hermanos de Jesús (v. 3). Quizá habían oído que recientemente muchos de los discípulos de Jesús lo habían abandonado (Juan 6:66). “y le dijeron sus hermanos” (Juan 2:12) no sus discípulos sino sus medio hermanos, «Jacobo, José, Simón y Judas», Mateo 13:53-55. Algunos dicen que estos «hermanos» eran primos hermanos, hijos de Alfeo y la hermana de la madre de Jesús, pero los hermanos de Jesús no «creían en él», mientras que «Jacobo hijo de Alfeo… y Judas hermano de Jacobo» (Hechos 1:13; Juan 14:22) eran apóstoles de Cristo.

“Ni aun sus hermanos creían en él.” – Juan 7:5 –

La respuesta que dio Jesús en el v. 6 demuestra que sabía que sus movimientos estaban perfectamente predeterminados, de allí que para otros resultaban difíciles de comprender. Para sus hermanos el “tiempo aún no ha llegado”  o sea que cualquier instante es bueno. Aquí, la palabra “tiempo” indica un momento oportuno y debe distinguirse del término “hora”, aunque estén relacionados.  En otros pasajes (Juan 2:4; 7:30; 8:20; 12:27), la palabra que usa Jesús es “hora” que quiere decir “la hora señalada por Dios”. Ese tiempo u hora era inalterable e inevitable. En este pasaje la palabra es kairos (no jrónos que es el tiempo del reloj) que quiere decir “estación propicia, oportunidad”. Es decir, el mejor momento para hacer algo, cuando las circunstancias son favorables.

Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado. – Juan 7:6 –

Faltaban seis meses más para que su tiempo (hora) llegara. Su hora llegó cuando llegó la siguiente Pascua.

Los hermanos de Jesús hicieron lo posible para obligarle a ir a Jerusalén. Tenían razón desde un punto de vista humano. Jesús había realizado Sus mayores milagros en Galilea (Juan 2:1-11; 4:46-54; 6:1-14) El único milagro que se relata que efectuó en Jerusalén es la curación del inválido (Juan 5:1-14). Era natural que los hermanos le dijeran a Jesús que acudiera a Jerusalén para que Sus partidarios vieran lo que podía hacer.

El contraste entre el éxito deseado por los hermanos por medio de prodigios y la hostilidad profunda de la que Jesús se siente objeto por causa de su palabra subraya la distancia que existe entre los dos mundos. Este error de no reconocer a Jesús se enfatiza más en el capítulo 7 que en todo el Evangelio. Juan deja claro que la aversión en torno a Jesús crecía y que, al mismo tiempo, había un grado de incertidumbre sobre El. En Jerusalén había quienes “murmuraban” (Juan 7:12); por regla general su mesianismo no era entendido y a eso se sumaba una cierta dosis de peligro.

 

Se nota un paralelismo entre la primera señal (Juan 2:1-11) y el llamamiento en Juan 7 y también cierto contraste.

Juan 2

Juan 7

Su madre

Sus hermanos

Durante la boda

Durante la fiesta

Mi hora no ha llegado

Mi tiempo aún no ha llegado

Actúa con prudencia y cautela (Hizo un milagro pero pocos se dieron cuenta)

Actúa con prudencia y cautela (Subió a Jerusalén en secreto)

Manifestó su gloria

Manifestó su origen divino

Les da a beber agua convertida en vino

Se presenta como fuente de “aguas vivificadoras”

La fiesta estaba en sus instancias finales

Hizo su proclama el último día de la fiesta

Muchos se mostraron satisfechos con la señal

Causa disensión entre la gente

 ¿Identifique un significado entre estas ideas?

¿Referencias al profeta Malaquías? – Juan 7:11 –

Yo envío mi mensajero para que prepare el camino delante de mí. Y vendrá súbitamente a su Templo el Señor a quien vosotros buscáis y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros, ya viene», ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Malaquías 3:1)

 

Las palabras “buscar” y  “enviado” tienen un significado importante en las enseñanzas de Jesús durante la fiesta.

buscar

vs. 11, 25

vs. 34, 36

vs.19-20, 25

vs. 34, 36

enviar

v. 16

v. 18

v. 26

v. 28

v. 29

v. 29

“Y había mucha murmuración acerca de él entre la multitud..” – Juan 7:12 –

 

La verdad causa división entre la gente. Mateo 10:34-37; Hechos. 13:45, 48. ¿Por qué dijeron que Jesús extravía a la gente? Un ejemplo de esto se ve en Mateo 15:1-9; es decir, conducía a la gente fuera de las tradiciones humanas para que anduviera en la verdad.

“Y se admiraban los judíos…” – Juan 7:15 –

La llegada de Jesús «a la mitad de la fiesta» y su manera de enseñar dejó confusos y perplejos a los judíos. No sabían qué hacer con El. “¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?” Es decir, ¿cómo puede alguno saber algo si no lo aprendió de nosotros? http://t0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRE855mJuDX62I6mhN1FgHHFVlPZcucTKfBrekHld-O_UGxCBZBlA

Aun cuando Jesús tenía doce años de edad, sus padres «le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas» (Lucas 2:46, 47). 

 

Enviado de Dios

“Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.” (Juan 7:16)

Lo que confundía a los judíos era la profundidad de la enseñanza de Jesús, aunque no tenía educación formal (v. 15). Respondiendo, el Mesías señaló que la verdadera naturaleza de su enseñanza no era suya sino de Dios (v. 16); podía ser asimilada por cualquiera que deseara hacer la voluntad de Dios (v. 17); no estaba basada en mi propia cuenta (v. 17); pretendía fomentar la honra de Dios y, por lo tanto, era verdadera (v. 18). La conclusión de la respuesta de Jesús fue abrupta: apeló a Moisés y a la Ley (v. 19).

Hay dos peligros principales que amenazan al creyente que se apoya en un texto revelado.

El primero es el del tradicionalismo – Los judíos del relato ciertamente tienen razón de apegarse a la tradición de la ley pero hacen mal al encerrarla en un sistema que no deja ya ningún espacio a las aperturas que ella misma contiene y al Dios vivo que renueva incesantemente las lecturas que el hombre hace de las Sagradas Escrituras.

El segundo es la preocupación de poner en práctica los preceptos de la iglesia – Para apreciar la calidad de un comportamiento, juzgan según la observancia o la trasgresión de una ley cuyo sentido han fijado en una práctica concreta que no tolera ninguna excepción. Considerándose fiel a estos mandamientos, el practicante corre el riesgo de juzgar la conducta de los demás por la regla de su estrecha perspectiva.

¿Este es el Cristo?

Esta pregunta suscitada en tres ocasiones (vs. 26, 31, 34) procede de la gente que, sin embargo, choca con un obstáculo: el origen galileo de Jesús.

“Respondieron y le dijeron: ¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado un profeta.” (Juan 7:52)

El profeta Jonás ben Amitai es natural de Galilea, ciudad ubicada a 5 km al norte de Nazaret (2 Reyes 14:25). Esta indicación iría en contra de la afirmación de los fariseos. Entonces ¿por qué dicen esto?

¿Se trata de un profeta o del profeta semejante a Moisés? Es difícil decidir. En v. 40 habla de “el profeta” pero en v. 52 solo menciona “profeta”. Cabe señalar que no todos los manuscritos añaden el artículo.

Calificativos para Jesús

En este capítulo hay una serie de calificativos para Jesús.

  • v. 12 que era una buena persona,
  • v. 20 que era un loco que vivía fuera de la realidad,
  • v. 26 que era un valiente,
  • v. 40 que era un profeta,
  • v. 46 que tenía sabiduría y grandilocuencia.

Dado que las concepciones sobre Cristo abundaban, resultaba lógico que los habitantes de Jerusalén estuvieran confundidos. Algunos se preguntaban si quizás los mandatarios realmente se daban cuenta de que Jesús era el Cristo (v. 26), pero tenían una duda ya que conocían de dónde venía Jesús y se supone que nadie sabría de dónde vendría el Cristo (v. 27).

“Demonio tienes.” – Juan 7:20 –

Decir que los demonios eran echados fuera de alguien es decir que eran sanados de una enfermedad mental, o de una enfermedad que no era entendida en esa época. La gente que vivía en el primer siglo tendía a culpar de todo lo que no podían entender a seres imaginarios llamados “demonios”. Como la enfermedad mental era difícil de entender con el nivel de conocimiento médico que tenían, la gente se refería a aquellos afligidos como personas ‘poseídas por un demonio’.

En los días del Antiguo Testamento, un espíritu maligno o impuro era un lenguaje que se refería a un estado mental perturbado (Jueces. 9:23; 1 Samuel 16:14; 18:10). En los días del Nuevo Testamento, el lenguaje acerca de espíritus malignos y posesión de demonios había llegado a referirse a aquellos que sufrían una enfermedad mental. La asociación entre demonios y enfermedad se muestra en lo siguiente: “le llevaron muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios… para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías [en el Antiguo Testamento]: El mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias” (Mateo 8:16,17). Así que las enfermedades y dolencias humanas son lo mismo que ser poseído por “demonios” y “espíritus malignos”.

La gente pensaba que Jesús estaba loco y decían que esto se debía a que él tenía un demonio: “Demonio tiene, y está fuera de sí” (Juan 10:20; 7:19,20; 8:52). Por lo tanto, creían que los demonios causaban la locura.

La presencia del Cristo genera tres cosas:

  • v. 13 dudas cerca de su personalidad. (En el texto dice que la multitud no apoyaba o rechazaba al Cristo por temor a los líderes religiosos.- en ciertos pasajes el término “judíos” debe entenderse como lideres religiosos).
  • v. 31 fe, por las cosas que decía y las señales que hacía.
  • v. 50 la reacción de Nicodemo de defender a Jesús.

 

La mayoría de jefes religiosos son hostiles a Jesús. Entre la multitud se perfilan varias actitudes sobre su persona.  Escríbalas

v. 12

v. 31

v. 40

v. 41

v. 43

v. 46

“No juzguéis según las apariencias (1 Samuel 16:7), sino juzgad con justo juicio.” – Juan 7:24 –

Creían que Jesús quebrantaba el día de reposo, pero no tomaban en cuenta la  obra de Dios (Juan 5:17), ni la misericordia de Dios (Mateo 12:7; 23:23). Jesús quebrantó la ley del día de reposo exactamente como los sacerdotes lo profanaban cada semana al ofrecer sacrificios (y no tenían culpa, Mateo 12:5), y al circuncidar en el día de reposo (y no tenían culpa). También Jesús quebrantaba el día de reposo como lo hacían los que desataban a sus animales para llevarlos a beber, o los sacaban del poco en el día de reposo (y no tenían culpa).

Al ver que los sacerdotes trabajaban cada sábado, si hubieran juzgado «según las apariencias», habrían dicho que estaban pecando. De esa manera juzgaban «según las apariencias» a Jesús.

Ríos de agua viva – Juan 7:37-39 – 

La fiesta de los tabernáculos tenía un significado histórico. Las familias salían de sus casas y vivían en chozas. El propósito era que las generaciones sepan lo que había pasado con el pueblo de Israel en el desierto (Levítico 23:40-43). También, tenía un significado agrícola. Era una fiesta de acción de gracias por la cosecha. Una ceremonia especial relacionada con lo que dice Jesús (v. 37-39). Un sacerdote llevaba un vaso de agua del estanque de Siloé para ser derramada como una libación en el altar del Templo. Durante esta ceremonia la gente recitaba Isaías 12:3.

“Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación.”

Y cantaban los salmos 113 a 118. En este contexto resonó la voz de Jesús:

“Si alguien tiene sed, venga a mí y beba.” (Juan 7:37)

Esta agua que aplaca toda sed simbolizaba la palabra de Dios. Fue prometida por Jesús a la samaritana. Al invitarles a venir a él, Jesús se ofrece como fuente, como la roca en el desierto (Éxodo 17; Números 20; 1 Corintios 10:4).

“El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva.” (Juan 7:38)

No se puede identificar de manera satisfactoria, sin embargo, conviene pensar en la Escritura en general en donde aparece la imagen de la fuente y a qué o a quién aplica:

  • Isaías 12:3 a Dios.
  • Zacarías 14:8 a Jerusalén.
  • Isaías 58:11 al hombre que practica la verdadera justicia según Dios.

Los judíos localizaban los pensamientos y las emociones en diferentes partes del cuerpo. El corazón era la sede de la inteligencia; los riñones y el vientre de las emociones íntimas.

Una división entre la gente

“Entonces algunos de la multitud, oyendo estas palabras, decían: «Verdaderamente este es el profeta». Otros decían: «Este es el Cristo». Pero algunos decían: «¿De Galilea ha de venir el Cristo?” (Juan 7:40-41)

Este capítulo demuestra perfectamente el tema del evangelio anunciado al principio del libro de Juan:

“porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. (Juan 1:17)

El paralelismo que uno puede identificar entre Moisés y Jesús se evidencia en muchos versículos en Juan 7, por ejemplo vs. 4-6, 12, 16-25, 28-30, 34-41. Por medio de la práctica de las lecturas diarias del Antiguo Testamento llegamos a un entendimiento del significado de las experiencias de los diversos personajes del pueblo de Dios.

Ahora comprendemos porque unos dijeron: “este es el profeta” (Deuteronomio 18:15-18). Otros confesaron: “Este es el Cristo”. Ambos grupos tenían razón: el primero recordó las características del primer advenimiento de Jesús y el segundo lo relacionó con la esperanza futura de la segunda venida de Jesucristo en la gloria de Dios.

         

La mujer adúltera

(Juan 7:53-8:1-11)

Un problema textual – Juan 8:1-11 –

Se notan los apuntes en las siguientes versiones de la Biblia:

Nueva Versión Internacional – Tal vez esta historia no haya pertenecido originalmente al Evangelio de Juan. No aparece en ninguno de los manuscritos más antiguos, y los que lo tienen, a veces lo colocan en otro lugar…

La Biblia de Jerusalén añade – …su canonicidad, su carácter inspirado y su valor histórico están fuera de discusión.

La Biblia Herder – El relato de la mujer adúltera falta en todos los manuscritos griegos más autorizados. Algunos, secundarios, lo colocan después de Lucas 21:38. Otros, al final de Juan o después de 7:34. Puede tener origen apostólico (y, en general, se le recibe como inspirado) pero muchas de sus peculiaridades delatan un origen distinto del Evangelio de Juan.

Aun cuando este pasaje no aparezca en los primeros manuscritos, no hay razón para dudar de la veracidad de este relato. Es extraño observar que Juan nunca usa la palabra «escribas», pero aquí sí lo hace.

La mujer adúltera

Mientras Jesús estaba en Jerusalén, muchas veces pasaba la noche en el monte de los Olivos y volvía a la ciudad al siguiente día.  Aquí leemos acerca de una confrontación surgida entre la coalición escribas-fariseos y Jesús; esto, en realidad era una trampa, ya que aquellos hombres buscaban una nueva razón para deshacerse de Él. Entonces, trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio (en el acto mismo v. 4).

(¿Cómo supieron dónde estaba?) Ellos no eran impulsados por un sincero respeto a la ley de Dios, sino por el deseo de sacar de en medio a Jesús.

 

 Vamos a ver lo que dice la Ley

Levítico 20:10

Deuteronomio 22:22-24

Es evidente que ellos no se interesaban en el caso en sí, ya que sólo trajeron a la mujer y no al hombre (¿Por qué?). La trampa consistía en que Jesús debía tomar una decisión:

  • ya sea en favor de la mujer – Si hubiera dicho que no la apedrearan, lo habrían acusado de socavar la Ley –.

  • en contra de ella – Si hubiera dicho que la apedrearan, habría ofendido a los romanos –. (Los romanos no les permitieron a los judíos llevar a cabo la sentencia de muerte – Juan 18:31 –)

En primera instancia Jesús no responde.

Escribe con el dedo en la tierra (v. 6).  ¿Por qué?

  • ¿Sería que Jesús estaba ganando tiempo para analizar bien lo que ellos estaban haciendo y así no dar una respuesta precipitada?

  • ¿Quería Jesús obligar a los acusadores a repetir su acusación?

  • ¿Sentía un intolerable sentimiento de vergüenza?

  • ¿Puede ser que no quiso mirar a la mujer porque estaba… desvestida? ¿Quizás porque fue “sorprendida en el acto”?

Escribió en la tierra. ¿Qué escribió? 

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  • ¿El nombre del hombre que estuvo con la mujer?

  • ¿Los pecados de los acusadores?

  • Deuteronomio 22:22 – ¿y dónde está el hombre? –

  • ¿Es posible que Jesús se esté refiriendo a Jeremías 17:13, en donde se dice proféticamente: «Los que se aparten de mí serán escritos en el polvo»’. Así que aquellos hombres, habiéndose apartado de Dios, estaban frente a un hecho cuya gravedad no era menor que el de la mujer.

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Jesús escribió una segunda vez (v. 8) ¿Qué escribió? ¿Los nombres de los acusadores? 

Juan 8:7 Pero cuando sus adversarios insisten en preguntarle, Jesús les responde que Él se mantiene de acuerdo con la ley, confirmando lo que establece Deuteronomio 17:7, que los testigos debían tirar la primera piedra. Aquí aprovecha Jesús para alcanzar sus conciencias, agregando: «El que de vosotros esté sin pecado…». De esta manera les muestra tanto su hipocresía como su propia culpa frente a Dios.

 

Este incidente nos dice mucho de Jesús y de su actitud hacia los pecadores.

 Escriba lo que usted piensa con respecto a las frases siguientes:

Sola la persona que fuera sin falta podría emitir un juicio sobre las faltas de otros.

Nuestra primera reacción hacia alguien que ha cometido un error debe ser la compasión.

Debemos comprender exactamente como trató Jesús a aquella mujer.

En Jesús tenemos una segunda oportunidad.

Las autoridades querían condenar. Jesús, perdonar. 

Jesús enfrentó a la mujer con un desafío.

Jesús le dio a aquella mujer la posibilidad de escoger uno de los dos caminos.

Un contraste de actitudes y reacciones

 

Escribas y fariseos

Jesús

Eran los expertos legales de su tiempo.

Uno de los principios de Jesús era que sólo la persona sin falta podría emitir un juicio sobre las faltas de otros.

Su concepción de la autoridad era crítica, censura y condenatoria.

Su concepción de la autoridad era de crítica, censura y condenatoria.

La compasión debe ser la primera reacción hacia alguien que ha cometido un error.

No miraban a esta mujer como la persona que era. Para ellos, no tenía nombre, ni personalidad, ni sentimientos.

No miraban a esta mujer como la persona que era. Para ellos no tenía nombre, ni personalidad, ni sentimientos.

La actitud de Jesús hacia el pecador implica una segunda oportunidad: vete y no peques más.

(Juan 8:11)

La actitud de Jesús hacia el pecador implica una segunda oportunidad: “vete y no peques más”.

(Juan 8:11)

El relato nos deja con una pregunta más todavía.

En Juan 8:6 leemos “Esto decían probándole”. Hemos hablado de dos aspectos de esta prueba pero nos hace falta algo mucho más siniestro. Se habían dedicado a forjar algunas acusaciones para desacreditar a Jesús.  Evidentemente, con mucho cuidado, habían investigado sus orígenes.

Juan 9:29 “Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés, pero respecto a ese, no sabemos de dónde ha salido.”

Juan 8:41 “Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: ¡Nosotros no hemos nacido de fornicación! ¡Un padre tenemos: Dios!”

Juan 8:19  “Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocierais, también a mi Padre conoceríais.”

¿Por qué le responden de esa manera? ¿Acaso conocían algo que afectara la honra del Mesías? Según ellos ¿quién era el padre de Jesús? No es difícil comprender los pensamientos perniciosos de los fariseos. Desde el punto de vista de la ley judía, el adulterio era un grave delito. Al decir “Sí, hay que apedrearla”, la respuesta de los acusadores puede ser “¡Entonces apedreamos a su madre también!” (Juan 8:41). ¿Por qué razón? En la segunda parte de este pasaje, los escribas, en forma solapada, lanzan una temeraria acusación que involucra a su madre.

Discurso 6 – La luz del mundo

(Juan 8:12-59)

Esta porción del evangelio presenta la continuación de la enseñanza que Jesús había comenzado en la Fiesta de los Tabernáculos. El Mesías proclama:

“Yo soy la luz de mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino tendrá la luz de la vida…Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. Y si yo juzgo, mi juicio es según la verdad, porque no soy yo solo, sino yo y el Padre que me envió”. (Juan 8:12,15-16)

En la segunda parte de este capítulo, Abraham es el personaje de referencia.

Testimonio divino que apoya la autoridad de Jesús – Juan 8:12-20 –

La controversia descrita en el capítulo anterior continúa en este pasaje con la atención centrada en la persona y autoridad de Jesús mismo. Durante la Fiesta de los Tabernáculos, se prendían cuatro velas cada noche para iluminar el templo entero. Estas luces proveyeron una ilustración excelente para que Jesús las usara al hablar de la luz del mundo (v. 12).

El salmista dijo: «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino» (Salmo 119:105). El salmista prometió guardar la ley para no pecar contra Dios. La ley se consideraba como la luz de vida y el que le siguiese no podía andar en tinieblas (v. 12).

Jesús revela que es “la luz del mundo”; por medio del él, el discípulo obtendrá “la luz de la vida” (Juan 1:4).

 

Al presentarse en el templo como la luz, Jesús afirma que se cumple en su persona la larga espera, en Israel, de la luz definitiva.

 Escriba lo que identificamos como la luz.

Proverbios 6:23

Salmo 119:105

Proverbios 8:22

Isaías 42:6

Isaías 49:6

Los fariseos desafiaron la declaración de Jesús con el argumento de que tales declaraciones hechas por el mismo no eran relevantes y no eran dignas de confianza (v. 13). El primer argumento que Jesús usó para refutar las objeciones de los fariseos era que él conocía su origen y destino (v. 14). Aunque no se puede depender del testimonio del hombre mismo porque no sabe qué le espera en la vida, Jesús no era como otros hombres. Jesús había venido del Padre celestial y regresaría a él. De esta manera lo que decía era verdad porque Dios era la fuente de sus palabras. Los juicios del hombre se limitan por su humanidad y son pervertidos por su naturaleza carnal. De modo que no se puede depender de su testimonio. Los judíos no aceptaban el testimonio de Jesús porque lo juzgaban de acuerdo con su apariencia de ser humano (v. 15).

Jesús dijo que su misión no era juzgar a nadie, pero si lo hiciera, su juicio sería verdadero porque no juzgaba de acuerdo con la apariencia física (vs. 15, 16). Su juicio sería diferente del de los judíos porque juzgaría de acuerdo con la verdad. Lo verdadero de su juicio estaba asegurado por el hecho de que no tomaba sus decisiones solo, sino en conjunto con el Padre que lo había enviado (v. 16). El acuerdo de Jesús y el Padre (v. 18) en el juicio cumplía el requisito de la ley establecido en Deuteronomio 19:15: «No se tomará en cuenta a un solo testigo contra ninguno en cualquier delito… Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación.”

Una vez más, los judíos no entendieron la declaración de Jesús (v. 19). Este versículo puede contener una referencia indirecta al nacimiento virginal. Los judíos se preguntaban dónde estaba el padre terrenal de Jesús. Jesús se había estado refiriendo a su Padre celestial. La pregunta sobre el padre terrenal de Jesús no fue contestada inmediatamente, sino que se dirigió al discurso subsiguiente sobre el origen de Jesús y su destino. Los judíos juzgaban a Jesús de acuerdo con la carne, así que no lo conocían. Si le hubieran entendido correctamente, habrían conocido al Padre también.

         

La obra de la iglesia

El evangelio de Cristo y la vida fiel de los santos (Filipenses 2:15; 1 Pedro 3:1-4) son los medios que Dios usa para esparcir esta luz. ¿La obra de la iglesia es, pues, alumbrar el camino de los hombres por medio de vidas ejemplares y la enseñanza de la palabra de Cristo?

 “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto,  entre los que se pierden está encubierto; esto es,  entre los incrédulos,  a quienes el dios de este mundo les cegó el entendimiento,  para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo,  el cual es la imagen de Dios.” (2 Corintios  4:3-4)  

«Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado» (1 Juan 1:5-7).

«El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo» (1 Juan 2:10).

Cristo no nos da luz solamente para que entendamos su voluntad, sino para que le sigamos (Juan 8:12). La palabra “seguir” se refiere a una manera de vivir; es decir, seguirle habitualmente, como soldados que siguen a sus capitanes o generales, como esclavos que obedecen a sus amos.

Fatal incomprensión – Juan 8:21-30 –

La partida de Jesús a un lugar donde los judíos no podían ir tenía relación con su muerte y ascensión al Padre (v. 21). Los judíos no habían reconocido a Jesús como el libertador, pero lo buscarían porque necesitaban un redentor. Puesto que él se iría, no lo podrían hallar y morirían en sus pecados. Jesús iba al Padre, pero los judíos no podrían ir con él debido a sus pecados. Nuevamente, los judíos no entendieron sus dichos y concluyeron que estaba hablando de suicidarse (v. 22).

v. 21. “pero en vuestro pecado moriréis”

Esa es una frase profética (Ezequiel 3:18; 18:18). Esto implica dos cosas:

  • La palabra para pecado pertenecía al lenguaje de la caza y quería decir literalmente “errar el tiro”. La persona que se niega a aceptar a Jesús como Salvador y Señor ha errado el blanco en la vida, muere con una vida frustrada.
  • La esencia del pecado es que nos separa de Dios.

Se nota la dificultad de traducir el v. 25. En una nota marginal de la versión Reina-Valera’95: “Lo que desde el principio os he dicho” o “en primer lugar, ¿por qué he de hablar con vosotros”.

El pasaje sigue diciendo que la humanidad comprenderá el verdadero significado de Cristo de tres maneras[10]:

  • Lo verá en la cruz. Es cuando Cristo es levantado cuando realmente vemos lo que es.
  • Lo verá en Juicio. De momento podría parecer el carpintero de Nazaret, un fuera de la Ley; pero llegará el día cuando el mundo Le verá como Juez, y sabrá quien es.
  • Cuando eso suceda verán en Él la encarnación de la voluntad de Dios. “Yo hago siempre lo que a Él Le parece bien,” dijo Jesús.

La verdad os hará libres –  Juan 8:31-38 –

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.” (Juan 8:31-32)

Jesús ahora comienza con una llamada dirigida a sus discípulos a mantener en su palabra. En estos dos versículos  contienen una descripción del discipulado.

 

Barclay lo identifica así. El discipulado:[11]

Mi comentario con respecto de mi responsabilidad del discipulado

Empieza por creer.

Quiere decir mantenerse constantemente en la palabra de Jesús.

Conduce al conocimiento de la verdad.

Conduce a la libertad.

Lo que Jesús dijo de la libertad molestó a los judíos. Pensaban que nunca habían sido esclavos de nadie. Una reflexión sobre la historia del pueblo de Dios revela que permanecieron como esclavos en Egipto, fueron sometidos por varios imperios y en los días de Jesús vivían bajo el dominio de los romanos. Los opositores responden apelando a Abraham (v. 33), el elegido de Dios.  Pero Jesús estaba hablando de la esclavitud del pecado (v. 34).

Como nadie está exento de pecado, entonces todos deben ser esclavos del pecado. Esto se aplica a la descendencia de Abraham. Hay un contraste obvio entre un esclavo y un hijo y entre los derechos que cada uno posee (v. 35), y eso sirve para subrayar el abismo entre la esclavitud y la libertad.

Las palabras “seréis verdaderamente libres” (v. 36) muestran que la verdadera libertad sólo puede llegar por medio del Hijo. Jesús entonces volvió la mirada al pasado, al reclamo de Abraham, y señaló lo extraño de aquellos que argumentaban ser descendientes de Abraham y que trataron de matar a quien había hablado la palabra de Dios (v. 37). La línea básica de este pasaje es que la descendencia física, que tanto significaba para los judíos, no es una guía para la verdadera afinidad moral o espiritual.

“Nuestro padre” – Juan 8:39 –

El dicho “no podéis oír mis palabras muestra lo cerradas que estaban las mentes de sus oyentes. La implicación es que los verdaderos descendientes de Abraham recibirán las palabras de Jesús. El contraste entre “el Padre” y “vuestro padre” se hace más claro a la luz del v. 44.

Jesús declara que el verdadero hijo de Abraham es el que actúa de la misma manera que lo hacía Abraham.

 “…sois de vuestro padre el diablo” (Juan 8:44)

Los judíos están buscando la manera de matar a Jesús. Eso es todo lo contrario a lo que hizo Abraham cuando recibió la visita de un mensajero de Dios, con su hospitalidad hizo que se sintiera bienvenido (Génesis 18:1-8). La conversación se centra luego en Sara de quien el visitante, hablando ya con autoridad divina, asegura que tendrá un hijo de Abraham. Ambos eran ya viejos, ella era estéril y ya había pasado el tiempo en el que podía procrear. Isaac es el fruto de la promesa de Dios y de la participación de Abraham y Sara.

Abraham había recibido al mensajero de Dios; en cambio ¡los judíos de aquel entonces estaban tratando de matar al mismísimo “Mensajero de Dios”, Jesucristo! Al traer a la memoria la historia del Génesis, Jesús se presenta implícitamente (v. 36) “Yo hablo lo que he visto estando junto al Padre.” Al final de este pasaje llega la afirmación: ”…y vosotros hacéis lo que habéis oído junto a vuestro padre.” (v. 38) “Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.” (v. 41) ¿Quién es este padre? La respuesta se encuentra en v.44 “Vosotros sois de vuestro padre el diablo. “ El versículo completo dice:

“Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla, pues es mentiroso y padre de mentira.”

¿En este versículo tenemos “una prueba” de la existencia de un ser sobre natural, un ángel maligno llamado diablo y satanás?  Los testigos de Jehová dicen que sí: “La criatura que llegó a ser Satanás fue originalmente un hijo celestial de Dios en perfección. Al decir que el Diablo “no permaneció firme en la verdad”, Jesús indicó que en un tiempo aquella criatura había estado “en la verdad” (Juan 8:44)…”[12]

Rechazamos esta falsa doctrina de la rebelión de los ángeles celestiales debido a que los ángeles comparten la naturaleza de Dios y no pueden morir. En vista de que el pecado trae la muerte es evidente, por lo tanto, que ellos no pecan. Los siguientes pasajes muestran claramente que todos los ángeles celestiales (¡no sólo algunos de ellos!) son por naturaleza obedientes a Dios y por esa razón no pueden pecar:

“Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos [es decir, no puede haber rebelión contra Dios en el cielo]. Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, obedeciendo a la voz de su precepto. Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos, ministros suyos, que hacéis su voluntad” (Salmo 103:19-21).

“Alabadle, vosotros todos sus ángeles… sus ejércitos” (Salmo 148:2).

“Los ángeles… ¿no son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de [los creyentes] los que serán herederos de la salvación?” (Hebreos 1:13,14).

        La repetición de la palabra “todos” muestra que los ángeles no están divididos en dos grupos, uno bueno y otro malo. La importancia de entender claramente la naturaleza de los ángeles reside en que el galardón de los fieles es compartir su naturaleza: “Más los que fueren tenidos por dignos… ni se casan… no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles” (Lucas 20:35, 36). Este es un punto vital que se debe captar con claridad. Los ángeles no pueden morir:

Si los ángeles pudieran pecar, entonces aquellos que sean hallados dignos del galardón al regreso de Cristo, también tendrían la posibilidad de pecar. Y en vista de que el pecado trae la muerte (Romanos 6:23), no tendrían vida eterna; si tenemos la posibilidad de pecar, tenemos también la posibilidad de morir. Así que decir que los ángeles pueden pecar, hace que la promesa de Dios de vida eterna pierda sentido, pues nuestro galardón es compartir la naturaleza de los ángeles. La referencia a “los ángeles” (Lucas 20:35, 36) muestra que no hay categorización de ángeles – buenos o pecadores -; hay sólo una clase de ángeles.

        Regresemos al contexto para buscar una explicación del pasaje. 

El contexto expone lo siguiente: una casa, un hijo, un esclavo, el Padre, el padre, pecado, Abraham y el padre diablo.

1. ¿Se refiere Jesús a la expulsión de Ismael de la familia de Abraham?

El niño creció y fue destetado, y ofreció Abraham un gran banquete el día que fue destetado Isaac. Pero Sara vio que el hijo de Agar, la egipcia, el cual esta le había dado a luz a Abraham, se burlaba de su hijo Isaac. Por eso dijo a Abraham: “Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac, mi hijo”. (Génesis 21:8-10)

No está claro qué es lo que estaba haciendo el muchacho mayor. (Ismael debe haber tenido por lo menos 15 años en este momento, dado que el destete en la época bíblica ocurría cuando los niños tenían entre dos y tres años.) Pero parece probable que Ismael se estaba burlando de la posición de Isaac como heredero de Abraham. Por lo tanto, era culpable de desdeñar a Abraham y a su heredero. En este acontecimiento comprendemos que:

El esclavo (del pecado) no queda en la casa (del Padre) para siempre, el (verdadero) Hijo queda (en la casa de su Padre) para siempre.

Continuemos con la respuesta de los judíos en Juan 8:41 Le dijeron a Jesús “¡Nosotros no hemos nacido de fornicación!” Es posible que, cuando los judíos se expresaron así, se referían a algo muy personal. Lanzaron una horrible calumnia contra Jesús. Sabemos que Jesús había nacido milagrosamente de la virgen María, según los relatos de Mateo y Lucas. Eso es lo que dice la Biblia. Sin embargo, en la época en que el Mesías cumplía su ministerio, los judíos habrían inventado una historia según la cual María había sido infiel a José, que su amante había sido un legionario romano llamado Pantera y que Jesús había sido el hijo de aquella unión[13].

Entonces ¿cuáles fueron las burlas de Ismael contra Isaac? ¿Fueron las mismas insinuaciones con respecto de su nacimiento? ¿Se consideraba Ismael el verdadero heredero de Abraham? A Abimelec (Génesis 20), Abraham había presentado a Sara como su hermana – en realidad media hermana –. Abimelec, rey de Gerar, tomó a Sara para su harén con miras a una relación marital. Estaba actuando inocentemente. Pero Dios intervino para proteger el matrimonio entre Sara y Abraham. ¿Es la burla de Ismael de la misma naturaleza que la proferida contra Jesús? ¿Sara había dado a luz al hijo de Abimelec?

Por eso algunos investigadores han pensado que la frase “nosotros no hemos nacido de fornicación” puede ser una referencia indirecta a los rumores sobre el nacimiento de Jesús. Pero existe otra sugerencia según la cual estuvieran objetando la negativa de Jesús de dar lugar a su reclamo como descendientes de Abraham, lo que les haría espiritualmente bastardos.

2. ¿Se refiere Jesús a Caín?

Jesús se refiere a la serpiente de Edén cuando dice en v. 44:  “Vosotros sois de vuestro padre el diablo. “. (Pero, otra vez, no aceptamos la doctrina de un supuesto ángel maligno detrás de la serpiente.) Jesús declara abiertamente que aquellos judíos, sus enemigos, son “la simiente de la serpiente” anunciada en la importantísima promesa de redención hecha en Edén:

“Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón.” (Génesis 3:15)

Más tarde Jesús repitió la misma acusación con mucha vehemencia y claridad:

“¡Serpientes, generación de víboras!, ¿cómo escaparéis de la condenación del infierno?” (Mateo 23:33)

Jesús enumera algunas de las características del diablo (v. 44):

  • Ha sido homicida desde el principio.
  • No ha permanecido en la verdad.

  • Habla mentira.

Al hablar del que es homicida desde el comienzo, se ha sugerido que Juan no piensa en aquel supuesto ángel maligno sino en Caín, que mató a su hermano Abel. http://t0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQ2R7KnnGnl1JXi7nPLnkaHZO28bqo5d8KNMJ5DSd7yNe0_xiSK

De hecho en 1 Juan 3:8-12 recibimos la exhortación: 

“El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto se manifiestan los hijos de Dios (simiente de la mujer) y los hijos del diablo (simiente de la serpiente): todo aquel que no hace justicia y que no ama a su hermano, no es de Dios. Este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa lo mató? Porque sus obras eran malas y las de su hermano, justas.”

Vamos a poner a un lado lo que dice León-Dufour[14]:

“Fue el diablo el que inspiró a Cain.”

Esta epístola permite precisar de donde procede este deseo de matar a su hermano. El deseo vino del corazón mismo de Caín. Un corazón lleno de odio y de la ausencia de todo amor. Por eso, con respecto a Caín, tenemos lo siguiente:

 

Cita de Juan 8:44

La serpiente

Cain – la simiente de la serpiente

 “…ha sido homicida desde el principio”.

“Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón”. (Génesis 3:15)

“…Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató.” (Génesis 4:8)

 “…no ha permanecido en la verdad”.

No solamente se refiere a lo que dice sino también que la Promesa de Dios, de Su propósito de la redención, no reside en la serpiente.

La mujer consigue de Dios un hijo (Génesis 4:1) ¿El hijo de la promesa? No. Fue Caín.

“…habla mentira”

“No moriréis.” Génesis 3:4)

“¿Dónde está Abel, tu hermano? Y él respondió: No sé. Soy yo acaso guarda de mi hermano?” (Génesis 4:9)

Los verdaderos hijos de Dios no podían dejar de amar al Hijo de Dios. Jesús volvió a afirmar que su misión provenía de Dios. No permitiría que sus oyentes lo olvidaran. Sus ideas preconcebidas hacía que fueran incapaces de oírle (v. 43). Esta idea de la incapacidad moral se subraya luego en la acusación de que el diablo era su padre. Las implicaciones de esto eran de largo alcance. Aquí se presentan tres etapas de pensamiento:

  • el diablo es un asesino;
  • ustedes tratan de matarme;
  • por lo tanto, ustedes son sus hijos.

La secuencia en el v. 45 sugiere que el rechazo de los oyentes a la verdad mostraba su inclinación a la falsedad. Jesús hizo que su actitud hacia él fuera la prueba crucial: ¿Por qué vosotros no me creéis? Como él hablaba la verdad, todo lo contrario a él debía ser falso. La actitud de sus opositores de incredulidad no sólo implicaba que él no hablaba la verdad, sino que también era culpable de pecado (v. 46).

La secuencia del pensamiento en Juan 8:47 es así:

  • cualquiera que oye las palabras de Dios es de Dios;
  • ustedes no oyen las palabras de Dios; por lo tanto, ustedes no son de Dios.

 

Fue el segundo paso de su argumento lo que contradijeron sus oyentes porque la estimación de Jesús sobre su condición espiritual era distinta de la que ellos tenían de sí mismos.

“Nunca verá muerte” –  Juan 8:51 –

Esto se relaciona con la promesa de Jesús de dar vida eterna a los creyentes. Una vez más sus opositores entendieron mal sus palabras tomando literalmente su referencia a la muerte (v. 52). El hecho de que Abraham y los profetas hayan muerto convertía, según el juicio de ellos, en necedad la afirmación de Jesús.

La enseñanza constante de Jesús y sus apóstoles era que la muerte de un creyente es como un sueño porque ha muerto en su bautismo en Cristo (Romanos 6:2-11; Mateo 27:52; Juan 11:11; Hechos 13:36; 1 Corintios 15:20, 51; 1 Tesalonicenses 4:14)

La pregunta directa: “¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham?” (v. 53), implica que los judíos consideraban que se trataba de un imposible. Estaban dispuestos a dar mayor honor a los profetas antes que a Jesús. La pregunta siguiente: “¿Quién pretendes ser?”, más literal es: “¿Qué te haces a ti mismo?”

La respuesta a esta interrogante fue que Jesús no se glorificaba a sí mismo (v. 54); era la obra del Padre. Nuevamente Jesús reclamó una relación especial con su Padre y un conocimiento completo de su progenitor (v. 55) en contraste con sus oyentes.

¿Gloria antes que Abraham? –  Juan 8:58 –

En el v. 56 tenemos una notable afirmación (“Abraham, vuestro Padre, se regocijó de ver mi día.”) que provoca la pregunta de cuándo pudo haber ocurrido esto. Esto fue cumplido plenamente en Cristo. El lo vio y se gozó parece indicar un pre-conocimiento de Abraham, lo que era un resultado de su fe, aunque algunos lo han vinculado con la atadura de Isaac. Los judíos distorsionaron las palabras de Jesús preguntando: “Aun no tienes ni cincuenta años ¿y has visto a Abraham?” (v. 57) pero Jesús respondió con una declaración enfática.

¿La frase “… antes que Abraham existiera, yo soy” debe señalar su preexistencia? A menudo se hace mal uso de estas palabras para enseñar que Jesús existió en persona antes de Abraham.

Jesús  halla su propia historia escrita en las Escrituras Hebreas (Lucas 24:27). El rol del Mesías estaba claramente esbozado allí. Era típico en el pensamiento judío que cualquier cosa de suprema importancia en el propósito de Dios –Moisés, la ley, arrepentimiento, el Reino de Dios y el Mesías – hayan “existido” con Dios desde la eternidad.

Juan puede hablar de la crucifixión como habiendo “ocurrido” antes de la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8). Pedro, escribiendo más tarde en el primer siglo, aún conoce de la “preexistencia” de Jesús sólo como una existencia en el pre-conocimiento de Dios (1 Pedro 1:20). Sus sermones en los primeros capítulos de los Hechos reflejan exactamente la misma opinión.

Sin embargo, una investigación más de cerca revela que la verdad es lo opuesto de la doctrina trinitaria de la pre-existencia personal de Jesús:

  1. Jesús no dice ‘…antes que Abraham fuese, yo fui’. Él era el descendiente prometido de Abraham; le quitamos sentido a las promesas que Dios hizo a Abraham si decimos que Jesús existió físicamente antes de la época de Abraham.

  1. El contexto de Juan 8:58 es la conversación de Cristo con los judíos referente a Abraham. En lo que a ellos concernía, Abraham era el hombre más grande de todos los tiempos. Jesús está diciendo: “Yo soy ahora, en el presente, más importante que Abraham”. En ese momento, era Jesús a quien debían honrar y no a Abraham. Él está diciendo: ‘Yo soy ahora más importante de lo que Abraham fue alguna vez’.

Es posible entender la palabra “antes”, de Juan 8:58 con alguna referencia al tiempo, en el sentido de que antes de que Abraham existiera, Cristo ya había estado en el plan de Dios desde el principio mismo del mundo. Debido a que Jesús fue “antes” de Abraham en este sentido, en cambio Abraham fue “antes” de él en términos de importancia.

  1. Prueba de esto se halla en Juan 8:56: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó”. La única vez que se sabe que Abraham se rió y se alegró fue cuando se le dio la promesa de que tendría una simiente; él entendió que finalmente esa promesa se refería a Jesús (Génesis 17:17).

Abraham vio de antemano a Cristo por medio de las promesas que se le hicieron referentes a Jesús. Él comentó críticamente acerca del sacrificio futuro de Jesús: “En el monte de Jehová será provisto” (Génesis 22:14). Fue en este sentido que Jesús habla de que Abraham lo vio. Es en este contexto de hablar acerca de las promesas en que Jesús pudo decir: “…antes que Abraham fuese yo soy”.

El reconoció que las promesas que Dios hizo a Abraham estaban revelando el plan acerca de Jesús que Dios había elaborado desde el principio del mundo. Ese propósito, que había estado desde “antes que Abraham fuese”, había sido revelado a Abraham en las promesas que se le hicieron, y ahora estaban cumpliéndose ante los ojos de los judíos del primer siglo, cuando rodeaban a Jesús; “Y la palabra [de la promesa] se hizo carne”.(Juan 1:14)

Discurso 7 – El Buen Pastor

Juan 10:1-42

La razón del milagro de la resurrección de Lázaro en Juan 11 es para mostrar que Jesús es el Señor de la vida. Juan narra esta historia como el punto culminante del  ministerio público del Mesías. Cuando el Cristo pronunció la palabra de poder, la muerte fue vencida. Esto se relaciona con el discurso que enseña cómo el buen pastor es soberano sobre la muerte:

 

El buen pastor da su vida

El buen pastor la vuelve a tomar

11Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.

. 

15así como el Padre me conoce y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. 

17Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida para volverla a tomar. 

17Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida para volverla a tomar. 

18Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.

Una característica del discurso es cómo se presenta la preocupación del buen pastor por sus ovejas. Un pastor a sueldo no muestra la misma inquietud, ya que su interés está en el salario, no en el rebaño (Juan 10:12-13).

Este detalle supone un nuevo punto en común con la señal de la resurrección de Lázaro.  Muestra la preocupación de Jesús por Lázaro. También se interesa por Marta y por María. La idea de la preocupación se incluye en la afirmación de que el pastor debe llevar las ovejas al redil (Juan 10:16), y en la también repetida declaración de que da su vida por el rebaño (Juan 10:11, 15, 17).

No dice que los hombres matarán al buen pastor, sino que él dará su vida. También la tomará de nuevo (Juan 10:17-18). Ahora nos prepara para los siguientes capítulos del Evangelio que narran la muerte y la resurrección del Hijo de Dios.

Una distinción entre lo falso y lo verdadero C:\Users\Bill\Pictures\ShepherdSheep.jpg

La ilustración del pastor en esta sección es en forma de alegoría en la cual se enfocan varios aspectos de una manera espiritual. Es similar a las parábolas de Mateo, Marcos y Lucas, pero de una manera más desarrollada.

Juan 10:1–6.  La metáfora del pastor es familiar en el Antiguo Testamento:

  • Dios se autodenomina a menudo como pastor y al pueblo lo califica como Su rebaño. Aquí están unas referencias para estudiar:

Salmo 23:1; 77:20; 78:70-72; 79:13; 80:1; 95:7; 100:3.

  • El Mesías también es presentado como el pastor de las ovejas: Isaías 40:11.

  • Los líderes y gobernadores del pueblo recibían el nombre de pastores: Jeremías 23:1-4.

  • En Ezequiel 34 está una grave denuncia contra los falsos líderes del rebaño.

En esta sección el pensamiento está fuertemente influido por Ezequiel 34, en donde los pastores de Israel son criticados. El contraste se presenta entre el mal pastor, simbolizado por los fariseos, (que demostraron una mala actitud hacia el ciego) y el buen pastor.

“Yo soy la puerta” – Juan 10:7-10 –

Ahora cambia la metáfora, pues Jesús mismo se ve como la puerta. Declaró su derecho exclusivo de permitir la entrada. En los pueblos había corrales comunales en donde se metían todos los rebaños de los vecinos cuando volvían a casa por la noche. Estaban protegidos por una puerta de la que solamente el portero tenía la llave. Cuando las ovejas no volvían por la noche al pueblo se recogían en rediles al aire libre, que tenían una abertura por la que entraban y salían las ovejas. Por la noche el mismo pastor se acurrucaba en la abertura. El pastor era la puerta. La característica de un verdadero pastor es que él no sólo reconoce sus ovejas sino que las llama por su nombre y las guía a las pasturas (v. 4). Es claro que tal relación íntima no podría existir entre un extraño y las ovejas (v. 5). Los oyentes eran incapaces de entender la verdad que había tras aquella figura de expresión. Lo más importante es la relación entre las ovejas y el pastor.http://t3.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSTxbPeYP87twoFWohOOd_v2oUEENmHPCjfcGBzWyDfigP45EPhhQ

A través de El podemos tener acceso a la presencia de Dios (Efesios 2:18; Hebreos 10:20).

Ladrones y salteadores – Juan 10:8 –

El v. 8 ha presentado dificultades si se supone que ninguno que vino antes de Jesús fuera sino ladrón o asaltante, lo que claramente sería incompatible con el Antiguo Testamento. El significado más lógico es que los que vinieron antes de Jesús y declaraban ser el único camino de entrada eran falsos; una referencia a los muchos falsos mesías que abundan en la historia de ese período. Ciertamente el capítulo anterior muestra lo desastroso de los reclamos de los fariseos.

El ladrón es una persona que trabaja con astucia; el salteador puede ser una persona violenta. El profeta Jeremías se enfrentó con la misma forma de resistencia.

“Por tanto, yo estoy contra los profetas, dice Jehová, que se roban mis palabras unos a otros.” (Jeremías 23:30)

“¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta Casa, sobre la cual es invocado mi nombre? Esto también yo lo veo, dice Jehová.” (Jeremías 7:11)

En Juan 10:9 el discurso del mismo Jesús se repite en una forma más explicativa. Ahora promete tanto la salvación como el sostén. Estos dos beneficios se resumen entonces como vida en abundancia (v. 10). El contraste entre lo verdadero y lo falso aquí es claramente notorio. Jesús trae vida; los falsos pastores traen muerte. La abundancia de la vida que Jesús da es un tema característico de Juan.

Juan 10:11–18. A partir de este momento se presenta un nuevo contraste, pero ahora entre el buen pastor y el asalariado. La primera cualidad del pastor es la disposición a sacrificarse por las ovejas. Habiendo prometido antes vida abundante a otros, Jesús habla de dar la suya propia. A la luz de esto parecería que las ovejas están expuestas a un peligro inmediato, pero Jesús va más allá de la metáfora para señalar una verdad espiritual profunda.

Atrae la atención a un acto voluntario de sacrificio que beneficiaría a las ovejas (v.11). La muerte del pastor se ve como un acto en beneficio de otros. La contradicción entre esto y la acción del asalariado que huye (v.12) presenta en forma vívida la naturaleza del sacrificio de Jesús. La falta de cuidado se nota particularmente (v.13).

Los vs.14–18 forman una especie de comentario sobre la afirmación del v. 11. Comienza con un énfasis sobre el mutuo conocimiento entre el pastor y las ovejas que es como el conocimiento mutuo entre el Padre y el Hijo (vs. 14-15). No puede haber una intimidad más estrecha que esa. Coloca completamente fuera de cuadro al asalariado.

El v.16 introduce otra línea de pensamiento, esta vez basada en la idea de diferentes rebaños. Las otras ovejas a que se refería Jesús tienen que ser los gentiles. Pero aunque hay rediles diferentes, sólo hay un rebaño, así como hay un solo pastor. Esta afirmación da testimonio de la variedad en la comunidad del pueblo de Dios, aunque su unidad esencial es en Cristo mismo.

Un énfasis especial

 

Durante la lectura de Juan 10 se nota la repetición de un tema: la sujeción dócil de las ovejas hacia al pastor.

v.4

Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas lo siguen porque conocen su voz.

v.5

Pero al extraño no seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.

v.8

Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores, pero no los oyeron las ovejas.

v.14

Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

v.16

Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; a esas también debo atraer y oirán mi voz, y habrá un rebaño y un pastor.

v.20

Muchos de ellos decían: Demonio tiene y está fuera de sí. ¿Por qué lo oís?

v.27

Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco, y me siguen;

v.41

Muchos acudían a él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad.

v.42

Y muchos creyeron en él allí.

La correspondencia de los fieles al llamamiento de Jesús no es sin entendimiento, por el contrario, es a través de la comprensión de su mensaje. (Jamás “le siguieron como manada de borregos”).

El diálogo en la fiesta de la Dedicación – Juan 10:22-42 –

Juan vincula hechos con fiestas cuando es apropiado. Esta fiesta fue establecida por Judas Macabeo para señalar la rededicación del templo después de su profanación por Antíoco Epífanes en 164 a. de J.C. La fiesta fue innecesaria porque no hubo una nueva fiesta de la rededicación luego de la profanación suscitada durante el reinado de Acaz (2 Reyes 16:12-15; 2 Crónicas 29:15-18) y otra vez durante el reinado de Manasés (2 Crónicas 33:3-5)La mención en el v. 22 de que era invierno (diciembre) tiene que ver con el hecho de que Jesús estaba caminando por el pórtico de Salomón. 

La pregunta del v. 24 traducida ¿hasta cuándo nos tendrás en suspenso? sugiere que los judíos no eran completamente hostiles, aunque ciertamente estaban perplejos. Jesús dijo que él ya les había respondido en el sentido del testimonio general de sus palabras y hechos. Aquí lo que él criticaba duramente era su falta de fe inclusive en los milagros.

Jesús vuelve a la figura del pastor para recordar a los judíos que si fueran sus verdaderas ovejas hubieran oído su voz. Entonces destacó su relación especial con aquellas ovejas (v. 28). La fuerza de las palabras muestra que ellos ya habían entrado a la vida eterna, pues se usa el verbo en tiempo presente. Jesús también hizo una inconfundible promesa en cuanto a su seguridad. Los que estaban familiarizados con la actividad pastoril en el Oriente apreciarían el tono absoluto de esa seguridad. Se refuerza por la acción del Padre (v. 29).

Se nota la estructura de los versículos 27 y 28.

A.  Mis ovejas oyen mi voz

                B. y yo las conozco,

A.  y me siguen; 

                B. yo les doy vida eterna

A.  y no perecerán jamás,

                B. ni nadie las arrebatará de mi mano. 

La importante declaración: “Yo y mi Padre uno somos” – Juan 10:30 –

La Biblia de Jerusalén: “El Padre y yo somos una sola cosa.”

La Nueva Versión Internacional: “El Padre y yo somos uno.”

La versión Herder: “El Padre y yo somos uno.”

Nacar-Colunga: “Yo y el Padre somos una sola cosa.”

Comentario trinitario:

McDowell[15], dice:

“¿Estaba Jesús afirmando que Él era el mismo Dios, una sola cosa con Él (como el hielo y el agua son “uno” en naturaleza, o estaba diciendo sólo que tenían unidad, estaban unidos en el propósito, estaban de acuerdo?  El texto indica lo primero.

Primero, los judíos a quienes El estaba hablando – que culturalmente estaban en situación de interpretar sus palabras mejor que nadie 2.000 años después – entendieron que Jesús decía que era “Dios”.  Tomaron piedras para apedrearle “…por blasfemia: porque siendo hombre te haces Dios a ti mismo” (Juan 10:33).  Segundo, en griego, la palabra uno es neutro (hen), no masculino (Heis), lo cual indica que Jesús y Dios eran uno y lo mismo en esencia.  La forma masculina significaría que eran una persona, lo cual negaría la distinción personal entre el padre y el Hijo.”

Comentario general – Jesús no pretendió ser Dios –

En Juan 10:30, Jesús declaró ser “uno” con el Padre. La palabra “uno” es el cardinal de género neutro, que en griego es en (hen). No el primer número cardinal masculino eis (heis) ni el femenino mia. El numeral masculino heis describe la deidad en el credo Cristiano anunciado por Jesús en Marcos 12:29:

“Jesús le respondió: El primero de todos los mandamiento es: “Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno (heis) es.”.”

Juan 10:30 nos enseña que El Padre y el Hijo están unidos en voluntad y propósito. Jesús ora en Juan 17:11 que sus seguidores sean uno (hen) (unidos en propósito, como él y su Padre están unidos.)

En español, lamentablemente, no tenemos esa diferencia y utilizamos el mismo cardinal «uno» para los tres géneros. Esta sutileza del griego desaparece en las traducciones al español y al inglés.

En el evangelio de Juan la identidad de Jesús es un tema fundamental. Juan escribió, como él mismo nos dice, con un propósito principal: convencer a sus lectores que Jesús es “el Mesías”, el Hijo de Dios” (Juan 20:31). De acuerdo con Juan, Jesús distinguió cuidadosamente su persona de la del Padre quien es “el único Dios verdadero” (Juan 17:3; 5:44, 6:27).

Si estamos por buscar en el registro de Juan una prueba de que Jesús es Dios “co-igual”, en el sentido trinitario, estaremos descubriendo algo que Juan no se propuso, y en vista de su herencia judía, no lo hubiera comprendido!

Buzzard[16] explica: “En los informes de Mateo, Marcos, y Lucas se nos dice que explícitamente Jesús se suscribió al monoteísmo estricto del Antiguo Testamento (que admite un solo dios), (Marcos 12:32-34). Por lo tanto, ¿acaso él, de acuerdo a Juan, confunde el asunto afirmando ser Dios después de todo? La respuesta es dada claramente en Juan 10:34-36 donde Jesús definió su condición en términos de los representantes humanos de Dios en el Antiguo Testamento. Jesús dio este informe de sí mismo como explicación de lo que significa ser “uno con el Padre” (Juan 10:30). Es una unidad en función por la cual el Hijo representa perfectamente al Padre. Ese es exactamente el ideal del Antiguo Testamento de la filiación, el cual ha sido imperfectamente realizado en los gobernantes de Israel, pero encontrará su cumplimiento perfecto en el Mesías, el Rey escogido de Dios”. 

El argumento en Juan 10:29-38 es como sigue:  

  • Jesús comenzó por afirmar que él y el Padre eran “uno”. Fue una unidad de compañerismo y función la cual en otra ocasión él deseó también para la relación de sus discípulos con él y el Padre (Juan 17:11, 22).
  • Los judíos entendieron que Jesús estaba pretendiendo la igualdad con Dios. Esto le dio una oportunidad  a Jesús para explicarse.
  • Lo que él estaba realmente pretendiendo, así dice él, era ser “Hijo de Dios” (v.36), un reconocido sinónimo para Mesías.
  • La pretensión para la filiación no fue irrazonable, sostuvo Jesús, en vista del hecho bien conocido que aun los representantes imperfectos de Dios han sido nombrados por él en el Antiguo Testamento como “dioses” (Salmo 82:6). Lejos de demostrar alguna pretensión para una eterna filiación, él compara su oficio y función con aquella de los jueces.

Se consideró a sí mismo el representante de Dios por excelencia ya que él fue el único Hijo de Dios, el Mesías sobrenaturalmente concebido y el objeto de toda profecía del Antiguo Testamento.

 

Buzzard continua (p.6): “Puesto que Jesús expresamente negó que él era Dios en Juan 10:34-36, sería muy necio pensar que él se contradijo a sí mismo en otra parte. El Evangelio de Juan debería ser examinado con ciertos principios axiomáticos firmemente en mente. Jesús es distinto del “único Dios verdadero” (Juan 17:3). El Padre únicamente es Dios (Juan 5:44). Juan desea que sus lectores entiendan que todo lo que él escribe contribuye a la única gran verdad de que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios (Juan 20:31). Jesús mismo dice, como hemos visto, que el término “dios” puede ser usado para un ser humano que representa a Dios, pero ciertamente ello no implica que sea una “Deidad co-igual”. La propia auto designación de Jesús es claramente la de “Hijo de Dios” (Juan 19:35). En Juan 10:24,25 Jesús les dijo “claramente” que él era el Mesías, pero ellos no lo creyeron.”

Léon-Dufour explica[17] 

“Al utilizar el neutro hén y no el masculino heís, Jesús señala la unidad en la acción, de forma que se podría traducir: “Yo y el Padre no hacemos más que uno”.

Barclay añade[18]:

“Cuando Jesús dijo: Yo y el Padre somos una sola cosa,” no se estaba moviendo en el mundo de la filosofía y de las abstracciones, sino en el de las relaciones personales.  Nadie puede entender de veras lo que quiere decir una frase como “una unidad de esencia”; pero cualquiera puede entender lo que es la unidad del corazón.  La unidad de Jesús con Dios venía del perfecto amor y la perfecta obediencia.  Jesús era una sola cosa con Dios porque Le amaba y obedecía perfectamente; y vino a este mundo para hacernos lo que El es.”

Si uno leyera los versículos anteriores entonces comprendería en su totalidad el significado de este versículo. Jesús estaba hablando acerca del Padre preservando a las ovejas. Las ovejas son guardadas seguras es debido al poder que Jesús  recibió de su Padre.  Lo que realmente Jesús estuvo diciendo es que si los jueces son llamados Elohim, era injusto que le culpen a él de blasfemia por anunciar que él era el Mesías, llevando a cabo la voluntad del Padre, dando eso preeminencia a Jesús sobre todos los reyes y profetas.

¿Quiénes son los “dioses” de los cuales se habla en Juan 10:34 y Salmo 82:6?

En Juan 10:30-39 leemos acerca de un conflicto entre Jesús y algunos de los judíos quienes le criticaban. El desacuerdo se debe a la declaración de Jesús, “Yo y el Padre uno somos”.

Sus antagonistas entienden estas palabras como afirmación de deidad, lo cual explica su respuesta inmediata – agarran piedras para apedrear a muerte a Jesús por su pecado de blasfemia (vs. 31, 33. Vea Levítico 24:16) –  Jesús responde citándoles la Escritura de Salmo 82:6: “¿No está escrito en vuestra ley: yo dije, dioses sois?”

Para discernir el significado de las palabras de Jesús necesitamos volver a Salmo 82 y determinar quiénes son los designados como “dioses.” En el versículo 1 leemos: Dios (elohim) se levanta en la reunión de los dioses; en medio de los dioses (elohim) juzga.

¿Qué es exactamente esta congregación de “dioses” dirigida por Dios? En el contexto inmediato estas personas son reprendidas por Dios por no cumplir fielmente su responsabilidad de castigar al malvado y defender al inocente (vs. 2-4):

“¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente y haréis acepción de personas con los impíos? Selah. Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso, librad al afligido y al necesitado; ¡libradlo de manos de los impíos!”

Se nota también en v. 7 que Dios les dice, “Pero como hombres moriréis, y como cualquiera de los príncipes caeréis”. Basado en lo que indica el contexto, la interpretación más obvia de elohim es que aquí se refiere a gobernantes mortales y humanos.   Una consulta a cualquier diccionario o léxico hebreo nos informa que la palabra elohim tiene 3 sentidos diferentes: puede designar

(1) el único Dios vivo y verdadero,

(2) dioses falsos (ídolos), y

(3) gobernantes y jueces humanos que tienen un papel semejante al de Dios sobre otros seres humanos.

Considere estos otros dos pasajes en que el contexto muestra claramente que elohim es gobernantes o jueces humanos: Éxodo 21:5-6; 22:7-8.

Entendiendo que “dioses” dentro del Salmo 82:6 se refiere a humanos que gobiernan, ahora podemos volver a Juan 10:34 y considerar lo que Jesús quiere decir al citar este versículo. Jesús ha dicho que él y el Padre son uno, implicando que él es Dios (v. 30). Esto ha incitado a sus enemigos judíos a tomar piedras para apedrearlo, pues consideran esto como una blasfemia (vs.31-33). Jesús responde:

“¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?” (vs. 34-36).

El estilo de la respuesta de Jesús se llama “argumento afortiori,” significando que si la premisa es verdad, un segundo punto sigue con fuerza lógica aún más grande. Primero, Jesús cita como precedente al Salmo 82:6, en donde Dios llama a ciertos seres humanos “dioses.” Como nosotros ya hemos visto, “dioses” en este versículo se refiere a gobernantes humanos en su papel como jueces de Israel. Jesús describe a los que son llamados por el salmista “dioses” como, “a quienes vino la palabra de Dios,” que sería completamente concordante con el entendimiento que esto se refiere a seres humanos. Jesús entonces razona que si estos gobernantes humanos son llamados “dioses” en virtud de la dignidad de su posición como gobernantes o jueces, cuánto más (afortiori) puede él, como uno mandado por el Padre, ser llamado Hijo de Dios.

Ni Jesús ni el salmista enseñaron que los seres humanos pueden llegar a ser Dioses. En otros pasajes la Biblia enseña fuerte y repetidamente que hay sólo un Dios verdadero, y que todos los otros así llamados “dioses”, en ninguna manera son dioses verdaderos como lo es Dios.

Si en el hebreo la palabra “elohim” es plural, ¿cómo se puede traducir en singular?

¿En que basa un traductor su decisión de interpretar elohim como “Dios” (singular) o “dioses”/“jueces” (plural)? La palabra elohim es plural y se usa frecuentemente con verbos singulares, y con adjetivos y pronombres en el singular.

El primer uso de elohim en Salmo 82:1 es traducido “Dios” porque es seguido por un participio singular masculino (nitzab, “él está”);  elohim es el sujeto de este participio singular masculino, así que por las reglas de la gramática hebrea las palabras nitzab elohim deben significar “Dios está” y no “los dioses está”.  Sin embargo, en la segunda parte del versículo elohim es traducido como “dioses” (la versión Reina Valera de 1909, 1960), o como “jueces” (versión 1977). Esto es porque aquí no hay el elemento verbal singular, sino que en lugar de ello tenemos las palabras “en la reunión de los dioses… en medio de los dioses”.  Como una reunión por definición está compuesta por una pluralidad de miembros, el contexto dicta que elohim en este caso se debe traducir como “dioses” o “jueces.”

La calidad de ‘uno’ de que se habla aquí no es una unidad de ser.  Es una unidad de propósito espiritual. Por lo tanto, Jesús mantuvo una unidad de mente y Espíritu con el Padre, de modo que pudo decir: ‘El; que ha visto a mí, ha visto al Padre’ (Juan 14:9).  Para los discípulos, Jesús estaba en reemplazo de Dios; habló palabras de Dios, proclamó la verdad de Dios, pronunció sus juicios.  En resumen, en esa situación él era “Dios”. Note lo que dice Jesús acerca de sus discípulos en su oración.

 El regreso de Jesús al lugar del bautismo realizado por Juan puede ser simbólico. Su ministerio público estaba llegando al final. Los vs. 41-42 repiten el testimonio de Juan sobre Jesús y la superioridad del ministerio de éste. Un fuerte contraste se ve entre la falta de respuesta en Jerusalén y los muchos que creyeron al otro lado del Jordán.

Una digresión: Las “otras ovejas” (Juan 10:16).  

Según la Sociedad Watchtower, los testigos de Jehová caen en una de los dos grupos, del “rebaño pequeño” (Lucas 12:32) y de las “otras ovejas” (Juan 10:16).  Los Testigos de Jehová escriben en su artículo “El pequeño ha llegado a ser mil” de la revista La Atalaya, del 1 de enero de 2000; pág 12. Que solamente 144000 elegidos “quienes, junto con  Jesucristo, son coherederos del reino celestial”.  Mientras que en el año 1935 se entendió que las “otras ovejas” pertenecen a la “gran muchedumbre” de todas las naciones…tienen la esperanza de vivir para siempre en el paraíso terrestre”.  En otras palabras, solo “un pequeño rebaño” de 144.000 personas va al cielo para gobernar con Cristo. Lucas 12:32; Apocalipsis 14:1,3; 1 Corintios 15:40-53; Apocalipsis 5:9.10. (Sitio oficial de Watchtower Society)

 (1) “pequeño rebaño” – “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino.” (Lucas 12:32)

Es una referencia que corresponde a la idea del Antiguo Testamento de Israel como oveja de Dios (Isaías 40:11). La forma en que Jesús aplica a sus discípulos este término los designa claramente, así como a la Iglesia que nacerá de ellos, como el nuevo, el verdadero Israel; es decir, los propagadores y herederos de su reino presente y consumado. El rebaño es pequeño no en relación con otro rebaño más grande sino en relación con los enemigos del evangelio.

(2) “otras ovejas” – “Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; a esas también debo atraer y oirán mi voz, y habrá un rebaño y un pastor.” (Juan 10:16)

Los testigos de Jehová argumentan que las “otras ovejas” mencionados en Juan 10:16 son todos aquellos que se unieron a los Testigos de Jehová después del año 1935, los que heredarán la vida eterna aquí en la tierra. Sin embargo, demostraremos que las “otras ovejas” mencionadas en este versículo son una referencia a los gentiles, a los no-judíos.

En los evangelios, los judíos son referidos como “las ovejas perdidas de Israel” (Mateo 10:6). Tam[19]bién todos los judíos que creían y seguían a Jesús eran llamados sus “ovejas” (Juan 10:11). De manera que cuando Jesús dijo: “Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil…” él se estaba refiriendo claramente a los no-judíos, gentiles creyentes. Estos gentiles, junto con los judíos creyentes, formarán “un rebaño” y tendrán “un pastor” (Juan 10:16). Recordemos lo que Pablo dice en Gálatas 3:25-29:

“Pero ahora que ha venido la fe, ya no estamos bajo un guía, 26porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, 27pues todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. 28Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. 29Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente descendientes de Abraham sois, y herederos según la promesa.”

Discurso 8: Apacentar las ovejas

(Juan 21:15-19)

Jesús habla con Pedro. 

El relato de la negación de Pedro acerca de Jesús es muy conmovedor sorprende. Es difícil adivinar el pensamiento del apóstol pero la narración de Lucas 22:61-62 comunica mucho:

“Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro.”… “Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.”

¿Fue la mirada de Jesús una mirada amorosa? Creo que sí. Me imagino que esto le llevó a Pedro al arrepentimiento. Sin embargo, tuvo que vivir con el recuerdo de aquella mirada.

El triple desafío para Pedro en Juan 21 parece diseñado como un paralelo a su triple negación. Hay diferencias en las palabras usadas en las tres preguntas. En las primeras dos preguntas de Jesús la palabra griega es agapaō. En la tercera, el verbo que se traduce amas (griego: fileo) es el mismo que utilizó Pedro en sus respuestas.

agapaō y el correspondiente nombre agápe se usan en el griego del Nuevo Testamento:

Vine explica;[20]

 

“(a) para describir la actitud de Dios hacia su Hijo (Juan 17:26); hacia la raza humana, en general (Juan 3:16; Romanos 5:8); y hacia aquellos que creen en el Señor Jesucristo, en particular (Juan 14:21);

(b) para expresar su voluntad a sus hijos con respecto a la actitud que tienen que mostrarse mutuamente (Juan 13:34), y hacia todos los hombres (1 Corintios 16:14; 1 Tesalonicenses 3:12; 2 Pedro 1:7);

(c) para expresar la naturaleza esencial de Dios (1 Juan 4:8). »El amor solo puede conocerse a base de las acciones que provoca. El amor de Dios se ve en la dádiva de su Hijo (1 Juan 4:9, 10). Pero es evidente que no se trata de un amor basado en la complacencia, ni afecto, esto es, no fue causado por ninguna excelencia en sus objetos (Romanos 5:8). El amor busca el bien de todos (Romanos 15:2), y no busca el mal de nadie (13.8-10); el amor busca la oportunidad de hacer el bien a «todos, y mayormente a los de la familia de la fe» (Gálatas 6.10).”[21] 

fileo se debe distinguir de agapaō en que fileo denota más bien un afecto entrañable. Las dos palabras se usan del amor del Padre hacia el Hijo (Juan 3:35  hacia el creyente (Juan 14:21; 16:27); ambos, del amor de Cristo hacia un cierto discípulo (Juan 13:23). Pero permanece la distinción entre los dos verbos, y nunca se usan indiscriminadamente en el mismo pasaje; si cada uno de ellos se usa con referencia a los mismos objetos, como se acaba de mencionar, cada palabra retiene su carácter esencial y distintivo.

La distinción entre los dos verbos aparece de una manera destacada en la narración de Juan 21:15-17. El mismo contexto indica que agapaō sugiere en las dos primeras preguntas el amor que es capaz de valorar y estimar. Este es un amor desprendido, dispuesto a servir. El uso de fileo en las respuestas de Pedro y en la última pregunta del Señor indica la idea de valorar al objeto por encima de cualquier otra cosa, de manifestar un afecto caracterizado por la constancia, motivado por la más alta veneración.

Sin embargo, en el Nuevo Testamento estos dos verbos a menudo se usan en forma intercambiable. Por lo tanto ¿parece que no debe darse un significado especial a la diferencia de las palabras usadas? Para responder esta pregunta vamos a investigar más este diálogo.

Preguntas y respuestas

La primera pregunta (v.15) – ¿me amas más que estos?. Esto puede querer decir una de dos cosas: http://t1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSTCI3-YTl7ilBznivQAVy5up7Jn0XBSD-x032lmPeoegg7Wjoeaw

  1. Puede que Jesús señalara con un movimiento del brazo, la barca y las redes recién pescados y le preguntara a Pedro: ¿Me amas más que estas cosas?
  2. Esto puede indicar que Jesús mirara a los otros discípulos cuando le preguntó a Pedro, de allí que el apóstol respondió: “Señor; tú sabes que te quiero.”

En la tercera pregunta – ¿Me quieres? Jesús aplica la misma frase que Pedro había usado. Esto explica el porqué de la respuesta de Pedro,  llena de melancolía. ¿Se entristeció porque el Señor usa la palabra filéo en lugar de agapaō? O ¿Sabe que sus tres negaciones previas contradicen estas tres declaraciones al Señor?

Pedro reconoce la extraordinaria sabiduría del Señor y en lugar de decir: “sí, Señor” (vs. 15, 16), él acepta el plan y propósito del Señor para su vida con la esperanza de que Jesús viera en su corazón y mente una entrega total a El.

Jesús le confía una misión

Se notan también las diferencias en los tres encargos a Pedro. El primero y tercero usan la palabra apacienta, mientras que el segundo dice pastorea (o “cuida”), lo que implica la responsabilidad de atender las ovejas. El primero es dirigido a los corderos; mientras que los otros dos a las ovejas. La tercera respuesta de Pedro (v. 17) era más fuerte que las otras dos, sin duda provocada por su dolor al ser interrogado tres veces.

“Apacienta mis corderos” (v.15)

“Apacienta mis corderos” (Edición Herder; Nacar-Colunga; La Biblia de Jerusalén; NVI)

Está mucho más de acuerdo con la usanza popular entender por “corderos” a los discípulos jóvenes y tiernos, ya sea en edad o en experiencia cristiana (Isaías 40:11; 1Juan 2:12-13).

Vine explica:

“Apacentar” (griego: bósko) . Se usa principalmente de un pastor. Sus usos son: (a) el literal (Mateo 8:30, 33; Marcos 5:14) (b) metafóricamente, del ministerio espiritual (Juan 21:15, 17)

“Corderos” (griego: arníon) es una forma diminutiva, pero no debe insistirse en la característica diminutiva. La tendencia general en la lengua vernácula era la de usar libremente los nombres acabados en -ion, aparte de su significado diminutivo. Lo utiliza solo el apóstol Juan: (a) en plural, en el mandato del Señor a Pedro (Juan 21:15), con referencia simbólica a los convertidos recientes; (b) en otros pasajes, en singular, en Apocalipsis, unas 28 veces, de Cristo como el Cordero de Dios.

“Pastorea mis ovejas” (v.16)

“Sé pastor de mis ovejas” (Edición Herder) “Apacienta mis ovejas” (Nacar-Colunga; La Biblia de Jerusalén) “Cuida de mis ovejas” (NVI)

Se ha dicho que aquí la palabra es cambiada a propósito de una usada en el v. 15, que quiere decir simplemente dar de comer  “a los corderos”, a una que quiere decir atender, cuidar como pastor, dando a entender el ejercicio permanente, continuado de aquella vocación, y en sus funciones más elevadas.

Pedro debía tener la responsabilidad de dirigir, proveer y proteger a las ovejas. Esta es una analogía para el pastor en la iglesia (1 Pedro 5:1-4): él debe proveer la comida espiritual que es la enseñanza de las Escrituras, la palabra de Dios, y también debe proteger del engaño y de las doctrinas falsas a todos los que están bajo su cargo, así como el pastor debe cuidar a sus ovejas de los depredadores. Al aceptar esta responsabilidad sería difícil para Pedro regresar a su antigua profesión de pescador; más bien tendría que cumplir la voluntad de Jesús cuando El lo llamó y le dijo que haría de él un “pescador de hombres” (Lucas 5:10).

Vine explica:

“Pastorea” (griego: jodeguéo) significa  actuar como pastor, apacentar rebaños. Se traduce con el verbo regir (griego: poimaino) en Apocalipsis 2:7; 12.5; 19.15: «regirá con vara de hierro»; pasajes en los que se indica que el poder gubernamental ejercido por el pastor será de un firme carácter

“Ovejas” (griego: probaton) de probaino, ir adelante, esto es, del movimiento de los cuadrúpedos, se utilizaba entre los griegos para denotar ganado menor, ovejas y cabras. En el Nuevo Testamento, solo de ovejas: (a) literalmente (Mateo 12:11, 12); (b) metafóricamente, de aquellos que pertenecen al Señor, las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mateo 10:6); de aquellos que están bajo el cuidado del Buen Pastor (Mateo 26:31; Juan 10:1)

“Apacienta mis ovejas” (v.17)

“Apacienta mis ovejas” (Edición Herder; Nacar-Colunga;La Biblia de Jerusalén;NVI)

La interpretación de esta triple comisión es difícil. Puede ser:

  • a quienes Juan les mandó una exhortación en 1 Juan 2:12-14. En estos versículos, Juan se dirige a los lectores como si fueran padres, jóvenes y niños. Estos términos se refieren probablemente a creyentes en sus distintas etapas de crecimiento cristiano. Padres, los de mayor madurez y experiencia; jóvenes, los que tienen suficiente madurez para vencer al maligno; niños, los recién convertidos y por tanto, más susceptibles a las falsas enseñanzas.

  • Una referencia a individuos creyentes, una iglesia  y la comunidad cristiana en su totalidad.

 El dogma de la iglesia católica-apostólica romana

Según la doctrina oficial católico-romana, se ejercen de forma “piramidal” ubicando los poderes en el vértice superior de la pirámide. Ello se debe a que el Papa es considerado como el sucesor de Pedro y el Vicario de Cristo en la tierra. Esto, se supone, tiene como base bíblica Mateo 16:16-18 y Juan 21:15-17: “Jesucristo le encomienda el cuidado de apacentar al común de los fieles sin excepción, figurados por las ovejas y por los corderos. Porque San Pedro fue establecido por estas palabras cabeza universal de toda la Iglesia, y el pastor de todo el ganado.”

Leon-Dufour explica[22]:

“A partir de este texto, junto con Mateo 16:19, el concilio Vaticano I definió en 1870 la autoridad de Pedro sobre los demás apóstoles y la sucesión en este primado a lo largo de los tiempos.” Sin embargo añade: “Desde el punto de vista exegético, que es nuestro, este texto no basta por sí solo para fundamentar la afirmación conciliar…”

Existen una serie de preguntas con respecto a este punto de vista:

  1. ¿Estuvo Pedro en Roma alguna vez? No lo sabemos con seguridad. Sin embargo, cuando Pablo escribió su epístola a la iglesia en Roma ¿por qué dirige saludos exclusivos a veintisiete personas diferentes pero no menciona a Pedro en absoluto? Sería una extraña omisión si Pedro era la cabeza suprema de esta congregación.

  1. Los otros discípulos también recibieron “las llaves del reino de los cielos” (Mateo 18:18).

  1. Que le hayan cambiado el nombre a Pedro no es prueba de que ahora sea Papa. Jesús también cambió los nombres a otros apóstoles también (Marcos 3:16-17; Juan 1:42).

  1. La iglesia católica siempre pone primero el nombre de Pedro primero en la lista cuando se refiere a los Doce. El Nuevo Testamento no lo hace, colocando a otros antes que Pedro en varias ocasiones (Juan 1:44).

  1. Pablo habló de los que eran considerados como “columnas” de la iglesia y nombró en orden a Jacobo, Cefas y Juan. Pedro era un líder importante pero está claro que no era la cabeza de todos.

  1. Pablo trabajó independientemente de Pedro y nunca menciona que  estaba sometido a Pedro como cabeza sobre todos. Pablo realmente reprendió a Pedro cara a cara (Gálatas 2:11-14).
  2. En ninguna parte y en ningún texto del Nuevo Testamento hay evidencia del oficio del Papa.

Juan cierra su Evangelio asegurándonos que el mundo entero no podría contener todos los libros que se escribieran sobre la vida de Cristo.

Los cuatro Evangelios no son “Vidas de Cristo”, sino más bien cuatro retratos diferentes de Jesús, cada uno con un énfasis diferente. Sería imposible, dice Juan, escribir toda su vida. ¡En verdad el Evangelio continua como un testimonio de Cristo en las vidas de los creyentes durante todos los siglos!

El hecho de que Pedro haya sido claramente perdonado y se le hayan dado nuevas responsabilidades, que llegaban al apostolado a pesar de su total negación del Señor, puede dar una esperanza genuina a los cristianos de hoy cuando sientan que han negado a Jesús y que eso es imperdonable. El no pide otra cosa que nuestro arrepentimiento y amor.

La predicción del v. 18 fue reclamada por la tradición como algo que se cumplió en el hecho de que Pedro fue crucificado cabeza abajo. Pero esa tradición no se ha confirmado de manera firme y puede ser una inferencia de este pasaje. Al decir que Pedro glorificaría a Dios en su muerte, Juan lo ve como siguiendo el ejemplo de Jesús (v.19).

Al final de la historia, Pedro sufrió una derrota ignominiosa alrededor de una fogata ante una sirvienta. Aquí, alrededor de otra fogata, Cristo tiernamente habla con el discípulo apenado y arrepentido.

Bibliografía

Barclay, W. (1997) Comentario al Nuevo Testamento Vol. 5 – Juan I. 

Buzzard, A.F. y  Hunting, C.F. (1998)  LA DOCTRINA DE LA TRINIDAD- La Herida Auto Infligida del Cristianismo. ( por internet)

Buzzard, A.F. ¿QUIÉN ES JESÚS? – Una Súplica Para Un Retorno a la creencia en Jesús El Mesías. (por internet)

Carter, J. (2006) The Gospel of John. Birmingham: Christadelphian Magazine and Publishing Organisation Ltd.:.

Compubiblia (1989), Miami:Sociedades Bíblicas Unidas

Heaster,D. (2001), Principios Básicos de la Biblia. Edenvale:CBM

Léon-Dufour, X (1998 -2003 ) Lectura del Evangelio de Juan Vols.1-4. Madrid: Sígueme.

Munn, R. (2001)  El Evangelio de Juan y la Doctrina de Jesucristo. Terrassa:CLIE.

Nuevo Diccionario Bíblico Certeza -Primera Edición (Basada en la segunda edición inglesa del New Bible Dictionary, 1982)

Platt. A. (1995) “Para que Creáis…” Juan. México:ELA.

Smart, N. (1995) Exploration in John’s Gospel. Stratford-on-Avon:Pax Books.

Vine,W.E.(1985) An Expository Dictionary of Biblical Words. New York:Thomas Nelson.

www.biblecourses.com/spanish La Verdad para Hoy

Whittaker, E. (1987) For the Study and Defence of the Holy Scripture. Norwich:Testimony

 

Whittaker, H.A. (2000) Studies in the Gospels. Cannock:Biblia.

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[1]  Encontramos otras opiniones: (1) Que “nacer de nuevo” se refiere al don de la fe, sin el cual evidentemente nadie puede acceder a la vida eterna.  (2) Es el don de la revelación. (3) Se refiere al nacimiento natural de todos los seres humanos en la vientre de la madre y luego de la influencia de la Palabra sobre los que creen en ella.

[2]

[3] Léon-Dufour, X. (1997) Lectura del Evangelio de Juan Juan 1-4. Salamanca:Sígueme. (pág.232)

[4] Léon-Dufour dice (pág. 295): “Relacionar la salvación con los “judíos” y no con Israel, es algo que a primera vista sorprende bajo la pluma de Juan: ¿acaso no emplea la palabra “Israel” para referirse al pueblo fiel de la alianza?. Ciertamente, pero no la utiliza más que cuando los dos interlocutores son judíos; con los extranjeros o en boca de los mismos, se emplea siempre el término “judíos”, con una connotación sobre todo étnica.

[5] Léon-Dufour, X  (1995) Lectura del Evangelio de Juan Volumen II. (Salamanca:Sigueme pág.41

[6] Anthony F. Buzzard M.A. (Oxon) ¿QUIÉN ES JESÚS? Una Súplica Para Un Retorno a la Creencia en Jesús, El Mesías – Un estudio para Promover la Restauración de la Fe Bíblica

 

[7] Léon-Dufour. Pág.54

[8] Heaster,D. (2001). Principios Básicos

[9] Expiación hace énfasis en la eliminación de la culpa a través del pago de un castigo. Propiciación hace énfasis en la prevención de la ira y la justicia de Dios. (Diccionario Bíblico Conciso Holman)

[10] Barclay, pág. 29

[11] Pág 30

[12] Watch Tower Bible and Tract Society of Pennnsylvania (1983) “Razonamiento a partir de las Escrituras” Pág. 357

[13] Barclay pág.39

[14] León-Dufour pág.-229.

[15] McDowell, D (1988) Jewsús – Una defensa Bíblica de la Deidad de Cristo. Terrassa:CLIE. Pág112.

[16] Buzzard, A.F.¿QUIÉN ES JESÚS? – Una Súplica Para Un Retorno a la creencia en Jesús El Mesías. (Pág.5),

[17] León-Dufour, X. (1992) Lectura del Evangelio de Juan – Vol.2. Salamanca:Sígueme. Pág. 312.

[18] Barclay, W. (1996) Juan  – Vol.6. Terrassa:CLIE. Pág.93.

[20] Vine,W.E.(1985) An Expository Dictionary of Biblical Words. New York:Thomas Nelson. Pág.381.

[21] En Romanos 15:2 y Gálatas 6:10 no se habla en forma clara y directa del amor, pero las acciones que demanda son una forma de expresar el amor hacia el prójimo, que es el tema analizado por Vine.

[22] Lectura del Evangelio de Juan. Vol 4. pág.237