Principados y Potestades

Una Explicación de Efesios Capítulo 6

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Introducción

El lenguaje de Efesios 6, especialmente los versículos 11, 12 y 16 que hablan de "las asechanzas del diablo," los "principados" y "potestades," las "huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" y "los dardos de fuego del maligno," es frecuentemente citado para apoyar la enseñanza tradicional acerca del diablo y los demonios como ángeles rebeldes caídos que se dedican a hacer pecar al hombre y alejarlo de la fe en Dios. Sin embargo, un examen más minucioso de este pasaje revela un significado muy distinto del que generalmente se le atribuye. Los principales interrogantes que tienen que resolverse en Efesios 6 son los siguientes:

La mención de principados y potestades y huestes espirituales de maldad en las regiones celestes tradicionalmente se toma como una alusión a una batalla contra hordas de demonios, es decir, supuestos ángeles caídos. Seguramente es una alusión a un problema serio para los creyentes efesios, aparentemente el peligro que más los amenazaba; un enemigo que el mismo apóstol conocía bien por haberlo combatido frecuentemente. Pero al examinar los relatos del ministerio de Pablo en los Hechos de los Apóstoles y en las epístolas, ¿descubrimos evidencia de que él, sus compañeros y seguidores fueran continuamente hostigados por hordas de demonios? Si la respuesta es no, entonces ¿cuáles eran en realidad los principales obstáculos que amenazaban con destruir la iglesia naciente, y particularmente la de Efeso? Estos lógicamente serán la oposición al evangelio que Pablo describe en Efesios 6.

¿Existe alguna evidencia de que los "principados" y "potestades" se refieren a malvados ángeles caídos? Qué significan estos términos en otras partes del Nuevo Testamento, particularmente en los capítulos anteriores de Efesios?

¿Se refiere la expresión "regiones celestes" a los cielos en sentido literal, es decir, al lugar donde mora Dios? ¿Cómo se emplea esta expresión en el resto del Nuevo Testamento, particularmente en los capítulos anteriores de Efesios? ¿Contra qué clase de oposición luchó el apóstol Pablo?

Si la interpretación tradicional de Efesios 6 fuera correcta, al leer los relatos históricos del ministerio de Pablo, particularmente entre los efesios, esperaríamos encontrar numerosas alusiones a enfrentamientos con hordas de demonios. Sin embargo, este no es el caso. Lo que encontramos son amargas discusiones, que frecuentemente terminan en la violencia, con falsos profetas y maestros, primeramente las autoridades judías y paganas que atacaban la iglesia desde afuera, y posteriormente los judaizantes, falsos hermanos que la minaban desde adentro. Esta es la principal y poderosa evidencia que nos pondrá en el camino hacia un correcto entendimiento de Efesios 6.

Al comienzo de su primer viaje misionero, Pablo y Bernabé llegan a la isla de Chipre. Allí sostienen un enfrentamiento con un falso profeta judío llamado Barjesús, quien trataba de apartar de la fe al procónsul romano (Hechos 13:8). Continuando su viaje, los apóstoles predican en la sinagoga de Antioquía de Pisidia, pero los judíos se ponen envidiosos e instigan a los ciudadanos a que los expulsen de la ciudad (Hechos 13:45-50). Seguidamente los dos compañeros llegan a Iconio, donde los judíos incrédulos excitan a los gentiles a tal grado que amenazan con apedrearlos, así que Pablo y Bernabé tienen que darse a la fuga hacia las ciudades vecinas de Derbe y Listra (Hechos 14:1-7). Pero los judíos de Iconio los siguen, e instigando a la multitud, apedrean a Pablo y lo arrastran fuera de la ciudad, dándolo por muerto (Hechos 14:19).

El segundo viaje misionero de Pablo

En el transcurso de su segundo viaje misionero, Pablo sigue luchando con diferentes formas de oposición al evangelio, pero una vez más esta oposición es netamente humana; los problemas con huestes de ángeles caídos brillan por su ausencia. En la ciudad macedonia de filipos, Pablo y Silas son atacados, azotados y encarcelados por la instigación de unas personas que estiman que el apóstol les ha perjudicado económicamente, curando la locura de una muchacha que les daba grandes ganancias (Hechos 16:19-23). Después de que Dios les liberó milagrosamente de la cárcel y les ayudó a convertir al carcelero, Pablo y Silas prosiguen su viaje hasta Tesalónica. Allí predican en la sinagoga, pero los judíos reúnen una turba y crean un gran alboroto, obligando a los apóstoles a buscar refugio en la ciudad vecina de Berea (Hechos 17:5-9). Pero los judíos los siguen hasta allí y alborotan nuevamente al pueblo, de manera que Pablo se ve obligado a huir nuevamente hacia Atenas (10-15).

En Atenas Pablo combate en debate público las creencias y prácticas tanto de paganos como de judíos (Hechos 17:16-17). Continuando de allí a Corinto, comienza a enseñar y discutir en la sinagoga, como es su costumbre, pero no tarda en tropezar con la fuerte oposición de los judíos, quienes finalmente lo obligan a continuar su predicación en otra casa. Posteriormente, los judíos llevan a Pablo ante el tribunal romano, acusándolo de predicar un religión no permitida por las leyes del Imperio Romano, pero el procónsul Galión declara sin lugar su petición (Hechos 18:4-6, 12-16).

El tercer viaje

En el transcurso de su tercer viaje misionero, Pablo enseña en la sinagoga de Efeso durante tres meses, pero la oposición de algunos judíos incrédulos lo obliga a apartarse de ellos (Hechos 19:8-9). Algún tiempo después, el apóstol incurre en la ira de los plateros que hacen templecillos de la diosa pagana Diana. Estos, temerosos de perder su fuente de ingresos si alguien persuade a la ciudadanía a adorar al Dios de la Biblia en lugar de la diosa Diana, arman un alboroto que difícilmente es calmado por el escribano (alcalde) de la ciudad (Hechos 19:23-41). Seguidamente, el apóstol viaja de allí a Grecia, donde los judíos le ponen asechanzas, obligándolo a emprender su viaje de regreso a Antioquía por tierra, y no por mar como tenía planeado.

Durante este viaje de regreso, Pablo se detiene en la ciudad costera de Mileto y envía a Efeso por los ancianos de esa iglesia para despedirse de ellos. En su discurso, Pablo menciona tanto los obstáculos con que se había enfrentado en el pasado, como los que se presentarían a los efesios en el futuro. En lo que se refiere al pasado, menciona las "pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos." Y referente al futuro, Pablo advierte a los ancianos que "de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas..." Es obvio que para Pablo, la amenaza que enfrentaría la iglesia de Efeso provendría de los hombres y no de los demonios, que en ningún momento son mencionados.

Llegado Pablo a Jerusalén, tropieza con la enemistad de unos judíos venidos de Asia (donde se encuentra Efeso), quienes lo acusan de enseñar contra el pueblo judío, la ley de Moisés y el lugar santo, y de haber introducido gentiles en el templo (Hechos 21:27-30). En varias ocasiones intentan infructuosamente darle muerte (Hechos 21:31; 22:22; 23:12; 25:2-3) y lo acusan delante de las autoridades romanas (22:30; 24:1-9; 25:7;) pero éstas protegen al apóstol y lo llevan a comparecer delante de César en Roma (25:11-12), donde se encuentra el apóstol al final de los Hechos, discutiendo como siempre con los judíos (28:17-31).

En su segunda epístola a los corintios, el apóstol resume en forma comprensiva los obstáculos que había tenido que superar:

"¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias." (2 Corintios 11:23-28)

El lector notará una vez más que los problemas con demonios brillan por su ausencia.

Ahora bien, el propósito de llevar a cabo este examen de las formas de oposición que Pablo encontró en el transcurso de su ministero de predicación, ha sido para dejar constancia de que no es una oposición demoníaca sino netamente humana e ideológica, la oposición de paganos y judíos que intentan vencer al apóstol en discusiones y cuando no pueden, frecuentemente recurren a la violencia física.

El problema de los judaizantes

Pero en el transcurso del tiempo se revela una forma de oposición más sutil pero más peligrosa que la abierta enemistad de judíos y paganos. Esta se manifiesta por primera vez al regresar Pablo de su primer viaje misionero a la ciudad de Antioquía de Siria. Algunos hermanos venidos de Judea estaban enseñando que todos los que se hacían miembros de la iglesia, incluyendo a los no judíos, tenían que vivir como judíos. Decían, "Si no os circuncidáis conforme al rito de la ley de Moisés, no podéis ser salvos" (Hechos 15:1). Alarmados, Pablo y Bernabé discuten acaloradamente con ellos. Luego se dispone que suban a Jerusalén a los hermanos de más prestigio para que traten el problema. Pablo logra persuadirlos de que emitan un comunicado a todas las iglesias en el sentido de que los conversos gentiles no tienen que guardar la ley de Moisés. Sin embargo, el problema de los judaizantes no desapareció sino que siguió creciendo por muchos años más, convirtiéndose en el principal obstáculo para que se mantuviera en las iglesias fundadas por Pablo la pureza del evangelio original que él les había predicado. De haber tenido éxito, el esfuerzo de estos judaizantes habría tenido prácticamente el efecto de convertir cada congregación cristiana en otra sinagoga más.

Las epístolas que Pablo escribió a las diferentes iglesias bajo su cuidado contienen frecuentes alusiones al problema de los judaizantes. Por ejemplo, es el principal tema de la carta a los gálatas. En Gálatas 1:6-9, Pablo condena a los que pretenden enseñar allí otro evangelio que el que el apóstol les había entregado. En el siguiente capítulo se hace evidente que el problema es el de los judaizantes, pues Pablo se refiere al concilio en Jerusalén, diciendo,

"Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús.." (2:3-4).
A continuación Pablo describe el enfrentamiento que había sostenido con Pedro en Antioquía, habiéndole dicho:
"Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?..." (2:14).
Luego regaña a los gálatas por querer estar esclavizados a los "rudimentos del mundo" (la ley de Moisés), diciendo:
"Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros que haya trabajado en vano con vosotros" (4:10-11).
Y en 5:1-4 los exhorta de la siguiente manera:

"Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído."

En su carta a los filipenses, Pablo advierte: "Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo" (3:2), refiriéndose a los que querían exigir la circuncisión. Escribiendo a los colosenses, el apóstol les dice, "Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo" (2:16), hablando de las observancias de la ley de Moisés. Y en su epístola a Tito le dice acerca de los creyentes cretenses:

"Repréndeles duramente, para que sean sanos en la fe, no atendiendo a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad" (1:13-14).

El caso de las cartas de Pablo a Timoteo es particularmente relevante para la interpretación de Efesios 6 porque Timoteo dirigía la iglesia de Efeso. Pablo comienza su primera epístola exhortando a Timoteo a que controle la influencia de los judaizantes, diciéndole que "mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, ni presten atención a fábulas [judías] y genealogías interminables," porque los falsos maestros quieren "ser doctores de la ley [de Moisés], sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman" (1 Timoteo 1:3-4). En otros varios pasajes de las dos cartas Pablo sigue aludiendo al problema de los falsos maestros, sin especificar siempre si son judaizantes o de otra índole. En 1 Timoteo 6:3-4 escribe:

"Si alguno enseña otra cosa...está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras..."
En 2 Timoteo 2:17-18 el apóstol censura a dos hermanos "que se desviaron de la verdad" y alude a otros que "resisten a la verdad" (3:8). En 2 Timoteo 4:3 advierte acerca de los efesios:

"Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oir, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas."

Un diablo humano

En todo el recorrido que hemos realizado en los Hechos de los Apóstoles y en las epístolas de Pablo, hemos encontrado muchas alusiones a las diferentes clases de obstáculos con que Pablo se encontró en su esfuerzo por enseñar y mantener el verdadero evangelio en las distintas iglesias, pero las supuestas hordas de ángeles caídos o demonios no figuran nunca entre estos obstáculos; los adversarios invariablemente son seres humanos con otras enseñanzas: judíos, paganos, judaizantes, falsos hermanos y falsos maestros. Es sumamente improbable que en su famoso pasaje de Efesios 6, Pablo haya deseado advertir a sus lectores contra un peligro que según la evidencia disponible nunca existió, un problema que ni él ni ellos nunca habían tenido. En cambio, en Efesios 4:14 el apóstol enfatiza el peligro que representan los falsos maestros, exhortando a los efesios a que maduren en Cristo "para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean las artimañas del error..." Es significativo que la palabra griega aquí traducida "artimañas" es la misma que en 6:11 se traduce "asechanzas" (del diablo). La palabra "diablo" no es más que la versión castellanizada de una palabra griega que significa "calumniador," y la cual se emplea en la Biblia para designar seres humanos, pensamientos humanos u organizaciones humanas que se oponen a Dios. El diablo de Efesios 6 no es el mitológico ángel caído, sino un diablo eminentemente humano, mayormente judío, probablemente judaizante. Pablo está advirtiendo a sus hermanos efesios contra la perniciosa influencia en su iglesia de las falsas ideas diseminadas persuasivamente por los "lobos rapaces," los "hombres que hablen cosas perversas" que mencionó en su discurso de despedida a los ancianos de Efeso (Hechos 20:29-30).

"No tenemos lucha contra sangre y carne"

Cuando el apóstol habla en Efesios 6 de los "gobernadores de las tinieblas de este siglo [mundo]," la palabra "tinieblas" significa error, ignorancia, falta de entendimiento, superstición. Los "gobernadores" de estas tinieblas simplemente son los hombres que crean e impulsan las ideas religiosas falsas que siempre han predominado en el mundo. A veces se argumenta que Pablo excluye una referencia a enemigos humanos cuando dice en Efesios 6:12, "no tenemos lucha contra sangre y carne," pero lo que quiere decir con esto es que la batalla para la cual está intentando fortalecerlos no es una lucha física sino ideológica y espiritual, una batalla en la cual las armas no son espadas y lanzas sino ideas y argumentos. Es instructivo considerar otro pasaje donde el apóstol se expresa de una manera similar:

"Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo..." (2 Corintios 10:3-5)

Aquí Pablo expresa claramente que cuando dice que su lucha no es carnal, quiere decir que no es una lucha física literal sino una lucha de argumentos y pensamientos, una batalla que no consiste en escaramuzas armadas sino en discusiones ideológicas. Los argumentos persuasivos de los falsos maestros son los "dardos de fuego" que los efesios tenían que parar con el escudo de la fe y las otras armas del equipo espiritual de Efesios 6. Pablo concluye su exhortación a los efesios en 6:19-20 rogándoles que hagan oraciones y súplicas para él para que "al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar." Esto enfatiza que el problema que se está tratando es el de la creencia y proclamación de la enseñanza verdadera, y el hecho de que la oposición venía de hombres y no de demonios es subrayado por la alusión al encarcelamiento de Pablo a manos de aquellos hombres que estaban tratando de hacerlo callar.

Principados y potestades

"Principados" y "potestades" representan los dos vocablos griegos arche y exousia. Estos no tienen la más mínima connotación sobrenatural y son empleados en otras partes del Nuevo Testamento, frecuentemente juntos, para referirse a agencias humanas, y particular pero no exclusivamente a las autoridades religiosas judías. La palabra arche fundamentalmente significa "comienzo," y se traduce así la mayoría de las veces. De este significado primario se deriva la acepción secundaria de gobierno o autoridad. El vocablo exousia simplemente significa autoridad o poder. Las dos palabras ocurren juntas en Tito 3:1, traducidas "gobernantes y autoridades," refiriéndose a las autoridades romanas. También aparecen juntas en Lucas 20:20, donde los judíos espían a Jesús para poderle entregar al "poder y autoridad" del gobernador. Una vez más, se refiere a la autoridad humana.

Para comprender el significado preciso de arche y exousia en Efesios 6, las ocurrencias más interesantes son las que se encuentran en los capítulos anteriores de Efesios y en Colosenses, la carta de Pablo que más se parece a Efesios (Efesios 1:21 y 3:10; Colosenses 1:16, 2:10 y 2:15). Comenzando con Colosenses, la apariencia en 1:16 ocurre en un contexto que no permite elucidar fácilmente su significado, pero el contexto de las dos apariencias de la frase en Colosenses 2 es definitivamente el de la lucha contra los judaizantes. En 2:15 se dice que Cristo por medio de su crucifixión triunfó sobre los principados y potestades; luego Pablo continúa en el versículo siguiente diciendo: "Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo," refiriéndose a algunos aspectos esenciales de la ley de Moisés, por lo que es evidente que lo que expresa el versículo 15 es la superioridad de Cristo sobre los aspectos ceremoniales de la ley de Moisés y los judaizantes que estaban tratando de imponerlos a los creyentes. Entonces, esto nos ayuda a comprender que "todo principado y potestad" de que Cristo es la cabeza según el versículo 10 se refiere a toda clase de autoridad rival, particularmente la autoridad religiosa judía.

Pasando a Efesios, podemos ver que cuando se nos dice en 1:21 que Cristo resucitado es superior a "todo principado (arche) y autoridad (exousia) y poder y señorío," el apóstol está hablando de autoridades religiosas rivales, no de poderes demoníacos, una conclusión que se ve reforzada por un análisis del muy interesante versículo 3:10. Aquí Pablo afirma que el propósito de la predicación del evangelio era que "la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales." En contra de aquellos que quisieran sostener que los principados y potestades son fuerzas demoníacas, se puede argumentar fuertemente que el Nuevo Testamento dice que Pablo discutía continuamente con los líderes religiosos de los judíos y con los gentiles paganos, tratando de convencerlos de la verdad, pero nunca sugiere que haya llevado su mensaje a huestes de ángeles caídos, los cuales, si existieran, se supone que tendría escasas posibilidades de convertir en todo caso. Pablo se describe como el apóstol a los gentiles, no como el apóstol a los demonios. De manera que aquí los principados y potestades lógicamente representan, como en Colosenses 2, los falsos maestros y falsas religiones que sostienen ideologías y enseñanzas opuestas al cristianismo. Esto es precisamente la influencia contra la cual Pablo está advirtiendo a los creyentes en el capítulo 6 de Efesios.

Regiones celestes

Se podría argumentar, en oposición al punto de vista antes expuesto, que tanto en Efesios 3:10 como en Efesios 6:12 Pablo menciona que estos principados y potestades estaban localizados en los "lugares celestiales" o "regiones celestes," a los cuales se supone que sólo los ángeles tienen acceso. Sería más allá del alcance de este estudio examinar el mito de los ángeles caídos, pero será útil analizar el concepto de lugares celestiales o regiones celestes tal como aparece en el Nuevo Testamento. Brevemente, en toda la Biblia la idea de que una persona esté en los cielos o haya ascendido a los cielos es comúnmente usada para indicar que ha alcanzado una posición de mucha autoridad o prestigio. En Isaías 14:13 se nos revela que el rey de Babilonia dijo en su corazón: "Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono." En Lamentaciones 2:1 se nos dice que Dios "derribó del cielo a la tierra la hermosura de Israel." Otros ejemplos se encuentran en Abdías versículos 3 y 4, Jeremías 51:53, Job 20:26 y Daniel 4:22.

Cuando vamos al Nuevo Testamento, encontramos un lenguaje similar en, por ejemplo, Mateo 11:23, donde Jesús dice irónicamente: "Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades [la tumba] serás abatida." Estos ejemplos demuestran que la Biblia frecuentemente se refiere al cielo en un sentido no literal, refiriéndose no a la morada de Dios, sino a una posición de poder, autoridad o prestigio.

En particular, encontramos que el término "lugares celestiales" o "regiones celestes" (la expresión griega es idéntica en ambos casos) es usada notablemente en la carta a los Efesios, para describir no el cielo literal sino una posición de prestigio o gloria. En 1:3 Pablo dice a los efesios que han sido bendecidos "con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo" aunque no se encuentran literalmente en el cielo, porque comparten la gloria de Cristo que sí fue levantado literalmente a los cielos. Se refiere a la situación privilegiada que gozan los creyente en los ojos de Dios. La frase "lugares celestiales" se ocupa en un sentido semi-literal en Efesios 1:20, refiriéndose a la ascensión de Cristo a la presencia de Dios, pero aun allí es evidente que Pablo no está aludiendo tanto a la ubicación física del Señor como a su exaltación a una posición de supremo dominio sobre "todo principado y autoridad y poder y señorío." El hecho de que Pablo está hablando no tanto de los cielos literales como de los cielos espirituales es enfatizado por su sorprendente afirmación en Efesios 2:6 de que Dios ha levantado a los creyentes con Cristo, "y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús," lo que obviamente no refleja una realidad física sino espiritual.

Esta identificación de los lugares celestiales con una posición exaltada o glorificada nos ayuda a entender mejor Efesios 3:10, antes mencionado, donde Pablo dice que su tarea era la de dar a conocer la sabiduría de Dios "a los principados y potestades en los lugares celestiales," los prestigiosos líderes judíos y paganos con que el apóstol debatía en las sinagogas y en el Areópago de Atenas. Así que "las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" a los cuales el apóstol se refiere en el capítulo 6 de Efesios son simplemente los líderes religiosos de tendencia pagana, judía o judaizante que buscaban destruir a la iglesia, en parte por amenazas físicas pero principalmente tratando de rebatir sus creencias y enseñanzas. La alusión a "huestes espirituales" no se refiere a seres incorpóreos; más bien enfatiza el hecho de que la oposición al evangelio no se realiza al nivel de una lucha física sino al nivel de la contradicción y refutación ideológica: enseñanzas correctas contra enseñanzas falsas. En 1 Juan 4:1 se nos dice:

"Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo."
Estos "espíritus" son creencias particulares y los que las sostienen. Una idea similar se expresa por la frase "todo viento de doctrina" en Efesios 4:14, tomando en cuenta el hecho de que la palabra griega que se vierte "espíritu" también significa viento. Nosotros también vivimos en medio de innumerables "vientos de doctrina" o "huestes espirituales de maldad": las variadas y contradictorias enseñanzas religiosas que se promulgan en forma tan estridente e insistente por radio, por televisión, en conferencias públicas y campos blancos, por personas que llegan a nuestra casa o nos hablan en el colegio o en el lugar de trabajo. No sólo los efesios sino también los que vivimos en el siglo veinte tenemos que estar siempre alerta, con la armadura de Dios puesta, para defender la verdad contra los que quieren corromperla.

James Hunter

Publicado por la Misión Bíblica Cristadelfiana

 

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